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Gabriel Calderón: “Tenemos que cambiar lo que pensamos de nosotros mismos”

Gabriel Calderón hace un balance de su innovador primer año como director de la Comedia Nacional, reflexiona sobre el rol de la compañía en su 75 aniversario y adelanta una temporada de teatro clásico para 2023

“Lo primero que haría es no pensar obras, sino pensar en los artistas con los que queremos trabajar, sean escenógrafos, dramaturgos, actores”, me dijo Gabriel Calderón a fines de 2016, en una entrevista para el libro que luego escribí sobre la Comedia Nacional, cuando la posibilidad de convertirse en su director artístico era solo una fantasía. Seis años después, siendo uno de los directores y dramaturgos más importantes del país en las últimas dos décadas, se puso al hombro al elenco municipal. Comenzaba 2022 y, como todo el teatro nacional, la Comedia trataba de resurgir tras la pandemia. Calderón cumplió con lo que había anunciado y, fiel a su estilo seguro y disruptivo, imaginó una Comedia Nacional que ardía, renaciendo de las cenizas, y extendiendo su fuego al teatro uruguayo y al panorama internacional.

Volvió a contratar becarios para rejuvenecer el elenco, comenzó a coproducir obras con el teatro independiente (Trilogía de la indignación, en el Teatro Stella D’Italia, Las actas, actualmente en el Teatro Circular), les dio el Solís a jóvenes creadores, estableció los “jueves populares”, convocó artistas visuales en el Subte, estrenó en San José Esperando la carroza y la llevó al Teatro de Verano, e hizo brillar a la Comedia en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, España, entre otras iniciativas. Como corolario, mandó colocar un cartel de neón en la fachada del Solís que dice “Comedia Nacional Arde”. Hoy, en el cierre de su primer año al frente de uno de los elencos estables de teatro de financiación pública más longevos del mundo, que en 2022 está cumpliendo 75 años, Calderón reflexiona sobre lo que pasó y lo que se viene.

¿Alguna vez pensaste en ser director de la Comedia?

Eso es reciente, pero creo que la idea nació por ver en el mundo las posibilidades de los elencos y los teatros públicos, lo dinamizadores que podían ser para una ciudad. Notaba que acá la Comedia se había cerrado en una discusión sobre lo profesional, sobre el privilegio y creía que podía establecer otro tipo de conversaciones. En otros países que admiro, nadie discute solo el dinero que tienen, discuten cuál es su rol, qué artistas participan, qué relaciones establecen con los artistas del medio. Uno de los objetivos que me enamoró es cómo volvés necesario un espacio. Una cosa es decir que un lugar es necesario y otra es cuando lo es indiscutiblemente, esto implica una apropiación de todos. Tenía que encontrar una oportunidad de decir: “Si este lugar mejora, mejoramos todos”.

¿Cuál creés que era la percepción social que había sobre la Comedia antes de tu llegada?

Creo que había quedado muy prendida de una rivalidad con el teatro independiente, cuando todos los de la Comedia en realidad vienen de él. Hoy por hoy, o el año pasado, cuando yo todavía no estaba, eso ya no pasaba. Y quedó como un silencio de respeto mutuo. Pero cuando digo que estamos pensando algo nuevo, no es en desmedro de lo anterior. Tratamos de poner a la Comedia en un lugar que todavía no se inventó. Llevarla a algo por fuera de las salas incluso. En los lugares que me enamoraron del mundo, las salas y las obras son buenísimas, pero todo lo que sucede vinculado a ese teatro es interesante. Quiero volvernos necesarios en ese sentido, ser una voz que dice algo, que la gente, que la ciudad, necesita que se diga.

¿Cómo se implementa este modelo que estás queriendo aplicar?

