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Botija, champión, lampazo: Un diccionario ilustrado de uruguayismos para porteños

Se presentó en Buenos Aires la segunda edición del irreverente ¿Qué es boniato, maestro?, un libro que, con mucho humor pero también rigor, suma las ilustraciones del historietista argentino Gustavo Sala

Botija, judiada, lampazo, champión y draipén. En la sala Alfonsina Storni de la multitudinaria feria del libro porteña se escucha hablar en uruguayo. Es que se presenta el libro ¿Qué es boniato, maestro? Pequeño diccionario ilustrado de uruguayismos para porteños. Una genialidad publicada por Alter ediciones que asegura contener “como chiquicientas definiciones”. De lejos, parece la biblia lingüística de la Real Academia Española, pero la ilustración del casi uruguayo Gustavo Sala anuncia otra cosa.

El cuidado diseño gráfico y las ilustraciones acompañan y dan lucimiento al trabajo del autor, Gustavo Fripp Rojas, uruguayo completo que en las sobremesas de su bar, en Colonia, vio nacer la idea. Allí donde argentinos y uruguayos intercambiaban figuritas sobre los matices y diferencias del idioma compartido. En la feria porteña se bromea sobre la actual conquista uruguaya de Farmacity, gentileza del cambio favorable. Sobre el hecho de que para los uruguayos todos los argentinos son porteños y sobre si es pancho o salchicha.

Pero además de la sátira y el humor, el diccionario es un trabajo riguroso y serio, con entradas enriquecidas por la mirada de lexicógrafos y lingüistas, palabra por palabra, en orden alfabético. En la g de Galería, por ejemplo, se leen cosas así: gaucho, meter el. loc. verb. “Prepotear a alguien”. “Estábamos lo más tranquilos haciendo la cola para entrar al boliche y vino un patovica a meternos el gaucho y nos tuvimos que ir”. “A mí no me vengas a meter el gaucho que te cago a trompadas”. Una entrada entre palabras como guasca, guampachata, grasera, gurisada o grapamiel.

“Tenía un boliche en Colonia, entre 2014 y 2019 —cuenta Fripp Rojas a Galería—, y una argentina que vive allá hace muchos años me dijo: ¿por qué no hacés un folleto para darle a los porteños con algunos términos uruguayos?'. Colonia es frontera, el lugar propicio para hacer eso. Dicen que ahí hablamos canario porteño, es divertido. Así empezó a crecer, con gente que colaboraba y me mandaba cosas, hasta que me di cuenta de que era un trabajo más a largo plazo, que iba más allá del folleto, y que si uno logra proponerse algo a largo plazo puede terminarlo; yo nunca lo había hecho, hasta ahora”.

El humor atraviesa el diccionario, pero no deja a la vez de ser un documento que condensa uniones y diferencias, en un vínculo siempre nutrido de tensiones.

Tenemos una relación de hermano grande y chico que hace que los argentinos nos botijeen y los uruguayos les gruñamos, pero más allá de eso yo creo que hay un cariño profundo. En el mundial, si bien había algunos hinchando por Francia, la mayoría hinchó por Argentina. Reivindico la posibilidad de hablar boludeces, de perder el tiempo, pero lo hago desde que me di cuenta de que me gustaba ser uruguayo. Soy de una generación que nació en dictadura y se crio en democracia, una democracia con resabios de dictadura, en la época en la que los jóvenes grafiteaban en las paredes “algunos nacen con suerte y otros nacen en Uruguay”. A uno le ha quedado eso, el resto de ese Uruguay feo. Si bien está toda la problemática que sigue teniendo el país, injusticias que siguen pasando, en lo cotidiano está eso: que tengamos tiempo para tomar unos mates, para ver cómo está el de al lado. Luego, hay distintas etapas en esa relación, pero el vínculo que se genera es siempre entre determinado tipo de argentino y determinado tipo de uruguayo, no tiene que ver con los que van a Punta del Este. Es el turismo de todos los días, de clase media, de laburantes, de la gente que junta unos pesos y se viene a pasar el fin de semana.

Esta es la segunda edición del diccionario de uruguayismos, ampliada, ilustrada y convencida de salir al encuentro de un público lector de ambas orillas. Para leer con las patas sobre la mesa, como invita su autor, y para reconfirmar, de paso, que la mirada crítica y el humor más irreverente van de la mano, con un estilo que remite a la herencia de El Dedo y Guambia, en Uruguay, o de Humor en Argentina, según filian sus editores. En este caso, plasmando una actividad que apasiona más allá de las coyunturas: ese ejercicio lúdico de discutir y redescubrir la propia lengua, a través del vocabulario propio y el ajeno, como amiguitos que se intercambian juguetes mientras juegan el juego de comunicarse.