Los libros que hablan de nosotros

¿Qué hace que un libro entre en la categoría de favorito para una persona? Categoría que, claramente, estará conformada de manera única e irrepetible, casi como una huella dactilar. Quizás allí esté parte de la respuesta. Un libro será favorito para alguien según cómo actúe el texto frente a todos los componentes de su personalidad. Si lo cautivó o no, no dependerá simplemente de su gusto. O se puede decir que su gusto estará marcado por los temas y las formas que resuenan en él o en ella en el momento de la lectura. La sensibilidad con la que están escritas las escenas y los diálogos, el desarrollo de los hechos, las características de los protagonistas serán más atractivos cuando tocan ciertas fibras del lector, la gran mayoría de ellas inconscientes. ¿Cuántas veces uno se encuentra preguntándose por qué le gusta tanto algo? Seguramente haya una razón enterrada en lo profundo del ser que vibra fuerte con eso que aparentemente puede parecer ajeno. Es decir que, probablemente, la cantidad de puntos de contacto que tiene esa historia con la propia, en sus distintas capas, es lo que hace que ese libro caiga en la lista de favoritos. 

Estos libros se convertirán luego en aquellos que pasado el tiempo siguen ahí, para volver a ellos cada tanto. Surgen de la nada en ciertas ocasiones para ayudarnos a reflexionar y muchas veces revivimos ciertos pasajes que quedaron presentes en la memoria. A la actriz Florencia Zabaleta le pasó con Las primas, de Aurora Venturini. Dice que lo leyó y no lo olvidó más, se quedó con ella.    

En este número de la revista celebramos el Día del Libro preguntándoles a varias figuras de diferentes ámbitos cuál fue su libro favorito del último año. En sus respuestas no solo encontramos valiosas recomendaciones, de esas que, como las hacen con tanto fervor, nos provocan querer salir corriendo a comprar el libro, sino también formas de acercarse a la literatura y al acto de leer. 

Facundo Macchi habla, citando a la escritora Valeria Luiselli, de eso que nos pasa cuando un texto nos impacta, y tenemos que alejar la vista de las páginas, mirar lejos y procesar por unos minutos lo que acabamos de leer. Necesitamos un momento para reflexionar, deducir, asimilar, procesar, incorporar, hacerlo propio, maravillados por la capacidad que tuvo el autor para generar tal efecto en nosotros.        

En varios de estos testimonios las recomendaciones juegan un papel importante, esas hechas por amigos, por gente que nos conoce, que sabe de nuestras obsesiones y entiende que cierta lectura nos puede ser útil o simplemente entretener; puede reafirmar un gusto, un interés, una conducta o hacernos descubrir algo nuevo que nos fascina.

Luego están las tramas, esas historias que resultan fascinantes para el que decidió que ese va a ser uno de sus libros favoritos. Esa seducción que ejercen se puede dar por dos razones contrapuestas: la de ser historias de personas muy diferentes a quien las lee —seguramente si se indaga aparecerán elementos comunes a ambas—  o demasiado parecidas, y entonces que el lector se sienta identificado o atraído por el conocimiento que tiene sobre el tema.

Más allá de los motivos por los que un libro termine en la lista de los favoritos de una persona, la búsqueda por encontrar esas páginas que lo sumerjan en la magia de la lectura, que lo transporten a otros universos, que lo nutran de nuevos conocimientos, que le provoquen fantasías o lo iluminen sobre alguna cuestión personal con la que esté lidiando, es una aventura muy disfrutable por distintos caminos, hasta encontrar el mejor. El mejor para ese tiempo, para ese estado de ánimo, para esa circunstancia, para quien sea en ese momento. Por suerte, siempre vendrán nuevos mejores que se irán sumando a la lista, hasta el fin de los días.