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Al Cuarteto de Nos lo conocí de grande. En la adolescencia escuché algún tema como Bo, cartero, supe de las polémicas asociadas con El día que Artigas se emborrachó o me reí con Me agarré el pitito con el cierre. Pero aunque ya tenían varios trabajos editados, claramente no era una de mis bandas de cabecera. Reconozco que lo mío era mucho más naif e iba, sobre todo, por el lado del pop en inglés.
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Conocí de verdad al Cuarteto en 2006, con la edición de Raro, un disco donde se notaba la mano de Juan Campodónico y que algunos califican de "bisagra", porque le permitió a la banda proyectarse hacia afuera, sobre todo en Argentina, pero también en España y México, donde tenían seguidores desde siempre. Como dice Alejandra Pintos en su nota, con Raro llegaron los festivales, las giras, el éxito internacional y las nominaciones -que luego serían premios- a los Grammy latinos.
El personaje de la tapa -creado en photoshop a partir de elementos faciales de los cuatro históricos integrantes del grupo- ya anunciaba que allí había algo distinto. El espíritu estaba cambiando. Se alejaron del humor sexual y, manteniendo la ironía, construyeron un personaje más cercano, capaz de compartir su mirada y sus miserias. El sonido rockero de siempre se contagió de la verborragia del hip hop. Hubo quienes entendieron esta transformación como un viraje hacia un producto más comercial. Con las composiciones de Roberto Musso, el nuevo cóctel musical explotó. Yendo a la casa de Damián fue el hit indiscutido. Aún hoy lo es. Recuerdo cantarlo en el auto con mis hijos chicos, aprendiendo todas sus rimas y explicando algunas palabras que para ellos -por cuestiones generacionales- eran incomprensibles (léase corned beef, señor Spock o MTV). En casa, por esos años también fue un éxito repetido hasta el cansancio Pobre papá, aunque no es de mis favoritas. Considerándonos fans, nos enteramos de la salida de Ricky Musso y seguimos el recorrido de la banda con Bipolar y Porfiado. Además, tanto Cuarteto nos llevó a bucear hacia el pasado en la discografía de la banda, con hallazgos que nos hacían desternillar de risa como Andamio Pijuán, Manfredi o El putón del barrio, todos temas tan políticamente incorrectos como lúcidos.
La conexión absoluta volvió con Habla tu espejo, en 2014, y el tema No llora, con el que, quienes me conocen se imaginarán, lloré más de una vez. De hecho, prácticamente todas las veces que lo escucho.
Cuando se rían de ella por no actuar igual que otra gente Por pensar diferente y ser abierta de mente Y ellos desprecien lo que ella valora La nena los ignora, la nena no llora
No sé si irán al viento estas palabras Pero yo he escuchado al viento hablar Cuando no tenga a nadie cerca Y el dolor no la deje pensar Y si no están mis ojos para buscar respuestas No llora
El año pasado, a modo de regalo de cumpleaños, quise ir a verlos al Sodre. Aunque escuché y leí algunas críticas negativas, la experiencia de estar ante la banda irreverente pero ya madura en una sala como el Auditorio, me encantó. Es cierto que el pogo fue casi siempre tímido, pero ver esa mezcla de los seguidores de toda la vida con adolescentes y niños, me resultó fascinante. Creo que eso, de hecho, hace que una banda de música -como el Cuarteto de Nos o, volando aún más alto y yendo a sus referentes, The Beatles-trascienda en el tiempo y el espacio. Son la banda sonora de la vida, de las suyas y de las ajenas. Crecieron, sorprendieron, fracasaron, se reinventaron, cambiaron. Bancaron el éxito y las críticas negativas. Este jueves tenemos a dos de los grandes músicos que integran la banda, Roberto Musso y Santiago Marrero, en la tapa de galería. Es la primera vez que les hacemos una entrevista en profundidad y les dedicamos la tapa. La excusa es su nuevo disco, Jueves, pero la charla con ellos va más allá. Porque de eso se trata, de seguir estrenando hitos y sensaciones semana a semana.