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Nombre: Yamandú Orsi • Edad: 48 • Ocupación: Intendente de Canelones; profesor de Historia • Señas particulares: Fue bailarín de folclore; es un defensor de la mochila; le molesta la impuntualidad
¿Cómo fue su experiencia como almacenero?Nací en el medio rural y ahí pasé mis primeros cinco años. Mi viejo tenía viña. Después se embromó de la columna en el 71 o 72, y nos mudamos al pueblo. Ahí compró un almacencito y estuvimos 22 años. Después se enfermaron mis padres y terminé yo. Era muy sacrificado.
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¿Era de los que fiaba?Sí, era almacén de libreta. Tenía más de 30 libretas. En la década del 90, en 1994, dejó de funcionar y lo vendimos. A partir de esa época ya no hubo más espacio para los almacenes. Creo que nos fuimos justo.
¿Hace cuentas a mano o se pasó a la calculadora?Me salen a mano.
¿Cómo se convirtió en bailarín de folclore?En el liceo había un grupo de danza y después entré por un concurso al ballet folclórico municipal de Canelones. No vivía de eso, pero tenía cierto rigor cercano al profesional. Viajamos mucho. Estuve desde los 14 hasta los 25 años.
¿Es de los primeros en salir a la pista en casamientos?No, pero bailo. Cualquier cosa, lo que salga.
¿Escucha solo folclore?No, escucho de todo. He evolucionado mucho. Cuando era adolescente escuchaba mucho folclore y canto popular. Después fui abriendo la cabeza, madurando e incorporando en el acervo musical nuevas cosas, o cosas que nunca había explorado.
Fue profesor de historia. ¿Qué extraña de la docencia?Mis últimos años fueron más de docencia indirecta, como adscripto, y me encantó. Es muy interesante, pues los de primero son un tipo de alumnos y los de segundo ciclo no tienen nada que ver. Lo que más extraño es ese vínculo que me permitió la adscripción.
Vivió un tiempo en Maldonado, donde conoció a su mujer. ¿Cómo la convenció para instalarse en Canelones?Fue a partir de que tuve la responsabilidad de ser primer suplente a diputado de Canelones, en 2004. Nunca llegué a ejercer porque al año siguiente ingresé como secretario general de la Intendencia. Pero implicó una condición fundamental: no irse a más de 300 o 400 metros del agua. Por eso hoy vivimos en Salinas.
¿Por qué usa mochila en vez de maletín?Porque podés poner cosas que en el maletín no entran. Pongo papeles, el abrigo que precisás en la tarde, la bufanda, la corbata. La versatilidad que tiene la mochila es maravillosa. Además me gusta andar con ella colgada.
Es un gran defensor de la puntualidad. ¿Resulta una cualidad rara en la política?Sí, y no solo en la política sino en Uruguay. A veces no soy puntual porque me retraso por algo y eso me enerva. Creo que el tiempo no es solo de uno; hay un tiempo que es del otro, y el otro tomó decisiones para cumplir y yo no tengo derecho de violentar eso.
Dicen que en su casa se maneja mejor con la cocina que con la limpieza. ¿Es así?Sí, y me gustaría tener más tiempo para cocinar. Me gusta mucho pero preciso mis tiempos, mis espacios, y eso solo lo puedo hacer durante el fin de semana. Normalmente hago comidas de olla.
¿Cuál es el reproche más frecuente que le hace su mujer?Uno que tengo presente es por no saber a qué hora vuelvo, o decirle a una hora de retorno y no cumplir. Ahí sí no soy puntual.
Es padre de mellizos de tres años, que muchas veces están durmiendo cuando usted sale y también cuando vuelve de trabajar. ¿Cómo maneja la paternidad con esos horarios?Por suerte se duermen tardísimo, aunque a veces están durmiendo. Por eso le doy mucha importancia al fin de semana, no me agendo mucha cosa en esos días. Hay épocas del año o electorales en que no puedo, pero respeto mucho los domingos. Los sábados de tarde estamos ellos y yo; y entonces me encargo de ellos.pero, en la campaña, cuando tiene un acto u otra actividad, el día anterior se quedaba en su casa. Sí, le doy muchísima importancia a eso. Ahora me fui hasta casa porque Lucía estuvo toda la noche con vómitos, entonces suspendí actividades y fui con ella. Además había que ir a buscar al otro a la escuela.
¿Cómo es ser padre de mellizos?En mi caso también tuvo que ver con mi edad. Nacieron después de un proceso de fertilización asistida, hubo una búsqueda, un trabajo y un tiempo que nos dimos a esta altura de la vida. Es interesante porque siempre hay interacción entre ellos. Son niños que han estado todo el tiempo conversando, vienen con un entrenamiento.
¿Qué recuerda del proceso de fertilización asistida?No es comparable con lo que una mujer experimenta, pero desde mi lugar fue de mucha paciencia y comprensión.
¿Qué está leyendo?Una cosa es lo que me gusta leer y otra lo que termino leyendo, que son cosas de política y actualidad. Pero aprovecho los viajes para comprarme libros. Hace poco me compré una novela de Jo Nesbo, “El Leopardo”. Son de las cosas que preciso para evadirme, para salir del rollo.
¿Cuál es su mayor coquetería?La atención que les presto ahora a las camisas.
¿Las plancha usted?¡Claro que sí!
En su tiempo libre le gusta mirar fútbol. ¿Practica algún deporte?No, ahora no. Es una deuda que tengo. Pero me gusta mirar fútbol, es una buena evasión. Salvo cuando juega Peñarol, porque ahí me amargo o me alegro. Eso me estresa.