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En el
sexo, el dominio sigue siendo masculino.Y parece que todavía falta mucho para que eso cambie. No
solamente porque aún en las generaciones jóvenes los hombres siguen teniendo
actitudes de dominación, sino porque las mujeres siguen sometiéndose sin darse
cuenta, sin saber que lo están haciendo. Posiblemente el ámbito de la intimidad
sea uno de los últimos reductos donde se pueda lograr la igualdad de género,
porque allí se precisa de la actitud firme y confrontativa de cada una de las
mujeres en su momento más solitario y vulnerable, desnuda frente a un hombre.
Porque sabemos que juntas se ha logrado mucho, pero solas, la lucha por detener
la violencia del hombre hacia la mujer se hace muy difícil.
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En este
número publicamos un artículo escrito por Federica Chiarino a partir de una
encuesta divulgada en marzo en España que revela cifras alarmantes sobre
encuentros sexuales con hombres que las mujeres encuestadas conocieron a través
de aplicaciones de citas: 57,9% se sintieron presionadas a tener relaciones
sexuales, 40% sintió esa misma presión para acceder a prácticas de dominación
sexual, 30% dijo que su pareja sexual continuó con una práctica después de
manifestar dolor y deseo de parar, y 22% de las mujeres fue violada.
La primera
discusión que se plantea en un grupo de personas cuando se lanza este tema es
que “si estás en Tinder entonces es porque estás buscando tener sexo”. Esto
puede ser así o no, muchas personas pueden estar buscando una pareja, conocer
gente, relacionarse y el sexo puede venir después, si están las condiciones
dadas. Y es acá donde está el punto de inflexión, si están las condiciones
dadas, si las dos personas realmente lo quieren, y si lo quieren de la manera
en que se está dando. Porque que la mujer esté sentada en el bar, bien
arreglada y con una gran sonrisa no quiere decir que esa noche quiera tener
sexo. Que incluso decida ir a la casa del chico o de ella con la clara
posibilidad de tener sexo, no implica que después no tenga la libertad de
cambiar de idea, seguramente porque no sienta química, porque el approach
de él al encuentro sexual o el tipo de sexo que le guste a él no sea el mismo
que el de ella, y eso solo se descubre una vez en la cancha. Por eso, ella
nunca pierde el derecho a decir no, levantarse e irse.
Pero aquí está la otra pata del problema, ellas no se animan a hacer eso,
sienten que si están allí tienen la obligación de seguir adelante, les guste o
no, por esa actitud complaciente, conciliadora, de no quedar “como una loca”,
preocupándose por lo que ellos vayan a pensar, cuando ellos no se preocupan por
lo que a ellas les pasa y por lo que sienten.
Uno de los escollos más difíciles para resolver este problema es que en
una gran proporción las mujeres ni siquiera logran identificar que lo que están
viviendo o lo que les pasó es abuso y violencia. El estudio citado indica que
86,4% de las mujeres encuestadas negó haber sufrido algún tipo de violencia
sexual en alguna cita mediada por una aplicación. Sin embargo, al indagar un
poco más en las respuestas es cuando saltan las cifras citadas al principio.
Esto es porque la gran mayoría de las mujeres asocia la violencia sexual con la
violación cometida por un desconocido en un callejón oscuro, y no la reconocen
en agresiones explícitas sufridas por ellas.
Cualquier
actitud, conducta, acción o acto que sea en contra de la voluntad de la mujer
implica violencia: desde sacarse el preservativo en medio de la relación sin el
consentimiento de ella, hasta que él siga haciendo algo que a ella no le gusta,
le duele y pide que pare, como en los dos ejemplos de las historias que
Federica consultó para la nota.
Lo llamativo en ambos casos que presenta el artículo es que ninguna de
las dos se animó a cortar definitivamente el vínculo, pretendieron seguir
viéndose con esa persona, le escribieron, lo buscaron, como si cortar un
vínculo después de haber tenido un encuentro sexual las hiciera sentir usadas o
unas prostitutas. ¿Cuántas mujeres dejan de salir con un hombre porque no les
gusta el sexo que tienen? Pocas, pues no parece ser un motivo suficientemente
válido para una mujer, como si le gustara mucho el sexo y eso pueda ser algo
vergonzoso. Tal vez aquí también puedan estar ejerciendo presión otros
factores, como la necesidad o las ganas de tener un vínculo, u otros rasgos del
hombre que lo hacían encantador y lo sexual queda supeditado a eso, como si
fuera algo secundario, cuando en realidad lo que se juega allí habla mucho de
la forma de ser de la persona.
En este tema las mujeres
tenemos muchas cosas que aprender. Reconocer cuándo el otro está haciendo algo
que nosotros no queremos, entender que es motivo suficiente para sentirnos
violentadas, abusadas, saber dar un portazo e irnos bien lejos. Tenemos el
derecho de hacernos valer, en el sexo también. Porque no, siempre
seguirá siendo no.