El documental que muestra el mundo con el cristal de Ida Vitale

Este jueves 3 de agosto se estrena el documental Ida Vitale, la ópera prima de María Arrillaga; un canto a la virtud de poetizar la vida y de seguir asombrándose a los casi 100 años

Esta historia comienzacon una amistad. La de María Inés Silva Vila y Carlos Maggi con Ida Vitale. Tenían 20 años, ganas de escribir, talento y toda una vida por delante. Eran el germen de la Generación del 45. Lo estrecho de su amistad llevó a que Ida se casara con Ángel Rama (su primer marido), en el mismo año en que lo hicieran María Inés y Carlos (1950), y que ambos matrimonios decidieran instalarse en una misma casa. “No tenían dinero suficiente para alquilar cada uno su casa, entonces encontraron una perfecta para compartir y la alquilaron juntos”, recuerda María Arrillaga, nieta de Maggi y Silva Vila, y directora del documental Ida Vitale, que llega al cine este jueves 3 de agosto. En esa casa nació su madre, Ana María Maggi, y nació Amparo Rama, las primogénitas de cada pareja.

Para cuando llegó al mundo María Arrillaga, 35 años después, el escenario había cambiado, pero la cercanía entre ambas familias seguía siendo la misma. Ida compartía ya su vida con su segundo marido, el poeta Enrique Fierro. Después de exiliarse en México durante la dictadura, volvieron brevemente a Uruguay para emigrar de nuevo poco tiempo después con destino a Austin, Texas. Allí vivieron más de 25 años hasta que, al morir Fierro, en 2016, Ida volvió definitivamente al país. Sin embargo, incluso a la distancia, esa sensación de unidad entre las familias se mantenía, y cada verano Ida y Enrique venían a pasar días a Las Toscas, donde tenían casa los Maggi. De ahí que María Arrillaga creciera viendo en casa de sus abuelos a esta pareja tan “divertida” y siempre tan “curiosa, atenta”. “Cuando empecé, de más grande, a escribir o interesarme por la literatura y por el cine, me preguntaban cada vez que venían: ‘¿Cómo vas? ¿Nos querés mostrar algo?’”.

Al volver Ida, sola, en 2016, ese reencuentro unió a las familias todavía más. “Compartíamos almuerzos, salidas y se dio un vínculo muy estrecho. Empecé a ver en su mirada esa curiosidad, ese asombro, en una persona que vivió tantos años, y me pareció fascinante estar con ella y recibir eso, y también poder transmitirlo”, dice Arrillaga. Y eso es lo que hace en el documental, su ópera prima: capturar la sorprendente forma de mirar el mundo de esta mujer que cumplirá 100 años el 2 de noviembre, que tan pronto habla para una multitud en un auditorio y recibe los premios más importantes de la literatura, como analiza el comportamiento de una araña o el vuelo de un colibrí. Esa vida contemplativa, tan plenamente presente, es la que ilumina el documental. Ida puede estar tendida en el suelo ordenando bibliotecas, o impecable, con traje de chaqueta, recorriendo jardines y aeropuertos (siempre llevando ella misma su valija); puede leer atentamente una revista de avión o tirarse en la cama de un hotel a escuchar a Schubert en su celular (“Esto es divino”) mientras acompaña la música con sus manos. Puede leer también su biografía en la solapa de uno de sus libros y no llegar al final: “Esto es una lata, por eso no lo había leído”.

Ida Vitale trae belleza al mundo a través de sus palabras y María Arrillaga transforma algo de esa poesía en imágenes y sonidos, para seguir sumando belleza.

¿Qué faceta de Ida Vitale se proponía a priori mostrar con el documental?

Fue muy intuitivo el proceso. Cuando le dije en un impulso: “Ida, vamos a hacer una película juntas”, fue porque me pareció una buena idea unir las generaciones y dos maneras diferentes de percibir la vida: la mía, más visual, la de ella, literaria, y poder hacer un retrato pero en movimiento. Ida al principio me dijo: “¿Cómo que vas a filmar a esta vieja? Vamos a pensarlo un poco”. Siempre tiene mucho sentido del humor, mucha frescura. Ahí quedó el proyecto en pausa, pero a los meses recibió el premio Cervantes (2019) y ahí pensé: “este puede ser el momento”. Hablamos con Ida y con Amparo (su hija) y me fui con ellas en ese viaje familiar. Pero antes del viaje empezaron los preparativos, había que decidir qué cosas llevar, ella estaba escribiendo el discurso, así que fui un día a su casa con la cámara con la que filmé todo el documental y todo se dio con total facilidad. La cámara no interrumpía nada entre ella y yo.

