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La muerte de Vázquez y el poder de los recuerdos

Las personas que nos marcaron -en lo personal, en lo político, en lo vocacional o en lo afectivo- de cierta forma no mueren nunca.

Las personas que nos marcaron -en lo personal, en lo político, en lo vocacional o en lo afectivo- de cierta forma no mueren nunca.

En mi casa, cuando el teléfono suena antes de las 7 de la mañana, nunca son buenas noticias. El domingo sonó a las 6.55 y no fue la excepción que confirma la regla. Había muerto Tabaré Vázquez. En un hogar de periodistas, eso también significa una larga jornada de trabajo. Solo tres minutos después en el grupo de WhatsApp de Galería ya teníamos un documento con el protocolo que su familia había armado para la despedida. No habría velorio, el cortejo partiría de Martinelli a las 13 horas, y al cementerio de La Teja solo entrarían la familia y los amigos más cercanos.

Más allá de lo esperable, la noticia fue impactante. Vázquez había dejado la presidencia solo nueve meses atrás y, en un año marcado por la pandemia, se lo había visto poco en público. La última entrevista en persona había sido hace algunas semanas, para el programa de televisión El legado, donde su deterioro físico ya era evidente.

No conocí personalmente ni entrevisté a Vázquez. En 2003, sin embargo, fue una de las tres figuras de mi tesis del Máster en Periodismo Internacional en Londres, sobre los outsiders de la política y el giro hacia la izquierda en América Latina. Esa investigación más académica y el trabajo periodístico lo volvieron un personaje cercano. El domingo, sentí que esa combinación entre el líder que hizo historia y el médico oncólogo se potenciaron. Sin ser presidente, gobernó en su despedida.

Dejó instrucciones claras y el pueblo uruguayo acató. En las calles, en las ceremonias, en los mensajes por televisión y redes sociales hubo, sobre todo, respeto y reconocimiento. En lo político, las diferencias quedaron guardadas en un cajón, primando los logros y la gratitud. En lo social, la gente entendió el mensaje sobre la necesidad de cuidarse como de quien venía, un médico. Y ese es otro de los aspectos más previsibles pero a la vez impactantes de la muerte del primer intendente de izquierda en Montevideo y dos veces presidente de la República: su plena conciencia de la llegada de la muerte. El domingo al mediodía, visiblemente emocionada, la senadora Lucía Topolansky, que ocupó la vicepresidencia durante el segundo mandato de Vázquez, recordó que el mismo día que comunicó su enfermedad al equipo de gobierno, le dijo: "Quedate tranquila que al 1o de marzo llego, y después me voy a morir".

El expresidente colorado Julio María Sanguinetti también contó que se refirió a un momento de leve mejoría como "una tregua" y en El legado dijo que estaba "mano a mano" con el cáncer. Años antes, también había advertido que sería nuevamente candidato a presidente por el Frente Amplio si "la biología" se lo permitía. Él, que había estudiado Medicina y se había convertido en oncólogo después de la muerte de sus padres y su hermana a causa de esta enfermedad, sabía de lo que hablaba.

En Galería Tabaré Vázquez fue tapa varias veces, una de ellas en 2011, a propósito de la edición de su libro Crónica de un mal amigo, en el que el médico y expresidente combinaba ambas facetas para hablar del cáncer a partir de casos que él atendió pero en tono de novela. En la entrevista que se le hizo se refería al cáncer de pulmón y lo distinguía de otros porque muchas veces no había "diagnóstico oportuno". Y remataba: "La conclusión es clara: si la gente que fuma no lo hace, va a haber una incidencia muy baja de este tumor, que prácticamente no se cura, pero que sí se puede evitar".

Hoy vuelve a tener la tapa, con una foto de su primera ceremonia de asunción, en marzo de 2005, apenas meses después de acuñar la famosa frase "Festejen, uruguayos, festejen", una de las tantas que ya son un clásico más allá de las banderas políticas. En la edición hay una crónica de los eventos del domingo escrita por Leonel García y un fotorreportaje que recorre su historia y, de alguna manera, la de la revista también.

En una carta de Danilo Astori que se difundió el lunes, el exministro de Economía en los dos gobiernos de Vázquez deja en palabras su despedida, aludiendo sobre todo a los años de trabajo juntos y a lo hondo del dolor de los uruguayos, frenteamplistas o no. "Es inevitable que en estos momentos desfilen por nuestra mente y nuestro corazón todas las experiencias que, al concentrarnos en nuestro fuero interno, viven como recuerdos que se aman. Es que amar es recordar", señala Astori. Me permito la libertad de invertir este concepto y decir que recordar es amar. Y que por eso las personas que nos marcaron -en lo personal, en lo político, en lo vocacional o en lo afectivo- de cierta forma no mueren nunca. 

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