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Cómo humanizar un procedimiento quirúrgico
Una mujer aprieta los párpados de unos ojos que dejan salir lágrimas pesadas. Cargadas de emoción, de alivio, de felicidad. La mano de su pareja sostiene su cabeza y, sobre su pecho, el bebé que acaba de nacer se une a su llanto. Por las gorras, porque la mujer está completamente horizontal (la imagen está tomada desde arriba), y porque está rodeada de telas, se nota que se trató de un nacimiento por cesárea. Y, aunque se trata de un procedimiento quirúrgico mayor, la imagen no puede ser más humana.
La autora de esta foto es Deborah Elenter, quien trabaja como artista visual, fotógrafa y doula desde 2015. Este fue uno de sus más de 200 nacimientos documentados. Para ella, fotografiar cesáreas implica una responsabilidad mayor, ya que existen espacios estériles donde no se puede tocar nada y hay muchos profesionales dentro del block quirúrgico.
“Si bien la mujer está en general acostada, con los brazos abiertos, y hay un campo que tapa lo que está sucediendo del vientre para abajo, hay un espacio, sobre todo, si el ambiente es cuidado, si es respetado, donde la pareja puede conectar entre sí. Y cuando nace el bebé, si es entregado rápidamente a la mamá, puede haber conexión, puede haber mucha mucha emoción”, dijo Elenter a Galería.
La cesárea es una forma más de nacer. Pero no es un procedimiento que en ginecología se realice de rutina, sino que es una técnica a la que se recurre cuando el parto, por algún motivo vinculado con la madre o con el feto, presenta mayores riesgos. La cesárea, muchas veces, permite disminuir complicaciones. Sin embargo, cuesta imaginar “cómo humanizar un procedimiento en un block quirúrgico que es frío, que está lleno de gente”, reconoció la ginecóloga Claudia Torrado, quien destacó que todo procedimiento médico debería ser humanizado, lo que implica explicarle al paciente lo que sucede, y no olvidar que esa persona trae una carga emocional.
“Humanizar la cesárea significa que la paciente no deje de ser el centro porque sea un acto quirúrgico. Poder explicarle desde el primer momento a qué se va a exponer, qué es lo que va a suceder. Que sepa por qué los médicos hacemos lo que hacemos, cómo lo vamos a hacer y que el consentimiento informado no sea un mero acto legal”, resaltó la ginecóloga.
La paciente que se somete a una cesárea, por ley, tiene derecho a contar con un acompañante desde el primer momento en el block quirúrgico. Este acompañamiento es parte de esa humanización y, según Torrado, tiene resultados comprobados en la disminución de la ansiedad de la madre, pero también en el apego con el bebé y hasta en la lactancia.
Contacto piel con piel
En las cesáreas humanizadas se fomenta también el contacto piel con piel desde el primer momento, a pesar de estar establecidos los campos estériles. Incluso, en algunos casos, el recién nacido se prende a pecho por primera vez dentro del block mientras se termina la cirugía. Además, la madre y su acompañante están viendo al bebé todo el tiempo mientras le realizan los controles neonatales de rutina, lo limpian y lo visten. Todo esto se realiza justo al costado de la camilla en la que se realiza la cesárea. Si todo sale bien, la madre sale del block quirúrgico con su hijo en brazos y así llegan juntos a la habitación.
La presencia de una doula que brinde apoyo emocional y físico a la madre durante el trabajo de parto, el parto vaginal o la cesárea es una de las opciones disponibles para hacer de la experiencia del nacimiento algo mucho más humano. En el caso de Elenter, su cámara también contribuye a humanizar y normalizar situaciones que siguen siendo tabú. “A lo largo de la historia, el cuerpo de la mujer ha sido, de alguna manera, objeto de mucha censura. Y al traer una cámara a un nacimiento, lo que yo busco es darle visibilidad a un momento muy importante en la vida de una persona, en la vida del bebé que nace. Es un momento normal, natural: todos, de alguna manera u otra, nacimos”, dijo. Además, transmitir y difundir imágenes es una manera de informar a las familias para que puedan saber de antemano a qué se van a enfrentar cuando se les informa que su hijo nacerá por cesárea.
