Hace unas pocas semanas, la revista “Elle” publicó una larga entrevista a la legendaria feminista norteamericana Gloria Steinem, hoy de 81 años. (Para quien pueda no conocerla, diríamos que Gloria es al feminismo en su país lo que Roosevelt a la política en el siglo XX). Gloria, para que se hagan una idea, lideró en su país los movimientos de liberación femenina de los años 60, pero como intelectual siguió haciendo prédica por la igualdad de derechos durante todo este medio siglo, y no hay presidente demócrata que haya obviado tomarse una foto con ella (y si le fue posible más, más también).En esta entrevista que citaba se le preguntó cuál creía ella que es el logro principal de las mujeres que bregan por la igualdad social desde la época de los movimientos rebeldes que ella misma había liderado en los 60.“Que nos tenemos unas a otras y que ya no nos consideran locas”, dijo Gloria.Sería muy difícil responder esa pregunta, cualquier activista se iría en digresiones, en explicaciones, recordaría leyes que están y que faltan, hablaría de la necesidad de cambiar la cultura, etc., etc. Para ella, como para tantos líderes históricos de esa talla, no hay que complicarla tanto, porque las ideas centrales les quedan bien claras.Hoy más que nunca las mujeres que buscamos la igualdad en la consideración social —seamos activistas o no— sabemos que hay una suma permanente de otras con las mismas inquietudes y con la misma empatía hacia las condiciones de las que tienen necesidades vinculadas con el género —la culpa de madre, una pareja violenta, los dolores espirituales y físicos propios de nuestro universo, entre tantas otras. Como nunca en la Historia hemos aprendido a desandar la cultura de hacernos ver unas a otras como rivales y como las juezas más feroces. Hemos aprendido a reconocernos en lo que llevamos en común y en lo que deseamos en común para estar todos más satisfechos y ser más felices en nuestras vidas.Lo de las locas también requiere poca explicación: ¿quién de nosotros, en algún momento de nuestra vida no tildó de loca a una mujer que planteaba, en diversas formas, una manera diferente de mirar las cosas, generalmente desde un punto de vista propio, considerado generalmente como de segunda, ya sea por exponer los sentimientos al límite o por expresar un deseo de alcanzar el poder (impropio de una dama, digamos).Las que exigían el voto femenino fueron consideradas locas por varias décadas en países de fuerte arraigo democrático; las que reclamaron legalizar el divorcio; las que pretendían heredar (sí, hasta hace menos de un siglo las mujeres no podían heredar); las que tomaban la pastilla o pedían o declaraban administrar su propia manera de no concebir. Las que ejercieron el poder con firmeza o, por el contrario, las que le pusieron un toque maternal. Tantas formas de locas hubo, como de mujeres queriendo cambiar algún paradigma. Y esa locura fue convocada, desde el sentido figurado hasta el literal (el manicomio), porque la histeria era motivo de internación y podía ser declarada (como lo fue en Uruguay como hasta los 50, según documenta Barrán) hasta por mostrar “escaso interés por las tareas de la casa”.Ya no nos consideran locas, dice Gloria, y creo que tiene razón, aunque no por eso las cosas están menos difíciles.Por ejemplo, en Uruguay sigue siendo difícil hacerles entender a las autoridades (algunos miembros de gobierno, del Poder Judicial y hasta operadores civiles) que se requiere un cambio de mirada cultural si se quiere evitar que cada diez días una mujer sea asesinada por su pareja o ex pareja.No es un tema de seguridad, como las rapiñas o las estafas. Es el producto de una cultura consolidada en la idea de que el hombre tiene un derecho de veto o habilitación sobre diferentes aspectos de la vida de las mujeres de su familia o entorno que llevan a una posición de dominación que, en los casos más extremos y abonado por una convalidación de la otra parte, puede tener explosiones de diferente calibre según los casos.Cuando en la misma entrevista a Gloria Steinem le preguntan cuáles son los terrenos aún por conquistar, responde, en primer lugar, la brecha salarial (en Uruguay cercana a 30 por ciento pero en los países desarrollados también cercana a 20), y en segundo, la violencia doméstica. La tercera, menudo tema, la cultura familiar que lleva a hacernos responsables únicas por el cuidado de todos sus miembros.Este martes 8 se conmemoró el Día Internacional de la Mujer, que cada vez recibe más atención en nuestro país. Sin embargo, da la impresión de que va camino a convertirse en cambalache, donde cualquiera le pone adentro lo que le resulta más conveniente, y se llega hasta lo más banal, con poca conciencia de que se trata de un día de reflexión y reivindicación. Como en ese cambalache hasta se hacen regalos y se augura felicidad, como si fuera un cumpleaños, esta semana decidí también hacer uno, y regalar, a cuenta de la articulista de “Elle”, un puñado de frases de Gloria Steinem que nos ayuden a pensar, a sonreír y a revisar la propia casa.Ahí van.


