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    Dos divas en pugna

    Dos de las estrellas más exitosas de su época, Bette Davis y Joan Crawford, mantuvieron en vida un vínculo tormentoso dentro y fuera del set; esta relación es la que muestra la serie “Feud”, de Fox Premium, protagonizada por Susan Sarandon y Jessica Lange

    Los celos, la competitividad, las rivalidades de diversa índole son moneda corriente en Hollywood. Por trágicas o complejas que sean para sus protagonistas, son como pop acaramelado para el público —y para el resto de la industria–, que devora los chismes con mayor avidez cuanto más truculentos y enrevesados son. Bette Davis y Joan Crawford, dos superestrellas nacidas en 1908 y 1906 respectivamente, protagonizaron una de las pugnas más célebres de Hollywood. La primera vez que actuaron juntas fue en “¿Qué pasó con Baby Jane?”. Estaban a punto de cumplir los 60 y, como sucede ahora, los roles protagónicos para actrices de su edad no proliferaban. Las dos aceptaron, y en el set quedó demostrado que los años no habían apaciguado sus odios. Dicen que el equipo técnico colaboró para encenderlos aún más.

    Todo lo que pasó en ese rodaje, las palabras venenosas y los codazos solapados que se propinaban Davis y Crawford, quiso recrear Ryan Murphy en la serie “Feud: Bette y Joan”, que ya puede verse en Fox Premium. Murphy, creador de shows como “Glee” y “American Horror Story”, y productor ejecutivo de “American Crime Story: The People Vs. O.J. Simpson”, entrevistó a Bette Davis poco antes de que la actriz muriera en 1989. Estaba previsto una charla 20 minutos, y terminó extendiéndose cuatro horas. “Cuando le preguntaba sobre Joan Crawford ella empezaba a hablar de cuánto la odiaba. Pero después decía algo como ‘ella era una profesional. Yo la admiraba por eso’ ”.

    Cuando la idea se hizo realidad, Murphy hacía rato que sabía que Susan Sarandon sería Bette, y Jessica Lange, sería Joan.

    Cronología de una enemistad. Aunque alcanzaron niveles de estrellato similares, cuando Bette Davis se mudó de Broadway a Hollywood, en 1930, Joan Crawford ya era famosa. Davis tenía 22 y Crawford 25. Davis fue la primera en ganar un Oscar: fue en 1936 por “Peligrosa”, en  su segunda nominación. Pero Crawford se quedaría por primera vez con lo que a la Davis más le interesaba: Franchot Tone, su coprotagonista en el filme, de quien se había enamorado durante el rodaje. Crawford y Franchot se casaron poco después de que Davis recibiera la estatuilla por su actuación. Tal vez sea demasiado decir que la guerra quedó declarada entonces, pero estaba claro que a partir de ese momento, difícilmente podrían ser amigas.

    Tres años después, Davis volvió a ganar un Oscar, esta vez por “Jezebel: la tempestuosa”, y Crawford, que aún no había sido nominada ni una vez, se divorciaba de su marido. Para entonces, Davis se había casado con Harmon Nelson.

    A principios de los 40, a Crawford se le terminó el contrato con MGM y firmó con Warner Bros., donde también estaba Davis. La tierra era fértil para una rivalidad que ya había tenido sus primeros indicios. Crawford empezó a ir tras los roles que solía interpretar Davis, pero, perteneciendo al mismo estudio, se le hacía muy difícil obtenerlos. A menos que Davis los rechazara, como sucedió con “El suplicio de una madre”, que terminó valiéndole el primer —y único— Oscar a Joan Crawford en 1946.

    En 1951, Davis recibió su novena nominación al Oscar por “La malvada”, y Crawford su tercera candidatura en 1953 por “Miedo súbito”. Fue en 1962 cuando ambas confluyeron por primera vez en una producción: “¿Qué pasó con Baby Jane?”, basada en el libro homónimo de Henry Farrell sobre dos hermanas que conocieron la fama de niñas. Solo una de ellas, Blanche, logró mantenerla; la otra, Baby Jane, pasó al olvido. Ya mayores, cuando Blanche queda inmovilizada a causa de un accidente, queda sometida al resentimiento y el maltrato de Jane, y la convivencia se vuelve un campo de batalla.

    Ya pisando los 60, las oportunidades de ser protagonista no eran tan frecuentes para Davis, que sin ofertas en cine había vuelto a sus orígenes, Broadway, ni para Crawford, que se había volcado más a la TV. Robert Aldrich ya había firmado para dirigir la película, y Joan Crawford ya estaba fichada para el reparto, pero, con el estudio, estaban de acuerdo en que faltaba otra estrella de peso para interpretar a su contraparte. Habría sido idea de Crawford ofrecer a su archirrival el otro papel. Lo hizo ella en persona. Fue una noche, cuando Davis terminaba una función de “La noche de la iguana” en Broadway. Antes de decir que sí, la actriz se aseguró de que entre Crawford y el director no existiera un affaire. No quería sorpresas.