Es su primer documental y eligió como protagonista a uno de los personajes más ilustres de la cultura uruguaya. ¿Sintió cierta presión?

No, porque desde siempre fue alguien familiar, entonces realmente era como ir a lo de una amiga o una abuela a abrir cajas, que me mostrara libros, a compartir cosas con ella. Con Inés (Vázquez, productora de la película) la acompañamos a Cartagena de Indias, al Hay Festival, y la pudimos filmar en hoteles y circunstancias de eventos literarios que solo se dan en esos momentos. También la acompañamos a Formentor, que es en Mallorca y parece un jardín gigante. Para Ida, que con la naturaleza tiene un vínculo muy fuerte, estar en ese jardín, en una temperatura ideal, al borde del Mediterráneo, era como estar en el paraíso.

Se la ve caminando, acariciando las plantas, siempre como descubriendo.

Y poetizando la realidad. Hicimos varias residencias en el festival DocMontevideo con Marta Andreu, una documentalista que guía procesos de documental y acompaña en óperas primas, y algo que ella vio nos ayudó a plasmar en escritura la película: y es que Ida hace aparecer algo que no estaba ahí hasta que ella lo nombra. Y de repente, lo ves.

Varios pasajes del documental la muestran ordenando, buscando papeles, repasando fotos, cartas. ¿Para qué ordena?

Es un poco el haber mudado dos vidas. ¿Va a terminar de ordenar todo? No sé si alguna vez ella se lo pregunta. Creo que hay algo literario ahí, en ese orden imposible, que es con lo que empieza también la película; como que no hay un orden ideal y perfecto y que, hasta que no aparezca el orden ideal, el más adecuado es el alfabético. Ella lo dice en palabras mucho más acertadas.

Ese concepto de orden alfabético es el que define la estructura de la película.

Es lo que hacen las distintas colaboraciones, el recibir ideas y seguirlas. Me faltaba leer Léxico de afinidades, uno de los libros de Ida. Lo abrí, leí esa primera página, y fue como: “es esto”. Tengo todos estos fragmentos que sé que van a armar un retrato y tienen que ver con este orden imposible. Calza perfecto. Fue una revelación brutal. Había un compromiso con no ser solemne porque ella no lo es, y que fuera también un juego la película, de alguna forma. Y eso propone, nada más.

“A mí misma me ofrezco / aprender día a día en el mundo, / luego al mundo le ofrezco / día a día olvidarlo, / para yo no ser menos”, empieza diciendo el poema Círculo muy vicioso, que la propia Ida Vitale lee en off en el documental. Esas líneas parecen resumir esa capacidad inagotable de deslumbrarse.

En el proceso de realización de la película, la directora leyó un texto que su abuela, María Inés Silva Vila, escribió sobre la Generación del 45 para el libro Cuarenta y cinco por uno. “Ahí habla de esta época, en la que vivían juntos en una casa en la calle Martí, y cuando habla de Ida dice: ‘Ida es la única persona que yo conozco que se sorprende de que sean las cinco de la tarde con el reloj puesto”.

Mientras revuelve cajas en su departamento de Malvín en busca de un “papel de rayas”, Ida encuentra un almanaque. Se acerca para ver la fecha. Es de 2019. “A veces los almanaques vuelven a dar la vuelta”, dice, y decide guardarlo porque aunque “nunca coincide de un año a otro”, “para caso de emergencia puede ser que coincida”.

En ese revolver y ordenar, Ida encuentra fotos de Enrique Fierro, su segundo marido, fallecido, y cartas, pero no se la ve nostálgica.

