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    Guillermo Freijido de 'MasterClass': 'Les enseño a ser mejores personas, después viene la música'

    Entrevista

    ¿Cambia la música que escucha dependiendo de su estado de ánimo? No soy de sentarme a escuchar música. Trabajo todo el día con música, entonces cuando llego a mi casa lo que menos quiero es escuchar música. Generalmente, quiero silencio. A veces mi hijo me pide para poner en el auto música y le digo que no. Cuando estoy en vacaciones, ahí sí, me pongo a escuchar.

    ¿Hay algo que escuche a escondidas, que le de un poco dé vergüenza reconocer que le gusta? Hay cosas que escucho porque me las piden los chiquilines, y también por conocer de todo un poco. Siempre me interesa saber qué es lo que ellos escuchan para ver qué información están recibiendo, porque dentro de la música nueva hay cosas que están buenísimas y cosas que no están tan buenas. Eso pasó en todas las épocas, en la música clásica había música que estaba de menos, que sea música clásica no quiere decir que sea buena.

    ¿La música tuvo algo que ver en la conquista de su esposa, Andrea? Sí, claro. Yo tengo un grupo que se llama Fermata, que lo integran niños de colegios, de chicos a grandes, y en uno de los colegios en donde trabajo, que es el instituto Crandon, uno de los chicos que estaban en clase conmigo, Valentín, cantaba muy bien y tenía muy buena actitud, entonces lo invité a Fermata. A través de Valentín conocí a su mamá, que ahora es mi señora. Así que fue a través de la música y de él que la conocí.

    Se casaron en mayo de este año. ¿Con qué tema entró ella? Con uno de Bruno Mars que hacíamos en Fermata. Just the way you are.

    ¿Qué fue lo más bochornoso o fuera de planes que le pasó sobre un escenario? Nada muy terrible. Pero de estar tocando en un festival del interior, en Santa Teresa, y que se me ponga una cucaracha en la cara, de esas voladoras. Yo tengo fobia a las cucarachas, no las soporto. Estaba tocando y no podía sacármela. En un momento manoteé y la saqué, no quise ni mirar.

    Como pianista, ¿cómo se cuida las manos? Trato de no ponerme en riesgo. En el momento de ponerme a cortar algo tengo cuidado, o si me pongo a arreglar algo en casa no buscar el accidente, o si voy a cerrar una puerta, ojo el dedo. Ese tipo de cosas, porque me pueden dejar imposibilitado. De chico me gustaba pila el básquetbol, pero nunca pude jugar por el tema de las manos, porque cualquier golpe de pelota te reventás el dedo y te repercute después en el piano.

    ¿Cuál es el sonido que más ama? El sonido de un buen piano.

    ¿Y el que más odia? Capaz que cuando escuchás masticar a otro, o cuando alguien no cierra la boca para masticar un chicle. Eso sí me desespera un poco.

    ¿Se considera una persona exigente? Sí, conmigo y con los demás. Una vez me lo dijeron al aire, en Desayunos informales. Estaban invitados todos los niños de la primera temporada de MasterClass y (Alejandro) Figueredo les preguntó: ¿cuál es el maestro más exigente? Y todos al unísono: Guillermo.

    ¿Si se le pone a llorar un niño, sabe manejarlo? Sí, llevo más de 20 años siendo profesor. Es normal que un niño se ponga a llorar frente a una frustración, o si tiene algún problema, y hay que hablarlo. Lo hablás y tratás de cobijarlo en ese momento, y luego se calman. Al final lo entrás a entender y es parte de tu rol. Primero les enseño a ser mejores personas, después la música. Siempre están los valores primero.

    ¿Qué aspectos de la paternidad lo tomaron desprevenido? Para mí fue tan natural. Tantos años de estar con niños que eran como hijos adoptivos también. Además, Valentín es muy bueno, entonces me la ha hecho muy fácil.

    ¿En qué cosas confirma que es un workaholic? Estoy todo el día con algo, respondiendo mails o atendiendo a padres o alumnos. Mi trabajo no es un trabajo de ocho horas, que llegás a casa y terminás. Yo no corto nunca. Dicen que hacer música es el arte de coordinar ensayos y horarios, y en Fermata, si bien tengo gente que me ayuda, me insume mucho tiempo toda la coordinación. Son más de 100 integrantes y es algo amateur.

    ¿Le cambió en algo la vida salir en la televisión? Mi actividad del día a día no ha cambiado nada. Quizás que te sentís más observado, pero estoy en mi mundo y me olvido de esta exposición. Para mí es un laburo más. En la tele estoy haciendo prácticamente lo que hago en mi día a día.

    ¿Qué es lo mejor y lo peor de tener el oído entrenado? La ventaja es poder trabajar en lo que trabajo, escuchar cosas que otros no escuchan y la vara que te ponés de exigencia para lograr ciertos resultados musicales está alta debido a ese entrenamiento. Lo malo que tiene es que a veces no podés disfrutar de algunas cosas. Si yo me enfrento a una orquesta y escucho que algo está desafinado, me quedo pensando en eso y me olvido del resto; te molesta escuchar que alguien se equivocó. A veces me pregunto cómo será escuchar la música de otra forma, sin entender lo que está pasando.