¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
$ Al año*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
$ por 3 meses*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
stopper description + stopper description

Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

Suscribite a Búsqueda
DESDE

UYU

299

/mes*

* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

Las trampas del sexo casual

Editora Jefa de Galería

En el sexo, el dominio sigue siendo masculino. Y parece que todavía falta mucho para que eso cambie. No solamente porque aún en las generaciones jóvenes los hombres siguen teniendo actitudes de dominación, sino porque las mujeres siguen sometiéndose sin darse cuenta, sin saber que lo están haciendo. Posiblemente el ámbito de la intimidad sea uno de los últimos reductos donde se pueda lograr la igualdad de género, porque allí se precisa de la actitud firme y confrontativa de cada una de las mujeres en su momento más solitario y vulnerable, desnuda frente a un hombre. Porque sabemos que juntas se ha logrado mucho, pero solas, la lucha por detener la violencia del hombre hacia la mujer se hace muy difícil.

En este número publicamos un artículo escrito por Federica Chiarino a partir de una encuesta divulgada en marzo en España que revela cifras alarmantes sobre encuentros sexuales con hombres que las mujeres encuestadas conocieron a través de aplicaciones de citas: 57,9% se sintieron presionadas a tener relaciones sexuales, 40% sintió esa misma presión para acceder a prácticas de dominación sexual, 30% dijo que su pareja sexual continuó con una práctica después de manifestar dolor y deseo de parar, y 22% de las mujeres fue violada.

La primera discusión que se plantea en un grupo de personas cuando se lanza este tema es que “si estás en Tinder entonces es porque estás buscando tener sexo”. Esto puede ser así o no, muchas personas pueden estar buscando una pareja, conocer gente, relacionarse y el sexo puede venir después, si están las condiciones dadas. Y es acá donde está el punto de inflexión, si están las condiciones dadas, si las dos personas realmente lo quieren, y si lo quieren de la manera en que se está dando. Porque que la mujer esté sentada en el bar, bien arreglada y con una gran sonrisa no quiere decir que esa noche quiera tener sexo. Que incluso decida ir a la casa del chico o de ella con la clara posibilidad de tener sexo, no implica que después no tenga la libertad de cambiar de idea, seguramente porque no sienta química, porque el approach de él al encuentro sexual o el tipo de sexo que le guste a él no sea el mismo que el de ella, y eso solo se descubre una vez en la cancha. Por eso, ella nunca pierde el derecho a decir no, levantarse e irse.

Pero aquí está la otra pata del problema, ellas no se animan a hacer eso, sienten que si están allí tienen la obligación de seguir adelante, les guste o no, por esa actitud complaciente, conciliadora, de no quedar “como una loca”, preocupándose por lo que ellos vayan a pensar, cuando ellos no se preocupan por lo que a ellas les pasa y por lo que sienten.

Uno de los escollos más difíciles para resolver este problema es que en una gran proporción las mujeres ni siquiera logran identificar que lo que están viviendo o lo que les pasó es abuso y violencia. El estudio citado indica que 86,4% de las mujeres encuestadas negó haber sufrido algún tipo de violencia sexual en alguna cita mediada por una aplicación. Sin embargo, al indagar un poco más en las respuestas es cuando saltan las cifras citadas al principio. Esto es porque la gran mayoría de las mujeres asocia la violencia sexual con la violación cometida por un desconocido en un callejón oscuro, y no la reconocen en agresiones explícitas sufridas por ellas.

Cualquier actitud, conducta, acción o acto que sea en contra de la voluntad de la mujer implica violencia: desde sacarse el preservativo en medio de la relación sin el consentimiento de ella, hasta que él siga haciendo algo que a ella no le gusta, le duele y pide que pare, como en los dos ejemplos de las historias que Federica consultó para la nota.

Lo llamativo en ambos casos que presenta el artículo es que ninguna de las dos se animó a cortar definitivamente el vínculo, pretendieron seguir viéndose con esa persona, le escribieron, lo buscaron, como si cortar un vínculo después de haber tenido un encuentro sexual las hiciera sentir usadas o unas prostitutas. ¿Cuántas mujeres dejan de salir con un hombre porque no les gusta el sexo que tienen? Pocas, pues no parece ser un motivo suficientemente válido para una mujer, como si le gustara mucho el sexo y eso pueda ser algo vergonzoso. Tal vez aquí también puedan estar ejerciendo presión otros factores, como la necesidad o las ganas de tener un vínculo, u otros rasgos del hombre que lo hacían encantador y lo sexual queda supeditado a eso, como si fuera algo secundario, cuando en realidad lo que se juega allí habla mucho de la forma de ser de la persona. 

En este tema las mujeres tenemos muchas cosas que aprender. Reconocer cuándo el otro está haciendo algo que nosotros no queremos, entender que es motivo suficiente para sentirnos violentadas, abusadas, saber dar un portazo e irnos bien lejos. Tenemos el derecho de hacernos valer, en el sexo también. Porque no, siempre seguirá siendo no.