Creo que eso también es lo que la mantiene con esa vitalidad, siendo nostálgica sería muy difícil. Sí recuerda que todo es parte de su vida, pero desde el presente. Hay como un estar en la música, en las plantas, en los animales, en una conversación, en intentar conectar. No es un asombro ingenuo, es como si fuera una forma de vida elegida eso de estar ahí realmente; como si se hubiera dado cuenta en algún momento de que eso es lo único que hay. Hay una frase en el libro de sus memorias en México en la que ella dice: “Aceptar la vida sin discutirle cada arista es el único modo de obtener cierto grado de calma dicha”. Capaz que no es textual, pero es una frase que leí mucho y ella lo vive así. Imaginate compartir 50 años con la misma persona y lograr otra vez volver a empezar, mudarse y viajar. Y ahí empezó a ser muy reconocida; fue sobre el final de la vida de Enrique que ganó el Reina Sofía y empezó una avalancha de premios y una nueva etapa. A los 90 años renacer así es impresionante.

En los textos que acompañan las imágenes del documental Ida habla (a veces a través de poemas publicados, a veces espontáneamente), del olvido y de la memoria, del tiempo, del azar, de las despedidas. ¿Por qué eligió esos temas?

Si pienso en Ida y en un retrato desde cómo yo la veo, el azar es una de las cosas más importantes en su vida y en su poesía. Ella dice frases como que el azar maneja el mundo y muchas de las escenas y de las cosas que pasaron en el rodaje, que fue a través de los años, tuvieron que ver con el azar. Los otros temas se fueron dando a medida que la iba leyendo en profundidad y que iba compartiendo más con ella. Algunas cosas fueron apareciendo en el proceso de montaje, como si fuera una escritura con imágenes a partir de sus palabras. Y después vino otra etapa que fue la posproducción de sonido con Daniel Yafalián, y con la música (de Sylvia Meyer). Hay un trabajo muy sutil, muy fino a través de toda la película, y también ahí creció más, se multiplicó otra vez; estuvimos como un mes con él escuchando, mirando, eligiendo.

Foto: Adrián Echeverriaga Foto: Adrián Echeverriaga
Foto: Adrián EcheverriagaFoto: Adrián Echeverriaga

Los primeros dos años de realización del documental fueron de acompañar a Ida en su casa, en sus viajes; de sumergirse en su obra. En medio de eso, con una cantidad considerable de material acumulado, llegó la pandemia, y el momento fue más que propicio para sentarse y darle forma, encontrar la estructura. “Es muy distinto el proceso de documental y de ficción, y yo funciono más experimentando, probando la línea de tiempo, escribiendo con imágenes y sonidos y búsquedas. Como yo filmaba y también editaba, había una facilidad de, aunque ya estuviera casi terminado el montaje, agregar otra cosa que apareciera y tuviera que ver con la unidad de la narración”, dice Arrillaga. “Pero lo que no era parte de esa estructura propia de la película se tenía que ir, aunque fuera maravilloso. Y también el soltar por el propio ritmo y por la propia película fue un aprendizaje”.

¿Se le rebeló otra Ida durante el rodaje?

Tal vez ese sentido del humor que ella tiene, porque también puede ser muy ácida. No es que no lo conociera, pero sí fue un desafío que pudiera aparecer en el documental. En la escena en la que se la muestra como jurado del Concurso Literario Juan Carlos Onetti se nota esa otra faceta (“Hay una gerunditis generalizada en todo el concurso”, dice en una reunión por Zoom con otro miembro del jurado). La importancia que para ella y esa generación tiene el lenguaje. Esa fue otra pincelada, se iba sintiendo cómo se armaba el puzzle. Eso agrega diferentes capas.

En la cámara usó un lente viejo que era de su padre. ¿Fue una elección meramente estética, o tuvo también algo de sentimental en una película que también tiene mucho que ver con su familia?

Ahí intervino el azar de nuevo. En el momento en que sale lo del viaje al Premio Cervantes y que se lo cuento a un amigo estábamos probando justo ese lente, que es de una Leica M3 que era de mi padre (aficionado a la fotografía). Es un lente para sacar fotos. Y mi amigo me dice: ¿y si probaras con un adaptador para ver si ese lente pudiera ser usado en tu cámara? Me mandé pedir un adaptador y lo empecé a probar. Me ayudaron amigos fotógrafos a ver cómo funcionaba en distintas situaciones de luces, era un riesgo porque el lente tenía muchos errores. Pero un día filmé a Ida con un lente que no era ese y me di cuenta de que el documental no podía ser filmado con otro lente. No hay un filtro digital en el documental —sí tiene retoque de color—, pero el lente da la sensación de paso del tiempo, de velo. Ahí fue seguir la intuición. Haciendo esto descubrí esto de la voz única que cada uno tiene, y que si algo aparece, hay que seguirlo, y si lo seguís y funciona, es por ahí.

