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    Sin edad y sin prejuicios

    En “Amor y sexo. Historias reales”, la médica sexóloga Magdalena Joubanoba aborda las dudas y problemas que surgen en las distintas etapas de la vida; y propone crear por ley la figura de “asistente sexual” para atender a discapacitados

    Para ella, todo comenzó hace una década. Fue entonces cuando la médica sexóloga Magdalena Joubanoba notó que recibía cada vez más consultas. Llegaban parejas de mediana edad, pero también adultos mayores, e incluso jóvenes que empezaban su vida sexual, contó la especialista en Sexología Clínica.

    Cada uno iba a su consultorio con diferentes dudas, porque en cada etapa de la vida hay distintas interrogantes vinculadas a la sexualidad. Entre los mayores, las consultas más frecuentes tienen que ver con las disfunciones sexuales. Entre jóvenes se destaca lo relacionado con la eyaculación precoz. En todos los casos, explicó la especialista, un buen diagnóstico, y a veces la medicación indicada, logran solucionar el problema.

    Joubanoba es coordinadora docente del curso de Sexología Clínica del Instituto Uruguayo de Capacitación Sexológica, y directora de la Clínica de Sexología. Además, ha sido columnista en distintos medios y participó en congresos y conferencias sobre el tema. Hace cuatro años, Joubanoba publicó “GPS sexual. Manual instructivo para hombres”, y hace pocos días salió su segundo libro: “Amor y sexo. Historias reales” (Editorial Fin de Siglo). En él aborda aspectos vinculados a la sexualidad a partir de distintos casos de pacientes. Hay historias de adultos mayores que quieren reflotar su sexualidad, y también aborda un caso sobre cómo iniciar la vida sexual luego de haber sido víctima de abuso en la niñez.

    Además, Joubanoba trata un asunto que para ella es fundamental: el sexo en personas discapacitadas. En ese sentido, está trabajando en la elaboración de un proyecto de ley para presentar en el Parlamento, que establece la creación del “asistente sexual”, una figura que ya existe en países como Suiza, Bélgica o Dinamarca. Son personas  preparadas por un profesional —por ejemplo un sexólogo clínico o educador sexual— en educación en la sexualidad, de forma tal que las limitaciones de la persona discapacitada sean contempladas en forma específica, actuando en consecuencia, explicó la autora en el libro. Según Joubanoba, como Uruguay ha sido líder en temas vinculados a derechos sexuales y reproductivos, existe un “marco propicio” para crear esa figura, algo que es importante al momento de evitar enfermedades de transmisión sexual o embarazos no deseados.

    Sobre estos temas, la especialista conversó con galería.

    Al inicio de su libro usted destaca que los pacientes van a verla dejando de lado los prejuicios que siempre despiertan los temas íntimos. De acuerdo con su experiencia, ¿hay una mayor tendencia a hablar con sexólogos?

    —Hay una mayor tendencia porque creo que hay una mayor mediatización del tema. Desde mi punto de vista, el tema antes quizás era un poquito más frívolo, porque no había estudios al respecto. Ahora la medicina sexual ha tenido un avance a escala mundial muy importante.

    Usted dice que en la consulta sexológica se desnuda el alma del paciente. ¿Hay algún grupo en particular que sea el que más consulta?

    En un principio, hace como 10 años, eran más mujeres y menos parejas. Ahora es increíble: nadie se imagina la cantidad de gente joven que lo hace. De 18 a 25 años. Cuando por ahí los psicólogos que no hacen sexología dicen “qué disparate”, no tienen idea de lo que están hablando. No es un tema orgánico, es ansiedad. De repente con una pastilla (un proerectógeno, como el Viagra), que nos les hace nada, les evitás tres años de psicoterapia.

    ¿A esa edad cuál es la consulta más frecuente?

    La eyaculación precoz. Es en 35% de los hombres, y lo llevan toda la vida. A veces no consultan entre los 18 y los 25, sino después de los 40. Porque de 18 a 25 pueden (tener relaciones) más de una vez en la noche, entonces la primera vez que lo hacen es eyaculación precoz pero después lo logran. Luego de los 40 ya es más difícil.

    ¿Y las mujeres de entre 18 a 25 años?

