El africano, de 25 años, protagonizó decenas de partidos de Liverpool en una temporada repleta de goles. Su habilidad para anotar tantos, esquivar rivales y deshacerse de la marca fue destacada por la Premier League, que lo eligió como el mejor jugador del año. También lo convirtieron en una leyenda en Egipto, donde es recibido como un héroe por sus compatriotas.
“Los campos improvisados nos sirvieron durante un tiempo porque siempre quise ser un jugador profesional”, dijo Salah en la misma entrevista. De niño soñaba con dejar de jugar descalzo y poder pisar las canchas que veía en las revistas de deportes que se vendían en su pueblo. Siempre tuvo carácter fuerte y vivía los partidos con la adrenalina de una final. A los seis años, su familia lo dejó unirse a una escuela de fútbol que quedaba en Basyoun, a media hora de donde vivían. Sus padres no querían que siguiera una carrera profesional, pero sabían que el joven no podía estar lejos de la pelota. Jugaba en la calle, en los entrenamientos, en la escuela y en su casa, siempre con la misma energía.
En su adolescencia empezó a practicar en el Mokawloon Al- Arab, un conocido cuadro que está en la primera división, en el que enseguida se destacó. Al poco tiempo se fichó en el Arab Contractors, el equipo de una empresa petrolera que quedaba a más de cuatro horas en ómnibus de su casa.
“Tenía que dejar la escuela temprano para llegar a los entrenamientos. Me dieron permiso y durante ese tiempo estudiaba dos horas al día. Por suerte me convertí en jugador profesional, si no, las cosas serían muy difíciles para mí ahora”, contó en una entrevista para los medios oficiales de Liverpool. Viajaba todos los días de su pequeño pueblo para jugar como lateral izquierdo, pero no se sentía cómodo.
“En un partido en el que ganamos 4 a 0 estábamos todos festejando el triunfo menos Mohamed, que lloraba porque no había metido el gol. Entonces le dije que lo iba a cambiar de posición por su velocidad y pasión por marcar”, dijo a The Telegraph Al Shesheni, su director técnico del momento. Lo probó como atacante y, en una temporada, convirtió 35 goles. “Su habilidad era innegable”, concluyó.
Una joven promesa. A los 19 años, el nombre de Salah comenzó a ser conocido en el medio local. Era uno de los mejores jugadores de la Sub-20 de Egipto y estaba a unos meses de debutar en los Juegos Olímpicos de Verano. En agosto de 2012 su equipo ganó la Super Liga Suiza y él fue galardonado con el premio al Futbolista del Año en África. Su rendimiento llamó la atención de los directivos del Basel de Suiza y, más tarde, de Chelsea, que lo fichó dos años después. Cuando llegó al cuadro inglés, los fanáticos lo recibieron como si fuese una joven promesa. Muchos esperaban ansiosos para ver su desempeño en la temporada, pero el técnico José Mourinho no lo puso y lo cedió a Fiorentina para la segunda mitad de 2014. Entonces, el éxito llegó rápido: marcó seis goles en sus primeros siete partidos como jugador.
Los fanáticos italianos hicieron algunas canciones para honrarlo, pero su vínculo con el club duró poco. Meses después volvió a ser cedido a la Roma, donde se ganó la titularidad por su velocidad y su capacidad goleadora. El equipo italiano pagó su pase del Chelsea y Salah se volvió uno de sus ídolos. También se convirtió en el máximo goleador del cuadro que obtuvo el tercer puesto de la primera división. Desde entonces, los medios
lo presentaron como una promesa y los clubes europeos siguieron su carrera.
En junio de 2017, Salah fue fichado por 42 millones en el cuadro que impulsó su carrera: Liverpool. En el mismo equipo que jugó Luis Suárez marcó decenas de goles y se posicionó como un titular indiscutido. Rompió un récord con 36 anotaciones en una sola temporada y se destacó en la Champions League, que lo tendrá como protagonista en la final del próximo sábado. Ningún gol, sin embargo, lo hizo más feliz que el tanto con el que Egipto clasificó al Mundial de Rusia después de 28 años. En uno de los partidos más decisivos de la eliminatoria, Salah marcó una histórica anotación contra Congo en el último minuto.
La fiebre. El jugador se volvió una leyenda para sus compatriotas. Desde que marcó el gol que aseguró la clasificación de la selección a Rusia, en Egipto reinan la alegría y la esperanza. La efigie del Faraón, como lo llaman en África, decora decenas de murales callejeros, cristales de taxis y los tradicionales fanales de Ramadán a lo largo del país. Su imagen pinta calles de ciudades enteras y su nombre aparece, incluso, en una de las variedades de dátiles que se venden en los mercados.
