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10.000 personas financian el próximo proyecto de Diego Peretti

La Comunidad Orsai invirtió casi dos millones de dólares en La muerte de un comediante, el primer filme como director del actor argentino

Editora de Galería

Los créditos de La muerte de un comediante van a ser largos. Pero muy largos. Solo de coproductores incluirán, exactamente, 10.116 nombres. Tantos nombres son que exceden el límite impuesto por el portal IMDb (Internet Movie Database) para su sección de equipo técnico. Cada uno de esos coproductores se ganó su lugar en los créditos y su voz en el proceso creativo de la película con un aporte mínimo de 50 dólares. Ese fue el precio de cada bono del Peretti Project, de los que se terminaron vendiendo 37.289 entre setiembre de 2022 y marzo de este año, reuniendo un total de 1.864.450 dólares.

Diego Peretti es sinónimo de éxito de taquilla, y en La muerte de un comediante su participación es doble: la protagoniza y debuta como director. Si la ecuación se multiplica por dos, y el interés de los exhibidores también, los coproductores recuperarán bastante más que su inversión inicial.

El modelo de producción, definido como un “sistema autogestivo en el que cualquiera puede convertirse en socio productor de proyectos audiovisuales”, es tan innovador como simple, y está inspirado en la misma estrategia que Hernán Casciari, escritor, fundador de Editorial Orsai, ya venía trabajando para financiar su revista y otros productos vinculados.

La uruguaya (basada en el libro homónimo de Pedro Mairal) fue la película que inauguró el departamento audiovisual de Orsai y también este modelo de producción, en el que un número ilimitado de personas anónimas se hace cargo de solventar una película, o serie. Orsai compró los derechos de la novela, la gente la financió.

Después vino Canelones, una miniserie, y Sola en el paraíso, un documental. Es decir que Peretti Project llega con el mecanismo aceitado y con una cantidad de socios fundadores que supera a todos los proyectos anteriores de Orsai Audiovisual. “Yo quizás no sepa de números y finanzas, pero hay algo que sí sé: las plataformas se tiran de los pelos por tener las películas del gran actor argentino en sus catálogos”, decía Casciari en los inicios del proyecto en la web de Orsai, invitando a los potenciales socios a sumarse.

Cerrada la etapa de recaudación, acaba de empezar la preproducción, en la que el propio Peretti manda uno o dos audios por día al codirector de La muerte de un comediante, Javier Beltramino —nacido en Santa Fe en 1980 y que participó en La uruguaya como productor—, con ideas para el guion (ellos llaman a estos audios guiones orales), que será una adaptación de uno escrito por Casciari y Chiri Basilis. De vez en cuando conversan por Zoom o se juntan en un café a intercambiar puntos de vista, y después Beltramino lleva al papel esos “retazos de guion y los reescribe, timoneando el sueño de toda la tripulación”, explican desde Orsai.

Diego Peretti y Javier Beltramino, codirectores de La muerte de un comediante, conversan sobre el guion. Diego Peretti y Javier Beltramino, codirectores de La muerte de un comediante, conversan sobre el guion.

1, 2, 3, probando. Todo empezó en 2020, cuando a Casciari y compañía se les ocurrió que podrían hacer cine “sin intermediarios”, ni aportes estatales ni privados, si conseguían el apoyo de la Comunidad Orsai. “Desde hace más de 10 años hacemos una revista de literatura, periodismo, historieta, ilustración, que no tiene publicidad, que solamente funciona gracias a que hay una muy fervorosa comunidad de lectores. Y tampoco tiene una distribución tradicional. No va a quioscos ni librerías, sino que la distribuimos de forma autogestiva”, dijo Casciari a El Diario AR. “Cuando supimos que íbamos a encarar proyectos audiovisuales, obviamente pensamos en hacerlo de esta manera y además con toda la experiencia que tenemos en trabajos autogestivos”.

