Fueron tiempos en los que muy a menudo solía sentirse como un alien. No es raro entonces que en varias de las películas de su filmografía aparezcan ese sentimiento y esas sensaciones. Su clásico “E.T.”, es también la recreación de una familia fragmentada, un reflejo de cómo vivió, de pequeño, el divorcio de sus padres. “Encuentros cercanos del tercer tipo” e “Inteligencia Artificial” pueden ubicarse en la misma estantería. Aunque hay más. Porque la clave de buena parte de la filmografía de Spielberg está en su infancia y adolescencia. Puede que “Atrápame si puedes” se base en la historia real de Frank Abagnale Jr., el escurridizo falsificador e impostor que se hizo pasar por médico, piloto de avión y abogado antes de cumplir los veinte, pero también allí está la historia de un muchacho que, para sobrevivir, simula ser lo que no es. Sí, “Hook”, uno de sus escasos pero resonantes fracasos, es una revisión de “Peter Pan”, pero tampoco deja de ser una mirada sobre la necesidad de mantener viva la inocencia: el director leyó el guion en una época en la que no paraba de trabajar y, como en un momento lo hizo su propio padre, casi no tenía contacto con sus hijos.
La saga de “Indiana Jones”, en especial “Indiana Jones y la última cruzada”, es una gran aventura por el mundo, al tiempo que es una exploración de las relaciones entre padres e hijos. Los niños perdidos aparecen una y otra vez en su cine, a veces de manera más literal, a veces más abstracta, como protagonistas o secundarios. Pero allí están.
Hijo de la TV. Siendo un niño, detestaba leer, pasaba horas frente al televisor, lo que a la postre alimentó su gran pasión por el cine. Mientras muchos salían a jugar a la calle, Spielberg salía a filmar con su cámara Super 8, rodando películas bélicas o de ciencia ficción con presupuesto escolar. Convencía a compañeros de clase para que actuaran y agregaba sofisticados y económicos efectos especiales hechos por él. A los 20, cuando ya sabía que su vida era el cine y que el cine vivía en él, rodó con amigos y con dinero prestado “Amblin’”, su primer trabajo en 35 mm, sobre dos autoestopistas que se conocen, se enamoran y se separan. Para dar a conocer la película, recurrió al disfraz: se vestía como un ejecutivo, y se colaba en los estudios, donde presentaba su material. Sid Sheinberg, jefe de Universal Televisión, vio “Amblin’” y vio que era buena. Lo llamó. “Deberías ser director”, le dijo. “Yo pienso lo mismo”, respondió.
Sheinberg le ofreció un contrato por siete años en TV. El joven dudó, recién empezaba a estudiar cine y quería terminar la carrera. “¿Querés terminar la carrera o ser director?”. A la semana siguiente, ya estaba trabajando para Universal Television. Empezó a dirigir series a toda velocidad. Y cuando fundó junto a Kathleen Kennedy y Frank Marshall la productora de cine y TV, la bautizó con un nombre que remite a aquella primera aventura cinematográfica: Amblin. El logo: la silueta de Elliott y E.T. volando en la bicicleta. “Creo que la película más importante que hice es ‘La lista de Schindler’, pero la más personal ‘E.T.’”, confesó. “E.T.” sigue siendo la película “más espiritual” que ha hecho, fue la que terminó de consolidarlo y, según él, le dio permiso para fracasar.
Pero antes ya había ganado musculatura cinematográfica con “Tiburón”, su gran prueba de fuego. Un tiburón de utilería que se rompió el primer día de rodaje, jornadas que llegaban a su fin con una sola toma concretada, un presupuesto que crecía imparable y un director que todavía generaba dudas en su crew. “Tenía 26 años y aunque ya me sentía como un veterano, nadie pensaba eso de mí. Parecía que tenía 17 años, tenía acné y eso no ayuda a inspirar confianza a un equipo experimentado. Fue una pesadilla; adentrarse en el mar era como trabajar en el interior de un terremoto”, contó.
La película terminó recaudando 260 millones de dólares solo en Estados Unidos, convirtiéndose en la más taquillera hasta ese momento. Spielberg había improvisado una solución ante la ausencia de un tiburón realista: sugerir en lugar de mostrar, generar terror con lo que no se ve (y con la música imprescindible de John Williams). El éxito de “Tiburón” le dio lo que todo director quiere: “Libertad. Y nunca he perdido mi libertad”.
