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Sofía Rodríguez: “La maternidad es el mejor viaje que hice en mi vida”

La comunicadora y presentadora de televisión logró convertirse en madre de Borja a los 43 años, después de un largo camino de obstáculos, incertidumbre y vaivenes emocionales

Editora Jefa de Galería

Durante muchos años Sofía Rodríguez no encontraba la razón por la que no lograba ser madre. Lo venía intentando desde los 29 o 30 años. Se había sometido a todos los estudios médicos posibles y los resultados no daban respuestas. Tal vez por deformación profesional, la periodista y presentadora de televisión necesitaba saber el porqué, y no obtenerlo le causaba un fuerte estrés emocional. Después de muchos tratamientos de baja y de alta complejidad, después de empezar a soltar la esperanza de ser madre, después de llegar a un diagnóstico de endometriosis, enfermedad que nunca había figurado entre las sospechas de los médicos, lo que le provocó una fuerte sensación de ira y frustración, finalmente se animó a intentarlo una vez más, para nunca reprocharse que no había hecho todo lo posible. Ese último intento se llamó Borja, su hijo.

Hoy, a sus 44 años, disfruta de una maternidad que, asegura, le llegó en la mejor etapa, cuando se siente con aplomo, equilibrio y madurez, con la perspectiva que le da la vida para mirar las cosas desde otro lugar. Aunque debe luchar por no ser una madre aprensiva y tiene que hacer ejercicio para mantenerse en forma y poder seguirle el tren a un niño muy activo, estas exigencias no se comparan con la felicidad de vivir día a día el amor de una familia, y de sentir que la “Sofía madre le gana a todo el resto de las Sofías”.

Sofia Rodriguez ADR_1985

¿Cómo fue ser madre a los 43?

En mi caso particular fue muy emocionante, no solo por la edad, porque uno está más grande, más maduro; tampoco es que cuando sos más chico sos inconsciente, pero creo que vivir la vida hace que tomes conciencia de determinadas cosas. Pero claro, en mi caso, fue una maternidad recontra consciente por todo lo que luché y todo lo que me costó tener a mi hijo.

Entonces, no solo creo que la madurez o la adultez de los 40 fue un momento especial porque uno valora determinadas cosas que quizás de más joven no presta tanta atención o no tiene el foco ahí, sino que además tenía el plus emocional. Yo había cumplido con un sueño que estaba persiguiendo hacía muchos años. Entonces fue un milagro.

¿Cómo fue el proceso que viviste para llegar a ser madre? ¿Cómo fueron esos años?

Yo estuve muchísimos años intentando ser mamá a través de distintos tratamientos. Te diría que desde los 29, 30…

¿Ahí habías tomado la decisión de que querías ser madre?

Nunca fui de esas mujeres “Susanitas”, pero sí sabía que quería ser mamá. Era un objetivo en la vida, algo que quería, que iba a pasar. Ya desde ese momento y todos los años antes de que llegara Borja, yo siempre le decía a mamá: “Mirá, mamá, lo único que sé es que yo sé que voy a ser mamá. No sé cómo ni cuándo, pero…”. Cuando me escuchaba decírselo… no sé qué pensaría, porque nunca se lo pregunté, me quiero quedar con esa cuestión ahí sin responder, pero a veces pienso: ¿qué pensaría mamá en cada una de las etapas? ¿Lo logrará? ¿No lo logrará? ¿Está loca? Porque insiste, insiste y esto no sucede.

Y fue pasando el tiempo y no pasaba. Y bueno, de esto ya pasaron un montón de años, 15 van a ser este año. Empecé a estudiarme y en realidad no tenía ningún problema, todos los exámenes me daban bien. Me hice todos los exámenes que se pueden llegar a imaginar, y no había una respuesta. Creo que eso era lo que más me complicaba emocionalmente, porque no encontraba la razón. Y no tener respuestas es muy complejo porque es una incertidumbre constante durante mucho tiempo. También debe ser horrible que te digan “mirá, tenés X patología y esta es la razón por la cual no podés tener hijos”. No digo que eso no sea durísimo, por supuesto que sí. Pero, claro, cada uno habla de lo que vive. Creo que también, por una cuestión de forma de ser y hasta de formación profesional, la curiosidad, la necesidad de saber calaban muy fuerte en mí. Además uno ahí empieza con la típica: ¿por qué yo?, ¿por qué a mí? Y después volvés para atrás. Bueno, ¿por qué no? Si en realidad hay miles de mujeres en el mundo que les pasa lo mismo ¿Y por qué yo debería ser la excepción? También, en una sociedad en la que por lo menos mi generación fue criada con eso de que casi que quedar embarazada es una papa, porque si no te cuidas… Eso es lo que nos decían a nosotras de adolescentes. Después con el tiempo y con la información vas entendiendo que no todo es tan así. Igual hay que cuidarse, por supuesto, no quiero dar un mal mensaje. Pero lo tenía tan incorporado que cuando dejé de cuidarme pensé que iba a quedar embarazada. Y no era tan fácil, en algunos casos, claro. Ahí te vas enterando de que en realidad la tasa de embarazo natural tampoco es tan alta como creemos, de que hay muchas más personas, parejas, que tienen problemas para lograr el embarazo de lo que sabemos públicamente. Hoy se habla mucho más, pero en ese momento no se hablaba tanto.

