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La maternidad no siempre es tan luminosa. Como prácticamente todo en esta
vida, tiene su parte buena y su parte menos buena, solo que esta última ha sido
callada y ocultada desde nuestros ancestros. Y acá una exigencia más que se le
ha pedido a la mujer: transitar en silencio una crisis vital de un
ritmo vertiginoso (en la que su cerebro sufre una transformación de tal impacto
que se lo compara con las que ocurren en la adolescencia, pero solo en apenas
nueve meses). Como es de esperar, ese tsunami hormonal que se da durante el
embarazo y el puerperio (que son los meses después del nacimiento hasta que el
cuerpo vuelve al estado anterior) tiene sus efectos en la parte emocional y
psíquica de la mujer. Hay una gran confusión en ese breve proceso en el que la
madre deja de ser una sola persona para pasar a vivir, alimentarse y cuidarse
por dos. En una primera etapa, ella renuncia completamente a sus deseos y
necesidades para cubrir los de su bebé, es casi como que su ser desaparece para
vivir al servicio total y absoluto de otro con el que forman un conjunto
indivisible. Esta situación activa en la mente de la madre pensamientos y
sentimientos muy contradictorios, de muchos de los cuales no se siente
orgullosa y le provocan culpa, vergüenza. Es entonces cuando pueden desatarse
ciertos trastornos del estado de ánimo y ansiedad.
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Hasta aquí nada grave ni anormal. Estudios indican que cinco de cada 10
mujeres sufren de estos trastornos que perfectamente pueden atenderse para
transitar esta etapa de la mejor manera. Pero acá es donde aparece el problema.
El 75% de los casos no se diagnostican ni se atienden. Es decir que esa enorme
cantidad de mujeres supera (o no) esos conflictos emocionales sola, o en el
mejor de los casos con el apoyo de su pareja, pero sin la comprensión y el
asesoramiento adecuados.
Está claro que este es uno de los grandes tabúes de la historia de la
humanidad. ¿Por qué a la sociedad le cuesta tanto asumir que el nacimiento de
un bebé, además de todo lo maravilloso que puede ser por el milagro de la vida,
puede también conllevar una etapa difícil para la madre, que necesita cuidados
y atención?
La novelista británica Rachel Cusk escribió en 2001 el libro Un
trabajo para toda la vida. Sobre la experiencia de ser madre. En capítulos
como “Querer, abandonar”, “Madrehija”, “La cocina del infierno”, “Socorro” y
“No te olvides de gritar” cuenta el lado b de su vivencia, cómo la nueva
realidad la empujaba a despedirse de la persona que había sido hasta ese momento
y ella se resistía. Claro, cuando puso en negro sobre blanco sus pensamientos y
sentimientos reales, descarnados y sin filtros, el mundo se escandalizó, las
críticas le cayeron con furia y hasta hubo quienes llegaron a decir que el
Estado debía sacarle a sus hijas (luego tuvo otra).
El año pasado Cusk volvió a editar este libro en el que incluyó una
introducción para esa edición, poniendo en claro algunos términos en su
defensa. “El hombre o la mujer que reconoce en el hecho de ser padre o madre
una experiencia primordial de desmembramiento —con toda su abundancia de
tragedia, comedia y amor— entre uno mismo y los demás; la persona que además
puede entender un libro como un eco, un consuelo, un espejo; la persona que
valora el descubrimiento individual más que la representación institucional,
las vicisitudes personales más que la falsedad colectiva, para esa persona, sea
quien sea y esté donde esté, es para quien escribí este libro.
A los demás, a los periodistas que me acusaron de ser una madre inepta y
poco cariñosa, a los detractores que aún emplean mi nombre como sinónimo de
odio a los niños, a los lectores para quienes la sinceridad es equiparable a la
blasfemia porque su religión es la de la maternidad, únicamente puedo
sugerirles que se lo tomen un poco menos en serio”.
Esto último puede aplicarse a su libro, pero sería un gran error tomarse
menos en serio la verdad que refleja lo escrito por ella. Pues la salud mental
perinatal es un tema importante que ha sido dejado de lado todos estos milenios
de reproducción humana.
Las implicancias y las aristas de este tema están explicadas en la nota
escrita por Magdalena Cabrera y publicada en este número, en la que conversa
con profesionales de una clínica especializada en atender la salud mental
materna, un tema que ya tiene su día internacional, pero que aún no ha sido
aprobado por la Organización Mundial de la Salud.
En esta nota se ejemplifica cómo la mujer siente el miedo a ser quemada
en la misma hoguera en la que cayó Cusk si dice lo que le pasa. Por eso el 75%
se calla.
El bienestar psicológico y emocional de la madre es tan importante como
el físico y hay que empezar a cuidarlo en serio, superando cualquier barrera y
estigma social que perjudiquen su pleno desarrollo, pero también el del hijo y el
del padre, porque este es un tema que afecta a todo el sistema familiar.