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Empieza el mes de la moda, setiembre -sí, lo de semanas ya quedó corto-, y el mundo fashionista se alborota. Cada ciudad tiene su perfil -sea en Nueva York, París, Milán o Londres-, y cada marca y cada diseñador se esmera por mostrar su mejor cara: ser más vanguardistas que la vanguardia, romper moldes, dar que hablar, estar a la altura de lo que el fashion business indica. Hay modelos que se estrenan en la pasarela, hay consagradas, hay caras bonitas y no tanto, hay nombres que se repiten y que todo el mundo quiere ver, y después está Jennifer López, que merece una columna aparte. La cantidad de desfiles, de prendas, de fotos, de artículos y comentarios es abrumadora. En la nota que publicamos esta semana los números son más que elocuentes: a lo largo del mes hay más de cien desfiles, donde se pueden llegar a presentar más de 80 conjuntos sin superar los diez minutos de duración. Casi casi como si se tratara de historias de Instagram. Aunque hace tiempo que la industria de la moda intenta aplicar el "menos es más", cuando llega setiembre esta máxima parece quedar sin efecto. Con eso, justamente, ironizó Harling Ross, en el sitio especializado Man Repeller: "Las marcas tienen que hacer malabarismos para combinar la mentalidad del menos es más con el objetivo principal que está detrás de diseñar y producir ropa: vender mucho". Y sigue: "Hay un delicado equilibrio entre satisfacer los deseos del consumidor sin sacrificar la identidad de la marca y la constante batalla por el crecimiento comercial". Según Ross, este año Prada y Bottega Veneta son dos ejemplos -bien distintos entre sí- de cómo hacerlo bien. "En momentos como este, donde todo es exceso -demasiada moda, demasiadas prendas-, traté de trabajar para que el individuo fuera lo más importante", dijo Miuccia Prada a la prensa en el marco del desfile de su nueva colección. El conjunto con el que abrió la pasarela fue un claro ejemplo de lo que estaba hablando.
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En Uruguay, este tipo de discusiones/cuestionamientos se están empezando a dar, sobre todo a partir de la llegada de los gigantes del fast fashion, hoy ya instaladísimos en el mercado. Pero acá los procesos suelen ser más lentos y menos intensos. Algunos verán esa característica con pena; otros, con agradecimiento. Hace no tanto tiempo, las tiendas para comprar ropa se contaban con los dedos de una mano. Aquello del diseño de autor era una mezcla de rareza y utopía. Cuando en 2002 -crisis financiera mediante-, Ana Livni y Fernando Escuder abrieron su atelier de "moda lenta" en Ciudad Vieja fue toda una osadía. Después esa zona de la ciudad se convirtió en una suerte de reducto del diseño, más tarde fue polo gastronómico y hoy todavía se sigue transformando. Antes se hablaba de diseño de autor; ahora se habla de marcas de diseño. Muchas de ellas, por ejemplo, forman parte de eventos como Moweek, que desde hace tiempo tiene dos ediciones al año, la próxima el primer fin de semana de octubre. También empezaron a surgir proyectos sustentables, como el de Agustina Comas y sus prendas hechas a partir de reciclaje, o marcas inclusivas, sea con talles grandes o para personas con alguna discapacidad, como la iniciativa de la diseñadora Valentina de Llano y la economista Gabriela Poplavski, que llamaron Inclusive Factory. El año pasado, además, se publicó el primer tomo de una colección llamada Historia de la moda uruguaya: de 1985 a 2018, escrita por Magdalena Ponce de León y Ángela Rubino, una suerte de validación desde lo académico para una industria que se enciende mientras muchas se apagan.
Esta semana, a la hora de elegir la foto de tapa nos dimos cuenta de que las opciones eran muchas. Y que eso siempre sucedía cuando el tema de portada era la moda. Algunas gustaban más, otras menos, unas eran de vanguardia, otras provocadoras, otras clásicas. Al final, la apuesta fue reflejar el espíritu de la nota y del mes de la moda, donde uno de los conceptos más fuertes es que ya no hay una única tendencia. Y aunque no se trata del vale todo, prima la libertad de elegir el estilo que a cada uno lo haga sentirse mejor. Aquello de que lo que es moda no incomoda, no corre más.