Adriana Loeff y Claudia Abend 1
Adriana Loeff y Claudia Abend, directoras de Mamá está acá.
Mauricio Rodríguez
¿Cómo surgió la idea de la película?
Claudia Abend: Primero, con Adriana (Loeff) nos propusimos hacer una investigación para una película sobre historias de maternidad. Empezamos a investigar, que es una etapa que a nosotras nos gusta mucho, y conocimos muchas historias de mujeres de todo tipo. En ese camino conocimos a Danna Liberman, quien nos contó su historia de maternidad y quedamos fascinadas con su manera de ver el mundo. Además, ella nos comentó que estaba escribiendo una obra unipersonal. Estaban empezando a ensayar Hanami y decidimos que queríamos empezar a filmarlo. Le pedimos permiso, y así empezó el camino. Después conocimos a las directoras, Jimena Márquez y Luz Viera, y después a Paula Villalba (vestuarista de Danna en la obra). Y terminaron siendo ellas también las protagonistas de la película.
¿Qué les paso a ustedes con la maternidad (propia o no) durante el proceso de realización de la película?
C. A.: Nosotras hacemos películas por algo terapéutico. Es nuestra pasión, nuestra vocación. Pero, a la vez, es una manera de crecer, de comprender la historia y la maternidad propia a través de otras. Yo me reconozco en cada cuadro de la película, en cada historia. Siento una conexión con todas las historias que, al final del cuento, son distintas protagonistas y distintas historias, pero siento que estoy hablando de mí. No estoy en la pantalla, pero sí me siento reflejada.
Adriana Loeff: Una pregunta que se podría hacer es: si querés hablar de una historia de maternidad, contá la tuya. ¿Por qué vas a filmar otra? Y ahí está a veces la incapacidad de encontrar la magia en una misma, y la capacidad de sí encontrarla en otra. Pudimos ver cosas muy poderosas, fuertes, potentes, emocionales en las historias de estas protagonistas que nos permitieron ingresar a sus vidas. Seguro que no hubiera sido capaz de encontrar eso en mí misma.
C. A.: Hay algo que encontramos en ellas que nos es también muy inspirador. Con Adri, en esta película en particular, pero también en las anteriores, terminamos hablando en el día a día con frases de nuestras protagonistas todo el tiempo. Es un gesto menor pero simbólico.
Mama esta aca (2)
Paula Villalba, Jimena Márquez, Danna Liberman y María Luz Viera en una escena de Mamá está acá.
Paula, cuando le propusieron contar su historia de maternidad en una película documental, ¿dijo que sí desde el primer momento o tuvo algunas dudas?
Paula Villalba: Desde el primer momento dije que sí. Además, fue muy paulatino. Las directoras nos acompañaron durante unos tres años de forma muy eventual. Nos íbamos avisando en diferentes instancias, o ellas nos preguntaban en qué estábamos y justo había algo que podía ser parte de la rutina pero podía estar bueno para filmar, y ahí nos encontrábamos. Fue un sí basado en la confianza que ellas nos generaron desde el primer momento. Y con las reglas bien claras. Yo necesitaba que todo el tiempo Lucas, mi hijo, estuviera cuidado, porque en nuestro caso somos los dos los que aparecemos la mayor parte del tiempo. Que se cuidara su persona, su imagen. Siempre pensé en él, en que la va a ver en algún momento de su vida. Y quería tener el mayor respeto hacia él. Ellas siempre fueron sumamente cálidas y empáticas. La película, para mí, cristalizó un momento de nuestras vidas. Ya no somos las mismas, tenemos niños que han crecido, nosotras hemos crecido. Y de eso tomamos conciencia recién cuando la vimos.
En la película dice que cuando fue a inscribirse para adoptar le dijeron que las madres solas son más fuertes y se les suelen dar los casos más desafiantes, porque se espera que sean casi “superpoderosas”. ¿Cómo lo siente hoy, habiendo atravesado ese proceso y teniendo a su hijo, Lucas? ¿Reafirma aquello que le dijeron o no cree que sea así?
P. V.: Para mí, fue como una profecía autocumplida. Me parece que no es para nada la posición institucional, sino que me tocó una persona que tenía intención de asustarme. Quizás ven en nosotras un superpoder que en realidad no tenemos, que tenemos que desarrollar, porque el amor hace que una saque fuerzas de cualquier lado. Creo que soy tan consciente de esas primeras palabras porque es lo que estoy viviendo, pero no debería ser así. No debería ser esa la intención, sino acompañarnos, ayudarnos y colaborar para que sea una maternidad lo más cuidada posible. Pero es verdad que me tocó un caso complejo y me consta que a otras también. Hay una fantasía con que las madres somos todopoderosas, y somos personas comunes y silvestres. Es así, y precisamos un montón de otra gente para criar a un niño.
