Una columna sobre cuarentena, soledad e hiperconexión
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo es la primera vez que escribo sobre la soledad. Es que el tema se presta tanto para horas de terapia, charlas introspectivas como, por supuesto, para notas periodísticas. La soledad, uno de los grandes dilemas existenciales y tan asociada a la vejez, tiene mala fama. Y eso suele despertar la curiosidad.
Sin embargo, no siempre es negativa. Más allá o más acá en el tiempo, en eso hay coincidencia: estar solo no es un problema siempre y cuando sea un estado de ánimo pasajero o una situación elegida. Por eso, en época de cuarentenas -voluntarias u obligatorias- y aislamiento social el concepto cobra un nuevo significado. Esa situación de soledad momentánea o escogida tiene incluso un nombre propio que la define y diferencia del resto: solitud.
Con la explosión del contacto virtual y las redes funcionando a toda máquina, circulan a diario chistes, memes y viñetas que se refieren al tema. Uno de ellos, bastante cercano a la realidad, bromea con que quienes están solos quieren estar acompañados y quienes están acompañados darían todo por un rato en soledad.
En la nota que publicamos en este número, la psicóloga Lorena Estefanell dice una frase sencilla pero clarísima: "Todo es bueno en su justa medida y demasiado de algo bueno, en psicología, puede ser una experiencia tóxica". Y acto seguido explica que la soledad tiene "un valor riquísimo" para que se desarrollen en el individuo un montón de procesos, como el autoconocimiento, la creatividad o la reflexión, pero que dependerá de cuánto se extienda en el tiempo si se transforma en una situación patológica o saludable. Para mucha gente alrededor del mundo, un mes ya fue más que suficiente; y empiezan a aparecer los coletazos menos evidentes pero no por eso menos importantes de la pandemia: ansiedad, angustia y estrés, por nombrar los más frecuentes.
En Nueva York, una de las ciudades más afectadas por el Covid-19, el gobernador Andrew Cuomo reconoció que las personas estaban "luchando con las emociones" tanto como con la economía. En varios países, y Uruguay no fue la excepción, surgieron herramientas para enfrentar esta otra enfermedad. Un grupo de psicólogos desarrolló la aplicación Tu Terapia, generando una plataforma para que cualquier persona pueda acceder a terapia de manera online y sin costo. "Dicen que el miedo es el segundo contagio más importante que está teniendo la sociedad desde la emergencia sanitaria provocada por el Covid-19. La ansiedad de quedarnos en casa, la incertidumbre de no saber qué va a pasar con nosotros o con nuestra familia a veces pueden ser una amenaza interna tan problemática como el propio coronavirus", decía una suerte de carta de presentación.
La sensación de soledad no distingue nacionalidad, género ni edad. Y si bien es cierto que los más jóvenes pueden sentirla menos gracias al uso -para ellos habitual- de los recursos tecnológicos, está más que probado que nada sustituye al contacto cara a cara. En la interacción real (no virtual) juegan los gestos, las posturas y hasta las reacciones químicas, como la oxitocina -no en vano conocida como la hormona de la felicidad- que se libera cuando uno hace o dice cosas que disfruta.
Hoy estamos viviendo una situación excepcional, una especie de prueba que lleva al ser social, que todos tenemos dentro, al extremo. A falta de besos y abrazos, asados en familia, pies en el pasto o cumpleaños multitudinarios, las cosas importantes de la vida parecen más nítidas. El concepto base, ese que se aplica a la soledad y a tantas cosas más, es universal: todo es mejor cuando se puede elegir.