Esa libertad es palpable en las 31 películas que estrenó. “A medida que envejeces, te inclinas hacia historias que tratan temas más serios que, por ejemplo, grandes tiburones o dinosaurios aun más grandes”, dijo. Entonces vendrían “La lista de Schindler”, “Rescatando al soldado Ryan” y “Munich” (cuarta, quinta y sexta nominación al Oscar a Mejor director), intercaladas con las películas que mejoran —según dijo— con el olor a pop: “Inteligencia artificial”, “Sentencia previa”, “Las aventuras de Tintín” y “Caballo de guerra”.
Sus dos últimas producciones, “Lincoln” y “Puente de espías”, ambas nominadas al Oscar a Mejor película, dan la pauta de la continuidad de un director que con casi 45 años de trayectoria sigue aportando piezas valiosas sin perder el ingenio y la emoción. Y mientras trabaja en la preproducción de una nueva entrega de Indiana Jones, piensa en una idea que le ronda la cabeza desde hace tiempo: “Una historia sobre mi madre y mi padre que soy demasiado cobarde para llevar al cine”, ha dicho. “Algún día la llevaré. Pero es difícil porque tomo algunos elementos demasiado personales (…) como para ponerlos ahí y que los vea todo el mundo”. Antes, dice, tendrá que ir a Oz a pedirle al mago que le dé “un poco de valentía”.
Spielberg el hijo, el padre
En 1962, Spielberg, de 15 años, vio “Lawrence de Arabia”, de David Lean. El efecto sobre su cerebro fue sísmico. “Tengo que hacer películas”, se dijo. Y no es casual que en varios largometrajes de su factoría se haga evidente la influencia del cineasta británico. Por su tratamiento de historias épicas, por el dinamismo con el que despliega las escenas de acción y por la forma de acercarse a los personajes, Spielberg es, en gran medida, alumno e hijo cinematográfico del director de “Lawrence de Arabia”.
Lean (“Doctor Zhivago”, “El puente sobre el río Kwai”), fue un director que, a diferencia de su alumno, filmó poco: en 42 años hizo 16 películas. Pudieron haber sido 17. Es que, fascinado y lleno de admiración, el estadounidense se ofreció a producir lo que fuera que el realizador británico quisiera dirigir. Lean le pidió que adquiriera los derechos de la novela “El imperio del sol”, de J.G. Ballard. Trabajó durante un año en la adaptación, pero no pudo encontrar un guion cinematográfico en aquella novela. Entonces, Spielberg tomó la posta, y así surgió una de sus grandes obras.
M. Night Shyamalan (“Sexto sentido”) hacía videos caseros recreando escenas de “Indiana Jones”. Spielberg también es una influencia en un cineasta que parece estar en la vereda opuesta, David Fincher (“El club de la pelea”). El zoom lento, los acercamientos a los rostros de los personajes, el juego con las luces y las sombras, son los elementos visuales de Spielberg que Fincher adaptó a sus películas. Alejandro Amenábar (“Los otros”) es fanático de “Tiburón” y “Encuentros cercanos del tercer tipo”, y tomó nota de cómo introducir componentes espirituales en producciones de ciencia ficción.
Con su trilogía “El Señor de los Anillos”, Peter Jackson logró lo mismo que su maestro hizo en sus momentos más inspirados: mostrar personajes, escenas y escenarios de un modo que nunca se había visto antes. Quizás sea J.J. Abrams (“Star Wars: El despertar de la fuerza”) su hijo cinematográfico más evidente. Alcanza con ver “Super 8”. La historia de unos niños que graban una película de terror y son testigos de la llegada de un monstruo es también una alegoría sobre el fin de la infancia. “Super 8” tiene algo de “Los Goonies”, de Spielberg, otro poco de “E.T.”, “Encuentros cercanos del tercer tipo” y “Gremlins”, producida por Amblin.
Y si hay una obra que ilustra el alcance de la influencia de Spielberg en la cultura pop, esa es la serie “Stranger Things”, que tiene ese aire de aventura familiar de “Cuentos Asombrosos” —la antología de ciencia ficción y fantasía creada por Spielberg para la televisión en 1985 de “Los Goonies”, “E.T.” y “Encuentros cercanos del tercer tipo”. Y además, hay una escena que parece diseñada para evocar el momento en que el extraterrestre y Elliot se elevan por lo cielos.
Spielberg y Kubrick: admiración y rivalidad
Así como admira a grandes cineastas como Stanley Kubrick, también otros titanes, como el propio Kubrick en su momento, le profesan admiración. El fallecido realizador de “2001: Odisea del espacio”, dejó atrás la adaptación de “Mentiras en tiempos de guerra”, la novela de Louis Begley sobre un niño judío polaco y la relación con su tía, que hace un cambio de identidades para escapar del nazismo, por una razón que podría parecer insólita: el éxito de “La lista de Schindler”. Para Kubrick, Spielberg pertenecía a la mejor clase de rival: aquel que uno admira. Y para él, “La lista de Schindler” no era una película que hablara del Holocausto. Precisamente, era una película sobre el éxito. Lo explicaba así: “El Holocausto trata de seis millones de personas asesinadas. La lista de Schindler trata de seiscientas personas que no lo fueron”.
