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Los golpes de la pandemia

La muerte de Andrés -prematura, inesperada y dura, como se dijo o escribió por estos días- llega en el peor momento de la pandemia como una especie de bofetada de realidad

La muerte de Andrés -prematura, inesperada y dura, como se dijo o escribió por estos días- llega en el peor momento de la pandemia como una especie de bofetada de realidad

La noticia de la muerte de Andrés Abt, el viernes de noche, fue una puñalada en el pecho. Todas las muertes lo son, pero esta un poco más. Quizá porque todos los que lo conocimos, desde lo personal, lo profesional o lo público, lo veíamos como un ser lleno de vida. No tenía una amistad con Andrés, pero lo conocía desde hace muchos años, más de 20. Nos cruzamos allá por 1995 en un proyecto de la colectividad judía llamado Delirium, que consistió en transformar una sinagoga abandonada sobre la calle San Salvador en un espacio social y cultural para los jóvenes de la comunidad. Finalmente, lo que mejor funcionó fue una discoteca donde se hacían fiestas que marcaron una época. Hasta allí llegó Andrés invitado por alguien, como llegamos todos para formar un grupo heterogéneo y rico. Por estos días me enteré de que ya en aquel entonces militaba en el  Partido Nacional. Y, ahora que lo pienso, se notaba. Era una persona llena de energía y de ideas, con ganas de ir para adelante y concretar. Durante algunos años le perdí el rastro y me lo volví a cruzar ya desde otro lugar,
yo como periodista y él como candidato a alcalde del municipio CH, zona amplia donde pese a las idas y vueltas de la vida siempre vivimos los dos. Lo veía en su sede sobre la calle Ellauri, en actos callejeros, en notas en la prensa y los informativos. Contra el pronóstico de muchos, ganó. Y lo volvió a hacer en 2020.

Hace unos años, en Galería le hicimos la entrevista que todas las semanas sale en la última página de la revista. En esa charla Andrés contaba cuánto podía demorar cuando iba solo al supermercado por ponerse a charlar con los vecinos, su historia con el waterpolo y su gusto por la natación, hablaba sobre su grupo de amigos de toda la vida, con los que se seguía juntando cada 15 días, sobre sus rutinas en Villa Biarritz, su barrio de siempre, y sobre por qué había elegido vivir en el mismo apartamento donde había crecido él, y ahora veía jugar a su hijo Felipe. Ese dato me quedó grabado como esas pinceladas que hacen a un personaje y su esencia, que hablan de una sensibilidad y de una forma de encarar la vida. "Me parece espectacular criar a mi hijo en el mismo lugar donde yo me crie. Es vivir en el túnel del tiempo. Mi hijo duerme en mi cuarto y le cuento que ahí fue donde yo jugaba a la pelota. Bajo y están los mismos vecinos. El parque es el mismo en el que jugué yo. Me encanta disfrutarlo así", contaba. Hoy, en nuestra sección de Hall publicamos una foto de uno de esos amigos, Marcelo Singer, fotógrafo conocido como Ojo de Pájaro, que muestra el adiós ciudadano en las letras de Montevideo, en Kibón.

La muerte de Andrés -prematura, inesperada y dura, como se dijo o escribió por estos días- llega en el peor momento de la pandemia como una especie de bofetada de realidad. Uruguay está registrando los picos máximos de casos activos, internados en CTI y fallecidos. Llegaron las vacunas, que no es poco. Cada vez hay más herramientas para lograr el control de la situación. Pero todavía falta tiempo y sigue faltando conciencia.

Soy de las que creen que los periodistas no deben tomar partido públicamente ante ninguna situación. No lo suelo hacer, y eso les transmito a las nuevas generaciones con las que trabajo todos los días. Prefiero que seamos imparciales, pero reconozco que no podemos ser 100% objetivos, pues somos seres humanos que miramos, sentimos, elegimos, escribimos o hablamos desde una subjetividad. Lo que le pasó a Andrés es la demostración de que el coronavirus nos puede matar a todos. Ni ser joven, ni ser sano, ni ser deportista, ni ser querido te salva. Lo que nos queda es ser conscientes, respetar las medidas, minimizar los contactos y tomar las oportunidades de cuidados que se nos presentan.

Mientras escribo esta columna, el país entero está a la espera de la conferencia del presidente Luis Lacalle Pou y se especula, sobre todo, con las medidas que puedan afectar la educación y el comercio. Previo al Consejo de Ministros, el Grupo Asesor Científico Honorario emitió un comunicado en el que afirma que es "esencial" tomar medidas que restrinjan la movilidad para contener el último aumento de casos de coronavirus. Y volvió a hacer énfasis en que mantener el conjunto de medidas de intervención no farmacológicas -léase, el uso de tabapocas y alcohol en gel, y el distanciamiento social- sigue siendo fundamental. Hoy, no tengo dudas, el camino es ese.

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