Hay una fantasía con que las madres somos todopoderosas, y somos personas comunes y silvestres. Es así, y precisamos un montón de otra gente para criar a un niño. Hay una fantasía con que las madres somos todopoderosas, y somos personas comunes y silvestres. Es así, y precisamos un montón de otra gente para criar a un niño.
Paula expresa, en una escena del filme, que no siempre tiene chances de hablar con alguien, y que cree que eso les pasa a todas las madres. ¿El resto también lo siente así?
Danna Liberman: El punto es la profundidad. Si durmió o no durmió, que la vianda te tiene harta o cualquier cosa más cotidiana, superficial, son cosas que capaz que compartís hasta en la salida de la escuela. Pero la profundidad es lo que dice Paula, conectar con lo que estás sintiendo. Eso es un regalo que tenés solo con ciertas personas. Necesitás un tiempo. Llegar a la profundidad de conectarnos en nuestra humanidad compartida como madres es algo que no se da siempre. Y, cuando se da, yo lo agradezco mucho.
María Luz Viera: Creo que también tiene que ver con la escucha. Cuando hablás con alguien que te escucha, eso habilita un montón de cosas. No pasa seguido.
D. L.: No siempre estamos contentas ni a gusto con lo que está pasando con nuestras maternidades. O estamos atravesando algo que es realmente desafiante y nos queremos ir corriendo a Japón. Hay cosas que decirlas te hace sentir que estás exponiendo algo que no es común de decir, pero que tal vez es el sentir común. Entonces la película puede habilitar a que, si vos también estás sintiendo eso, que no es simple, que no te resulta natural, como eso del superpoder inexistente que hay que desarrollar, te veas reflejada. Paula siempre decía: “no romanticemos. Que no quede romantizada la maternidad”. Y la película es cero romantización.
P. V.: Pero no romantizar no quiere decir que no tenga una carga infinita de amor. Todo convive. Convive un amor que no tiene palabras para ser expresado con temores, dudas, con la ausencia de uno mismo por momentos. Todas las maternidades son especiales. Las directoras y todo el equipo de filmación fueron tan respetuosos y amorosos que llegamos a unos niveles de intimidad que después se nos hacía bravo pensar en que todo esto iba a ser expuesto. Sentimos conmoción desde ese lugar, porque no estamos en Ohio mostrando la película, estamos en Uruguay, donde somos cinco.
En otro momento de la película, Paula dice: “no me puedo imaginar la vida sin él”, en referencia a su hijo, Lucas. Luego se corrige y dice: “sí, me puedo imaginar la vida sin él. Pero es mucho mejor con él”. Ella elige y prefiere la vida de madre. Es una frase muy real.
P. V.: Esa es de las cosas que también trascienden la cristalización del documental. Yo, y creo que todas mis compañeras de película, somos mejores con nuestros hijos (que antes de ellos), elegimos eso.
C. A.: ¿Viste? Vos también ya empezaste a hablar con frases de nuestras protagonistas.
Jimena Marquez y Luz Viera
Jimena Márquez y Luz Viera.
Mauricio Rodríguez
Jimena cuenta en la película que, al principio, junto con Luz, evaluaron la adopción como modelo de maternidad. ¿Qué las hizo cambiar de planes y optar por el camino de la inseminación, siendo Luz la gestante?
M. L. V.: Fuimos a la primera entrevista bastante entusiasmadas con la idea, pero había algo que no corría, no accionábamos hacia ese lado, al menos yo. Fue en plena pandemia, un período en el que se pensó mucho y todas conectamos con nosotras mismas. Ahí me di cuenta de que, en realidad, yo tenía muchas ganas de pasar por un embarazo. Entonces se lo planteé a Jime. Lo charlamos, compartimos nuestros sentires. Porque esto era algo distinto. La adopción era entre dos, y esto era que yo pasara por un embarazo.
Jimena Márquez: A mí me parecía, en principio, que la adopción nos hacía entrar a las dos como mamás por un canal muy equitativo. La otra forma me daba mucho miedo porque yo quedaba en otro lugar, no era la gestante, la niña venía de otra persona. Un montón de cosas que se pusieron en conversación me generaban temores. No sabía bien cuál iba a ser mi lugar en esta maternidad. Pero Luz se dio cuenta de que tenía ganas de gestar y le dimos para adelante.
En la película se muestran imágenes bastante íntimas del nacimiento por cesárea de su hija, Primavera, ¿cómo se sintieron al exponer todo ese material?