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Entonces, tu intención de quedar embarazada no sucedía. ¿Hiciste muchos tratamientos?

Con baja complejidad, con alta complejidad, en Argentina, en Uruguay. Todo. Yo ya estaba en el proceso de aceptar que no iba a ser mamá como lo tenía preconcebido. Lo estaba trabajando en terapia eso de que capaz que mi rol en esta vida era otro, capaz que era maternar a Agus, la hija de Toba (el chef Tomás Bartesaghi, su pareja), que tiene su mamá, pero yo podía tener un rol así; capaz que era maternar a mis sobrinos; capaz que era desde otro lugar, porque uno materna desde muchos lugares. Aunque por supuesto que quien está buscando ser mamá no quiere maternar de otra manera, quiere maternar con su hijo. Un día Adriana da Silva me dijo una cosa que para mí fue muy reconfortante: “Mirá que vos maternás mucho más de lo que te imaginás y desde otros lugares, o sea, no es solo parir ser mamá”. Recuerdo hasta el día de hoy el abrazo, recuerdo ese momento y lo atesoro, porque fueron unas palabras que cayeron en el mejor momento para mí. Fue como un mimito. Y bueno, como que empecé a entender que capaz que era de otra manera.

¿Y cómo lo lograste finalmente?

Un día me despierto con un dolor abdominal que no me podía incorporar en la cama. Y ahí le digo a Toba “llevame al médico”. Después de un montón de estudios me dijeron que tenían sospecha de que era endometriosis, que la única manera de saberlo era hacerme una laparoscopía. Por supuesto, me la hice. Cuando me lo confirmaron fue un odio, recuerdo perfecto el sentimiento, acostada en la cama del hospital, se me caían las lágrimas. Viste cuando te querés levantar y destruir una habitación, o sea, la peor ira que puede tener una persona. Porque yo decía: ¿cómo puede ser que nadie pensó que quizás esto podría estar pasando? ¿Es difícil de diagnosticar? Sí —ahora justo salió la ley, gracias a Dios—, pero, bueno, por lo menos una sospecha. Me operaron, y me pudieron salvar los dos ovarios. Pero, imaginate, menos esperanza todavía. Me dijeron que podía volver, y a los seis meses estaba de vuelta en la misma situación. Me volví a hacer la laparoscopía, me sacaron el ovario izquierdo. Menos que menos.

Y bueno, ya estaba como siguiendo mi proceso de dar vuelta la página hasta que hubo un momento de cimbronazo familiar. Falleció el marido de mi mamá, que yo quise muchísimo, fue como un segundo papá. Y cuando hay sacudones, uno se empieza a replantear un montón de cosas. Ahí dije, bueno, como que estoy lista para de verdad soltar la esperanza de ser madre. Pero soy muy de la teoría…, no solo de la teoría, sino de la acción, de ir hasta el final para quedarme tranquila con que hice todo lo posible y que no me iba a quedar ningún reproche de que podía haber hecho tal cosa, ir un poquito más. Y bueno, por ese poquito más tenemos a Borja.

¿Naturalmente?

No, hice tratamiento.

¿Y cómo vivís la maternidad hoy?