Hicimos obras pero también hicimos muchos gestos que han construido comunidad. Hemos hecho posfunciones, que se hacían ya, pero las tratamos de establecer. Nos fuimos al Subte y festejamos el cumpleaños de la Comedia con cuatro artistas que no están directamente vinculados. Somos la plataforma de una conversación. Lo trajimos a (Alessandro) Baricco. Fuimos a estrenar a San José, ahora vamos a ir probablemente a otro departamento antes de que termine el año. Nos fuimos al extranjero, hicimos el Cerro (Teatro Florencio Sánchez) y el Teatro de Verano, estamos tratando de mostrarnos en otros lugares, y además de que lo que mostramos tiene que ser bueno, decimos : “También hacemos otras cosas”. Vamos a hacer un ciclo de lectura de nuevas voces de la Tecnicatura Uruguaya en Dramaturgia. Estamos trabajando con Agadu para una publicación digital. Tratamos de crecer por fuera del corazón, que son nuestras obras, y de pensar que una obra de teatro es más que una obra de teatro.

Para el libro me dijiste que si fueras director de la Comedia no pensarías en obras sino en artistas. ¿Cómo se maneja eso?

Trabajamos pensando en artistas. Las criadas, por ejemplo, es una obra que me gusta pero no sé si es sí o no hasta saber a quién vamos a llamar y qué va a hacer. Muchas veces llamás a la persona y te dice: “Las criadas, no”. Pero le digo: “Si querés trabajar con la Comedia, quedate. Buscaremos una obra que quieras hacer”. O llamo a un artista y te dice que nunca hizo teatro, pero a la Comedia le interesa trabajar con él, y buscaremos una obra que se acomode o incluso algo que no sea una obra de teatro. En el consejo artístico se discute el proyecto general del año, el que viene es de clásicos. Podemos hacer todos clásicos, porque lo que importa es qué hacemos con ese clásico. También empezamos un camino de adaptación de novelas clásicas.

¿Por qué un año de clásicos?

Este año propuse, y todos dijeron que sí, trabajar con títulos que no fueran conocidos, para desmitificar eso de que en la sala grande solo se pueden poner títulos convocantes porque es muy difícil llenarla. La idea es que cuando algo está bueno, la gente responde. Al haber dejado los clásicos afuera hay un público natural de la Comedia que este año no tenía su diálogo, aunque lo tuvo igual porque es público fiel. Ahora puedo hacer todos clásicos porque ya no doy discusiones de autores, de obras, doy discusiones de artistas.

¿De qué manera apoyarías al autor nacional?

Creo que no es solo estrenándolo. A mí me encanta el autor nacional, haría solo autor nacional, pero si estrenamos obras que no están prontas o autores que no están para trabajar con tal elenco en tal sala, los arruinás. El desafío es encontrar los artistas para que se encuentren en el espectáculo ideal. En este país sigue siendo medianamente fácil estrenar. La Comedia tiene que ofrecer invitaciones que desafíen al autor. Es un poco lo que nos propusimos con Leonor (Courtoisie), que es una muy buena autora, pero dijimos: “Vamos a hacer algo que vos no sabés si podés hacer y nosotros no sabemos si se puede hacer”. Lo mismo con Domingo (Milesi), que no le propuse hacer una obra de él sino ser director de otra. Vamos a tratar de sacar una línea editorial de la Comedia con los autores que estrenan, independientemente de lo que suceda con la obra de teatro.

¿Cuándo se hará el concurso para actores? (El último fue en 2012.).

Se publicará en noviembre o diciembre y en febrero probablemente se harán las pruebas. Son ocho concursos. Este año tenemos récord de contrataciones, en varias obras contratamos una o dos personas y en Esperando la carroza la mitad son contratados. Además, volvimos a los becarios y están las coproducciones, que también generaron aranceles para estos artistas. El concurso es una de las maneras de relacionarse con los otros artistas. Tenemos otras formas en las cuales un artista independiente puede verse beneficiado.

¿Cuántos actores tiene la Comedia y cuál sería el número ideal?

Ahora hay 20. La Comédie-Française tiene 87 y siempre reclama que no son suficientes porque tiene mucha demanda de público. Lo ideal sería que la Comedia Nacional tuviera esos 87, pero que no fueran en desmedro de una situación del teatro independiente que tiene que mejorar. Quisiera tener más concursos, más posibilidad de contratar y de coproducir, pero me gustaría que por fuera de todo eso, el teatro independiente tuviera más dinero para sostenerse, más fondos. Tenemos por suerte en Uruguay un ejemplo de lo que tiene que ganar un actor, de lo que implica ser profesional. Pero hoy estamos obligados, el 98 por ciento del teatro nacional, a que no sea así, porque no nos podemos sostener económicamente.

