Fue muy intuitivo el proceso. Cuando le dije en un impulso: “Ida, vamos a
hacer una película juntas”, fue porque me pareció una buena idea unir las
generaciones y dos maneras diferentes de percibir la vida: la mía, más visual,
la de ella, literaria, y poder hacer un retrato pero en movimiento. Ida al
principio me dijo: “¿Cómo que vas a filmar a esta vieja? Vamos a pensarlo un
poco”. Siempre tiene mucho sentido del humor, mucha frescura. Ahí quedó el
proyecto en pausa, pero a los meses recibió el premio Cervantes (2019) y ahí
pensé: “este puede ser el momento”. Hablamos con Ida y con Amparo (su hija) y
me fui con ellas en ese viaje familiar. Pero antes del viaje empezaron los
preparativos, había que decidir qué cosas llevar, ella estaba escribiendo el
discurso, así que fui un día a su casa con la cámara con la que filmé todo el
documental y todo se dio con total facilidad. La cámara no interrumpía nada
entre ella y yo.
Es su primer documental y eligió como protagonista a uno de los
personajes más ilustres de la cultura uruguaya. ¿Sintió cierta presión?
No, porque desde siempre fue alguien familiar, entonces realmente era
como ir a lo de una amiga o una abuela a abrir cajas, que me mostrara libros, a
compartir cosas con ella. Con Inés (Vázquez, productora de la película) la
acompañamos a Cartagena de Indias, al Hay Festival, y la pudimos filmar en
hoteles y circunstancias de eventos literarios que solo se dan en esos
momentos. También la acompañamos a Formentor, que es en Mallorca y parece un
jardín gigante. Para Ida, que con la naturaleza tiene un vínculo muy fuerte,
estar en ese jardín, en una temperatura ideal, al borde del Mediterráneo, era
como estar en el paraíso.
Se la ve caminando, acariciando las plantas, siempre como descubriendo.
Y poetizando la realidad. Hicimos varias residencias en el festival
DocMontevideo con Marta Andreu, una documentalista que guía procesos de
documental y acompaña en óperas primas, y algo que ella vio nos ayudó a plasmar
en escritura la película: y es que Ida hace aparecer algo que no estaba ahí
hasta que ella lo nombra. Y de repente, lo ves.
Varios pasajes del documental la muestran ordenando, buscando papeles,
repasando fotos, cartas. ¿Para qué ordena?
Es un poco el haber mudado dos vidas. ¿Va a terminar de ordenar todo? No
sé si alguna vez ella se lo pregunta. Creo que hay algo literario ahí, en ese
orden imposible, que es con lo que empieza también la película; como que no hay
un orden ideal y perfecto y que, hasta que no aparezca el orden ideal, el más
adecuado es el alfabético. Ella lo dice en palabras mucho más acertadas.
Ese concepto de orden alfabético es el que define la estructura de la
película.
Es lo que hacen las distintas colaboraciones, el recibir ideas y
seguirlas. Me faltaba leer Léxico de afinidades, uno de los libros de
Ida. Lo abrí, leí esa primera página, y fue como: “es esto”. Tengo todos estos
fragmentos que sé que van a armar un retrato y tienen que ver con este orden
imposible. Calza perfecto. Fue una revelación brutal. Había un compromiso con
no ser solemne porque ella no lo es, y que fuera también un juego la película,
de alguna forma. Y eso propone, nada más.
“A mí misma me ofrezco / aprender día a día en el mundo, / luego al mundo
le ofrezco / día a día olvidarlo, / para yo no ser menos”, empieza diciendo el
poema Círculo muy vicioso, que la propia Ida Vitale lee en off en
el documental. Esas líneas parecen resumir esa capacidad inagotable de
deslumbrarse.
En el proceso de realización de la película, la directora leyó un texto
que su abuela, María Inés Silva Vila, escribió sobre la Generación del 45 para
el libro Cuarenta y cinco por uno. “Ahí habla de esta época, en la que
vivían juntos en una casa en la calle Martí, y cuando habla de Ida dice: ‘Ida
es la única persona que yo conozco que se sorprende de que sean las cinco de la
tarde con el reloj puesto”.
Mientras revuelve cajas en su departamento de Malvín en busca de un
“papel de rayas”, Ida encuentra un almanaque. Se acerca para ver la fecha. Es
de 2019. “A veces los almanaques vuelven a dar la vuelta”, dice, y decide
guardarlo porque aunque “nunca coincide de un año a otro”, “para caso de
emergencia puede ser que coincida”.
En ese revolver y ordenar, Ida encuentra fotos de Enrique Fierro, su
segundo marido, fallecido, y cartas, pero no se la ve nostálgica.