Es el mejor viaje que hice en mi vida. Y es increíble, porque, obviamente, viví la mayor parte de mi vida no siendo madre, y es como que hoy no sé cómo era mi vida antes. Es un nivel de felicidad. Y no quiero romantizar porque primero reconozco que tengo mucha suerte, por muchas razones. Borja siempre fue un niño muy bueno, muy saludable, duerme. A eso se suma que Toba es un padrazo, entonces estamos muy repartidos. Y eso hace que el disfrute sea también el doble. Cuando Toba no está, cuando está de viaje, lo sufro, porque no estoy acostumbrada a hacerlo todo sola. Entonces, con esas salvedades de que soy muy afortunada, es lo más lindo que me pasó en la vida. La Sofía madre le gana a todo el resto de las Sofías. Que hay muchas.

¿En qué sentido le gana?

Y creo que es la mejor versión, con la que me siento más cómoda. En realidad me siento cómoda con todas, porque en eso soy muy honesta conmigo misma, cuando algo no me gusta, me corro. Es una condición. No estoy donde no quiero estar. Ese es un principio en la vida ya a esta altura. Entonces, me siento muy cómoda con todas las Sofías; todo lo que hago lo elijo porque tengo la fortuna de poder elegir. Pero la Sofía mamá es para mí la más divertida, la más amorosa, la que me llena, me completa. Y la Sofía familia, porque en realidad, sí, es Borja, pero es la familia que logramos. Para mí no hay mejor plan que irme de vacaciones nosotros cuatro.

¿Cómo definís la etapa en la que te llegó la maternidad finalmente?

Creo que en realidad me llegó en la mejor etapa porque me agarró con aplomo, producto, obviamente, de que uno va viviendo y aprendiendo, producto de terapia y de crecimiento personal, y profesional, por supuesto. Pero sin crecimiento personal no sé si se alcanza a hacer lo que uno quiere. Y también creo que a los 40 hay un cambio que no sé a qué se debe. No sé si es mental, de maduración, químico, del organismo, hormonal. No sé cuál es la explicación, que es como que la vida empieza a girar hacia otro lugar, o por lo menos yo lo siento así, y empezás a ver las cosas desde otro lugar. Como que quizás correr 24/7 tras una zanahoria no sé si está tan bueno. Sí, capaz que es el laburo de tu vida, yo no digo que no, pero ¿y el resto? Porque lo alcanzaste, fantástico, bárbaro, pero quizás todo lo que te perdiste, ¿realmente eso te iba a hacer tan feliz como para perderte de todo el resto?

Como que la edad te da perspectiva.

Sí, y es como que empezás a darles valor a determinadas cosas. Para mí tiene que haber un proceso químico o algo que lo explique, porque no es que me pasa a mí, creo que le pasa a muchas personas. A mí justo me tocó que ya había conocido a Toba, estábamos superbién, y perdí mis dos trabajos fijos, en la radio y en el canal. Me encantaba lo que hacía, no me arrepiento de nada, pero tenía una vida muy exigente, muy intensa. Y en una semana se terminaron los dos trabajos. Y en una familia en donde no hay tantos emprendedores, todos dependientes, yo quedé sin trabajo. Y mamá me decía “¡ay, hijita, qué vas a hacer!”. “Tranqui, mami, se va a solucionar”. Si me pongo a pensar en esa situación tres o cuatro años antes, creo que me hubiera quedado pelada de los nervios. Pero en ese momento dije “bueno, capaz que es un momento de estar más tranquila, de empezar a ver qué es lo que quiero hacer, en qué me gustaría laburar que no haya hecho”. Tenía una plata ahorrada, y en el peor escenario también estaba mi mamá, y soy totalmente consciente de ese privilegio. Pero increíblemente me empezaron a salir pila de laburos en redes, y me empecé a dar cuenta de que en realidad no era que ganaba mucho más en mis otros laburos. Y en ese momento pensé que me encantaría hacer un formato internacional. Unos meses después me llaman del canal y me proponen hacer La máscara. Todo se fue acomodando. Y yo ahí disfruté un montón de la libertad y de la independencia. Y eso me lo habilitó esa mirada de más 40.

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¿Cuáles creés que son los pros y los contras de ser madre a esta edad?

Bueno, entre los pros, para mí, está esta cuestión de la madurez que venía diciendo. Tengo unas amigas que me dicen que tengo que ver de no ser tan aprensiva y por suerte es algo que vengo llevando bien. En los pros creo que estoy en un nivel de equilibrio emocional muy lindo para poder disfrutar a Borja y también para poder transmitirle una vida equilibrada. Y como contra, a veces el físico no te acompaña. Yo soy muy activa, me siento rejoven, no me siento vieja para nada. Esto es como ir al boliche. Si vas al boliche a los 20, al día siguiente te sentís de una manera; si vas a los 30, de otra manera, y ya después de los 40, la remada al día siguiente es otra cosa. Esto es un poco igual. Los dos hacemos ejercicio, somos muy activos, Borja es un niño muy activo. O sea, realmente requiere de algo muy físico, él es un bebé grandote. Hay días que son las ocho de la noche y para mí son la una de la mañana, estoy agotada.