No todas las cesáreas ocurren de manera planificada o dejan demasiado tiempo para la planificación. En ocasiones, esta cirugía se realiza de emergencias, en situaciones graves o pérdida de salud fetal. Pero, en esos casos, también deben realizarse los mayores esfuerzos para “humanizar ese nacimiento”, según la postura de Torrado.
Siempre se tomará como prioridad la salud de la madre y su bebé. “A veces realmente no podemos tener ese contacto inicial piel a piel de inmediato porque, por ejemplo, es necesario hacer un procedimiento urgente con el recién nacido. Y no es falta de humanización, es que tenemos una situación de emergencia. Pero, incluso en esa situación, la madre va a estar viendo todo lo que está pasando, se le va a estar explicando todo, y su acompañante también puede estar participando. Eso no hay que entenderlo como una falta de humanización, sino como una necesidad mayor de bienestar”, aclaró la ginecóloga.
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Entre la preparación y el “miedo al fracaso”
Los cursos de preparación para el nacimiento que se dictan en sociedades médicas o en instituciones privadas están, en general, orientados a preparar a las mujeres, en cuerpo y mente, para el parto vaginal. Por un lado, si se tiene en cuenta el alto porcentaje de cesáreas que presenta Uruguay, no resulta difícil comprender que se incentive o se fomente este tipo de nacimiento. Sin embargo, no preparar a las mujeres para la eventualidad de una cesárea, no explicarles el procedimiento, siendo que más de la mitad de los nacimientos en la actualidad se realizan por esta vía, tampoco parece ser conveniente.
Es tan intenso a veces el hincapié en el parto vaginal, la celebración del acto de parir y las lluvias de elogios a las pacientes que lo logran que, aquellas que no, a veces sufren una sensación de fracaso o desilusión. “Hay una presión social importante por el hecho de parir, que antes también incluso la había hasta de parir sin analgesia”, dijo Torrado. “No hay que vivirlo como un fracaso, es una forma más de nacer, sos igual mamá que las otras que tuvieron partos, y que las que tuvieron partos con dolor”, añadió.
A veces, la humanización está dada en el momento del nacimiento, sea por parto vaginal o por cesárea. Pero, al llegar al hogar con un recién nacido, sobre todo si la mujer es madre primeriza, el sentimiento muchas veces es de desolación. Ya no hay un equipo médico a un botón de distancia para brindar ayuda o resolver cualquier duda. Y el puerperio es entendido por muchos profesionales como el “cuarto trimestre”, en una especie de continuación de los tres trimestres que dura el embarazo. Esto porque se trata de un momento explosivo en cuanto a cambios hormonales, emocionales y también físicos.
A todo esto se suma, si el nacimiento se produjo por cesárea, una recuperación que tiende a ser más lenta y dolorosa. Tras una cirugía abdominal mayor, la mujer debe atender a un bebé que depende de ella. En ese período, el personal de salud también puede detectar, en los controles médicos, signos de depresión posparto. Puede consultar si la madre cuenta con una red de contención, con apoyo familiar o de pareja. “Nosotros (los médicos) tenemos que estar atentos a todo eso”, advirtió Torrado.
“Hay un equipo de salud mental que le hace seguimiento fundamentalmente a las mamás primerizas, en el hospital y también al alta. Eso es una pauta ministerial para detectar elementos de alarma en salud mental”, añadió la ginecóloga.
Cesáreas, tema de preocupación
Si bien Uruguay ha registrado grandes avances en humanización del parto, la cesárea y la medicina en general en los últimos años, siempre quedan cosas por mejorar. El de las cesáreas es tema de preocupación y conversación frecuente en reuniones de autoridades de la salud, en la interna de los centros asistenciales y ateneos médicos. El objetivo de reducir el porcentaje de cesáreas está siempre presente y, aunque aún no se ven resultados, mucha gente trabaja para ello.
