¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
$ Al año*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
$ por 3 meses*
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
* A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
stopper description + stopper description

Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

Suscribite a Búsqueda
DESDE

UYU

299

/mes*

* Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

¡Hola !

El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

María Dueñas cuenta las razones que la llevaron a retomar la historia de Sira

La escritora española conversó con Galería acerca del lugar que ocupa Tánger en su vida y en la construcción de sus ficciones, de escribir en tiempos de pandemia y del reencuentro con el personaje después de 12 años
Colaborador en la sección de Cultura

Sira Bonnard, antes Arish Agoriuq, antes Sira Quiroga, está de regreso. Y con una novela cuyo título es su nombre de pila. La joven costurera e intrépida espía del megaéxito editorial El tiempo entre costuras reaparece en esta nueva historia, 12 años después de la publicación del bestseller con el que se dio a conocer al mundo.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, con el mundo intentando reconstruirse, la protagonista concluye sus funciones como colaboradora de los servicios secretos británicos y afronta un presente incierto y fecundo de nuevos desafíos. Instalada junto con su esposo Marcus en Jerusalén, intenta encontrar cierta estabilidad en un contexto poco propicio. Tierra Santa se encuentra bajo Mandato británico, son tiempos convulsos, previos al nacimiento del Estado de Israel, con tensión entre británicos, judíos y árabes. En el camino, Sira establece lazos de amistad en el efervescente universo del periodismo, entre reporteros, cronistas y corresponsales extranjeros. Un trágico suceso la conducirá nuevamente hacia territorios conocidos, pero desde otra perspectiva: vuelve al espionaje, esta vez con la identidad de Livia Nash, interpretando el papel de reportera del Servicio Latinoamericano de la BBC. "Mis años de minuciosa colaboración con los servicios secretos me habían enseñado no solo a escuchar con suma atención, sino también a provocar, con mis silencios, que los demás siguieran hablando", resume ella.

Lo que sigue es una intensa sucesión de acontecimientos que se agitan en diferentes partes del mundo, entre ellas España, Gran Bretaña y Marruecos -más precisamente Tánger, donde comenzó todo-, y en la que entran en escena algunos personajes históricos como Eva Perón -a quien Sira ve como una "indomable" que "no tenía miedo a nada"-, o la socialite estadounidense Bárbara Hutton, una de las pocas mujeres multimillonarias del siglo XX, además de secundarios como Francisco Franco, su esposa Carmen Polo, el naviero Alberto Dodero y Juan Duarte, hermano de Evita.

Dueñas (Puertollano, Ciudad Real, 1964) es doctora en Filología Inglesa. Tras dos décadas de trabajo académico saltó a la ficción con El tiempo entre costuras (Planeta, 2009), uno de los fenómenos editoriales más impactantes de España: lleva vendidos más de cinco millones de ejemplares y ha sido traducida a cuarenta idiomas. A su vez, la obra fue adaptada a la televisión en una exitosa serie homónima. Posteriormente, Dueñas publicó Misión Olvido (2012), La Templanza (2015) y Las hijas del Capitán (2018), todas a través del Grupo Planeta.

Acerca del lugar que ocupa Tánger en su vida y en la construcción de sus ficciones, de escribir en tiempos de pandemia, del reencuentro con el personaje después de 12 años, y de la reacción de su editora cuando le informó que estaba desarrollando una nueva historia con Sira como protagonista, Dueñas conversó con Galería, Zoom mediante, desde su casa en Madrid, curiosamente, el mismo día del natalicio de Eva Perón.

