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Entrevista / José Carlos Mahía

Edad: 50 • Ocupación: Presidente de la Cámara de Diputados; profesor de Historia • Señas particulares: Fue vendedor de vinos; escucha radio en una Spika; tiene pendiente escribir una novela

En 2016 cumplió 50. ¿Cómo se lleva con el paso de los años?

Bien. Además, teniendo en cuenta que Uruguay es un país de veteranos, digamos que para el sistema político soy un joven. Pero no me generó ningún trauma cumplir 50.

Vivió toda la vida en Las Piedras. ¿Nunca pensó en cambiar de ciudad?

Algunas veces sí. Lo que más añoro es el mar. Pero de Las Piedras me seduce la calidez de la gente que conozco de toda la vida. Por eso no me mudé.

En verano se escapa a La Tuna.

Sí, desde hace 50 años. Llego al verano tan fundido que lo que quiero es quedarme quieto. Ahí estoy a una cuadra de la playa y paso bárbaro. Además, como La Tuna no está nombrada en ninguna publicidad del Ministerio de Turismo, los que estamos ahí somos escasos privilegiados.

¿Cómo fue su experiencia como vendedor de vinos?

Tenía 25 o 26 años. Trabajaba en la empresa Uvical, que me había dejado unos 140 clientes en toda la costa. Como no tenía clientes míos lo que hacía era seguir los camiones de Coca-Cola o de Agua Jane, que tenían terrible cartera de clientes. Siempre tuve buen relacionamiento con la gente, hice mucho boliche ahí.

¿Es un buen tomador de vino?

Tomo poco, pero aprendí. Estudié de vinos, tengo amigos enólogos, mi amigo Eduardo Boido es el mejor enólogo del país. Pero tomo muy de vez en cuando media copa de Tannat.

Estudió Periodismo en IPEP. ¿Cómo fue esa experiencia?

Había terminado el IPA de Historia y de estudiar inglés. Estaba empezando Derecho y llevaba años estudiando a lo bestia. Quería hacer algo de comunicación, entonces me anoté ahí. Era un curso muy práctico, donde aprendí a pronunciar cosas que decía mal. Me gusta la comunicación.

¿Le hubiera gustado ser periodista?

Sí. La radio para mí tiene una magia. Tengo una Spika que me acompaña por toda la casa. Cuando vendía vino y se me rompía la radio del auto, la ataba al volante y escuchaba todo. También me gusta escribir textos políticos.

¿Nunca pensó en incursionar en ficción?

Sí, tengo un texto, pero no lo voy a decir porque cuando tenga tiempo voy a escribir una novela. Tiene que ver con el fútbol, con un futbolista. Ya tengo el personaje y a algunos familiares directos de él a quiénes preguntarles.

Es muy hincha de Nacional y es de los que hacen bromas constantemente cuando pierde Peñarol. ¿Sabe aguantar las bromas cuando le toca perder?

Banco como un campeón. Cada fin de semana cuando terminan los partidos mis familiares y amigos reciben mensajes de WhatsApp. He hecho mucha cosa. Cuando era profesor en el liceo nocturno, antes de entrar al Parlamento, mis alumnos eran más grandes que yo. Un día entré con cara seria y les dije: “Muchachos, todos de pie”. Pensaron que había muerto alguien, pero les dije: “Así se celebra un nuevo aniversario del decano del fútbol uruguayo, el Club Nacional de Football. Ahora se pueden sentar”. Era el 14 de mayo. Hay otra que le hice una vez al hoy senador (Enrique) Pintado. Yo había ido con el entonces diputado Jorge Orrico a ver Nacional-Progreso al Paladino y nos comimos como cuatro goles. Enseguida, Pintado nos estaba cargando. Eso fue un miércoles; el domingo fue el clásico y Nacional ganó 2 a 0. Le envié a su despacho el estuche de una caja de whisky con una tarjetita que decía: “Al diputado que nunca se olvida de las causas populares”. Cuando la abrió tenía adentro dos pepinos. Ahora me limito un poco por el tema de la violencia en torno al fútbol y se pierde el hacer bromas sanas.

¿En qué período histórico le hubiera gustado vivir?

En el Uruguay de fines de la década de los 40. Por la sociedad que era. Había una movida cultural muy importante, Uruguay era un país de vanguardia y bastante próspero, todavía no se había llegado a la crisis.

Hasta este año siguió dando clases de forma honoraria. ¿Qué tipo de profesor es?

Me considero exigente, a veces soy un poco expositivo porque es mi naturaleza y tengo buen diálogo. Pero me gusta marcar la distancia: el profesor no es tu amigo, es tu profesor. Creo que el adolescente necesita un referente que marque una distancia saludable por los roles de uno y otro. Trato de ser así, de tener calidez y no confundir calidez con ser confianzudo.

Tiene dos hijos de su primer matrimonio, otra con su pareja actual, y también forma parte de su familia el hijo de su pareja. ¿En qué momentos coinciden todos?

Vivimos juntos con la más chica, el hijo de ella, y mi hijo. Mi hija más grande vive en Montevideo. Cuando eran más chicos tratábamos de ubicar un día de la semana para juntarnos alrededor de la mesa. Cuando mi hija empezó la Universidad y tenía un novio de Colonia las cosas cambiaron. Ella viene los fines de semana.

¿Qué heredó de sus padres?

De mi madre, el gusto por la política. De mi padre, que murió hace cuatro años, lo social. Creo que heredé un promedio. También soy un poco distraído como mi madre, pero estoy en mucha cosa.

Es diputado desde 1995. ¿Qué objetos conserva desde aquella época en su despacho?

Voy acumulando cosas y regalos que me han hecho. No soy de poner retratos partidarios en mi despacho. Tengo un corcho en la pared con fotos de familia, amigos, algunas frases políticas vinculadas al Che y a Fidel (Castro), y textos futboleros.

Como legislador viajó mucho. ¿Cuál fue el destino que más lo sorprendió?

Te puedo responder del que más me gusta, que es México. Y hace un tiempo fui a Vietnam. Tengo actividad internacional intensa y eso me ha permitido conocer algunos países. Pero esas dos civilizaciones respiran cultura.

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2017-05-18T00:00:00

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