¿Creés que hay una solución a esto? A que la mayoría de los actores uruguayos tengan que trabajar de otras cosas para poder vivir.

Implica varias cosas. Lo primero es un cambio cultural, no va a pasar si este país no se convence de eso. Hay una gran parte de la gente, que cuando un artista recibe un peso del Estado, dice: “Este vago que recibe plata”. Hay un gran apoyo a los artistas nacionales mientras que no sea económico. Nos encantan las películas de Europa o Estados Unidos y ahí hay industrias culturales que meten muchísimo dinero para que eso suceda y si vos no lo empezás a verter, te colonizan. Esto se entiende cuando hablamos de importación de zapatos de China pero no cuando hablamos de cultura. Necesitamos una cultura nacional para tener una identidad y una singularidad en el mundo. Tenemos que dedicarle economía como le dedicamos a cualquier cosa que no es redituable. Cuando llegué a la Comedia todos allí, incluyendo Mario Ferreira (el director anterior), que ahora está en el elenco, entendían que tenía que haber un cambio. Si ese cambio se va a dar, tenemos que cambiar lo que pensamos de nosotros mismos.

¿Creés que tendría que existir otra Comedia Nacional del Sodre, por ejemplo? ¿O comedias nacionales en los otros departamentos?

Sería maravilloso que hubiera más elencos estables, generar nuevas conversaciones interesantes. Necesitamos que los recursos económicos crezcan en todos lados. La educación, la vivienda, la ciencia están peleando por recursos económicos. Los artistas tenemos que dar esa pelea, pero también tenemos que hacer un ejercicio de pensarnos diferente. Los mismos recursos para hacer lo mismo por lo que los perdimos no tiene sentido.

¿Cómo hacer para que el teatro se convierta en algo más importante para más personas?

Quiero que todo el mundo ame el teatro, eso no quiere decir que todo el mundo va a poder entrar a ver una obra de teatro, no me dan las locaciones. Hay que pasar a que cuando se hable de teatro se diga: “yo conozco”, “yo hice”, “yo fui una vez”, pasar a ese estado en el que todo el mundo tenga una relación con el teatro. Es como con el fútbol, creo que al Estadio Centenario fui cuando tenía 7 años, no fui más, pero tengo relaciones con el mundo del fútbol por todos lados. Si me apurás tenemos algún Cavani o Suárez en el teatro, lo de Marianella (Morena) y Sergio (Blanco), lo de Santiago (Sanguinetti) y Roberto (Suárez), no es usual en el mundo. Esos talentos no surgen por generación espontánea. Este país tiene más relaciones con el teatro de lo que creemos. Creo que hay que empezar a incentivar, a decirle a la gente que eso está bien.

Hay mucha gente que no sabe qué es la Comedia Nacional, que nunca la ha ido a ver o que tiene una idea del teatro como algo ajeno.

Si mi trabajo fuera convencer a la gente, me busco otro. Esa relación es mucho más compleja que el algoritmo de Netflix. Si quiere que le den lo que quiere, quédese en su casa. El teatro es un mundo para gente que descubre que tal vez quería algo que no sabía que existía o que se dio cuenta de que lo que quería no le gusta. Por eso jugaba en Constante con que el teatro es peligroso, porque mancha de una manera más compleja que el gusto. Ver una obra que me guste es muy difícil que suceda en el año, sin embargo, hay muchas cosas que me interesan, me interpelan, me remueven.

Hay mucha gente que no ve teatro uruguayo y es capaz de pagar entradas muy caras para ver artistas que vienen de Buenos Aires. ¿Cómo impacta la poca participación de los actores uruguayos en la televisión o el cine?