Solo tenían que armar una propuesta que generara el interés de esas personas que ya eran lectores de Orsai y se identificaban como parte de la comunidad para que pusieran dinero en sus proyectos audiovisuales. ¿Qué recibirían a cambio? Ser parte de la toma de decisiones de la película a través de encuestas y votaciones, la posibilidad de trabajar como extras y hasta de asistir a festivales y, en términos económicos, el compromiso de Orsai de dividir todo lo recaudado por la película por su estreno en cines o la venta a plataformas de streaming de manera proporcional entre todos los inversores.

La idea picó y lograron vender los 6.000 bonos de 100 dólares para reunir los 600.000 dólares que habían calculado como presupuesto de La uruguaya. En total fueron 1.937 las personas que se sumaron como coproductoras, la mayoría de ellas con entre 100 y 400 dólares, y con algunos casos excepcionales que llegaron a poner hasta 20.000.

Ana García Blaya fue la directora de esa película, que adapta al cine la exitosa novela de Pedro Mairal publicada en 2016 y que se filmó parcialmente en Montevideo. Blaya había dirigido solo una película, Las buenas intenciones (2019) (reconocida en varios festivales), pero como muestra sobraba, y estaban convencidos de que era la elección correcta para La uruguaya. “Elegimos a Ana por la capacidad de hacer con poco dinero una película de una enorme trayectoria dramática”, explicó Casciari. Ella trajo al mismo equipo que la había acompañado en su ópera prima y echaron a andar el proyecto.

El innovador modelo de financiación se hizo eco en el mundo: “La uruguaya lleva el crowdfunding a un nuevo nivel”, titulaba Variety hace un tiempo.

El uruguayo César Charlone (Ciudad de Dios, El jardinero fiel, Los dos papas) trabajó como director de fotografía en el proyecto, que este verano se presentó en el Festival de Cine Punta del Este y se llevó el premio del público.

Aunque no se ha estrenado comercialmente en cines, La uruguaya ya recuperó su inversión al ser vendida a una plataforma de streaming solo para Latinoamérica. Sus productores van por más. Y Orsai Audiovisual también, con otro proyecto ya en carrera. Se trata de Canelones, una miniserie de seis episodios con Verónica Llinás y Darío Barassi, que recaudó 1.030.100 dólares de 5.400 socios y ya está en etapa de posproducción. El proyecto narra la historia del mismísimo Casciari, en un guion coescrito por él y Basilis, que debuta en la dirección con este proyecto.

Orsai Audiovisual también se ha iniciado en el género documental con Sola en el paraíso, que retrata una experiencia de la actriz Justina Bustos en plena pandemia en Sudáfrica; un proyecto de menor escala para el que se juntaron 89.950 dólares de 938 socios. Como la miniserie, está en etapa de posproducción.

Hernán Casciari, escritor y fundador de Comunidad Orsai, con Diego Peretti. Hernán Casciari, escritor y fundador de Comunidad Orsai, con Diego Peretti.

El hombre que quiere ser Tintín. “Con el tema Hoy adivino de Manal (N. del R.: se llama Porque hoy nací y se recomienda seguir leyendo con el track de fondo) se ve una panorámica de Buenos Aires que recorre la ciudad hasta llegar al rostro de Juan Debré”, empieza diciendo el guion oral, que Peretti va describiendo en un audio que puede escucharse en orsai.org y también puede leerse en la misma web.

Un teléfono suena persistentemente de fondo (según describe Peretti), pero Debré no atiende. Lo deja sonar. Finalmente, atiende, y se entiende por qué tardó tanto. El diálogo dice así:

DEBRÉ

Hola

MÉDICO (off)

Mirá, está absolutamente confirmado el diagnóstico. Lo siento, Juan.

En la primera escena entendemos entonces algo que ya anticipaba el título: Debré tiene los días contados. En lo poco que se conoce de la película hasta ahora se sabe que estará narrada desde el punto de vista de Juan Debré, el protagonista, “quien está transitando un momento muy especial de su vida”. Por eso, explica Beltramino, responsable de mantener el contacto con los socios coproductores e ir actualizándolos, “durante toda la película va a responder a cómo el protagonista percibe la realidad”.