Años antes, en la década de los 70, Kubrick había empezado a trabajar en otra adaptación, la de “Los superjuguetes duran todo el verano”, de Brian Aldiss, que iba a llamarse “Inteligencia Artificial”, la historia de un niño robot que no sabe que es un robot. Kubrick retomó el proyecto en la década de los 90, pero lo abandonó porque consideraba que la tecnología de entonces no permitiría crear el personaje del robot de David. Fue cuando le cedió el proyecto a Spielberg, que le presentó una contraoferta: él le produciría el filme, y haría posible que los efectos especiales deseados por el director de “La naranja mecánica” pudieran plasmarse. Pero Kubrick murió en 1999, de modo que, como homenaje, decidió complacer los deseos de su admirado director. “I.A. Inteligencia Artificial” está dedicada a él. A su vez, otro proyecto que Kubrick no alcanzó a concretar, “Napoleón”, será llevado a la pantalla chica, en forma de miniserie, con producción de Spielberg.
Pablo Stoll, y el trauma de E.T.
“E.T.’ fue una experiencia traumática y no la volví a ver. Más allá de eso, le tengo mucho respeto y admiración al Sr. Steven. No corro a ver sus películas y a veces me parece un poco terraja —ojo, que Williams (John, el compositor) ayuda mucho para eso— pero filma muy, muy bien y dirigió películas geniales: ‘Los Cazadores del Arca Perdida’, ‘Duelo a muerte’, ‘Tiburón’, ‘Encuentros cercanos (del tercer tipo)’, ‘Atrápame si puedes’, ‘Rescatando al soldado Ryan’, ‘Munich’. Además produjo, él solito, todas las estanterías “Aventuras” de los videoclubs montevideanos. Capo”.
Los 5 fracasos de Spielberg
El éxito del público y de la crítica han acompañado a Spielberg, pero su carrera también tuvo baches.
“1941” (1979). Tras su primer gran éxito (“Tiburón”), llegó su primer fracaso con esta comedia situada en California después del ataque a Pearl Harbor.
“Siempre” (1989). Ni Richard Dreyfuss, el actor que él considera su doppelgänger, logró darle a esta película, una cinta protagonizada por Spencer Tracy sobre un piloto de guerra fallecido que vuelve en espíritu para cuidar a su viuda, lo que necesitaba para ser un éxito”.
“Hook” (1991). Aunque el público acompañó a Spielberg en esta aventura (recaudó 300 millones de dólares), la crítica le dio la peor calificación en la historia del director.
“Amistad” (1997). Esta vez fue el público el que determinó el fracaso. Esta cinta sobre un grupo de esclavos que logran tomar el barco en el que estaban cautivos no llegó a recuperar el dinero invertido y ni gustó a la crítica.
“Las aventuras de Tintín: el secreto del unicornio” (2011). La fórmula Spielberg como director y Peter Jackson como productor no fue seductora para atraer a los estadounidenses a ver las peripecias de este personaje.
- LOS INCONDICIONALES DE STEVE SPIELBERG
- Gonzalo Frasca, diseñador de videojuegos
¿Cuál es su película favorita de Steven Spielberg?
Está compartido entre “E.T., el extraterrestre” (1982) e “Indiana Jones y la última cruzada” (1989).
¿Por qué?
De niño estaba fascinado tanto por los extraterrestres como por la arqueología.
¿Cuándo la vio por primera vez y qué recuerda de ese momento?
“E.T.” la vi con mi padre, al igual que la primera Indiana Jones. La tercera fui a verla con un amigo. ¡Me gustó tanto que cuando terminó mi amigo se fue y yo me quedé a verla de nuevo!
¿Qué es lo que más admira del cine de Spielberg?
Demostró que se puede ser un creador serio sin traicionar la sensibilidad de la infancia. Eso es lo fundamental para mí.
Spielberg hizo una serie de videojuegos para Electronic Arts, y una amiga que trabajó con él me contó mucho de cómo trabaja y de cómo su sensibilidad no se limita al cine sino a lo lúdico en general.
- Analía Rodríguez y su hijo Juan Pedro Regalía, fanáticos de Spielberg
¿Cuál es su película favorita de Steven Spielberg?