De su experiencia de acompañamiento de nacimientos, Elenter concluyó que una de las tantas causas del aumento sostenido de cesáreas es que “estamos en una cultura de la inmediatez, de querer todo ya, de poder coordinar, de tener certezas. Y la realidad es que el trabajo de parto y el parto son todo lo contrario: implican incertidumbre —de cuándo empieza, cuánto dura—, espera, procesos distintos en cada caso. Entonces hay una tensión entre esa lógica cultural y lo que requiere un nacimiento, tanto para la mujer como para el personal que lo asiste”.
Otra causa probable para la doula y fotógrafa es que el rol de las parteras en el último tiempo se ha visto un poco relegado. En muchas mutualistas y hospitales quedan en un lugar de asistencia al ginecólogo y controlan el trabajo de parto, cuando históricamente eran quienes asistían los nacimientos y tienen una formación específica para ello. “Ese corrimiento creo que también impacta en los resultados preocupantes que estamos viendo hoy en día”, opinó Elenter.
La doula se refirió también a una “desconexión con el cuerpo” y una pérdida de confianza en la capacidad de parir. “He visto transformaciones impresionantes en mujeres al transitar una buena preparación para el nacimiento. Por eso recomiendo firmemente realizar un buen curso de preparación durante la gestación, para llegar con información y las herramientas necesarias al momento del nacimiento”, dijo.
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Deborah Elenter en su exposición Herida, en la Nueva Congregación Israelita (NCI) de Montevideo.
Nacimientos que son arte
Como forma de exponer su arte, informar y también aportar un granito de arena en esto de la humanización y el hablar de parir sin tabúes, Elenter suele exponer algunas de sus fotografías en muestras de acceso público. En esta ocasión, la doula y fotógrafa presenta Herida, su segunda exposición, con la curaduría de Catalina Bunge, que inauguró el 23 de abril en la Nueva Congregación Israelita de Montevideo (NCI).
La muestra propone una mirada crítica sobre el parto como experiencia social, médica y cultural. A través de una serie de instalaciones, tensiona los modos en que el nacimiento ha sido históricamente construido y hace visible aquello que suele quedar fuera de los discursos hegemónicos.
Uno de los ejes centrales es la revalorización de la placenta, presentada como una metáfora de lo oculto, lo descartado y los tabúes que aún rodean al cuerpo y la experiencia de parir. “Es un órgano que se desarrolla dentro del útero solo durante la gestación y es fundamental para la vida y la salud del bebé y de la madre. Nace el bebé, luego se expulsa la placenta, y en general es desechada”, explica la artista, que la aborda como símbolo de aquello que se relega o invisibiliza.
La muestra incluye, además, una instalación de rostros que captura los gestos únicos de mujeres en trabajo de parto —para subrayar la singularidad de cada experiencia— y una serie de pizarrones de estética clínica con datos sobre el aumento de cesáreas en Uruguay, en los que la palabra puérpera aparece como signo de la reducción de la mujer a una categoría funcional dentro del lenguaje médico.
Desde una perspectiva crítica, Herida invita a repensar las formas en las que los cuerpos han sido regulados, nombrados y representados, poniendo en diálogo la experiencia íntima del parto con estructuras sociales más amplias. En esa línea, también propone una revisión personal: muchas mujeres, señala Elenter, se sorprenden de no haber visto su propia placenta al momento de parir, una ausencia que abre preguntas sobre cómo se construyen esas vivencias.
Como parte de la propuesta, se realizará el conversatorio “La belleza de parir”, el jueves 28 de mayo a las 18.30 horas, también en la NCI, con una duración de una hora y media, dirigido a público adulto (especialmente mujeres embarazadas). La inscripción puede realizarse a través de un formulario disponible en la cuenta de Instagram de la fotógrafa: @deborah_elenter.