¿Puede identificar cuáles fueron los caminos recorridos que la llevaron a reencontrarse con Sira?
Cuando se publicó El tiempo entre costuras todo vino muy de prisa. Las ediciones que se sucedieron en España, el salto a América Latina, las traducciones, la serie de televisión, muchos lectores que me preguntaban qué va a pasar con Sira y otros pedían una segunda parte. Pero todo fue tan imprevisto, tan largo, tan convulso, que llegó un momento en el que pensé que Sira y yo necesitábamos separarnos un poco, darnos un descanso. Entonces vinieron otras tres novelas y, cuando había arrancado ya con la que sería mi quinta novela, había avanzado un poco, hice un viaje a Tánger, está aquí, al ladito, solo es una hora de vuelo, es nada, es poquísimo, e iba de manera muy frecuente a Tánger, a Tetuán. Y siempre que subo al avión de vuelta, cuando me trae a Madrid, siempre vengo pensando que atrás dejo un territorio con un potencial para mil historias más. Luego llego, empiezo con mi vida de siempre y aquello se me olvida. En uno de los últimos viajes, hace cerca de dos años, volví con una historia dando vueltas en la cabeza. Paseo mucho por Tánger y voy muy a menudo al cementerio anglicano, que es muy pequeñito, histórico, como muy coqueto, que en un principio estaba fuera de la ciudad y ahora ha quedado totalmente integrado. Compré un libro que contiene pequeños obituarios de la gente que allí está enterrada, de expatriados ingleses que llegaron en distintos momentos desde las colonias, desde Gran Bretaña, desde quién sabe qué sitios y que al final hicieron de Tánger su sitio en el mundo. Y volví a dar vueltas otra vez a aquello de cuántas historias había por contar, cuántas vidas, cuánto potencial narrativo. Y esa vez no conseguí sacarme aquello de la cabeza. Y al final, cuando me decidí a escribir, tuve que claro que si volvía a aquel territorio tenía que ser con Sira. No podía traicionarla con otros personajes. Y así nos reencontramos.

¿Cómo fue ese reencuentro? ¿Percibió o imaginó momentos, acciones, lugares en donde estaba Sira?
Empecé a ver, sobre todo, momentos. Me detuve a pensar en dónde dejé a Sira en El tiempo entre costuras y cómo es el mundo que recibiría esa nueva Sira. El tiempo entre costuras acaba anticipando el fin de la Segunda Guerra Mundial, con lo cual ese tendría que ser, de manera fluida, natural, el arranque de la nueva novela: el final de la gran contienda, esa Europa desolada, destrozada, dolorida, que surge tras la segunda guerra, pero también con ganas y con el empeño de reconstruirse. También quise ampliar el objetivo y ver cómo estaba el resto del mundo más allá de Europa. Me interesaba mucho cómo estaba entonces el todavía existente Imperio británico. En El tiempo entre costuras tenía relación sentimental con un agente de la Inteligencia británica (Marcus Bonnard), ahora se han casado, y a él su trabajo lo podía llevar por distintos enclaves del Imperio británico. En ese momento, por su cercanía con Europa y por el impacto después de la guerra, me interesó mucho Palestina, que está todavía bajo Mandato británico, aunque ya en una situación muy tensa, muy hostil, porque son los momentos previos al nacimiento al Estado de Israel, porque es una época muy convulsa para todos, es un conflicto triangular: no es entre judíos y árabes, es entre judíos, árabes y británicos. Ahí es donde decido insertar la primera parte de la novela, en ese Jerusalén convulso y tumultuoso.

¿Cómo es trabajar una ficción con hechos y personajes históricos?
Yo no intento encontrar datos que soporten la ficción sino al revés: primero encuentro los datos, me hago la cartografía, y luego inserto la ficción dentro de ellos. No busco un respaldo para la ficción, busco un lugar dentro de los hechos históricos donde encajar la ficción y los movimientos de los personajes. Para eso, antes de abrir un documento en mi ordenador que diga "Capítulo 1" ya llevo un tiempo investigando y leyendo, llenando cuadernos con mis notas y tengo claros cuáles van a ser los escenarios y cuál va a ser el framework histórico de la acción. Para eso leo e investigo con mucha intensidad y con sumo agrado, es la parte que más me gusta de todas: investigar. Ahí soy totalmente libre para abrir las puertas, para seguir los pasillos y los corredores que yo quiera. Leo mucho, muchísimo material de todo tipo porque realmente me gusta. Es una curiosidad personal, intelectual, la que yo tengo, más allá de la novela incluso. Arranco con las fuentes más ortodoxas, artículos académicos, libros escritos por especialistas. Luego voy a la prensa de la época. Me interesa mucho y ahora mismo hay bastantes hemerotecas digitalizadas que son muy accesibles y ahí me puedo pasar mucho tiempo, me tengo que obligar a cortar porque me interesan tanto las grandes noticias como los pequeños detalles que te hacen ver cómo vivía la gente: qué se compraba, qué se vendía, a dónde iban a comer, qué tipo de acontecimientos pequeños, locales, ocurrían en el momento. Luego utilizo todo el material gráfico que puedo. Ahora, como estamos en 1946-1947, ya hay muchas fotografías, grabaciones audiovisuales, postales, mapas, folletos turísticos. Voy recogiendo de todo y luego desciendo hasta un nivel de encontrar los menús de los restaurantes, las cosas pequeñitas de la época, los anuncios publicitarios y los folletos turísticos, todo ese nivel digamos más costumbrista me interesa porque me ayuda muchísimo a la hora de diseñar unos escenarios que resulten no solo creíbles sino también envolventes para los lectores. Eso es lo que busco siempre.

