Más allá de cómo esté conformada la familia y de las grandes conquistas en pos de la igualdad de género, siguen siendo las mujeres quienes, en gran medida, llevan adelante las tareas de organización y contención del hogar
Más allá de cómo esté conformada la familia y de las grandes conquistas en pos de la igualdad de género, siguen siendo las mujeres quienes, en gran medida, llevan adelante las tareas de organización y contención del hogar
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáA mi madre no le gustaban los festejos. A duras penas, cada 30 de diciembre, cuando cumplía años, organizábamos algo simbólico porque igual, al día siguiente, era fin de año y nos íbamos a juntar. Tampoco le gustaba armar reuniones multitudinarias, cualquiera fuera el motivo. En mis cumpleaños de la adolescencia, por ejemplo, no había papas chips; era arriesgar demasiado a que alguien se limpiara las manos en el sillón. Por esos mismos años, el Día de la Madre (y todos los días de...) no tenían tanta fuerza como hoy. Un almuerzo en familia, unas flores, quizá alguna pilcha y después ir a tomar el té con la abuela, como todos los domingos. Por lo pronto, Montevideo tenía un solo shopping y no existían los canales de venta online.
El domingo pasado, en medio del debate sobre si era o no el Día de la Madre, me acordé de ella un poco más de lo habitual. Originalmente, el Día de la Madre es el segundo domingo de mayo. Este año, cuando el coronavirus todavía no había puesto la vida en modo pausa, como el domingo 10 se iban a celebrar las elecciones municipales, el Día de la Madre ya se había reprogramado para el 17. Una vez en plena pandemia, la Cámara de Comercio resolvió correrlo para el 7 de junio, sobre todo pensando en que es una de las fechas con más ventas del año (en general, la segunda, luego de Navidad) y podía significar un buen impulso para reactivar la actividad comercial. Y para eso había que esperar que los locales, y sobre todo los shoppings, pudieran volver a abrir sus puertas. Eso fue lo que, en definitiva, hizo que unos días atrás la fecha se corriera una vez más, llegando al 14 de junio.
Desde que soy mamá, hace ya 16 años, me gusta celebrar ese día. No tanto por el regalo (aunque los que me conocen saben que me gusta recibir algo lindo), sino para hacer de ese domingo un día especial. En las últimas semanas vengo leyendo muchas reflexiones, comentarios y hasta chistes sobre el papel de la mujer/madre, a la que durante la cuarentena se le superpusieron varios roles: cocinera, limpiadora, maestra o profesora, madre y profesional. No ha sido fácil para las que se quedaron sin trabajo, están en seguro de paro o tuvieron que mantener sus tareas de modo remoto con la misma exigencia de siempre. Hay mucha incertidumbre, pero seguramente nadie salga intacto de esta experiencia.
Ya hay varios estudios que señalan que, a diferencia de crisis económicas anteriores y situaciones de recesión, esta pandemia va a tener más impacto en sectores con altas tasas de empleo femenino, como los servicios, la salud, las artes y la educación. Otros, como una encuesta realizada por la Kaiser Family Foundation, una organización estadounidense sin fines de lucro que estudia los principales problemas de atención médica que enfrenta ese país, asegura que son las mujeres las que más se preocupan por las consecuencias negativas del virus y toman mayores precauciones que los hombres frente al contagio. Según datos de la Unesco, 188 países cerraron sus centros educativos, dejando a 1.600 millones de estudiantes sin clases presenciales. Es decir, 91,3% de los alumnos a escala global está afectado. Así, un mismo espacio físico -el hogar- pasó a reunir 24/7 actividades y roles públicos y privados. De acuerdo a las encuestas de uso de tiempo de la Cepal, antes de la pandemia las mujeres de la región destinaban a las actividades de trabajo doméstico y de cuidado entre 23 y 42 horas a la semana. En Chile, donde ahora una encuesta midió exactamente eso, quedó en evidencia que las mujeres utilizan 5,8 horas al día en trabajo doméstico no remunerado, frente a 2 horas en el caso de los hombres.
Más allá de cómo esté conformada la familia -pareja con hijos, familias ensambladas, convivencia con amigos y varios etcéteras más- y más allá de las grandes conquistas en pos de la igualdad de género, siguen siendo las mujeres quienes, en gran medida, llevan adelante las tareas de organización y contención del hogar. Claro que también hay casos donde las rutinas se reparten y se hacen "en equipo", pero son los menos.
A todo eso, además, se le suma ese otro gran impacto de esta crisis: el incremento de la vulnerabilidad de las víctimas de violencia de género durante el confinamiento, una situación que también se dio en pandemias anteriores. En una nota que publicamos hace un par de semanas, la especialista en género Magdalena Furtado, de ONU Mujeres, lo explicaba así: "Esta emergencia es anterior al virus, pero ahora está amplificada. En la mayoría de los casos, la violencia es perpetrada por su pareja, expareja o está dentro del círculo cercano. Entonces, si pensamos en una situación de confinamiento, el riesgo es aun mayor porque están aisladas con ellos". Según datos de la Organización de las Naciones Unidas, solo en marzo, en Francia las llamadas por violencia doméstica se dispararon 30%, en Argentina 25% y en Uruguay se registró un incremento de las consultas de vecinos y familiares sobre cómo ayudar a las mujeres y los niños en esta situación.
La realidad está lejos de ser la ideal y combina los grandes temas (temores) existenciales, como la vida, la salud, el amor, la vocación, el futuro y la libertad. Por eso, mientras leo y recopilo cifras e informes, pienso en lo singular de ser mujer (y madre), en que las cosas pasan por y para algo. Somos especiales. ¿Quién más hace gimnasia mientras arma la lista mental de las compras? ¿Quién más aprovecha el rato bajo la ducha para pensar la cena? ¿Quién más está en la reunión virtual del trabajo mientras mece un cochecito? ¿Quién más se hace listas interminables que contemplan los pedidos de toda la familia? ¿Quién más aprende con igual interés el nombre del jugador estrella del Borussia Dortmund y cómo se aplica el primer al maquillarse? En las redes anda circulando una de esas imágenes con mensajes inspiradores que dice que Mujer Maravilla se escribe con M, de mujer y de mamá. Y algo de cierto hay.