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No es un simple juguete

Editora Jefa de Galería

La muñeca Barbie es uno de los mayores inventos de la industria de los juguetes en el mundo. Su llegada a los hogares revolucionó la infancia de las niñas. Tanto porque las tenían como porque no. Es impresionante el poder que puede llegar a tener un simple juguete. O por lo menos esto fue lo que consiguió esta muñeca, la primera con imagen de mujer y no de bebé, con un cuerpo delgadísimo, cinturita de avispa, piernas eternas y larga cabellera rubia platinada; el prototipo de una belleza inalcanzable.

La gran conquista de Mattel, la empresa creadora de la muñeca, fue lograr convertirla en un objeto de deseo. Allí empezó uno de los sufrimientos de las niñas: alcanzarla, lograr tener una. Era un juguete caro. Muchas niñas tenían varias; algunas llegaban a tener toda la colección; otras, después de tanto insistir a los padres se hacían de una, y algunas otras no tuvieron ninguna (hablando de la original, porque copias siempre hubo y de todos los precios).

Esta situación de desigualdad entre amigas del barrio o compañeras de clase, además de provocar ciertas peleas, competencias y malos entendidos, generaba los primeros sentimientos de frustración en quienes que no tenían lo que querían. Lecciones tempranas de la vida.

No obstante, otro aspecto en el que este juguete llegó a tener un gran poder refiere al concepto de la belleza hegemónica, sus cánones y la autoestima de las niñas.

Mientras las madres de las décadas de los 80 y 90 en Uruguay solo se preocupaban por el precio de la siguiente Barbie que la niña pedía de regalo para su cumpleaños, las madres del siglo xxi empezaron a detenerse un paso antes y a pensar qué carga traía esa muñeca tan perfectamente bella.

Fue entonces cuando la muñeca estuvo a punto de caer en desgracia, tuvo una crisis existencial que recién ahora, en 2023, una película sale a contar. El de ser perfecta.

Con el avance de los conceptos feministas de la belleza real, la diversidad de cuerpos, la lucha contra los estereotipos, Barbie había quedado presa de una lógica que estaba siendo cuestionada y corría serios riesgos de pasar al olvido, o por lo menos de perder su fama y su lugar de poder en los estantes de las jugueterías.

Ni corta ni perezosa, la industria observó y entendió que debía volver a conquistar ya no a las niñas, que jamás se desencantaron de la bella muñeca, sino a las madres que tomaban la decisión de seguir comprándola.

Entonces Barbie evolucionó, aceptando el desafío que impuso el espíritu del tiempo. Empezaron a aparecer Barbies de profesiones que antes estaban pensadas siempre para hombres, como Barbie científica, exploradora, ejecutiva, futbolista, oficial de la Fuerza Aérea; junto con el lema “Para inspirar a la siguiente generación”. También se fabricaron Barbies de diferentes etnias, con tonos de piel y de pelo diferentes. Y en esta línea de crear modelos con mayor diversidad y mucho más realistas, Mattel presentó la primera Barbie con síndrome de Down, con rasgos propios de las personas con esta condición.

Lo cierto es que Barbie fue tomando cada vez más fuerza, se convirtió en un ícono de la moda; el color rosa hoy hace furor en el mundo, entre diseñadores, músicos, actrices y todo el ambiente glamoroso de las celebridades. Porque si algo tiene Barbie es glamour.

Y en ese tren nos subimos para homenajear a esta estrella del entretenimiento a propósito del estreno de su última película; e invitamos a cinco mujeres conocidas del medio a que jueguen a ser Barbie, en una producción en la que se supieron divertir en modo rosado.

Más allá de que de niñas hayan elegido jugar con esta muñeca o no, cada una tiene un recuerdo o idea formada con respecto al universo Barbie. “Hoy soy lo que quiero ser”, dice Sofía Muñoz, adaptando el lema de Barbie “Tú puedes ser lo que quieras ser”, y recuerda que jugaba con la muñeca que hacía tortas y pasteles. Morena Ferreira fue feliz cuando pudo tener una Barbie, pero hoy le reclama diversidad de cuerpos, sexualidades e identidades, que está segura llegarán en un futuro. Y fue con ese mismo lema que Valeria Bonet comenzó a identificarse con Barbie fashionista, superando la barrera que sentía por el estándar de belleza y corporalidad único que contribuía a la baja autoestima.

En resumen, Barbie no fue un simple juguete, implicó, representó y provocó muchas cosas a lo largo de las décadas, pero supo ir evolucionando con los tiempos y hoy sigue vigente, porque todas las mujeres pueden ser Barbie.