¿Cuánto tiempo de trabajo demandó el proyecto?
Poco más de un año, unos 13 meses. Escribiendo todos los días, rutina de oficina casi. Los primeros meses, de enero a marzo de 2020, que fue cuando tuvimos la pandemia encima, iba escribiendo con algunas pequeñas pausas y algún pequeño viaje. Recuerdo que estuve en Estrasburgo, en Francia. En marzo, cuando la pandemia se instaló en España, yo estaba ese fin de semana en Tánger. Volví de Tánger un domingo, me estaba yendo a Buenos Aires un miércoles, y el martes cancelamos el viaje. Ya estaban echando atrás a los españoles que iban llegando a América Latina porque desde aquí la situación estaba difícil. Entonces, a partir del anuncio de nuestro presidente de que se iba a decretar el estado de alarma, fue un encierro absoluto. Así fue que Sira y yo estuvimos un largo rato durante los siguientes meses. Hubo algunas paradas, la pandemia nos dio una especie de respiro en julio, agosto, y luego en septiembre empezó otra vez pero ya sin viajes grandes. Por un lado fue positivo para escribir porque pude hacerlo sin interrupciones. Pero, por otra parte, creo que tampoco estábamos todos al cien por cien. Lo voy hablando con mucha gente y todo el mundo coincide en que hemos trabajado mucho, naturalmente, pero teníamos también un trozo de la cabeza ocupado en otras cosas: en cómo va el mundo, cómo van evolucionando las cifras, las curvas. Ha sido raro escribir así, pero por otro lado Sira ha sido para mí como un refugio, en estos tiempos tan desalentadores, por lo menos yo tenía una cueva donde meterme y olvidarme de nuestra realidad más cercana.

Sin embargo, en la ficción de Sira también se metió en tiempos convulsos.
Es algo que lo pensaba a veces. Y es lo que somos los humanos a lo largo de la historia: convulsión tras convulsión, cambio tras cambio. O no aprendemos o no sabemos o no podemos nunca vivir en paz durante un período prolongado, siempre tiene que haber algo que nos trastoque.

¿Qué siente que ha aprendido en estos 12 años a partir de haber empezado a escribir ficción?
Vengo del mundo académico, no escribimos ni investigamos lo mismo ni mucho menos, pero ya llevaba muchos años en esa dinámica de trabajar en soledad, de desprenderte de la realidad inmediata y volcarte en otros mundos, de pasarte abstraída en un tema (antes eran asuntos académicos, ahora son asuntos de ficción, pero da igual), absorbida por otra cosa que no sea el ruido que hay alrededor. Creo que no ha sido un cambio muy drástico. Es verdad que ahora escribo ficción y antes escribía literatura académica, pero más allá de que ahora tengo más libertad para decidir por donde van mis personajes y cómo se mueven las tramas, la dinámica de la escritura es relativamente parecida: te tienes que plantear objetivos, tienes unos procedimientos para llegar a ellos, hay unas etapas que debes cumplir a lo largo del proceso. Y creo que lo que he hecho es trasvasar mis habilidades y mis herramientas de escritura académica a la escritura de ficción. Son muy distintas pero tienen un sustrato en común: hay investigación, disciplina y búsqueda del rigor.