Tenemos que ser pillos y usar eso para nuestra conveniencia, porque tira abajo la idea de que la gente no paga por el teatro. Me dirán: “Pero no paga por el teatro uruguayo”. Quizás hay que ver qué público paga por eso y qué público paga por esto. Es una carencia nuestra, tenemos un gran problema, que es que no tenemos pie en la televisión, eso generó una herida de largo plazo. Los canales, los gobiernos y la gente regalaron ese espacio. Eso me lleva a otro problema: a que no tengamos un teatro comercial fuerte, es otro eslabón de la cadena. Por otro lado, Uruguay tiene una cultura muy antigua de gratuidad en la cultura y es un problema que hay que poner en discusión.

¿Cómo hacer para que los actores sean más populares?

Para que esa popularización llegue verdaderamente necesito de eslabones que no están. Apenas puedo intentar cambiarnos la cabeza a nosotros mismos sobre el rol de la Comedia, ¿qué puedo hacer con los eslabones que no existen? Algo que sí puedo hacer con la popularidad de los actores de la Comedia es tratar de que cuando termine mi gestión sean más conocidos que cuando empecé. Creo que si hacen buenas obras de teatro, dan buenas notas, participan de actividades por fuera de la función, si los ven afuera de los teatros usuales, empezás a hablar de ellos, al menos un poco más.

¿Sería bueno que la Comedia tuviera una sala propia?

Estamos necesitando un teatro propio, porque tenemos Estudio para la mujer desnuda, Constante, Esperando la carroza, La trágica agonía de un pájaro azul, esas cuatro por lo menos, que bajaron (de cartel) agotando. Probablemente le pase lo mismo a El salto de Darwin. Estarían para que mucha más gente las vea y se generen más economías, que en la Comedia significa hacer más obras y contratar más artistas. Cuando hacés una inversión de 10 pesos y la obra puede recaudar 20 pero tu capacidad de sala te deja hacer 5 pesos, tenés un problema de crecimiento. También soy consciente de que la Comedia fue una de las que promovió perder el teatro (Solís, que luego de la reapertura, dejó de pertenecer exclusivamente a los cuerpos estables de la Intendencia). Probablemente alguno de los veteranos de la Comedia se enoje conmigo, pero el libro de (Gerardo) Grieco (Para los que se sueñan, con Elena Firpi, Ed. Aguilar), da cuenta de la situación en la que estaba el Solís cuando era solo de la Comedia Nacional. A veces pienso en que si uno no se piensa, no renueva, en algún momento alguien lo hace por uno. Siento que tenemos que tener un teatro, pero me gustaría que nos lo den porque tenemos tantas obras que funcionan tan bien que necesitamos más espacio.

¿Vas a dar esa batalla o es un ideal?

Mi batalla es que en dos años, cuando me vaya, la Comedia y el medio con el que se relacionó hayan crecido. Vino más gente, hicimos más funciones, estuvimos en más lugares, nos relacionamos con más artistas. Los otros son medios: becarios, concursos, notas, contrataciones, no me quiero comprometer en los medios porque no depende del todo de mí.

¿Por qué decís que solo vas a estar tres años?

Hay posibilidad de tres años más pero primero hay que ver cómo llegamos, quizás al final no me quieran ni ver. Lo segundo es que mi carrera internacional, que es de la que vivo, tres años la puedo detener, seis implica perder mi camino. Tal vez es más sano pensar que tengo tres años no seis, siento que tengo que trabajar día a día porque no tengo tiempo. Encontré un Departamento de Cultura que me dice: “Sí, vamos a Almagro”, el consejo artístico que me dice que sí, los becarios que querían venir, encontré todo tan amable, que eso que pensaba que tal vez tenía que luchar mucho se dio en el primer año. Pero un camino internacional no alcanza con ir a Almagro y hacer dos funciones, hay que tener permanencia, que las obras se hagan en distintos lugares, generar coproducciones internacionales, hacer que los artistas internacionales vean a la Comedia como una compañía en la que quieren trabajar.

¿Cómo te has llevado con el presupuesto de la Comedia?

En lo presupuestal, me lo marca todo el tiempo el Departamento de Cultura, fuimos los más beneficiados este año, pero siempre digo que hemos estado a la altura de ese apoyo. Este año hemos logrado que la Comedia esté en la conversación cultural de la ciudad.

