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Desde su estudio en Manhattan, el arquitecto uruguayo Pablo Laguarda desarrolla impactantes y multimillonarios proyectos

El arquitecto uruguayo Pablo Laguarda lidera un equipo creativo en Nueva York que lleva adelante proyectos impactantes

A Pablo Laguarda lo precede su reconocimiento a escala global como profesional referente, habitual en invitaciones de gobiernos o instituciones para proyectos de gran escala o premios internacionales. También localmente a nivel académico, por su convenio con la Facultad de Arquitectura, de donde periódicamente partían jóvenes profesionales a trabajar en su estudio y convivir con otros de muchas nacionalidades, en una suerte de retribución a la educación que lo llevó a otras esferas.

Desde su oficina ubicada en el Flatiron district de Manhattan, que lidera, junto con su socio John Low, se proyectan masterplans en Shenzhen o Chengdu (China), o edificios y complejos en Kosovo, Japón, Portugal, México, India, Estados Unidos y tantos otros lugares alrededor del mundo. Su práctica es global tanto como su expertise, si bien conserva una extrema calidez personal y los pies en la tierra como los tenía cuando hace años, luego de recibirse de la Universidad de la República (Udelar) emigró a Nueva York con el objetivo de expandir horizontes y volar alto.

Su trayectoria es tan destacable en el exterior como su bajo perfil en Uruguay, su tierra natal. Por eso, conversar con él es un gran placer.

En su web, el estudio Laguarda Low se define como enfocado en el diseño de experiencias, respondiendo individualmente a desafíos que plantea cada cliente. ¿En qué podría decirse que radica el poder de la arquitectura a la hora de proyectar experiencias ya sea residenciales, corporativas, industriales, comerciales o urbanas?

El diseño arquitectónico en su conjunto abarca múltiples disciplinas y variantes, que dependen a su vez de varios factores externos y ayudan a crear experiencias valiosas, si bien el enfoque de diseño es el mismo. En nuestros trabajos damos prioridad al ser humano usuario de esas experiencias, nuestra arquitectura en su resultado último es una arquitectura humanista. La filosofía de diseño flexible y en constante evolución contribuye desde el comienzo, entendiendo las pautas de desarrollo y las intenciones y objetivos del cliente, pero también las posibilidades que el proyecto presenta, y de qué forma nuestra experiencia y capacidad creativa pueden resolver esas complejidades aportando valor a estos proyectos.

Laguarda Low Architects tiene proyectos en más de 30 países. ¿Cómo se equilibra o negocia en lo formal un lenguaje internacional, una identidad local y una diferenciación profesional?

El estudio afronta cada encargo de una manera única y diferente, debido a que los proyectos usualmente se ubican en diferentes partes del mundo, con distintos programas y necesidades, de forma que el resultado genera respuestas propias, especificas e individuales.

A diferencia de otras firmas internacionales, nuestro trabajo de diseño, sin importar la localización, es realizado por el mismo equipo de arquitectos desde la oficina creativa en Nueva York. Esto nos da una importante ventaja: el estudio ha acumulado un extenso capital de experiencia con el mismo grupo de arquitectos trabajando juntos por muchos años. Esa experiencia compartida de una amplia variedad de países, ciudades, proyectos, estrategias y problemas intrínsecos a la construcción de edificios es un valor agregado significativo.

El estudio, además, nunca canaliza el proceso de diseño en una sola opción. Es una práctica constante nuestra explorar e investigar todas las alternativas posibles, evaluarlas con el programa de desarrollo inicial, los objetivos del cliente, los requisitos y las ordenanzas municipales, las condiciones del terreno y la etapabilidad del desarrollo, todo lo cual se discute con el equipo desarrollador.

Otra cita en su web es: “Nos adherimos a la creencia tradicional de que los buenos clientes hacen buenos proyectos”.

Definitivamente —y muchas veces comprobado en nuestra práctica—, el secreto detrás de la concreción de proyectos exitosos es la necesidad de que haya un buen cliente. Lo que tiene tal vez el mismo nivel de importancia sin dudas es contar con buenos consultores, que contribuyan a mejorar el producto final.