Como director, hoy elijo “E.T., el extraterrestre”, y como productor, “Volver al futuro” (1985).
¿Por qué?
“E.T.” es una película de culto, ¿a quién no le gusta? ¿Quién no se emociona hasta las lágrimas con la escena final aunque la haya mirado mil veces? Es muy conmovedora, habla de la infancia, de la inocencia, del amor. Spielberg usa un lenguaje muy sutil con nosotros, los espectadores, y nos va dando mensajes escondidos. ¿Por qué todo el mundo supone que el alienígena que espera en la puerta de la nave es la mamá de E.T.? ¿Cómo sabemos que E.T. es un niño? ¡Eso no está detallado en el guion, nadie lo menciona en la película! Pero el director nos lo dice de alguna manera.
¿Cuándo la vio por primera vez y qué recuerda de ese momento?
La vi muchísimas veces en casa, en un VHS que tenía mi papá, que es un cinéfilo empedernido. Crecí con ella y me reencuentro ahora a través de mi hijo Juan Pedro, que la mira desde que tenía dos años. Se la puse un día sin mucha expectativa y desde ahí no paró de mirarla. Interactuaba con ella y en las primeras escenas cuando E.T. corre miedoso por el bosque, Juan Pedro le gritaba “¡andate a lo de Elliot!”.
¿Qué es lo que más admira del cine de Spielberg?
Es un verdadero maestro, un cineasta de pura cepa; no podría haber hecho otra cosa en su vida. Creo que el secreto de su cine es la magia. Sus películas tienen “eso” que no se puede explicar. He leído que esa magia también se vive en sus plató, e indudablemente traspasa la pantalla.
- Guillermo Kloetzer, realizador audiovisual
¿Cuál es su película favorita de Steven Spielberg?
“Tiburón” (1975).
¿Por qué?
Después de verla quedás alerta de la presencia de un tiburón hasta adentro de una piscina de 2x2.
¿Cuándo la vio por primera vez y qué recuerda de ese momento?
La primera vez que la vi fue en TV. Recuerdo que estaba llena de cortes y tanta propaganda y, como película, aun así destrozada, funciona.
¿Qué es lo que más admira del cine de Spielberg?
Admiro su talento para abrir las puertas del abismo a partir de historias sencillas. Tiene un manejo del suspenso que te pone al borde de la butaca aunque te esté contando que alguien esperó media hora el ómnibus en la parada.
- Gonzalo Ansa, estudiante de Comunicación audiovisual
¿Cuál es su película favorita de Steven Spielberg?
“Tiburón” es la película que vi más veces en mi vida y mi favorita no de Spielberg, sino del cine. Pero es casi imposible elegir. Si no fuera esa diría que “Sentencia previa”, “Munich” o “Puente de espías”.
¿Por qué?
Porque es una película perfecta. Tiene más de 40 años y parece hecha ayer, resiste cualquier cantidad de visionados (¡doy fe!). En “Tiburón” todo funciona: la puesta en escena, el elenco (el trío protagonista tiene la mejor química de la historia del cine). La música la reconoce cualquiera incluso sin ver la película. Es la prueba de que el cine puede ser espectáculo masivo y a la vez personal. Pero sobre todo porque me emociona: la veo al menos una vez por año y la experiencia a nivel emocional sigue siendo tan fuerte como la primera vez.
¿Cuándo la vio por primera vez y qué recuerda de ese momento?
De niño, supongo que tendría siete u ocho años. Fue en mi casa, en la tele, y no estoy seguro de que tuviera permiso para verla. Recuerdo que me asusté mucho cuando aparece la cabeza de Ben Gardner (uno de los pescadores que salen a cazar al tiburón) y el impacto que me generó la secuencia inicial. Probablemente es una de las escenas más violentas que recuerde, y no hay una gota de sangre. ¡La muerte de Quint también me impactó por ser precisamente todo lo contrario!
¿Qué es lo que más admira del cine de Spielberg?
Dos cosas que van de la mano: primero el compromiso absoluto con la historia que se está contando. Spielberg es el director perfecto porque nunca hace “una de más”. Cada decisión, cada encuadre, cada plano están siempre al servicio de la historia y sus personajes. Spielberg se luce siendo “invisible”, no intenta revelar su presencia en la película, ¡y es un técnico excelente! A veces solo en el segundo visionado uno se da cuenta de la complejidad de una escena o lo elaborado de un plano, porque en la primera vuelta la historia nos absorbe por completo. Y por ese compromiso con la historia es que la recompensa emocional con Spielberg siempre es la más grande.
GALERIA
2016-12-15T00:00:00
2016-12-15T00:00:00