Hasta ahora se sabe, también, que parte de la película transcurrirá en Bruselas y que habrá más de una referencia a Tintín. La primera, en la casa del protagonista: “Saca un álbum, que es un original del conocido álbum de las aventuras de Tintín llamado El loto azul. Lo abre, aún con los ojos llorosos, saca un papel ya viejo, escrito a mano, que dice ‘Entre el miedo y la nada’, autor Travis Bickle”.

La segunda, en un estudio de televisión al que acude para que un conductor “irritante”, de “risa muy falsa”, que “solo pareciera utilizarla para lucir su dentadura reluciente y falsamente impecable”, le haga una entrevista. El conductor le pregunta a Debré por qué de chico quería ser actor, y el protagonista responde que por Tintín, porque “no tiene superpoderes, es un hombre normal que pone su cuerpo al servicio de hacer el bien y de los oprimidos”.

Peretti y el comediante. Está claro que algo heroico, o unas fuertes ansias de serlo, hay en el protagonista de La muerte de un comediante: “Ser valiente, desde chico esa fue mi batalla. Demostrarme si podía ser valiente o no. Esa fue siempre mi contienda personal. Parece una estupidez, parece para la mayoría de la gente, no para mí”, dice en off Debré (Peretti).

Poco más se conoce del argumento más allá de lo que se desprende de las escenas que han ido compartiendo. Hasta el momento se han presentado pocos personajes, y tampoco se sabe quiénes los interpretarán; pero en esa decisión también tendrá cabida la opinión de los más de 10.000 socios coproductores. “Nosotros, desde ya, felices de leer todo tipo de comentarios”, escribe Beltramino al final de una de las últimas actualizaciones del proyecto. Esa era la promesa, y la están cumpliendo.

Teniendo en cuenta que sus socios coproductores pueden o no saber de aspectos técnicos de cine, al ir comentando algunas decisiones creativas las explica haciendo gala de una gran capacidad didáctica. Por ejemplo, cuando explica que una escena en particular Peretti se la imagina como un gran plano secuencia que siga todas las acciones que se describen en el guion. “Un plano secuencia es, básicamente, una toma sin cortes, es decir: imagínense que todo lo descrito por Diego será filmado sin parar de grabar de principio a fin. Este tipo de planos secuencia exige, podrán imaginarse, una enorme planificación”, detalla Beltramino, y da algunos ejemplos para quienes quieran, tal vez, ir a buscar alguna referencia. Menciona La soga (1948), de Alfred Hitchcock; y Birdman (2014), de Alejandro González Iñárritu, una referencia declarada que la dupla de directores tiene en la cabeza “a la hora de pensar el tono y la puesta, especialmente para esta secuencia”.

“Hola, soy Pablo, de Caballito. Tengo un bono para la película de Peretti Project y mi pregunta es si puedo participar de extra en el fondo, sin hablar, caminando por atrás, que sería el sueño de mi vida. Saludos para todos”. Como tantos otros socios coproductores, Pablo mandó un audio al podcast que el Departamento Audiovisual de Orsai saca al mundo cada viernes, conducido por Gabriel Grosvald con el fin, también, de informar sobre los proyectos. Como este audio reciben muchos. La mayoría quiere saber cuándo recuperará su inversión. Otros prefieren meter la cuchara en la cocina de la película. Uno sugiere, por ejemplo, que se agregue un elemento al decorado que describe Peretti en el guion oral. El director asegura que toma nota. Lo que sería la pesadilla de muchos guionistas y directores es la base del sistema de Orsai Audiovisual.

Antes de despedirse hasta la próxima (vez que se contacte con sus socios coproductores para rendirles cuentas de los avances), les manda un abrazo a todos y les desea que “anden muy bien”.

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