Los buenos clientes llegan cuando se tiene un nombre, pero también hay que buscarlos. ¿De qué técnicas se han servido para atraer a quienes han querido incorporar como clientes?

El estudio tiene estrategias de marketing que eran impensables cuando terminé mi carrera y hasta diría que no eran vistas con buenos ojos. Hay muchas formas de acercarse a clientes. Nuestra oficina participa en conferencias internacionales como MAPIC (International Retail Property Market Event), ICSC (International Council of Shopping Centers), MIPIM (International Real Estate Shows), algunas veces como panelistas, pero también con instalaciones donde se exhiben nuestros trabajos. Esto tiene costos importantes que se evalúan permanentemente versus los resultados. También publicamos periódicamente fascículos o libros de nuestros trabajos, e intentamos tener nuestra web al día en diferentes idiomas. Los concursos en los que participamos son siempre por invitación y con honorarios. El estudio decidió hace tiempo no participar en concursos abiertos sin retribución de honorarios. Para acceder a participar en estos concursos es casi siempre necesario lógicamente tener una importante cantidad de proyectos construidos y exitosos. Por otro lado, el contacto directo con los encargados de contratar arquitectos para distintos proyectos es siempre aconsejable, muchos de los clientes para los cuales trabajamos son organizaciones muy grandes con varias divisiones por regiones, y esa situación se reitera a escala global.

El estudio se caracteriza por intervenciones urbanas de escala masiva. ¿Cómo ha cambiado en los últimos 10 años la forma de proyectar o aproximarse al diseño urbano con respecto a ese diseño de experiencia citado anteriormente?

Siempre estuve muy interesado en el diseño urbano, como poder crear a mayor escala. De la forma en que concibo la arquitectura como parte intrínseca del contexto urbano en el cual está inmersa, no me fue difícil extender mi práctica con las mismas herramientas que desarrollé como arquitecto. En general, y esto es válido para el resto del mundo, los proyectos urbanos de gran escala no son comunes. Hemos tenido la suerte de trabajar en varias de estas iniciativas en Asia, particularmente en Japón y en China, y son siempre una gran oportunidad para proponer nuevas ideas de sociedades más humanas y democráticas enfrentando conscientemente el cambio climático.

¿Cómo es el abordaje o el orden de trabajo en el estudio para la planificación de una obra ambiciosa como la de OCT Bao’an OH BAY Master Plan?

En este caso y por la escala de proyecto se necesitaron varias reuniones con los clientes para entender las condicionantes del proyecto, del cliente y del distrito de Bao’an donde está ubicado. En esas reuniones se empieza a entender lo que podremos hacer y aquello que no. La municipalidad quería tener un parque público, democrático y no veía con buenos ojos la instalación de un proyecto comercial en esa zona reservada para parque, mientras que el cliente aspiraba a una propuesta comercial de envergadura importante, 150.000 m2. La idea que les propuse es intentar que el parque y las instalaciones comerciales se integraran, creando una unidad. El parque se transformaría gradualmente en zonas comerciales y a su vez las zonas comerciales eran parte del parque. Esas ideas primarias fueron las que dieron lugar al proyecto final, hoy terminado y que consta de oficinas, apartamentos y zonas comerciales. Para este proyecto, y en forma similar para otros de la misma escala, se crea un equipo base de trabajo liderado por mí en este caso, con dos o tres diseñadores con experiencia dependiendo de la escala, y con cinco y hasta 10 diseñadores de menor experiencia. Tenemos siempre una persona designada para ser el contacto con el cliente, y nuestra oficina en China actúa como articulador entre Nueva York y el cliente. Agregamos las reuniones necesarias y visitas al predio cuando ya está en construcción, más otras tareas administrativas.

¿Cuál fue el desafío mayor que han abordado y cómo lo resolvieron?

El desafío mayor de un estudio de arquitectura, creo, es el mismo en todo el mundo. La constante evaluación de la cantidad de proyectos y la intensidad del trabajo versus el número de empleados y su capacidad para enfrentar ese trabajo. Todo esto sin perder el foco de responder a todos los clientes por igual sin distinción del tamaño o la importancia de los proyectos, poniendo como prioridad el prestar el mejor de los servicios produciendo la mejor calidad de producto. Una clave también es que con muchos de nuestros clientes hemos trabajado anteriormente. Su retorno es fundamental para mantener el éxito y la continuidad de un estudio.

