N° 2013 - 21 al 27 de Marzo de 2019
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPEN International es una asociación mundial dedicada a promover y defender la libertad de expresión. PEN (inicialmente acrónimo de Poetas, Ensayistas, Novelistas y posteriormente de Poetas, Dramaturgos, Editores, Ensayistas, Novelistas) fue la primera organización mundial de escritores enfocada en la libertad de expresión en prensa y literatura, en el derecho a escribir, hablar, leer y publicar.
Este año, el Centro PEN Uruguay reactivó sus actividades. Ayer, miércoles 20, tuve el honor de formar parte de la actividad con la que se inició este nuevo capítulo junto a Martín Aguirre, director de El País, y Gerardo Sotelo y Patricia Madrid, periodistas de Radio Carve.
Si hay algo que sabemos es que no sabemos. No sabemos cuántos periodistas hay en Uruguay. Ni cuánto ganan. Ni cuántos saben inglés. Ni cuál es su nivel de estudios. No sabemos cuántas horas trabajan y cuántas tareas realizan. Sabemos que hay pluriempleo, pero no sabemos cuántos colegas lo ejercen. El último censo, que no se centró en estos aspectos, es de 2012.
Hay algo que sí sabemos. Que las actuales condiciones de trabajo de los periodistas atentan contra la libertad de expresión. Un fenómeno que no ha sido contabilizado pero que creo que es bastante ilustrativo de la situación fue presentado en un informe periodístico del programa Rompekbezas. Allí se consignaba que uno de cada tres periodistas trabajan para el Estado. Uno de cada tres depende en alguna medida de los poderes públicos.
Pero hay otros asuntos. En muchos medios los periodistas no tienen un área específica. Por recortes, hay menos personal y eso redunda en que la misma persona tiene que hacer en un día una nota sobre un ciclón, el estado de las veredas, una entrevista a un político y “refritar” un artículo internacional sobre un atleta trans. Así es difícil profundizar y prepararse bien. El director de El País Guillermo Scheck reconoció en una entrevista que hoy no se puede destinar a un periodista para que investigue un tema por 20 días. Eso sería un “lujo”. Esa realidad va en detrimento de la calidad del producto.
Un caso corriente es que un periodista de mañana haga producción de radio y de tarde trabaje en un diario. Cuatro horas en una radio y ocho en un diario. “La gente está muy cansada y hay cada vez menos disponibilidad. No pueden salir a ‘perseguir” a un político porque tienen otro trabajo”, me decía un editor de un diario de Montevideo. En el interior esto es aún más habitual (y además se ha instalado que el periodista salga a vender avisos). Si bien el código de ética indica que no debería suceder, por la implicancia, esta es la realidad. En el interior, dicen los colegas, la situación es crítica. “La cantidad de gente que está sufriendo... Yo tengo 25 años de periodista y no tengo recuerdo de una crisis como esta. Por lo que sé, la situación es similar en todo el litoral”, dice Daniel Rojas, un colega que trabaja para varios medios y está radicado en Fray Bentos. Las radios han levantado programas. Hay pocos periodistas que cuenten con viáticos y los medios para hacer los kilómetros necesarios para chequear un hecho que ocurrió, por ejemplo, en una escuela rural. La mayoría de las veces, se quedan con la versión oficial. Algunas intendencias tienen aparatos de comunicación muy bien orquestados, donde se provee de videos, fotos, audios y el periodista termina replicando esa información oficial. En medios chicos es más difícil ser incisivo.
“El mercado aprovecha mucho la vocación de los periodistas, que por cierto es muy fuerte y muy comprometida, y eso lleva a que a muchas veces se trabaje por sueldos irrisorios o cientos de horas y se hace como si eso fuera común”, me decía un joven periodista de un diario. Y es verdad. Y es curioso, porque un neurólogo, un pediatra o un programador informático puede tener mucha vocación pero no por eso cobra menos. ¿Por qué los periodistas sí?
Si un periodista debe informar sobre las contrataciones con el Estado, o sopesar si UPM es el mayor negocio que se ha hecho en los últimos años, o entender cómo se arma un fondo de inversión en Canadá, debe estar necesariamente bien pago y tener tiempo para profundizar en los temas. Debería poder invertir en libros y suscribirse a The Economist o al Financial Times si así lo quisiera.
Ya lo dijo Virginia Woolf hace 90 años: “La libertad intelectual depende en buena medida de algunas condiciones materiales”.