¿Por qué es importante la Comedia Nacional?

Los países que no la tienen, que son muchos, la extrañan y envidian. Buenos Aires la perdió y la sufre hasta hoy. En el fondo de la pregunta hay una creencia de si la cultura es esencial. Si vos me decís: ¿por qué una Comedia Nacional pública?, entonces te pregunto: ¿por qué es importante tener un hospital público de calidad?, ¿por qué no decimos en la salud que sean todos privados? La Comedia es un puntal de profesionalización, si hace bien su trabajo, el teatro de la ciudad mejora. Además tiene la obligación de arriesgar. ¿Los independientes no arriesgan? Todo el tiempo, pero ellos pueden perder, pierden tiempo o asumen deudas. La Comedia si arriesga y no viene público está apostando hacia el futuro. Si la Comedia en 1962 no hubiera hecho eso hoy no tendríamos Esperando la carroza. La discusión es qué modelo de país queremos.

Hay como una falsa dicotomía de que si se le da a la Comedia no se le da al teatro independiente.

Nosotros lo que tenemos son datos. Cada vez que se le sacó a la Comedia eso no fue para el teatro independiente; si fue para el teatro independiente fue por uno o dos años y después se perdió. Lo que pasaba es que a los dos o tres años teníamos una Comedia Nacional reducida y un teatro reducido. Ojalá demos discusiones para crecer no para sacar. Recuerdo unas palabras de Mariana Wainstein. Cuando uno ve la torta económica del país, la cultura es una línea sin espesor, entonces ¿vamos a pelear entre nosotros si hay muchísimo para crecer?

¿Por qué creés que la Comedia ha logrado sobrevivir estos 75 años?

Deberíamos hacer foco en la gente que cree en esto y que ha hecho su trabajo. Pienso en Nelly Goitiño, (Justino) Zavala Muniz, Héctor Manuel Vidal, Adela Reta, hay mucha gente que ha creído que esto no tiene sentido discutirlo. Estamos defendiendo todo el tiempo espacios que creemos que valen la pena. Por eso el Teatro Circular viene hace 70 años y El Galpón también. Cualquiera de esos dos teatros tendrían en el mundo una subvención, serían semipúblicos, y acá, la Federación Uruguaya de Teatros Independientes les da, pero están lejos de poder subsistir con esos fondos. Y si no los tuvieran, algo nos dice que subsistirían igual, porque lo hacen hace muchísimos años. ¿Por qué? Porque saben que eso tiene un valor, que la gente los apoya. Este pueblo tiene mucha relación con su cultura.

¿Cómo interpretás que agotaron entradas con varias obras este año?

Estoy conversando con el público. Ahora, por ejemplo, en Tiempo salvaje son tres horas de obra, estamos sintiendo que el público no viene tan masivamente pero les estamos diciendo: “Vengan”, porque tenemos que crecer. No puede ser que las obras tengan que durar cada vez menos, nosotros creemos en un público que quiere estar acá mucho rato si la obra es buena. Antes de empezar yo sentía una presión grande porque sentía mucha expectativa de la gente. Pero creo que las obras que pusimos cumplieron algunas expectativas y sorprendieron algunas propuestas. Para nosotros son tiempos salvajes, de trabajo fuerte, de mucha responsabilidad.

¿Cuál es el ideal de Comedia Nacional que querés dejar cuando te vayas?

Mi ideal es modesto, cuando termine quisiera que este espacio sea más fuerte, pero eso no puede ser en desmedro del teatro nacional. Mi ambición es que al cerrar estos tres años, sobre todo las cabezas de quienes están vinculados a la Comedia hayan cambiado acerca de qué es lo que la Comedia puede hacer. Incluso por ahí se está gestando un director o directora del futuro a quien le va a parecer mala mi gestión, pero ojalá yo contribuya a que piensen su modelo. Y esto lo tengo porque hubo gente en mi vida que me ayudó a pensar distinto. Yo creo que estas conversaciones, estas notas, son parte del proceso. Trato de convencer al elenco de que dar notas no solo es ir y hablar de la obra, es la oportunidad de convencer a alguien de que el teatro es lo mejor del mundo.

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