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Gustavo Santaolalla: “Los paradigmas que tenía cuando era chico me siguen acompañando hasta el día de hoy”

El artista presenta 'Desandando el camino', una retrospectiva de su carrera musical, el viernes 13 en el Auditorio Nacional del Sodre

“Vi el programa de Lalo Mir, te vi cantando. No sabía que cantabas, ¡qué bueno! Yo te conocía por la música del videojuego”, le escribió un chico de 15 años en el Facebook a Gustavo Santaolalla. Pero la adolescencia no es necesariamente la razón de ese desconocimiento. A pesar de que el músico tiene 66 años, compone canciones desde los 10, editó su primer disco (con la banda Arco Iris) a los 17, ha sido cantante, guitarrista, productor de bandas y ha escrito música para cine y para videojuegos, es la primera vez que Santaolalla se presenta en vivo como solista. Por eso, hay mucha gente —incluso dentro del ambiente del cine— que lo conoce por sus otras actividades, pero no por aquellas con las que comenzó su carrera: la de guitarrista y compositor. Y aquel fue un inicio con tanto acierto que hoy esas canciones que escribió siendo un chico siguen vigentes y forman parte de la gira que viene realizando, y que lo pondrá en el escenario del Auditorio Nacional del Sodre este viernes 13.

En una visita a Montevideo, ciudad que adora y donde tiene muchos amigos (especialmente los músicos de su colectivo Bajofondo), este artista todoterreno conversó con galería sobre este viaje al pasado que hace con su música, su vida en Los Ángeles, y su infinita capacidad de trabajo que lo tiene en varios proyectos en simultáneo, incluyendo una bodega y dos editoriales en Argentina.

Usted ha dicho que no suele mirar para atrás. ¿Por qué ahora decidió hurgar entre esas canciones viejas?

No es mi característica mirar hacia atrás, ni haber montado mi carrera basado en la nostalgia, como hay gente que construye su carrera en ir acumulando hits que sigue tocando durante años y años. Cuando yo miraba a ver qué había hecho, era una cantidad enorme de cosas, porque tengo una obra muy grande. En este momento pensé en mirar un poco la vida a través de las canciones. Una cosa que encontré primero fue una atemporalidad en esas canciones, que realmente no pertenecían a un tiempo en particular. Hoy en día me suenan recontramodernas y hasta futuristas. Las estoy redescubriendo. Y por otro lado, mucha gente las irá descubriendo, porque como no he tenido tantos hits en mi vida, la gente no está totalmente familiarizada con mi repertorio. Todo tiene una frescura muy especial, porque no estoy cantando una canción que ya toqué dos mil veces, sino que algunas de ellas nunca las había tocado en vivo. El concierto es totalmente inusual porque vos estás viendo una persona con 66 años que está haciendo canciones que compuso cuando tenía 18, y que son nuevas. ¿Cómo es eso? La gente va a los conciertos a ver cosas que ya conoce o temas nuevos, pero ¡un tema nuevo de hace 50 años! Ahí entra lo de que el tiempo no existe en realidad, que es una convención nada más. Pero es verdad, esas canciones son nuevas.

¿Qué criterio usó para hacer una selección de esa obra tan grande?

Me empujó un poco el hecho de que salió el primer disco de Arco Iris en vinilo, que es para mí, en lo personal, un álbum fundamental. Siempre he dicho que ese álbum es una especie de blueprint de mi carrera, porque yo veo ahí la música de las películas, los trucos de producción. Fue como un punto de partida. Igual sabía que algunas canciones las iba a tener que tocar, como Mañana campestre, No existe fuerza en el mundo, Ando rodando, De Ushuaia a La Quiaca, como el tema del videojuego, porque son las que la gente reconoce un poco más, y también quería darle eso a la gente.

Muchas veces uno mira para atrás y se ríe con cariño, con orgullo o con un poco de vergüenza de lo que hacía cuando recién empezaba. ¿Qué le pasa a usted cuando hoy canta esas letras?

Uno: los paradigmas que tenía cuando era chico me siguen acompañando hasta el día de hoy. Son cosas que tienen que ver mucho con la persona que soy yo, y que sigo siendo. Tengo una canción —que no la canto en el show— que dice: “Y volvemos hoy a cambiar para ser siempre los que fuimos”. Porque cambiamos pero hay algo de nosotros, como una esencia que traemos de muy chicos, que sigue siempre siendo eso, ese Gustavito está ahí, es el mismo. Dos: mi rango como cantante ha crecido con los años; hoy mi voz está mejor que nunca. Entonces, a un nivel es como que les hago más justicia a las canciones ahora que en el momento que las escribí. Tres: mi vivencia como hombre de 66 años hace que me plante frente a una canción de una manera diferente que cuando tenía 20 años, por todo lo que he vivido.

