Se vino a Montevideo hace poco, en 2016. ¿Le costó dejar su casa en Trinidad?
Se vino a Montevideo hace poco, en 2016. ¿Le costó dejar su casa en Trinidad?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSí. A los 17, cuando arranqué la facultad, para estudiar Fisioterapia, me había ido a Paysandú, porque salía de Trinidad, que es superchiquito, y Montevideo todavía me daba un poco de miedo. Allá hice todo 2013 y 2014, y 2015 me lo tomé sabático para preparar los Juegos Panamericanos de Toronto. Al año siguiente pedí el pase para Montevideo por el tema de la pista: había entrenado desde los 13 en una pista de carbonilla, el sintético lo tocaba en las competencias nada más (risas).
¿Cuándo empezó a correr?
A los 13 años; el 10 de agosto hicieron 10 años clavados de mi primera carrera. Arranqué porque mi profesor de educación física del liceo me veía condiciones. Desde chica fui muy competitiva. Tengo un hermano que es cuatro años más grande y desde chiquitos competíamos por todo. En la gimnasia del liceo, cuando salíamos a correr, siempre les competía a los varones y llegaba ahí con ellos.
¿Qué siente cuando corre?
Cuando entreno para mí es un placer ponerme los auriculares y hacer un fondo de 10 kilómetros por la rambla, siento que me desestresa; no lo veo como una carga, me gusta. En las carreras es distinto, porque mis pruebas son muy cortas. Mi prueba favorita son los 1.500 metros, que son cuatro minutos en que tenés que estar enfocado al 100%. Capaz que hay otras pruebas que son más tácticas, pero esa es muy rápida. En los torneos importantes me concentro muchísimo con mi coach, que es como un psicólogo deportivo. Planifico estrategias para estar todo el tiempo concentrada y no cometer errores. Cuando hice el récord no me acuerdo en qué pensaba. Te ponés una meta y vas.
¿De qué lugar de aquellos en los que compitió no se va a olvidar nunca? En 2016, el Iberoamericano de Río de Janeiro. Estrenamos la pista olímpica dos meses antes de los juegos y fue mágico porque la pista era de primer nivel, por el estadio en sí y porque sabíamos que se iban a hacer los juegos ahí; las instalaciones ya estaban, era como un ensayo general y me encantó. Mi sueño es algún día estar en algunos Juegos Olímpicos. Fue ahí donde hice el récord de 1.500, que hasta ahora no he mejorado, porque estaban todas las condiciones dadas. Esa carrera fue perfecta.
Conoció a su novio, Eduardo Gregorio, en la pista. ¿Cómo se dio la relación?
Fue muy gracioso, porque cuando arranqué a venir a la pista, con 13 años, Eduardo ya corría, ya era campeón nacional en 1.500 metros. Tenemos unos años de diferencia, entonces él para mí era como un referente. Yo siempre le digo: 'Eras mi amor platónico' (risas). Yo era chiquita y estaba enamoradísima. Me acuerdo que cuando yo tenía 16 años, que arranqué a representar a Uruguay, él siempre me daba para adelante y me escribía. En el Sudamericano de 2015 en Lima arrancamos a tener un poco más de onda, y después de competir fuimos al cine. A la vuelta sí arrancamos a salir.
¿Qué película fueron a ver?
En el Sudamericano fuimos a ver Jurassic World (risas).
¿Qué es lo primero que hace después de una competencia?
Generalmente, me como algo rico. Ahora estoy hace muchos meses preparando todas las competencias, el Iberoamericano es la última fuerte del año, entonces la dieta es superestricta: básicamente, no tiene azúcar, harina, refrescos ni grasa. Somos personas normales, entonces a veces con Eduardo decimos: 'Bueno, después de correr vamos y nos comemos una hamburguesa'.
En su cuenta de Instagram por lo general acompaña las fotos con citas. ¿De dónde las saca?
Generalmente, en las notas de mi celular siempre tengo frases. Me gusta mucho leer, siempre que viajo me compro algún libro, y saco frases de ahí o a veces de Internet, cosas que me gustan y me las guardo para usarlas luego. Para mí, el Instagram y las frases son como una motivación extra. A veces estoy bajoneada porque tuve un mal entrenamiento o no me salió todo como quería y publico algo como para sentirme bien. Los atletas no estamos todo el tiempo superbien, supermotivados; muchas veces no tenemos ganas de salir a entrenar, y en ocasiones publicar algo me ayuda a estar positiva.
¿Qué tipo de libros lee?
Me encantan los libros de Walter Dressel, que son más de autoayuda y motivación.
¿El mayor desafío de su vida hasta el momento tuvo que ver con el atletismo?
No. Mi padre tuvo dos ACV, ahora está jubilado por enfermedad. Mi madre trabajaba todo el día, yo tenía 13 años y estaba arrancando a entrenar cuando tuvo el segundo episodio. Estuvo muchos meses en el CTI y mi madre lo acompañaba, entonces con mi hermano grande nos hacíamos cargo de la casa. Siempre tuvimos ayuda de nuestros familiares, pero me hice cargo mucho de mi hermano chico. Desde chica fui superindependiente. Son situaciones de la vida que te hacen madurar de golpe, y creo que ese fue uno de los grandes desafíos. Es más, creo que me dio la personalidad de, en el ambiente del deporte, ir por los resultados. El atletismo es un deporte muy individual, y es eso: tener mucha fortaleza, saber lo que querés y hacer todo para lograrlo.