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El devenir del arte uruguayo a través de cuatro décadas del Premio Cézanne
La muestra retrospectiva del Premio Paul Cézanne en el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA) expone las piezas ganadoras a lo largo de cuatro décadas
Mientras algunas líneas de maquillaje todavía
gastan su energía en productos “correctivos” para disimular las pecas, hay
pecosas que prefieren tomarlas de inspiración para crear una obra de arte
destinada a ganar uno de los premios más prestigiosos del país. Florencia
Martínez Aysa es de Florida, tiene 27 años, muchas pecas y fue la ganadora del
premio Paul Cézanne de este año con Efélides o bien llamadas: Pecas, una
impresión de abrojos aplastados sobre un lienzo blanco y el audiovisual que
enseña el proceso.
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El Premio
Paul Cézanne dirigido al arte emergente fue creado en 1982 por la Embajada de
Francia en Uruguay. Su consejero cultural, Patrick Flot, señaló a Galería
que si bien el mercado de arte de Francia es muy grande y activo, para seguir
siéndolo necesita de más artistas “de calidad” y vínculos con el exterior,
sobre todo, con artistas jóvenes.
Se trata de una oportunidad de vivir el intercambio cultural entre los dos países
gracias a una beca de tres meses que incluye el pasaje aéreo, gastos de estadía
en una residencia artística, y la organización de un programa de visitas y
contactos con instituciones francesas.
La idea del
premio nació en un momento muy particular de necesidad de “apertura al mundo”,
en el que un gobierno de izquierda había llegado por primera vez al poder en
Francia mientras Uruguay atravesaba un proceso de dictadura, explicó el curador
Manuel Neves durante la inauguración de la muestra retrospectiva 40 años del
Premio Paul Cézanne en el Museo de Arte Contemporáneo Atchugarry (MACA), en
la que se exponen las piezas ganadoras a lo largo de las cuatro décadas.
Un encuentro entre
pasado y futuro. En esa misma
inauguración, el jurado de la edición de este año anunció a la ganadora. “Nos
parece muy simbólico porque se establece un diálogo entre la generación actual
y todos los que ganaron antes. Es un reflejo de la evolución del arte uruguayo
y la proyección a futuro del premio”, reflexiona Flot.
La muestra
retrospectiva representa “el devenir de la producción uruguaya a lo largo del
tiempo; con 26 artistas que colaboraron en la construcción del hoy”, dijo Neves
a Galería. La primera vez que se hizo una muestra retrospectiva del
Cézanne había sido en 1990.
La Fundación
Pablo Atchugarry decidió también otorgar a los seis finalistas de este año el
premio MACA, que consiste en una exposición dentro de las instalaciones del
museo. Carolina Fontana, Leandro Bustamante, Florencia Martínez Aysa, Fabiana
Puentes, Santiago Dieste y Olga Guerra exhibirán sus obras en una sala contigua
a la muestra por los 40 años hasta el 20 de noviembre.
Si cada artista y su obra son un mundo, hay por lo menos 32 mundos
atravesados por tiempos diferentes en exhibición en el MACA. De Daniel Amaral
Oyarvide, primer ganador del Cézanne con su obra De los cristales,
pasando por Javier Bassi con Tell Me About the Forest (1996), Rita
Fisher con Clonación (2000), hasta Sebastián Santana y su Cuaderno de
espera (2018). Este año la complejidad y la abstracta capacidad de ver más
allá de lo que propone la vista fueron las ganadoras con la propuesta de
Martínez Aysa.
Ganadora del Cézanne 2022, Florencia Martínez Aysa. Foto: Sofía Torres
Los
antecesores. Desde el año 2000 a la fecha pasó muchísima agua debajo del puente, pero
Rita Fisher todavía recuerda aquella versión de sí misma cuando ganó un premio
Cézanne con 27 años, siendo una artista deseosa por irse a vivir a otro país.
“Estaba ganando muchos premios, y yo no sabía si ganar muchos premios estaba
bien o mal”, contó a Galería. Tenía muchas dudas, ganas de aprender
cosas, y se sentía “muy ignorante”. Esos eran los primeros síntomas de una
persona enferma por querer “andar un poco por el mundo”. Ganó el premio, “era
muy joven y era mujer, todas esas cosas cuentan”, y con él encontró la
respuesta que buscaba; un viaje a París.
A Sebastián
Santana, el ganador más reciente del Paul Cézanne después de Martínez, no le
sorprendió haberlo sido: se postuló para eso. Para ganar. Lo ponía casi que
literalmente en su presentación, con una “honestidad salvaje”. “Fue una manera
un poco pendenciera de introducirme”, contó a Galería, y eso que era la
segunda vez que se presentaba. Al jurado que lo convirtió en merecedor de la
beca lo sorprendió el humor con el que se tomaba las cosas. “Tuve la fortuna de
que entendieran desde qué punto de vista me paraba”: era la última vez que
podía hacerlo, por cuestiones de edad.
Después de haber ganado el Cézanne, Santana se propuso seguir siendo él
mismo, no cambiar la forma en la que se presentaba, ni mucho menos sus obras.
Los tres meses en Francia le sirvieron para desarrollar ese arte “de la forma
más libre posible y como si el dinero no importara”. Habiendo visitado Europa
una sola vez en su vida (España y de vacaciones), pasó a vivir en una ciudad
capital que es “un centro de radiación cultural”.
Por su parte,
a Fisher le tocó quedarse en una residencia en la Escuela de Bellas Artes Saint
Étienne, en donde montó la muestra más grande que había hecho hasta el momento:
un muro de 30 metros de largo empapelado con piezas de cartón. El encantamiento
fue mutuo: París con ella y ella con París, y aunque recién llegada no hablaba
ni una sola palabra de francés, terminada la beca se quedó a vivir más de 10
años en la Ciudad Luz.
Las nuevas caras del
arte. Más allá de
la belleza expositiva, el jurado de este año llamó a notar los procesos de
exploración e investigación en los que se embarcaron los jóvenes artistas. El
ojo estaba puesto en “la libertad del arte” o singularidad a la hora de
plantear las propuestas: “hablar de originalidad en lo contemporáneo resulta
anacrónico”, opinó Lucía Pittaluga, miembro del jurado y ganadora de la edición
2002. Lo que se tuvo en consideración fue el aporte concreto al mundo del arte
contemporáneo uruguayo. “Si hablamos de creación, el foco se coloca en lo que
no está dicho aún o en cierta búsqueda aún no transitada”.
Esto explicaría la selección de Martínez Aysa como ganadora del premio,
pero además de ella, dos de los finalistas obtuvieron menciones especiales que
implican una exposición individual en la Alianza Francesa de Montevideo:
Carolina Fontana y Leandro Bustamante.
Pittaluga espera que a todos estos jóvenes se les abran las puertas y
puedan vehiculizar sus proyectos. “Ojalá estas nuevas generaciones encuentren
un mayor caudal de políticas culturales que fomenten y apoyen el arte”.