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    Cinco años después de la primera planta, la celulosa uruguaya es “un éxito” amenazado por los costos y los problemas de logística

    En noviembre del 2007, en medio de un conflicto internacional de alto perfil, el primer tronco de eucaliptos entró en la línea de chipeo, quedó hecho astillas, se lo trató con químicos para separar la celulosa, se lo blanqueó y secó y salió enfardado rumbo al puerto de la planta de Botnia a orillas del río Uruguay.

    Cinco años después, la planta ya no es de la empresa Botnia sino de UPM, el conflicto quedó a la sombra de muchos otros problemas entre Uruguay y Argentina, los ambientalistas ya no protestan y los medios no prestan tanta atención.

    En todo ese proceso el ingeniero Ronald Beare, gerente general de UPM en Uruguay, se mantuvo al frente del proyecto. Hoy afirma que la planta es una de las más modernas del mundo, tiene resultados medioambientales “excelentes”, produce celulosa de alta calidad y contribuye a generar empleo calificado. Pese a que la crisis golpeó al mercado, la empresa aguarda por la autorización del gobierno para producir más y explora nuevas áreas de negocios.

    En entrevista con Búsqueda, Beare advirtió que la infraestructura, la logística y los altos costos de Uruguay causan problemas para competir en el mundo.

    —¿Qué balance hace del funcionamiento de la planta cinco años después de su inauguración?

    —Los balances son muchos y todos positivos. Tenemos, para empezar, cinco años de funcionamiento de una planta industrial que es una de las más modernas del mundo, y al principio había dudas de cómo iba a funcionar. No se conocía la forestación ni las plantas de celulosa en Uruguay. Ahora vemos que la planta ha tenido un desempeño de producción de un producto muy bueno. La celulosa nuestra se vende en todo el mundo cuando nadie la conocía. La historia de la celulosa de eucaliptos uruguaya fue un éxito. La operación de la planta desde el punto de vista medioambiental también. Existen ya cinco años de monitoreo, resultados fehacientes, y no hubo ningún tipo de problema, al contrario, es un ejemplo de planta que la vienen a ver de todo el mundo y que acaba de recibir un premio como la primera planta que obtuvo una certificación E+ afuera de Europa.

    —¿Cree que se cumplió con crear puestos de trabajo y aumentar la actividad económica del país?

    —En la cadena total forestal de Uruguay hoy ya han sido tipificados 21.000 puestos de trabajo que se han creado a partir de la nada, a partir del desarrollo de la ley forestal. Las empresas forestales ayudaron mucho a mejorar la calidad del empleo forestal, la formalización de esos puestos de trabajo y la capacitación. Y no nos olvidemos de los 300 profesionales que trabajan directamente en nuestras operaciones; esos puestos de trabajo son muy importantes porque Uruguay siempre apuesta a la enseñanza terciaria y para poder emplear en forma satisfactoria a profesionales hay que darles puestos de trabajo buenos y de calidad. Este proyecto generó puestos de trabajo de alta calidad a nivel mundial, muy bien remunerados en relación con la media nacional. Y hemos generado puestos de trabajo en el exterior. Hoy hay más de cinco uruguayos que fueron formados en nuestra compañía en Uruguay y hoy tienen puestos de trabajo en FInlandia, en África y en China.

    —¿Le pegó a la empresa la crisis europea?

    —Pegó y sigue pegando. Se notó una baja importante en la demanda en el consumo de papel en Europa, lo cual ha afectado a nuestros clientes, y eso se traduce en menos demanda por celulosa. Por suerte hay otros sectores del mundo, Asia, Latinoamérica y Europa oriental, que siguen creciendo y hacen crecer el consumo de celulosa. Pero esperamos que el tema pueda seguir deteriorándose todavía un poco más.

    —¿Cómo impactó en las exportaciones?

    —Nosotros tratamos de exportar toda la celulosa de todas formas. A fuerza de poder bajar los precios y competir en forma más agresiva en el mundo logramos mantener nuestras ventas. Hay otros que tienen que dejar de vender porque no son lo suficientemente competitivos y tienen que cerrar su producción. Nosotros logramos mantener la producción con la planta a pleno y vender todo. A menor precio, pero logramos mantener la actividad en Uruguay, que es lo importante.

    —¿Cómo compite la planta uruguaya en el mundo?¿En qué gana y en qué pierde?