¿Hacía mucho tiempo que no se presentaba solo?

Es la primera vez en mi vida que presento un proyecto mío solo. En algunos actos, cosas patrióticas, he estado como Gustavo Santaolalla, y toco una canción con la guitarra, pero nunca armé un proyecto con una banda para tocar mis temas. Mi primer disco solista (Santaolalla, 1982), dicho por Rolling Stone, marcó como la modernidad en Argentina. Yo venía de Estados Unidos con todo el punk y el new wave, y en Argentina todavía estaba Serú Girán. Era otra cosa. Pero cuando salió ese disco estaba la Guerra de las Malvinas, entonces nunca lo presenté en vivo. Después saqué Gas (1995) y Ronroco (1998), instrumental, que es el que me llevó muchos años después a engancharme con las películas, y nunca los toqué en vivo. Nunca tuve un grupo para tocar en vivo, nunca salí como Gustavo Santaolalla a presentar un espectáculo. Eso también es nuevo. Eso también no tiene de nostalgia. En esta faceta soy un artista nuevo.

¿Y cómo se siente en ese rol solista, de frontman?

Me encanta. No entiendo cómo no lo hice antes. ¿Qué estaba haciendo? (Risas) Ojo, igual Bajofondo me encanta. Siempre me encantó tocar en grupos, no reniego para nada. Pero esto me gusta mucho, mucho.

Dijo que las canciones de cuando era joven son atemporales. Usted no busca reflejar una moda, sino que apunta a música que trascienda en el tiempo. ¿Cómo se logra?

No hay una fórmula para eso. Es una cualidad que tiene cierta obra artística, no toda. Hay creaciones que expresan muy bien ese momento y sirven nada más que para expresar ese momento. Y está bien, también sirven. Hay música que es descartable, y cumple una función. La usás y la tirás. Y tampoco la desmerezco. Pero cómo se hace para que las cosas en vez de ser un vasito de cartón sean una copa de cristal no sé. Quizás, en lo que estés escribiendo te plantees precisamente temas o cosas que van más allá de lo del momento. Que lo que inspira tu arte, lo que vos estás haciendo y creando, no sea nada más que lo que está pasando en el momento, sino cosas que tienen algún tipo de permanencia en la existencia del ser humano.

Siempre tuvo un fuerte vínculo con la música uruguaya, formó Bajofondo, viene seguido. ¿Qué le pasa con Montevideo?

Adoro tu país, desde chico. Me encantan Uruguay y los uruguayos. Me gusta obviamente toda la parte musical, pero me gusta la parte personal, el carácter que tienen. Por eso es tan buena la combinación de Bajofondo. Las personalidades tan distintas que tienen un lado y el otro de la orilla del mismo río. Qué cool que son ustedes. Son mucho más cool que nosotros, los argentinos. Los argentinos son avasalladores, otra cosa.

¿Qué hacé cuando viene a Montevideo?

Me veo con mis amigos. Adoro el Teatro Solís, donde yo ya venía con Arco Iris. Me gustaba mucho el restaurante que en aquella época se llamaba Del Águila. Ahora no como carne, así que los chivitos y todo eso ya no van. Es un tema de compasión y un tema también de salud. La carne te tira mucho para abajo la vibración. Entonces, para ascender, prefiero estar más limpio.

¿Es hombre de fe? ¿Practica alguna religión?

No creo en las religiones. De hecho, estoy en contra de las religiones, creo que le han hecho mucho mal al hombre. Separan al hombre y por eso ha muerto tanta gente en nombre de las religiones. Sí creo en una fuerza superior y que hay un orden, una matemática, una geometría sagrada que gobierna todo, que obviamente es fruto de algo muy superior. En eso sí creo profundamente.

¿Cómo es vivir en Los Ángeles?

Como vivo yo es muy bueno, porque no vivo todo el tiempo ahí. Viajo, estoy acá, ando de gira, después me voy a Londres. Y es muy lindo volver a Los Ángeles porque tiene una cosa medio provincial. Si tuviera que pensar que tengo que estar ahí todo el tiempo me vuelvo loco. Pero creo que me vuelvo loco en cualquier lugar. Los Ángeles es un buen lugar si vos estás haciendo lo que querés hacer. Convergen muchos artistas, sobre todo del mundo anglo, el que quiere ser actor, el que quiere escribir para películas o para la televisión, el que quiere ser director. Y vas a un bar y son todos aspirantes a actor, a escritor, a fotógrafo. Entonces es peligroso, porque podés quedarte en ese limbo. Yo conozco gente que se pasó 20 años esperando que le saliera el contrato y al final no le salió nada, y no hicieron nada con su vida artística tampoco, esperando que les viniera la oportunidad.