Foto: Adrián Echeverriaga Foto: Adrián Echeverriaga


El documental, los festivales y los 100 años de Ida

“Cada vez que Ida ve el documental va comentando todo, porque va volviendo a vivir con intensidad y se va colgando con cosas que capaz que se olvidó”, cuenta María Arrillaga, la directora. “Es muy diferente filmar la realidad que la memoria, porque vivimos un montón de cosas que, si no las hubiera filmado, en todos estos años capaz había detalles, escenas que ya por lo menos no estaban en primer plano de la memoria. Y ella iba sintiendo el recuerdo otra vez vivo. También me decía, con su humildad y sentido del humor: “Lo que sobro soy yo”. Había algo en esa Generación del 45 que no les gustaban los homenajes, ni hacérselos a amigos que ya se habían ido, ni que los homenajearan. Entonces sí, le cuesta ponerse en ese lugar y también un poco verse, lo disfruta y le resulta absurdo al mismo tiempo”.

El documental tuvo su estreno internacional en el 26º Festival de Málaga, en marzo pasado, e Ida no se perdió la experiencia. “Fue un viaje larguísimo. Además una travesía, porque perdieron los pasaportes el día antes y tuvieron que irse al día siguiente, llegaron justito para el estreno. Ida llegó y, en vez de tirarse a dormir la siesta, ya estaba mirando todo desde la terraza, que se veía la parte antigua de la ciudad”.

En ese mismo viaje fueron a Barcelona a presentar la película en Cinemes Girona, invitadas por Casa América, y después tocó el Malba, en Buenos Aires, en el marco de la Feria del Libro, con una función en el auditorio del museo.

A fines de agosto, el documental se presentará en el Festival Sanfic, en Santiago de Chile; a mediados de setiembre en el Festival Scoprir, en la Sala Cinecittà de Roma, y a principios de noviembre, a propósito del 100º cumpleaños de Ida, el documental se proyectará en la Biblioteca Nacional de Madrid en el marco del Festival Cine por Mujeres.

En esa fecha especial habrá varias funciones en simultáneo, cuenta la directora: “En México, que es donde ella vivió 11 años, el 2 noviembre (fecha de su cumpleaños número 100) se proyectará en la Cineteca Nacional de México y en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Y en Buenos Aires se va a proyectar en la Biblioteca Nacional. Acá la idea es hacer una linda función dada esa fecha importante, pero todavía estamos viendo detalles”.

Estreno y tertulias en Montevideo y funciones en el interior

La ópera prima de María Arrillaga se estrena este jueves 3 de agosto en salas de Life Alfabeta, Cinemateca y Sala B del Sodre. Si bien el documental es un género complejo para atraer espectadores, ejemplos como el de Bosco, de Alicia Cano, estrenado en abril de 2022, que se mantuvo 24 semanas en cartel y llegó a los 27.000 espectadores, demuestran que el público se va interesando más en el género e infunden optimismo. Sobre todo en casos como este, el de Ida Vitale, en los que la experiencia de ver la película en el cine hace toda la diferencia.

Ida Vitale llegará también a otras zonas de Montevideo con funciones especiales. Este jueves 3 a las 19 horas se proyectará en el Centro Cultural Florencio Sánchez, con la participación de María Arrillaga e Inés Vázquez; el sábado 5 a las 18 en el Centro Cultural Alba Roballo; el viernes 11 a las 19 en el Centro Cultural Julia Arévalo, y el viernes 18 a las 19 en el Centro Cultural Casa de la Pólvora.

También se organizaron tres tertulias que tendrán lugar en el transcurso de agosto. En la primera, que será el jueves 10 a las 19 horas en Cinemateca, María Arrillaga conversará con María José Santacreu e Ida leerá poemas; la segunda se titulará La poesía de Ida y será en Escaramuza el jueves 17 a las 21, y la tercera, Cine y poesía, será el jueves 24 a las 19 en Cultural Alfabeta.

En setiembre y octubre está prevista una gira del documental por el interior del país. Las funciones confirmadas hasta el momento son el 15 de setiembre en Rocha; el 24 en el MACA, en Punta del Este; el 4 de octubre en Politeama, Canelones; el 12 en Bastión del Carmen, Colonia, y el 20 de octubre en Teatro Larrañaga, Salto.