Creo que eso también es lo que la mantiene con esa vitalidad, siendo
nostálgica sería muy difícil. Sí recuerda que todo es parte de su vida, pero
desde el presente. Hay como un estar en la música, en las plantas, en los
animales, en una conversación, en intentar conectar. No es un asombro ingenuo,
es como si fuera una forma de vida elegida eso de estar ahí realmente; como si
se hubiera dado cuenta en algún momento de que eso es lo único que hay. Hay una
frase en el libro de sus memorias en México en la que ella dice: “Aceptar la
vida sin discutirle cada arista es el único modo de obtener cierto grado de
calma dicha”. Capaz que no es textual, pero es una frase que leí mucho y ella
lo vive así. Imaginate compartir 50 años con la misma persona y lograr otra vez
volver a empezar, mudarse y viajar. Y ahí empezó a ser muy reconocida; fue
sobre el final de la vida de Enrique que ganó el Reina Sofía y empezó una
avalancha de premios y una nueva etapa. A los 90 años renacer así es
impresionante.
En los textos que acompañan las imágenes del documental Ida habla (a
veces a través de poemas publicados, a veces espontáneamente), del olvido y de
la memoria, del tiempo, del azar, de las despedidas. ¿Por qué eligió esos
temas?
Si pienso en Ida y en un retrato desde cómo yo la veo, el azar es una de
las cosas más importantes en su vida y en su poesía. Ella dice frases como que
el azar maneja el mundo y muchas de las escenas y de las cosas que pasaron en
el rodaje, que fue a través de los años, tuvieron que ver con el azar. Los
otros temas se fueron dando a medida que la iba leyendo en profundidad y que
iba compartiendo más con ella. Algunas cosas fueron apareciendo en el proceso
de montaje, como si fuera una escritura con imágenes a partir de sus palabras. Y
después vino otra etapa que fue la posproducción de sonido con Daniel Yafalián,
y con la música (de Sylvia Meyer). Hay un trabajo muy sutil, muy fino a través
de toda la película, y también ahí creció más, se multiplicó otra vez;
estuvimos como un mes con él escuchando, mirando, eligiendo.
Foto: Adrián Echeverriaga
Foto: Adrián Echeverriaga
Los primeros dos años de realización del documental fueron de acompañar a
Ida en su casa, en sus viajes; de sumergirse en su obra. En medio de eso, con
una cantidad considerable de material acumulado, llegó la pandemia, y el
momento fue más que propicio para sentarse y darle forma, encontrar la
estructura. “Es muy distinto el proceso de documental y de ficción, y yo
funciono más experimentando, probando la línea de tiempo, escribiendo con
imágenes y sonidos y búsquedas. Como yo filmaba y también editaba, había una
facilidad de, aunque ya estuviera casi terminado el montaje, agregar otra cosa
que apareciera y tuviera que ver con la unidad de la narración”, dice
Arrillaga. “Pero lo que no era parte de esa estructura propia de la película se
tenía que ir, aunque fuera maravilloso. Y también el soltar por el propio ritmo
y por la propia película fue un aprendizaje”.
¿Se le rebeló otra Ida durante el rodaje?
Tal vez ese sentido del humor que ella tiene, porque también puede ser
muy ácida. No es que no lo conociera, pero sí fue un desafío que pudiera
aparecer en el documental. En la escena en la que se la muestra como jurado del
Concurso Literario Juan Carlos Onetti se nota esa otra faceta (“Hay una
gerunditis generalizada en todo el concurso”, dice en una reunión por Zoom con
otro miembro del jurado). La importancia que para ella y esa generación tiene
el lenguaje. Esa fue otra pincelada, se iba sintiendo cómo se armaba el puzzle.
Eso agrega diferentes capas.
En la cámara usó un lente viejo que era de su padre. ¿Fue una elección
meramente estética, o tuvo también algo de sentimental en una película que
también tiene mucho que ver con su familia?
Ahí intervino el azar de nuevo. En el momento en que sale lo del viaje al
Premio Cervantes y que se lo cuento a un amigo estábamos probando justo ese
lente, que es de una Leica M3 que era de mi padre (aficionado a la fotografía).
Es un lente para sacar fotos. Y mi amigo me dice: ¿y si probaras con un
adaptador para ver si ese lente pudiera ser usado en tu cámara? Me mandé pedir
un adaptador y lo empecé a probar. Me ayudaron amigos fotógrafos a ver cómo
funcionaba en distintas situaciones de luces, era un riesgo porque el lente
tenía muchos errores. Pero un día filmé a Ida con un lente que no era ese y me
di cuenta de que el documental no podía ser filmado con otro lente. No hay un
filtro digital en el documental —sí tiene retoque de color—, pero el lente da
la sensación de paso del tiempo, de velo. Ahí fue seguir la intuición. Haciendo
esto descubrí esto de la voz única que cada uno tiene, y que si algo aparece,
hay que seguirlo, y si lo seguís y funciona, es por ahí.