    La guerra que relata la historia de “¿Qué pasó con Baby Jane?” se trasladó al set, con escenas violentas que seguían después de cada corte. Según se cuenta, durante el rodaje, Davis pateó a Crawford en la cabeza; o dicen que Crawford se llenó los bolsillos de piedras previo a una escena en que Davis tenía que arrastrarla.

    El vínculo empeoró aún más cuando Davis fue nominada al Oscar a mejor actriz por su interpretación y Crawford, no. Esta última no solo hizo campaña en contra de su enemiga sino que, decidida a robarle el protagonismo de la noche, le ofreció a la también nominada —y en la misma categoría— Anne Bancroft (que no podría ir a recibir la estatuilla), aceptarla en su lugar. Finalmente ganó Bancroft, es decir que Crawford se fue con un Oscar esa noche, y Davis, no.

    Con esos escándalos, la película fue un éxito, y la posibilidad de una segunda parte se concretó dos años después. Se llamaría “Cálmate, dulce Carlota”, y volvería a contar con ambas actrices. Todo fluía por los rieles normales del rechazo entre ambas actrices, hasta que la situación se agravó: Crawford —que integraba el directorio de Pepsi, después, de que su cuarto marido Alfred Steele muriera— mandó instalar en el camarín una heladera con productos de la marca de bebidas. Crawford, que no quería ser menos, se hizo traer una máquina expendedora de Coca Cola. La contienda volvía a empezar y, al parecer, Crawford no estaba lista para pasar otra vez por lo mismo: primero pidió licencia médica y después fue sustituida por Olivia de Havilland, amiga de Davis.

    Susan y Jessica. Hay algo entre lógico e irónico en que Sarandon y Lange, dos actrices entre sus 60 y 70, se pongan en los zapatos de estas divas. Al parecer, en Hollywood las cosas no cambiaron tanto en los últimos 60 años: las actrices siguen con la presión de mantenerse jóvenes para conseguir papeles, y a cierta edad, saben que los protagónicos no llegarán. No importa cuántos Oscar tengan, si fueron hermosas, si el público las adoraba. A ese punto, se llega igual.

    En alguna oportunidad, después del estreno de “¿Qué pasó con Baby Jane”, Davis contó que, antes de lograr que le financiaran el proyecto, el director se enfrentó a productores que le decían cosas como: “Para trabajar con esos vejestorios no te damos ni un centavo”. Y en eso, justamente, ahonda “Feud”: en el suplicio de envejecer en una industria poco amable con las mujeres, y la edad.

    Sarandon dudó en aceptar su rol. Ya le habían ofrecido interpretar a Bette Davis por su parecido, y no había aceptado. Terminó de decidirse cuando Murphy le dijo que se comprometía a completar 50% del equipo con mujeres, afroamericanos y homosexuales, como parte de la fundación que acaba de crear: Half Foundation.  “Al principio estaba aterrada”, contó Sarandon a “Vanity Fair”. “Me llevó seis semanas de filmación que el miedo y la diversión se equipararan. Estaba tan abrumada”, dijo la actriz refiriéndose a su personaje.

    Jessica Lange, que ya había trabajado con Murphy en “American Horror Story” —y ganó un Globo de Oro y dos Emmy—, reconoció que antes de “Feud” no sabía nada de Crawford. “Cuando empecé a leer todas las biografías quedé shockeada por la infancia tan propia de Dickens que tuvo. (…) Cuando llegó a Hollywood dijo que MGM fue la única familia que había conocido. (…) Estaba decidida a ser una dama. Cuando se casó con Douglas Fairbanks Jr. solía estudiar a Mary Pickford, la madrastra de él, y memorizar dónde iba cada cubierto. Trabajó duro. Era ambiciosa”.

    Murphy, que siempre había empatizado con Bette Davis, terminó de comprender a Joan Crawford mientras escribía “Feud”. “Esa infancia creó a esta criatura, que tenía un deseo puro de ser amada… Creo que la mayoría de la gente no se mete en el mundo del espectáculo a menos que no hayan sido queridos de niños”.

    En los ocho episodios de “Feud: Betty and Joan” desfilarán Alfred Molina, que interpretará al director Robert Aldrich; Stanley Tucci como Jack Warner; Catherine Zeta-Jones como Olivia de Havilland, y Kiernan Shipka como B.D. Hyman, la hija de Bette Davis. También participarán Kathy Bates y Sarah Paulson.

    Está previsto que la próxima temporada se titule “Feud: Charles y Diana”, para ahondar en el vínculo entre el príncipe y la princesa de Gales.