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Editorial | Hacer lo que nos gusta

Sobre la vocación y el privilegio de trabajar de lo que nos hace felices

Sobre la vocación y el privilegio de trabajar de lo que nos hace felices

"Peor es trabajar". La frase en cuestión se escucha con frecuencia en charlas o reuniones entre periodistas, sobre todo como remate en los cuentos sobre las largas coberturas de campañas electorales por el interior o en las anécdotas sobre la tensión que causa ir encubierto a algún evento "cerrado" para los medios. Nunca trabajé con él directamente, pero sé que Claudio Romanoff, que falleció en 2018, era una usina infinita de frases relativas a la profesión, y esta era una de sus favoritas.

Es que el periodismo, ingrato muchas veces en lo relativo a horarios y remuneración, por suerte da muchas otras satisfacciones. Entre colegas, todos sabemos que no llegamos a una redacción para hacernos ricos. Seguramente no estemos ni cerca de ello. Llegamos para trabajar en lo que más nos gusta, y eso ya es un privilegio que no todo el mundo se puede dar. Algunos vibrarán consiguiendo noticias, otros escribiendo con sutileza, otros entrevistando a personas que consideran sus referentes y otras estando en los momentos clave del país. Por suerte, hay para todos los gustos.

En los años 90, Gabriel García Márquez -que empezó su carrera como periodista y llegó a premio Nobel de Literatura- lo definió como el mejor oficio del mundo. En aquel entonces el debate era sobre los pro y contra del surgimiento de las escuelas de comunicación; para el colombiano, formarse en un salón y no entre la redacción y un café/boliche era casi sacrilegio. Después surgieron muchas otras encrucijadas, desde el auge de Internet y la crisis de los medios tradicionales hasta las fake news, aunque la esencia del buen periodismo (sea en el soporte que sea) no ha cambiado.

Pero los periodistas no tenemos la exclusividad en esto. En este número de galería tenemos dos notas bien distintas con personas que pusieron su vida en función de su vocación y son felices. Una de ellas es la entrevista a Luis Alberto Heber, que después de 35 años en el Parlamento va a hacer una pausa para asumir como ministro de Transporte y Obras Públicas del próximo gobierno.

Heber se convirtió en diputado por primera vez en 1985, con 27 años, siguiendo el legado de su padre. El próximo sábado 15, cuando asuma como senador por el Partido Nacional, batirá un récord: será el único parlamentario de Uruguay que accede por octava vez consecutiva a una banca legislativa. Hoy, con 62 años, reconoce que en estas más de tres décadas tuvo momentos de muchas satisfacciones pero también algunos "muy traumáticos", como cuando votó la "ley de caducidad", o la salida de la dictadura, que recuerda como "caótica", o la solución de la crisis de 2002, que dice fue "muy dura". En la conversación, Heber también se refiere a cómo cambió el mundo en estos más de 30 años y, sobre todo, la forma de hacer política. "Somos todos hijos del rigor, aprendemos en función de las exigencias del momento, nadie es imprescindible", asegura.

La otra historia es la de Gustavo Huertas, quien hoy dirige La Perla del Cabo, la posada y restaurante de Cabo Polonio, junto a su pareja, Rosario Calimaris. Antes de irse a vivir allí Huertas había trabajado como administrativo, vendedor y gerente. Por uno de esos trabajos conoció el Cabo y a Rosario y decidió rearmar su vida en ese lugar. Cambió el traje y la corbata por el short y las chancletas. Pero no solo eso. En la nota cuenta que desde el comienzo se puso un objetivo exigente: ser el mejor restaurante de Rocha y colocarse en el mapa de gente que no los tenía en cuenta. En ese camino trabajó en un cambio de cabeza, formó equipo y se puso las tareas al hombro; quienes van hasta La Perla no se sorprenderán si lo ven pelando papas en la cocina. Este año el proyecto que llevan adelante -y que empezó antes que ellos- cumple 50 años y el balance que hacen es más que positivo. Llegar hasta donde llegaron implicó esfuerzo, sacrificios y, sobre todo, una nueva filosofía de trabajo y de vida.

Nadie dice que es fácil. Ni periodistas, ni políticos, ni emprendedores. Pero a juzgar por sus palabras (y por el cariño que ponemos todos los que día a día o semana a semana hacemos diarios, revistas, informativos y programas de radio o tevé), parece que el esfuerzo vale la pena.

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