¿Dónde se conocieron con John Low y cómo ha sido asociarse con alguien proveniente de una cultura tan diferente? ¿Cómo se complementan en los roles?

Conocí a John trabajando en las oficinas de RTKL en Baltimore. Nos identificó enseguida el interés por emplear largas horas después del trabajo participando en concursos de todo tipo. Esta dedicación a la profesión nos hizo muy amigos y siempre pensamos en tener una oficina juntos. Las diferencias culturales no fueron impedimento, tanto John como yo compartimos el interés por entender y trabajar en distintas culturas. Básicamente hacemos lo mismo, compartimos todas las tareas administrativas y muchas veces trabajamos juntos en proyectos, pero siempre intentamos que uno lidere el equipo y compartir ideas durante el proceso de diseño. En cuanto a los clientes, somos intercambiables, muchas veces John visita y presenta trabajos a mis clientes y yo hago los mismo con los de John cuando estamos viajando.

¿Cuánta gente trabaja hoy en el estudio, en cuántas sedes?

Hoy, debido a la crisis sanitaria, el número de empleados se ha reducido, somos 40 empleados en Nueva York, cuatro en Bejing y en este momento a pesar de que tenemos oficina registrada y en operación en Tokio, no tenemos empleados allí. La manejamos desde Nueva York.

¿Cómo se desafían los estándares de la industria para innovar en ese nivel de producción?

En general estamos muy al día con las innovaciones en la industria. También contamos con muchos consultores de primer nivel que nos mantienen al día con los avances, desde ingenieros lumínicos, acústicos, consultores en curtain walls, ingenieros de tráfico, arquitectos paisajistas, diseñadores gráficos, ingenieros estructurales, asesores de acondicionamiento térmico. Tenemos también un programa de apoyo de materiales de construcción y periódicamente nos vistan compañías de materiales con información o capacitaciones sobre sus productos nuevos. Estas charlas y cursos están respaldados por la Sociedad de Arquitectos y tienen equivalencia con los cursos requeridos para mantener la licencia.

Hay una tendencia general de espacios públicos con gran énfasis en diseño como integradores de la vida urbana. ¿Cuál es el diferencial de sus proyectos en este sentido?

El cambio climático y los dos años y algo de crisis sanitaria le han cambiado la perspectiva al mundo, nos empezamos a dar cuenta de la importancia de los espacios al aire libre, de los parques como atractivo disfrutable, de los paseos públicos como nuestra rambla. Nos enfrentamos a una redefinición del concepto parque, que otrora eran áreas públicas de esparcimiento y usados por la población, a ser una realidad para contemplar, pero de poco uso y muy poco o ningún mantenimiento. Para que esos espacios tengan la posibilidad de transformarse en una contribución real a la calidad del entorno y a mayor escala de la ciudad, deben ofrecer atractivos complementarios con posibilidades de ayudar a autofinanciarse. El parque otrora contemplativo es hoy un parque donde se desarrollan todo tipo de actividades, pero para ello requiere ser diseñado con ese objetivo.

Periódicamente tienen un programa de intercambio o pasantías con estudiantes de la FADU de la Udelar. ¿Cómo funciona ese programa y qué resultados aporta al estudio?

Tuvimos ese programa con la facultad por ocho años seguidos. Venían dos pasantes por año, y creo que fue muy beneficioso para ellos, ya que además de trabajar en nuestro estudio tenían la posibilidad de vivir en Nueva York por tres meses con todo pago, con lo que eso significa para un arquitecto joven. Esto lo trabajamos juntos con el decano de la facultad en ese momento, Gustavo Scheps. Fue también para mí una forma de devolverle algo valioso a la facultad a la que le debo mi formación. Tal vez lo retomemos en el futuro.

¿La arquitectura debe generar respuestas o formular preguntas?

La arquitectura debe generar propuestas.