    En general consultan por vaginismo. Y también trastorno orgásmico femenino. A esa edad la falta de deseo sexual es poco frecuente. En general es por falta de educación sexual o una educación sexual reprimida.

    Usted plantea en el libro que existe una idea generalizada de que la gente de la tercera edad no se enamora o no tiene sexo. ¿La consultan con frecuencia pacientes de tercera edad?

    Sí, muchísimo. Lo que quiero transmitir en el libro es que la sexualidad no es coito, no es penetración. Es otra cosa. La otra vez un señor usó una frase que me enamoró: con 80 años me decía “doctora, cuando le desabrocho el soutien a mi señora, me viene una cosa... ¿Está mal?”. “No, está perfecto”, le dije. Es la edad del erotismo. No importa que tenga o no erección, que haya coito o no. Eso es sexualidad también. Nos tienen desbordados con las imágenes de cuerpos jóvenes y sexo espléndido, y no nos imaginamos dos cuerpos viejos teniendo sexo y disfrutando. A mí me interpeló como profesional y como persona. Vienen en pareja, he visto parejas de 90 años. Te da esperanza.

    ¿El incremento de consultas de personas de tercera edad está relacionado con el aumento en la expectativa de vida?

    Sí, es un país de alta expectativa desde hace mucho tiempo. Y con una calidad de vida muy buena.

    Y en la tercera edad, ¿cuál es el tema por el que más se consulta?

    La disfuncionalidad. Es biológico, natural. No importa la cantidad sino la calidad. No importa tanto el coito sino las caricias, pasarla bien, el tocamiento directo de los genitales, un vibrador, la ternura. Con todas esas cosas se pasa re bien. Es importante mantener eso.

    Otro caso al que usted hace referencia es la falta de deseo sexual de una mujer que fue abusada de niña. De acuerdo con su experiencia, ¿es frecuente que el abuso durante la niñez o la adolescencia desencadene ese tipo de problemas en la edad adulta?

    Sí. Y es una pregunta obligatoria a los pacientes cuando hay falta de deseo sexual. Debés tener mucho cuidado al hacerla y nunca preguntar delante de la pareja. Pero es reparable, siempre es reparable. Por eso es importante darle confianza a un hijo, porque cuando un hijo es abusado, si te abrís, va a venir a contarlo. En ese momento se lo lleva a un especialista. Si no, va a sentir que la culpa es de él.

    Otro capítulo de su libro tiene que ver con la sexualidad en personas discapacitadas. Usted plantea que la sexualidad en ellos es tan importante como en el resto de las personas, pero que sin embargo eso no es algo de lo que se hable demasiado.

    Hace un año hablé de esto por primera vez en televisión y empezaron a llamarme padres y organizaciones.

    Usted plantea la necesidad de que exista la figura de “asistente sexual”, algo que hay en otros países. ¿Qué es exactamente?

    Estuve hablando con Lilián (Abracinskas) —directora de la ong Mujer y Salud en Uruguay (MYSU)— para ver un proyecto de ley sobre asistente sexual. En muchos países existe; en Suiza, por ejemplo, les paga el Estado. Acá no creo. Fui a hablar con el Pit-Cnt y con MYSU, y vamos a empezar a trabajar un proyecto de ley para el Parlamento. (Estos asistentes) primero tendrían que hacer un curso. Seguramente sean trabajadores y trabajadoras sexuales. Les pagarían las familias que los y las contraten.

    ¿Ellos darían asistencia sexual a discapacitados?

    Sí, pero no es lo mismo que un trabajador sexual cualquiera. Primero tenés que saber el tipo de discapacidad (que tiene la persona a asistir): no es lo mismo una discapacidad sensorial que una motriz. Un cuadripléjico tiene erecciones pero no tiene sensibilidad en algunas partes. No tenés que aproximarte igual que a otra persona. No es igual que un trabajo sexual, requiere un curso.

    ¿Quién podría dictar ese curso?

    Tengo por lo menos dos docentes que tienen una sensibilidad muy especial. Tiene que ser gente que conozca el tema y a la que le saques los hábitos del trabajo sexual. Calculo que será un curso de tres meses, más o menos. Tengo una psicóloga que hizo psicología clínica y tengo una educadora sexual. En Uruguay hay 15% de discapacitados.