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Lo que el agua unió

LOS PIONEROS

Eran mediados de los 70 cuando llegaron los primeros Optimist. Entre los pioneros estuvieron los hermanos García Terra, Félix y Patricio Leborgne, Christopher Schewe, Ricardo Fabini, Joaquín Pacheco, Aldo Centanaro, Alejandro Carluccio. “Hay un cambio importante desde aquella época, principalmente como ha crecido el número de participantes en los distintos campeonatos tanto en lo nacional como internacional. En nuestra época corríamos campeonatos nacionales de 10 barcos”, dice Félix Leborgne, hoy de 49 años. Tanto él como varios de aquella generación están viviendo un fenómeno particular: ellos corrieron, y ahora navegan en Optimist sus hijos.

Poco después surgió otra camada, que navegaba en el Yacht Club Punta del Este y en lo que se denominaba Lago Sudy, en Montevideo. Entre ellos estaban los tres hermanos Gercar, las tres hermanas Arrillaga, Enrique Sojo, y los trillizos Carrau, Juan Martín, Adolfo y Diego. Compitieron en mundiales y Adolfo, con el tiempo, llegó a competir en Láser en los Juegos Olímpicos de Sydney 2000.

FOTO: YCPE

Para Adolfo Carrau —hoy radicado en Santander y dedicado a diseñar barcos de regata—, cuando su padre Rafael Carrau fue nombrado capitán del YCPE se dio un salto: organizó y motivó a las familias.Los trillizos Carrau, hoy de 43 años, tienen los mejores recuerdos de esta etapa entre los 8 y 15 años. Dice Juan Martín: “El Optimist es de los mejores barcos que se inventaron. Tamaño ideal, muy seguro, funciona con cualquier viento y es muy simple. Fue una manera diferente de pasar los fines de semana y todo el verano, haciendo deporte y al aire libre. Es muy bueno eso de levantarse temprano, armar el barco, navegar varias horas y volver a desarmar y dejar todo listo para el otro día”.

Por su parte, Diego Carrau tiene presente la alegría de navegar entre 6 y 8 horas por día en el agua, disfrutando del mar y la vela con amigos del club. “A mí me gusta navegar con mucho viento y los recuerdos más lindos que tengo son las barrenadas de olas en Boca Chica (en la bahía de Punta del Este) después de un pampero, o las tardes de virazón volviendo de la isla Gorriti. Fue un deporte que unió y agrandó la familia, ya que el grupo de amigos de los fines de semana nuestro, de mamá y papá, paso a ser el grupo de padres y chicos del Optimist... y al menos para mí muchos de ellos pasaron a ser como tíos, primos y hermanos mayores. Además, competir me ayudó a crecer, me dio disciplina, alegrías y más fuerza para tolerar la frustración... que no fue poca cuando quedabas afuera de la selección que iba al Mundial”.

Ellos, como sus compañeros de generación —entre los que se destacaron Nacho Gercar y Quique Sojo, ambos campeones nacionales—, tuvieron la posibilidad de viajar y competir. Esa es otra instancia en la que se aprende. Como dice Adolfo: “Cuando competís en Optimist no vale jamás abandonar una regata, y si algún competidor tiene problemas, la primera regla es parar y ayudarlo. Son valores muy importantes para la vida”.

GALERIA
2018-08-16T00:00:00

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