Antes de que empiece el Mundial, todos esperan ver a su ídolo en la final de la Champions League. El mes sagrado musulmán de Ramadán —que este año se extiende hasta el 14 de junio— parece haberse rendido ante el jugador del Liverpool, que no solo es considerado un héroe nacional, sino que desde que se fue a Europa se convirtió en un referente y reflejo de la cultura musulmana. Esta semana, el Museo Británico —que guarda una de las colecciones arqueológicas más grandes del mundo— anunció que había adquirido los botines del delantero egipcio del Liverpool. Los zapatos se exhibirán junto al calzado del antiguo Egipto y una selección de joyas faraónicas de oro el próximo fin de semana.
Pero este crecimiento profesional también ha tenido algunos costos para Salah, sobre todo en lo relativo a poner a prueba sus creencias y convicciones. En la temporada 2013-14, su equipo Basilea tenía que disputar un partido con el Maccabi Tel Aviv de Israel en un partido de la Champions League. El jugador no quería viajar porque significaba olvidar el viejo conflicto entre los egipcios y los hebreos por sus creencias musulmanas. Pero tuvo que hacerlo.
En Suiza el delantero evitó el tradicional saludo entre los rivales, que forma parte del protocolo de la Champions League. En su lugar, se fue a cambiar los zapatos al costado de la cancha. Y en el juego de vuelta, que se disputó en Israel, saludó a los contrincantes con el puño cerrado. “Es el mejor embajador posible de Egipto”, dijo Essam Chawali, el locutor de la cadena belN en árabe a El País de Madrid. Para los egipcios, Salah sintetiza los valores de la nación. Es un hombre generoso, que siempre vuelve a su pueblo, y que continúa con la práctica musulmana. Después de clasificar a la Copa del Mundo, incluso, el poderoso empresario Mamdou Abbas (expresidente de Zamalek) le regaló una gigantesca mansión, pero el jugador la rechazó y se la donó a su ciudad.
En Nagrig también se enorgullecen del ídolo que compró la primera ambulancia del área y numerosos equipamientos médicos para mejorar la vida de decenas de personas. Todos los meses, además, aporta 3.500 euros para apoyar a las familias de su pueblo a través de su fundación benéfica. También le regaló 240.000 euros a un fondo monetario de Egipto y financió la construcción de una depuradora para que los vecinos puedan tener agua corriente potable.
Por su papel en la selección egipcia y su generosidad con el pueblo, Salah es uno de los hombres más queridos del país. En las pasadas elecciones presidenciales obtuvo el segundo lugar en las votaciones, con casi un millón de votos, porque los ciudadanos escribían su nombre en las papeletas, en lugar del de los candidatos. Este mes, sus compatriotas esperarán ansiosos para ver su desempeño frente a Uruguay, en su histórico regreso a la Copa del Mundo.
Salah en Paysandú
Hace seis años, la selección uruguaya Sub-23 se enfrentó a Egipto en un partido amistoso de preparación para los Juegos Olímpicos de Londres. En el encuentro, que se disputó en el estadio Artigas de Paysandú, Mohamed Salah se puso la remera número 10. El jugador, que recién comenzaba a despegarse en el fútbol local, jugó contra Luis Suárez y Edinson Cavani, dos de las figuras con las que se enfrentará en el primer partido del Mundial. “Salah fue una de las figuras de su equipo, pero no marcó goles: el partido terminó sin goles, y Egipto se llevó la copa que había puesto en disputa la Intendencia”, recordó el diario El Telégrafo de Paysandú.
Un desenlace esperado
La final de la Champions entre el Liverpool y el Real Madrid se jugará el sábado 26 a las 15.45 horas local. En Uruguay podrá verse en los canales Fox y ESPN, dependiendo del servicio de televisión para abonados.
El partido se jugará en el Estadio Olímpico de Kiev. Se espera la llegada de unos 90.000 turistas a la ciudad ucraniana y habrá un operativo de seguridad en el que participarán 12.000 efectivos. “Estamos concentrados en los servicios antiterroristas”, dijo Andriy Yevhenovich, el jefe de la Policía de Kiev. “Hay amenazas y son reales, por eso estamos tomando todas las medidas necesarias”, agregó en declaraciones citadas por el diario deportivo As.
Al Liverpool lo dirige el alemán Jürgen Klopp. Además de Mohamed Salah, tiene otros dos delanteros que se destacan por su actuación: el brasileño Roberto Firmino y el senegalés Sadio Mané.
En el Real Madrid la estrella es Cristiano Ronaldo, que ya ganó cuatro Champions: tres con el el equipo madrileño (2014, 2016 y 2017) y una con el Manchester United (2008). El portugués es el máximo goleador de la Champions.
El Real Madrid es a priori el favorito para ganar la competencia. El equipo merengue es el club que ganó en más ocasiones la Champions: doce veces y perdió tres. Si derrota al Liverpool el sábado será tricampeón de esa competencia de forma consecutiva, porque el año pasado venció a la Juventus y el anterior al Atlético Madrid.