¿Corrige mucho?
Corrijo sobre la marcha. Cuando trabajo no comienzo en el último punto del día anterior sino que voy hacia atrás, a lo que hice el día anterior, y corrijo, corrijo, corrijo, y entonces arranco con el trabajo del día. Es un proceso de retroalimentación constante, por lo cual cuando pongo el punto final a la novela entera ya no hay demasiadas correcciones que hacer. Sigue habiendo, siempre hay cosas que quedan sueltas, pero no quito grandes trozos ni cambio ni reescribo prácticamente.

¿Cómo y cuándo supo su editora que había empezado a trabajar en una segunda parte de El tiempo entre costuras?
Mi editora principal, Raquel Gisbert, mi directora editorial, Belén López Celada, y mi editora junior y gran amiga Lola Gulias sabían que yo estaba escribiendo otra novela, porque la había compartido con ellas y habían leído parte. Cuando decidí que iba a volver a Sira, me callé, no dije nada, porque quería ver qué tal me sentía, cómo era ese reencuentro, si podría avanzar o no. Arranqué a escribir. Y cuando tuve claro que aquello podía seguir adelante y podía funcionar, recuerdo que quedé a comer con mi editora y ahora ya gran amiga, Raquel Gisbert, que me ha acompañado desde la primera línea de El tiempo entre costuras. Fuimos a un restaurante francés que ahora se ha convertido en un sitio muy querido para mí, pero en ese entonces era la primera vez que iba. Le dije que estaba avanzando en una nueva historia de Sira y recuerdo que Raquel, literalmente, se puso de pie y empezó a saltar de alegría. Estaba feliz, feliz. Sira significó mucho en la vida de las dos, para ella como editora y para mí como escritora. Ella no es para nada el tipo de editora invasiva, controladora, en absoluto. Le voy dando lo que voy teniendo escrito pero en grandes trozos. No es el trabajo de un día, ni de una semana ni de un mes, sino de cuando ya la novela está bastante avanzada. Ella opina, comentamos, charlamos mucho, pero yo tengo muchísima libertad en ese sentido, no me siento para nada presionada. Luego, la noticia de la vuelta de Sira circuló primero muy en petit comité del equipo editorial. Hasta que se dio la noticia a toda la editorial. Y fue una enorme alegría.

Durante la escritura de Sira, ¿qué tanto asomaban las imágenes de la serie, de la adaptación de El tiempo entre costuras?
Cero. No volví a ver la serie, no volví a leer la novela, nada. Empecé como si fuera la primera vez, como si no hubiera un mundo alrededor. Yo tengo mucha facilidad, en serio, para aislarme del mundo exterior, quizás porque vengo de una familia muy numerosa, de una casa con mucha gente y mucho ruido. Entonces, en todas las novelas me pasa, y en esta más todavía, que el ruido del mundo queda por un lado y por el otro estamos el texto, los personajes y yo, nada más. Mientras escribo el libro estoy sola, no lo comparto con nadie, es mi refugio, una pequeña cueva que me aísla de la realidad y me genera muchísimas alegrías. Muchas veces, cuando estoy fuera o estoy con amigos o simplemente estoy en la vida, pienso: qué suerte tengo que ahora yo puedo volver y tengo otro mundo en paralelo, que es solo mío y no entra nadie. Es de las cosas que más agradezco de escribir libros, más allá del éxito y los lectores, que también agradezco muchísimo: tener un mundo para vivir en paralelo a todo lo que hay a mi alrededor es una maravilla.

En esta nueva entrega a Sira se le presentan nuevos desafíos, entre ellos, el de la maternidad. Ella misma se ve como una "mujer cuajada". Es una mujer distinta a la de El tiempo entre costuras.
Tenía interés en que fuera así. Quería encontrar a una Sira mucho más cercana a como son las mujeres de finales del siglo XX y principios del siglo XXI. Si bien de su boca jamás saldría la palabra "feminismo" o "empoderamiento" o "conciliación" (aunque el feminismo ha estado siempre y estos dos últimos términos son más nuevos), tenía interés en que Sira reflejara un poco de todo eso. No porque sea un elemento excéntrico dentro de aquel mundo, siempre ha habido muchas mujeres con esas ambiciones y esas ilusiones de ser algo más en el mundo que exclusivamente madres. Quería rescatar un poco la esencia de todas esas mujeres que a lo largo de las décadas y de los siglos ambicionaron tener una significación en el mundo, más allá de los papeles que la sociedad les tenía asignados. Además, me interesaba mucho esta Sira de los años 40 porque contrasta enormemente con el prototipo de mujer que intentaba inculcar el régimen franquista en España, que en ese sentido era muy machista, y tenía un organismo muy poderoso, la Sección Femenina, cuyo prototipo ideal era "el ángel del hogar", así se la llamaba. Que tuviese la casa limpia, la comida hecha, los niños cuidados, aseados, y el marido contento y ya está. Y ella sonriente, en el centro del hogar. Eso es lo que el régimen intentaba imponer y eso es lo que Sira no quiere ser para nada. Y no es porque sea una rebelde o una mujer contracorriente, simplemente no se encuentra cómoda en ese estereotipo.