Estuvo trabajando para Eric Clapton en la música del documental sobre su vida. ¿Cómo le llegó esta propuesta?

Hace como 10 años que se estaba haciendo este documental sobre su vida y él no quería intervenir. Lo único que dijo fue: “Si yo puedo tener alguna intervención en el documental quisiera elegir a la persona para que haga la música”. Y me propuso. Conocía mi trabajo con (el director de cine mexicano Alejandro González) Iñárritu, conocía Diarios de motocicleta de (director brasileño Walter) Salles. Y lo que me llamó la atención es que conocía hasta mis canciones. Se había metido en YouTube a ver qué otras cosas hacía yo. Le encantó el trabajo que hice para la película. La película se presentó en Toronto y Clapton tuvo unas palabras tan generosas conmigo, habló superbien. Estuve con él el fin de semana porque tocó en Los Ángeles. Nos hicimos amigos, muy buena onda. ¡Y una admiración! Imaginate yo, en Ciudad Jardín, a 40 kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, con calles de tierra, escuchaba Cream en mi adolescencia. Y ahora pensar que le estoy haciendo la música a una película de Clapton, no lo puedo creer. Pero es verdad. Como tantas cosas en mi vida que sigo sin creer. No un Oscar, dos. No, no es posible. (Risas) Sí, es posible. Todo es posible. Y no, también, al mismo tiempo.

Está grabando la banda de sonido de la segunda parte del videojuego The Last of Us y la música de la segunda temporada de la serie Making a Murder. ¿Cómo se organiza para poder hacer todo?

No sé. Tengo mucha gente que trabaja conmigo. Es un caos pero organizado, como el universo. No sé bien, pero lo logro, lo hago, y sale. Es así desde hace muchos años, entonces cuando realmente mirás la cantidad de trabajo que hay es inmensa.

¿Tiene que ir haciendo switch en su cabeza para pasar de un lenguaje a otro, o básicamente siempre funciona de la misma manera cuando compone?

Sí, tenés que hacerlo, porque son cosas específicas que requieren cosas distintas, pero hay como denominadores comunes que se aplican a todo, que tienen que ver con contar una historia, y esas cosas son aplicables a todo, desde hacer un vino hasta hacer una canción. Los conceptos te pueden servir tanto para una cosa como para la otra, y a mí me nutre mucho el hecho de no estar haciendo un proyecto y terminándolo. Yo estoy con cinco cosas, entonces trabajo un poco en esta y me paso a otra, y cuando vuelvo a la primera, vuelvo fresco y con un montón de cosas que fui aprendiendo de las otras disciplinas. Así no llego al nivel de estar obsesionado, como me pasó en otro momento de mi vida, que solamente trabajaba en una cosa y después se volvía nocivo, para mí y para el proyecto también.

Habló de contar historias con el vino. ¿Tiene una bodega?

Hace tiempo tenemos un proyecto que se llama Cielo y Tierra en Argentina, y exportamos los vinos a Estados Unidos. Es una bodega y finca en Lunlunta, Mendoza. Hacemos malbec, con el que hemos ganado medallas de oro. Y un buen vino te tiene que contar una historia, de dónde viene, cómo fue hecho, te tiene que decir algo. Y te tiene que dejar algo.

¿Y también ha entrado en el mercado de las editoriales?

Sí, tengo dos editoriales, Retina e Ideoma. Los libros de Retina son más visuales, fotográficos, con los cuales también me he ganado varios premios internacionales. Ideoma es un proyecto que recién empiezo, y que va a estar más dedicado a libros de texto, puede ser de ficción hasta libros sobre música. Las dos están en Argentina, pero estoy firmando un contrato para hacerlas más internacionales.

¿Qué le queda pendiente por hacer?

Muchas cosas, por suerte. Muchísimas. Intervenir en las nuevas tecnologías que salen todos los días. Por ejemplo, trabajar con música en realidad virtual, todavía no lo he hecho. Las artes visuales me interesan muchísimo, me encantaría poder expresarme. Siempre mi música fue tildada de ser muy visual, mucho antes de que hiciera música de cine. También me gusta mucho el tema de la actuación.

GALERIA
2017-10-12T00:00:00

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