Foto: Adrián Echeverriaga
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El documental,
los festivales y los 100 años de Ida
“Cada vez que
Ida ve el documental va comentando todo, porque va volviendo a vivir con
intensidad y se va colgando con cosas que capaz que se olvidó”, cuenta María
Arrillaga, la directora. “Es muy diferente filmar la realidad que la memoria,
porque vivimos un montón de cosas que, si no las hubiera filmado, en todos
estos años capaz había detalles, escenas que ya por lo menos no estaban en
primer plano de la memoria. Y ella iba sintiendo el recuerdo otra vez vivo.
También me decía, con su humildad y sentido del humor: “Lo que sobro soy yo”.
Había algo en esa Generación del 45 que no les gustaban los homenajes, ni
hacérselos a amigos que ya se habían ido, ni que los homenajearan. Entonces sí,
le cuesta ponerse en ese lugar y también un poco verse, lo disfruta y le
resulta absurdo al mismo tiempo”.
El documental
tuvo su estreno internacional en el 26º Festival de Málaga, en marzo pasado, e
Ida no se perdió la experiencia. “Fue un viaje larguísimo. Además una travesía,
porque perdieron los pasaportes el día antes y tuvieron que irse al día
siguiente, llegaron justito para el estreno. Ida llegó y, en vez de tirarse a
dormir la siesta, ya estaba mirando todo desde la terraza, que se veía la parte
antigua de la ciudad”.
En ese mismo
viaje fueron a Barcelona a presentar la película en Cinemes Girona, invitadas
por Casa América, y después tocó el Malba, en Buenos Aires, en el marco de la
Feria del Libro, con una función en el auditorio del museo.
A fines de
agosto, el documental se presentará en el Festival Sanfic, en Santiago de
Chile; a mediados de setiembre en el Festival Scoprir, en la Sala Cinecittà de
Roma, y a principios de noviembre, a propósito del 100º cumpleaños de Ida, el
documental se proyectará en la Biblioteca Nacional de Madrid en el marco del
Festival Cine por Mujeres.
En esa fecha
especial habrá varias funciones en simultáneo, cuenta la directora: “En México,
que es donde ella vivió 11 años, el 2 noviembre (fecha de su cumpleaños número
100) se proyectará en la Cineteca Nacional de México y en la Feria
Internacional del Libro de Guadalajara. Y en Buenos Aires se va a proyectar en
la Biblioteca Nacional. Acá la idea es hacer una linda función dada esa fecha
importante, pero todavía estamos viendo detalles”.
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Estreno y
tertulias en Montevideo y funciones en el interior
La ópera
prima de María Arrillaga se estrena este jueves 3 de agosto en salas de Life
Alfabeta, Cinemateca y Sala B del Sodre. Si bien el documental es un género
complejo para atraer espectadores, ejemplos como el de Bosco, de Alicia
Cano, estrenado en abril de 2022, que se mantuvo 24 semanas en cartel y llegó a
los 27.000 espectadores, demuestran que el público se va interesando más en el
género e infunden optimismo. Sobre todo en casos como este, el de Ida Vitale,
en los que la experiencia de ver la película en el cine hace toda la
diferencia.
Ida Vitale llegará también a otras zonas de
Montevideo con funciones especiales. Este jueves 3 a las 19 horas se proyectará
en el Centro Cultural Florencio Sánchez, con la participación de María
Arrillaga e Inés Vázquez; el sábado 5 a las 18 en el Centro Cultural Alba
Roballo; el viernes 11 a las 19 en el Centro Cultural Julia Arévalo, y el
viernes 18 a las 19 en el Centro Cultural Casa de la Pólvora.
También se
organizaron tres tertulias que tendrán lugar en el transcurso de agosto. En la
primera, que será el jueves 10 a las 19 horas en Cinemateca, María Arrillaga
conversará con María José Santacreu e Ida leerá poemas; la segunda se titulará La
poesía de Ida y será en Escaramuza el jueves 17 a las 21, y la tercera, Cine
y poesía, será el jueves 24 a las 19 en Cultural Alfabeta.
En setiembre
y octubre está prevista una gira del documental por el interior del país. Las
funciones confirmadas hasta el momento son el 15 de setiembre en Rocha; el 24
en el MACA, en Punta del Este; el 4 de octubre en Politeama, Canelones; el 12
en Bastión del Carmen, Colonia, y el 20 de octubre en Teatro Larrañaga, Salto.