Mujeres sumisas y silenciosas. Le vino bien entonces incluir a Eva Perón, que es otra de las figuras históricas que aparecen en la novela.
A menudo me preguntan cómo se me ocurrió poner a Evita y yo les digo que a mí no me se me ocurrió: vino ella a mi encuentro. En aquella España dura y muy turbia de 1947 (en ese entonces España se encontraba hambrienta, dolorida y oprimida) su llegada y la de su comitiva es el único acontecimiento entretenido y luminoso.

Lo que nos lleva a la investigación de lo pequeño y lo cotidiano que usted mencionaba antes. En la novela también ingresan personajes como el magnate y armador argentino Alberto Dodero, la modista Asunta Fernández, de la casa Henriette, Julio Alcaraz, su peluquero, Juan Duarte, su hermano. Evita aparece a través de quienes la rodean.
Eso es lo que me interesaba. Me han dicho: "Evita es un personaje muy controvertido, cómo se te ocurre tratarla en la novela". Y yo digo que no me interesa esa Evita, el ideario de Evita en Argentina, yo ahí no me voy a meter, carezco de elementos para tener una visión crítica, certera y objetiva acerca de su desempeño como primera dama de la nación. A mí me interesa la Evita que viene a España y todo lo que la rodea: cómo la reciben las autoridades, cómo la recibe el pueblo español, cómo era el trato con su dama de compañía, la empresaria Lillian Lagomarsino, y Juancito, su hermano, que es un personaje que daría, él solo, para cinco novelas. Eso es lo que me interesa de Evita: ir más allá de su leyenda. He tenido la suerte de que todo eso está muy documentado. La prensa de la época se volcó a dar todo tipo de detalles. Y está todo minuciosamente reportado. Qué comía, qué le regalaban, a qué hora llegaba a un lado, a qué hora a otro, quién la agasajaba, qué ropa llevaba puesta, a qué hora se subía al avión. Todo está al milímetro. Entonces ha sido un lujo tomar toda esa información de aquí y allá y reescribir aquel viaje.

¿En qué cree que se parecen el espionaje y el periodismo?
En el fondo del fondo del fondo, ambos trabajan con la información. Ambos, de distinta forma, manejan la información. Puede ser información más pública, puede ser información más clandestina, más interesada o más objetiva. Pero, en el fondo, hay un afán por saber, por conocer algo y transmitirlo a según quién. Y Sira se bandea en ese mundo, en las dos novelas: hay una información que ella necesita obtener y hay una información que necesita ella después transmitir. Puede que sea a través de unas puntadas en un patrón, puede que sea a través de un micrófono. El caso es trasvasar la información. Hay en el medio toda una cuestión de intereses, hay traiciones, pero yo quiero que Sira tenga un alma noble, que no entre allí.

¿Volverá Sira también a la ficción televisiva?
Hay ganas, ganas externas de que así sea, y yo no me cierro. Tampoco tengo mucha prisa. Hace poco hemos hecho otra adaptación, la de La Templanza, que se estrenó en Amazon Prime en marzo. Mi última novela, Las hijas del Capitán, también está en proceso de producción, se están trabajando los guiones, con lo cual creo que llegará Sira. La adaptación de El tiempo entre costuras dejó muy buen sabor de boca y hay ganas de seguir con ella. También creo que no hay mucha prisa. Pero vendrá. Antes o después llegará.

Sira, de María Dueñas
Editorial Planeta, 642 páginas, 990 pesos

// Leer el objeto desde localStorage