    —En calidad de producto, tiene que ser igual o mejor que otras plantas, y en eso estamos bien. Compite en servicios de logística y entregas, y en eso Uruguay está bastante lejos, por ejemplo, de Asia. Tenemos que asegurarnos una entrega de calidad y oportuna y además tenemos que competir en precio. La celulosa es un commoditie, por lo tanto, si tu precio está cinco dólares por encima de tu competencia, no te compran. Nosotros tenemos que asegurarnos de que nuestra competitividad en Uruguay se mantenga en el largo plazo. Entonces todos los aumentos de costos impactan en nuestra competitividad.

    —¿Qué aumentos de costos?

    —La revaluación del peso con respecto a otras monedas está impactando a nivel general, no solo a nosotros sino a todos los exportadores, y el sector forestal es un sector particularmente sensible al tema de las monedas porque normalmente los productos que exportamos no son de muy alto valor y tienen márgenes más pequeños, por lo tanto las pérdidas de competitividad impactan directamente.

    —¿Hay oportunidades de mayor crecimiento para la industria?

    —El consumo de los productos de papel sigue aumentando, en especial el papel sanitario, el papel tissue, el papel higiénico, las servilletas. La celulosa nuestra es uno de los mejores componentes para esos papeles. Por lo tanto, hay oportunidades de crecimiento. Estamos en las primeras etapas. Todavía falta maduración de plantaciones en Uruguay, que van a generar nuevas industrias, como madera, madera aserrada, muebles, paneles.

    —¿Por qué la empresa quiere aumentar la producción?

    —Todas las plantas de celulosa aumentan la producción. Cuando se instala una planta nueva hay un proceso de aprendizaje. La planta tiene una capacidad mínima garantizada por el vendedor de los equipos, que si uno empieza a operar eficientemente la supera rápido y puede optimizar las últimas 100.000 toneladas máximas que se pueden obtener de la planta. Es muy importante para la empresa para poder optimizar la producción y poder aumentar las exportaciones. También hay puestos de trabajo asociados a esas 100.000 o 150.000 toneladas adicionales. Por los menos unos 300 puestos de trabajo más en 500.000 metros cúbicos de cosecha, cientos de viajes de camiones más. Por lo tanto, es un tema económico y social que repercute en toda la cadena.

    —¿Qué opina sobre la resistencia argentina a que eso se concrete?

    —La tradición nuestra es que no hacemos comentarios sobre temas que son de la órbita binacional.

    —¿Qué resultados ambientales tuvo la planta en estos cinco años?

    —Los resultados son excelentes, se ha comprobado que la planta tiene un desempeño óptimo y que no hay nada que se pueda temer. La empresa acaba de ser incluida como líder del sector en el New York Stock Exchange. No se hubiesen podido captar los mercados con la velocidad con que se hizo si no tuviese un track record ambiental impecable, porque los clientes en el mundo hoy no te compran celulosa si no tenés un origen muy bueno. No se quieren exponer a que el mercado minorista diga que no le van a comprar el papel higiénico a ellos porque viene de una planta que no tiene un buen desempeño ambiental.

    —¿Es cierto que UPM va a construir una nueva planta en Uruguay?

    —La empresa no tiene proyectos en concreto en Uruguay.

    —¿Entonces no es cierto lo que trascendió?

    —No sé, la verdad que no.

    —¿Evalúan sumar alguna otra área de negocio en Uruguay?

    —La empresa tiene distintas áreas de negocios en Finlandia. Algunos son bioplásticos, energía. Las fábricas de celulosa vienen con el pan abajo del brazo, porque vienen con su solución energética y además con un excedente de energía que se puede volcar a la red. Por lo tanto, el tema energético a partir de biomasa para nosotros es muy importante y tenemos algunas cosas que estamos viendo con UTE. Firmamos un convenio para hacer la evaluación de un proyecto conjunto de una planta de energía a partir de biomasa. En Finlandia la compañía está desarrollando la primera planta de biocombustibles a partir de biomasa. En Uruguay todavía no, pero a partir del resultado de esa planta también se puede en el futuro pensar en eso.

    —¿Cómo afectan los problemas de infraestructura del país?

    —Es un desafío. Hay que verlo por la positiva. Cuando hay mayores necesidades de infraestructura es porque al país le está yendo bien. La infraestructura tiene que acompañar, y para el sector forestal el tema del tren es muy importante. Tiene buenas capacidades y en el futuro puede convertirse en un elemento importante en el transporte de cargas. En el tema de las carreteras el país está avanzando con un instrumento público-privado y nosotros estamos tratando de apoyar como podemos. El puerto de aguas profundas también es una muy buena iniciativa, y yo creo que en el futuro eso puede tener un gran impacto en canalizar las exportaciones. El país no se puede dar el lujo de quedar estático.