J. M.: Cuando vi la película, lo que más me impactó, que me hizo ir hundiéndome en la butaca de a poco, fue pensar internamente “¡qué nivel de intimidad!”. Sobre todo, porque somos una pareja. Y somos la única pareja que aparece en la película, porque el compañero de Danna no aparece y Paula es mamá sola. Muchos momentos me dieron vergüenza, pero me parece genial que estén ahí y nos felicito por haberlo hecho. Me hice consciente de hasta dónde habían llegado Adriana y Claudia. Yo siempre fui la que tuvo más resistencia, las iba frenando. Pero ellas iban rompiendo barreras, y de pronto estaban adentro de la cesárea. El nivel de intimidad es parte de lo que siempre impacta en el documental, no solo en este, sino en todos.
Muchos momentos me dieron vergüenza, pero me parece genial que estén ahí y nos felicito por haberlo hecho. Me hice consciente de hasta dónde habían llegado Adriana y Claudia. Yo siempre fui la que tuvo más resistencia, las iba frenando. Pero ellas iban rompiendo barreras, y de pronto estaban adentro de la cesárea. El nivel de intimidad es parte de lo que siempre impacta en el documental, no solo en este, sino en todos. Muchos momentos me dieron vergüenza, pero me parece genial que estén ahí y nos felicito por haberlo hecho. Me hice consciente de hasta dónde habían llegado Adriana y Claudia. Yo siempre fui la que tuvo más resistencia, las iba frenando. Pero ellas iban rompiendo barreras, y de pronto estaban adentro de la cesárea. El nivel de intimidad es parte de lo que siempre impacta en el documental, no solo en este, sino en todos.
M. L. V.: Todavía lo sigo procesando. El otro día alguien me preguntaba cómo fue tener una cámara en mi cesárea y yo no me acordaba. Estaba drogada por la oxitocina, no tenía ni idea, me sentía como en otro lugar. Pero cuando lo vi me quedé muy tranquila del cuidado que hubo, porque ellas estuvieron en todo el proceso, y pasaron muchas cosas. Cuando fuimos a ver la película por primera vez, yo fui con miedo, pensando en qué iba a aparecer. Sin embargo, fueron momentos tan sutiles, mágicos, profundos. Sí, hay mucha intimidad, por supuesto, pero en ningún momento lo sentí invasivo. Fue cuidado.
Mama esta aca (3)
Jimena Márquez y María Luz Viera en una escena de Mamá está acá.
¿Sienten que su maternidad y su modelo de familia hoy es igual de validado en la sociedad que cualquier otro o todavía hay que explicarlo?
J. M.: Pienso que sí todo el tiempo hasta que me salgo un poquito de mi círculo y me doy cuenta de que hay un montón de gente que no lo entiende. Incluso, si me pongo a hacer los cálculos, creo que son la mayoría. Poner sobre la mesa estas historias habilita y ayuda. Es un camino largo el que estamos en proceso de recorrer con la diversidad, pero falta un montón.
M. L. V.: Tenemos una experiencia muy linda de todo nuestro círculo. Para mí, nunca fue algo que se pusiera en cuestionamiento el hecho de que seamos dos mamás. Lo tengo muy naturalizado.
J. M.: Yo también lo tengo naturalizado hasta que veo en un posteo de Instagram lo que comenta la gente: “tortas”, no sé qué. Y ahí decís “opa, el mundo no es solo la gente que me rodea”.
M. L. V.: No, totalmente. Pero la gente comenta de todo, de cada situación están los polos, la exclusión hacia algo.
J. M.: Hay que seguir abriendo camino, porque es importante, es diverso y es minoritario. Hay mucha gente que no lo vive con tanta naturalidad, lamentablemente. Y también está lo que digo en la película, de que yo tuve que firmar todos los papeles como padre de Primavera; de que te tenés que casar sí o sí para que tu hija lleve tu apellido. Hay un montón de cosas que no son iguales para todos.
Lo del apellido cambió, desde hace poco…
J. M.: Sí, es verdad, ahora no es así. Se van logrando cambios de a poquito. Compartir la historia es un paso muy importante para mí.
Danna, en la película habla de que tenía una idea previa de la maternidad como “interrupción” de su carrera, de sus proyectos. ¿Qué reafirmó de esa idea y qué se dio cuenta de que no era tan así?
D. L.: No sé si es una interrupción, pero a mí lo que me cambió mucho hoy es que fui integrando nuevas matrices, nuevas capas, nuevas maneras. Dejás de ser la que eras, obviamente. Es como una ilusión pensar que vas a volver a ser la que eras después de vivir la experiencia transformadora que es la maternidad, o cualquier experiencia transformadora. No es que se me interrumpió la vida, sino que me cambió absolutamente. Me cambiaron las prioridades, la manera de ver el mundo, lo que me interesa, quién me interesa que me rodee, todo. El lugar que le doy al trabajo, para qué quiero hacer teatro, qué quiero decir con el arte. Es como si fuese un catalizador energético. Los hijos te recuerdan, te reordenan. En vez de que se me haya interrumpido, empecé a integrar la vida, a saborearla. Tengo un ratito con una amiga y parecen los 20 minutos de un hada madrina. Le saco el jugo, aprovecho al máximo cada instante. A mí me hicieron mucho mejor persona, seguro, mis tres hijos.