Y eso que entrenás y estás en buen estado físico como para seguirle el ritmo.

De a poco estoy volviendo a entrenar duro porque lo necesito, mi cuerpo lo necesita, Borja lo necesita, y no hay nada más lindo que salir a correr con él por el parque.

¿Cómo es tu día con él?

Bueno, yo tengo un temita con las rutinas. Soy medio estricta, aunque soy laxa cuando lo vale. Así como te digo que me encanta mi versión madre, a las 8, 8 y media se terminó el día con el niño y disfruto por mil la instancia de estar solos, en pareja, mirando tele, una serie, cenando, tomarnos una copa de vino charlando de cómo fue nuestro día. Soy muy respetuosa de los espacios adultos porque me parece que son fundamentales, que los necesitamos todos, y ni que hablar de una pareja, es fundamental. De hecho, muchas veces nos escapamos, dejamos a Borja con Cris (su niñera) y nos vamos de un día para otro para tener también nuestros momentos.

¿En algún momento la sociedad te hizo sentir que eras una madre grande, como, por ejemplo, en la medicina, que llaman madre añosa a las mujeres de determinada edad?

No, pero porque yo no me siento mayor. Además entiendo que yo estoy muy curtida por muchas cosas. Con el hecho de estar en la tele, uno se va curtiendo del ojo ajeno constante. Por suerte no he tenido problemas de hate ni nada de eso, pero siempre alguna cosa pasa. Y además es imposible que uno le guste a todo el mundo, hay gente a la que le gustás y hay gente a la que le parecés la peor, entonces ese trayecto hace que uno se curta mucho —o no, porque a algunos les afecta más— y que trabajes mucho en la autoestima. Yo sé que tengo una personalidad que si estoy tranquila y segura con lo que hago y de lo que quiero y lo que me hace feliz… En realidad, no hay nada más democrático que la tele, la radio o las redes: no te gusta, no lo mirás, es así de fácil, no hay nada impuesto. Ese background creo que a mí me ayuda un montón en muchas cosas. No soy una mujer que tiene temas con la edad, al revés, me siento muy bien. A veces me miro al espejo y digo “voy a cumplir 45”, y yo juro que tengo 35, no sé qué pasa (risas). Nunca tuve ese tema. Lo de madre añosa te lo dicen por una realidad biológica, porque a veces los critican mucho a los médicos, pero yo entiendo también que capaz que hay que allanar determinadas cosas: a partir de los 30 y algo los óvulos empiezan a envejecer, entonces es añoso desde el lugar biológico, desde la biografía interior; no es que sos una vieja, es una cuestión de biología.

¿Hay algo que quieras decir con respecto al Día de la Madre?

A mí siempre me gusta en el Día de la Madre mandar un fuerte abrazo a todas las mujeres que no pudieron aún, o que no van a poder ser madres porque tienen alguna complejidad, porque es un día muy doloroso. Yo lo viví. Empecé a disfrutar el Día de la Madre ahora, porque antes lo padecía, y eso es algo que no se visibiliza. Tampoco podemos estar siempre visibilizando todo, a veces queremos mostrar todo, y no es tan fácil. Pero ese sentimiento, que es muy difícil de describir, de querer ser mamá y no poder, es muy duro, y es como el día que queda más expuesto. Y hay muchas, muchas, muchas mujeres que ese día se van para afuera, se quedan encerradas en su casa, o lo quieren dormir, o no quieren que esté. Entonces, a todas esas mujeres siempre les mando un mensaje de amor y de cariño, y nunca les digo ya va a llegar, porque no sabemos si sí, pero ojalá; sí el deseo de que sea lo mejor para ellas, y que no están solas, que hay muchas mujeres que están en esto. Me gusta no olvidarme de ellas, porque es complejo, es complicado.

Muchas gracias.

A ti. Siempre lloro con esta parte.

Producción: Sofía Miranda Montero, Guillermina Servian Berois

Agradecemos a H&M, Mango y Plan Be por su colaboración en esta producción.