Sobre la brecha de apareamiento

Hace tiempo que sabemos que mujeres y hombres venimos andando caminos diferentes, pero constatar que en ciertos momentos esos caminos son paralelos, no se tocan, no se cruzan, resulta un poco desalentador, inquietante. 

En el número pasado de la revista publicamos un artículo escrito por María Inés Fiordelmondo sobre un estudio de la Universidad de Yale que revela que las mujeres heterosexuales postergan la maternidad por la dificultad que tienen de dar con un hombre adecuado que quiera lo mismo que ellas, con el cual planificar un proyecto de familia. Y, aunque carecemos de estudios, en Uruguay los especialistas identifican un patrón similar. La nota plantea varias razones que se esgrimen para explicar este problema. Una es el desfase­ que viene creciendo en cuanto al nivel educativo. Las mujeres superan a los hombres en educación superior en un 60% de los países, según datos del Banco Mundial. En Uruguay, en 2018 egresaron de la Udelar 78% de mujeres, contra 21% de hombres, y en los posgrados de la Facultad de Derecho la cifra fue de 88% y 12%, respectivamente. 

¿Qué sucede con esto? Varias cosas: las mujeres prefieren hombres que estén a la par, pero, incluso si esto no representa una barrera para ellas, son ellos los que se sienten intimidados por el éxito de ellas. Un extremo sucede en China, donde las mujeres de más de 27 años con alto nivel educativo no son tenidas en cuenta para formar una pareja heterosexual porque sobresalen más de lo esperado y los hombres se sienten amenazados ante su rendimiento; las llaman “mujeres sobrantes”.

Otro motivo de esa “brecha de apareamiento”, como lo define la antropóloga autora del estudio, es que sin reloj biológico, los hombres tienden a formar una pareja estable entre los 40 y los 50 años sin sacrificar la paternidad. Acá nos enfrentamos a una situación un tanto desigual. La pareja de ese hombre seguramente deba ser más joven que él para estar en su plena etapa reproductiva o, si es de su misma generación, seguramente debe haber tenido que congelar óvulos para poder lograr un embarazo. De todas formas, incluso si la biología se los permite, enfrentar la maternidad/paternidad a esa altura de la vida puede costar un poco caro en cuanto a las reservas de energía, dedicación y paciencia con la que hombres y mujeres deben contar para criar hijos. Y aquí surge un nuevo obstáculo: entre los especialistas se detecta que aún los hombres no están demasiado dispuestos a compartir las tareas de cuidado.

Dicho todo esto, parece imperioso conocer más en profundidad sobre qué es lo que opinan y sienten realmente los hombres. Pues así como la medicina está en deuda con las mujeres, cuyo cuerpo no ha sido objeto de estudio suficiente en las últimas décadas, y recién ahora se están conociendo trastornos, patologías y tratamientos que curan sus enfermedades y mejoran su calidad de vida, parece que la psicología tiene un debe con los hombres, porque bastante poco sabemos sobre qué viene sucediendo en su psiquis en estos tiempos de tantos cambios y reordenamientos sociales. De las mujeres sabemos más porque ellas en general hablan más de lo que les pasa, y aunque muchos temas son difíciles y hasta implican un tabú, igualmente investigadoras, autoras, especialistas publican trabajos que van haciendo camino en el conocimiento de las mentes femeninas. Sin embargo, son pocas las publicaciones referidas a lo que les pasa a los hombres en este sentido.

Tanto en el número pasado como en este, por la cercanía con el Día de la Madre, venimos trabajando sobre temas relacionados con la mujer y en particular con la maternidad, que han ido develando tendencias, estudios y enfoques psicológicos y sociológicos. Resta ahora escuchar la otra campana. 

Desde estas páginas nos comprometemos a investigar para encontrar trabajos que echen luz a la psicología masculina de hoy, por qué los hombres toman las decisiones que toman, cómo se sienten respecto a las mujeres, cuál es su postura hacia la paternidad, qué quieren para sus vidas, cómo se colocan en el nuevo tablero de la sociedad del siglo XXI. Queremos saber.