Hay algo bastante fuerte en ese pasaje del parto soñado a la incertidumbre total. ¿Cómo se reconstruye una madre después de eso?
D. L.: No sé. No tengo idea.
Mama esta aca (4)
Danna Liberman en una escena de Mamá está acá.
¿Cómo se reconstruyó usted?
D. L.: Es como los cuadros de Picasso en los que están todas las partes desordenadas. No sé si hay una reconstrucción o una nueva composición. En Hanami hay una parte en la que digo: “si me mirás bien, me falta un pétalo”. Para mí la grieta siempre está. No es que yo haya superado nada o me haya reconstruido. Camino rota, pero me miro con amor. Mirás alrededor y ves pedazos por todos lados. Y con eso decís “bueno, vamos”.
Para mí la grieta siempre está. No es que yo haya superado nada o me haya reconstruido. Camino rota, pero me miro con amor. Mirás alrededor y ves pedazos por todos lados. Y con eso decís “bueno, vamos”. Para mí la grieta siempre está. No es que yo haya superado nada o me haya reconstruido. Camino rota, pero me miro con amor. Mirás alrededor y ves pedazos por todos lados. Y con eso decís “bueno, vamos”.
J. M.: Me hace acordar a un arte japonés que reconstruye las teteras, las tacitas, y las pega con oro. Con eso realza y venera las roturas. No las repara para tratar de ocultar lo roto.
D. L.: Siempre pienso en ese arte y en esas roturas. Porque, en vez de taparlas, mi objetivo es iluminarlas. Hay mucha más luz en mi vida por esas grietas que permiten que pase la luz. La experiencia de Uriel dejó una herida que es el lugar por donde sale una luz a la que no hubiese accedido si no hubiese sido por la generosidad de él de elegirme como su madre y de partir.
Uriel tuvo una falta de oxígeno en su nacimiento, lo que le generó una lesión en su cerebro y, como consecuencia, una discapacidad. Usted mencionó que se sintió muy acompañada durante todo el proceso, habla de su mamá como una persona incondicional, menciona a sus amigas y a mucha gente que la sostuvo. Además de su círculo, ¿contó con apoyo institucional, del sistema de salud o de organismos del Estado? ¿O siente que ahí hubo una falta?
D. L.: Primero, me sentí muy acompañada por mi pareja, Ari Kaczka, padre de Uriel. Eso fue reimportante. ¿El sistema? ¿Qué sistema?
(En este momento estalla una carcajada generalizada)
D. L.: Fui descubriendo cómo fue etiquetado el caso de Uriel por el sistema, que fue como parálisis cerebral, por cosas que fui leyendo de los médicos. Les entraba a las computadoras, me convertí en una cosa espectacular, no te querías meter conmigo. El sistema te ofrece cosas, pero no sé si te acompaña. Ya la palabra sistema es aterradora. Estás ahí sentadita esperando a que te den una asignación porque tu hijo tiene discapacidad o lo que sea. Después del nacimiento, la neonatóloga y el ginecólogo nunca más. Su proceder no fue muy amable y amoroso. Y después hubo otros seres que aparecieron que sí, con los que nos seguimos escribiendo mensajes de feliz cumpleaños, y que vienen a ver todas las obras, van a venir a ver la película, ya me escribieron. Hay gente que se vuelve tu familia y es “del sistema”. No sé si respondí la pregunta, pero le mando un beso a todo el sistema.
P. V.: Yo le mando un beso grande a todo el sistema también.
¿Qué les gustaría que quede de esta película, tanto para el espectador como para ustedes?
P. V.: En la medida en que la película se iba haciendo carne y se iba acercando la fecha del estreno me llevó mucho a reflexionar que no fuera un acto de egocentrismo en el que la gente diga “mirá que maternidades interesantes”, sino que trascienda eso. No está puesto en valor cómo salimos. Acá no hay nada pensado, es todo espontáneo y creo que esa es la riqueza máxima de la película: la espontaneidad y la apertura. Para mí, sería muy deseable que hubiera una red en la que la gente pudiera apoyarse en cada una de las situaciones. Porque la película abre un montón de temas contemporáneos, centrales, vigentes, en los que me parece que tenemos que promover el encuentro. Si hubiera una base de datos de mamás, papás, otras personas que tienen un familiar con una neurodivergencia, que hay un montón, a mí me encantaría generar una asociación en la que podamos apoyarnos, informarnos, abrirnos y generar para nuestros hijos un mejor futuro.
D. L.: La última vez que vi la película sentí mucha compasión y respeto por lo que cada una atraviesa. Deseo que todo el mundo tenga compasión por su propio camino. Eso me gustaría que pase.