Asombro, años y poesía

Cuánta experienciay cuánta sabiduría debe guardar una persona que está por cumplir 100 años. Delante de sus ojos vio pasar de todo, la Segunda Guerra Mundial y el poder de Hitler, la bomba atómica, la revolución hippie y la era de la psicodelia, el fenómeno Marilyn Monroe, la llegada del primer ser humano a la Luna, las dictaduras en Latinoamérica, la caída del Muro de Berlín, la irrupción de la tecnología, una pandemia. El mundo fue mutando frente a sus narices, siendo espectadora de ascensos y caídas, avances y retrocesos, horrores y glorias de la humanidad. Cambios, muchos cambios; y seguramente muchas permanencias, o ciclos que se repiten, o historias que ya fueron contadas una vez y vuelven a suceder, y hasta pueden ser anticipadas por la experiencia de quien ha visto todo.

Una persona que está por cumplir 100 años es un reservorio de saberes y conocimientos. Son pocos los privilegiados que pueden llegar a esa edad y muchos menos los que la alcanzan con un estado de la mente capaz de hacer uso de sus habilidades intelectuales. Pero cuando sucede, cuando la vida regala la posibilidad de estar cerca de alguien así, afortunadamente aparece otro ser sensible, amable y generoso que decide documentarlo y compartirlo. Un gran gesto para la comunidad.

Y si encima, quien está por cumplir 100 años es una exquisita poeta, una intelectual, otra alma sensible que se convirtió en una de las figuras más ilustres de la cultura de un país, la riqueza es doble.

Sentarse a charlar un rato con Ida Vitale sobre la vida debe ser una clase magistral. De hecho, debería ser una terapia recomendada para todos. Pero como esto no es posible, María Arrillaga, amiga muy cercana de la familia, la filmó para que todos tuviéramos acceso a esa fuente de sabiduría. Y el resultado es una película bellísima.

Pero lo más bello es encontrarse con que esta señora que a sus casi 100 años ha desarrollado una capacidad de asombro sin límites (Tal vez allí esté el secreto de su longevidad.). Uno, a priori, puede pensar que a esa altura de una vida tan larga ya no hay cosa ni hecho que pueda sorprender. Ya se ha visto todo. Sin embargo, existe una pequeña mujer nacida en 1923 que casi un siglo después sigue sintiendo curiosidad y descubriendo. Y como dice María, la directora de la película, no es un asombro ingenuo, es una forma de vida elegida. Hay mucha sabiduría en esa elección de vida.

Una búsqueda rápida en internet sobre la capacidad de asombro muestra una definición que dice que es percibir lo bello, lo excepcional y lo impresionante en todo lo que nos rodea, y que contribuye a nuestra felicidad, creatividad y motivación. Es una capacidad innata desarrollada por los niños, para quienes el mundo es un lugar totalmente nuevo. Entonces, como el asombro se asocia a la inmadurez, se piensa que los adultos son demasiado viejos, sensatos o inteligentes como para sentirlo. Nada más lejos de la verdad.

Está claro que el arte, el teatro, la música, la pintura, la escultura ayudan a recordar que el ser humano es capaz de crear obras increíbles, y haber vivido una vida cerca de estas disciplinas contribuye a un mayor desarrollo de la habilidad de maravillarse.

A lo largo del documental, la afortunada directora buscó transmitir esa forma de vida que eligió Ida, que es ver el mundo a través de su propio cristal, ese que le muestra la belleza de una telaraña y el comportamiento extraño de su creadora. Porque, al fin y al cabo, es la manera de una poeta de poetizar la vida, sin importar el tiempo.