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El sábado 21 de enero, un río de mujeres (y también unos cuantos hombres) inundó las calles de Washington DC. Su objetivo: proteger sus derechos, salud y familias. La marcha, conocida como Women's March y con réplicas en varias partes del mundo, estaba ligada a la asunción de Donald Trump a la presidencia de EEUU. Una día después, en París, donde también las mujeres marcharon, empezó la edición primavera-verano 2017 de la Semana de la Alta Costura. En el mundo de la moda, las responsables de mostrar lo que estos artesanos del lujo hacen durante meses de trabajo, las actrices que llevan esa ropa a las alfombras rojas, y otras involucradas estaban demasiado compenetradas con la llegada de Trump al poder como para tomarse un avión y poner cara de nada en la primera fila de los desfiles.
La editora de las páginas de moda de “The New York Times”, Vanessa Friedman, lo resumió en el título de su nota del 27 de enero: “Couture en la sombra de la Marcha de las Mujeres”. Y después tecleó: “¿Cómo se retrata el empoderamiento femenino en una disciplina definida por la fantasía y la tradición?”. La cuestión, evidentemente, no tiene una única respuesta.
Hay firmas como Versace que tomaron decisiones y, por ejemplo, hicieron una pequeña presentación solo para clientas, fuera del cronograma oficial. Lo cierto es que la Semana de la Alta Costura, con sus aires de ensueño habituales, no tuvo la fuerza suficiente como para brillar en un contexto internacional incierto, aunque algunos puntos merecen ser destacados.
* Por primera vez a cargo en solitario de una colección de alta costura, Pierpaolo Piccoli, director creativo de Valentino, estuvo a la altura de las circunstancias. Su show fue elegido por el crítico de “Business of Fashion”, Angelo Flaccavento, como el mejor desfile de la temporada. Por su parte, su excompañera Maria Grazia Chiuri, ahora directora creativa de Dior, dio vida a una colección con un aire muy similar a Valentino. Hermosas, pero sin sorpresas.
* La diseñadora china Guo Pei eligió cerrar su desfile con la modelo de 85 años Carmen Dell'Orefice. La modelo apareció con un vestido rojo de encaje y cristales con dos hombres escoltándola.
* Vetements, la firma de los hermanos Gvasalia y la última obsesión de varias celebridades, sigue haciendo ruido en la industria. Su colección de alta costura fue presentada en el Centro Pompidou y llevó el nombre de Stereotypes. En el show exhibieron 36 conjuntos que respondían, cada uno, a un estereotipo: punk, emo, jubilado, mujer rica, novia, hooligan, secretaria. Como modelos, la firma buscó personas comunes. “En esta temporada me fasciné con los uniformes sociales y con la manera en que la gente se viste, con los códigos de vestimenta”, le dijo Demna Gvasalia a la página especializada “Women's Wear Daily”.
* Maison Martin Margiela, la casa que llevó de vuelta el talento de John Galliano a las pasarelas, trabajó en esta oportunidad sobre el papel de las redes sociales. Según la periodista de “Vogue” Sarah Mower, “esta fue una colección por la que había que pasar por las capas de simbolismo hasta llegar a un estado emocional donde aparecen los predicamentos que la humanidad está enfrentando”. Días antes, Galliano dijo: “Algunas personas han decidido que ya tuvieron suficiente”. Así se entiende el espíritu del desfile en el cual varios diseños hacían referencias al pasado y otros eran guiñadas al mundo de las redes con Snapchat y sus caras en primer plano.
* Desde hace años, los periodistas especializados hablan de cómo la Alta Costura se parece cada vez más al ready-to-wear. El drama por la ausencia en pasarela de grandes vestidos responde a que hay cada vez menos clientes dispuestos a pagar cifras astronómicas por estas prendas. Por ende, solo los grandes nombres pueden mantener los ateliers de artesanos de otras décadas. En estos tiempos es más habitual encontrarse con colecciones de alta costura donde hay piezas de jean, como sucedió en la presentación de Alexandre Vauthier y Jean Paul Gaultier.