Mirella Pascual: “Todavía no descubrí de qué se trata el amor”

Nombre: Mirella Pascual • Edad: 69 • Ocupación: Actriz • Señas particulares: Cree en el destino, escribía canciones para niños, mira Los puentes de Madison para llorar

¿Cada vez que dice “hasta mañana si Dios quiere” se acuerda de Whisky? No lo digo tanto, pero uno va creciendo y como que va necesitando acercarse a Dios y a veces me veo diciendo: “¡Ay, Dios mío!”. Y eso sí me hace acordar.

Su primer gran trabajo en actuación fue a los 49 años. ¿Todo lo que pasó antes lo ve como otra vida? A esta edad, cuando mirás para atrás te parece que viviste muchas vidas. Pero sí, esto, más allá de que era inesperado, nunca lo había soñado. Me dio un oficio nuevo, un motivo nuevo de vida. Cuando ya están más grandes tus hijos tenés otra independencia.

Siempre se la ve tan serena. ¿Es una actitud frente a la vida o la procesión va por dentro? Vos sabés que a veces me miro a mí misma y digo: ¿por qué estoy tan positiva? Están pasando un montón de cosas... Además me divorcié, por tercera vez, hace tres años. Yo soy superserena, sí, pero la vida me va llevando. Como que no tengo mucho dominio de la vida. No es que sea impulsiva, porque yo las cosas las pienso mucho, las decisiones grandes... Me gustaría planificar a largo plazo, pero cada vez me doy más cuenta de que no sirve mucho. Yo hubiera querido envejecer con mi último marido, que estuvimos 30 años juntos; sería la idea a esta edad. Pero de repente me veo en un lugar donde no quiero estar, y salgo. Me ha pasado siempre que todo se ha ido acomodando, por más difícil que sean los momentos. No sé por qué confío en eso tanto.

Se acaba de estrenar la película Norma, en la que actúa con Mercedes Morán. ¿Es verdad que no la reconoció la primera vez que la vio, en el Festival de Cannes? Claro, de los nervios. Salimos de la sala, se me acercó a felicitarme, y yo le dije: “Ay, yo sé que te conozco, pero no sé quién sos”. Y ella muy humildemente me dijo: “Soy actriz”. Después me dijeron: “Te saludó Mercedes Morán”. Ay, no puedo creer.

También trabajó con nuestra Morán, Cristina, en Alelí. ¿Qué recuerda de la experiencia? Divina Cristina. Imaginate que yo crecí viéndola en la televisión. Ella decía: “Es mi primer largometraje, mi primera película”, y decía que aprendía de todo el resto. Pero ella era impresionante como actriz, lo demostró en el teatro toda la vida.

¿Qué cosas la entusiasman? Qué pregunta... Me entusiasma lograr cosas nuevas, en la vida y en el trabajo. Ver a mis hijos, ver a mis nietos, mis avances, el poder sentir que sigo caminando; porque la vida hay que caminarla, no te podés quedar mirando qué es lo que te pasa. Con subidas y bajadas, pero eso me entusiasma, poder seguir haciendo.

¿Qué película vio mil veces y no se cansa de mirar? Los puentes de Madison. Con mi hija más chica la mirábamos para llorar. Ahora está más grande, pero a ella también le pasaba eso de mirarla para llorar. Es una película hermosa.

¿Por qué dice que es majadera para comer? No me animo a probar cosas nuevas. Tengo una amiga a la que le encanta viajar y cuando yo viajo me dice: no puede ser que no hayas probado tal cosa en tal lado. En Madrid, que me encanta, me como todos los jamones, pero en el momento de comer carne busco un restaurante con carne argentina. Desconfío de qué tipo de carne me van a dar. A ese extremo.

¿Es cierto que cuando viajó a Cannes por Whisky le prestaron varios vestidos y a la vuelta casi le pierden la valija en el aeropuerto? Sí. Me quería morir. Llevaba cuatro vestidos prestados, porque tenía cuatro eventos y en la vida real no uso: no soy muy de ir a eventos, voy más bien por obligación, y cuando voy prefiero ponerme un trajecito. Por suerte mi valija en unas horas apareció, algunas de las de los chicos del equipo demoraron días.

Antes de la actuación escribió letras de canciones para obras infantiles. ¿Cómo se dio? No sé por qué, me empezaron a salir sin querer cuando nació mi hija más chica. Lo consulté con Rubén Olivera, que es amigo mío de toda la vida, y me sugirió que fuera al TUMP, el taller de música popular. Hice un taller de letras con Mauricio Ubal, y justo ahí buscaban a alguien que escribiera para niños, para una obra infantil, y ahí empecé. Escribí mucho tiempo. Me gustaba mucho y, la verdad, me quedaban rebuenas.

Se casó y se divorció tres veces. ¿Sigue creyendo en el amor? Ahora no me quiero complicar la vida. Estoy viviendo sola después de nunca haber vivido sola, porque viví con mis padres, después con mis maridos, con mis hijos, y ahora estoy viviendo sola, y lo disfruto. El amor, la verdad, todavía no descubrí de qué se trata, porque así como te enamorás, en un momento te desenamorás. No hay un amor, hay muchos amores. Yo creo que también tiene que ver con cómo está uno y cómo está la otra persona, es el encuentro, en el momento, con esa persona. No busco el amor, y no creo que me vaya a tocar timbre mientras estoy de pantuflas en mi casa, pero si llega...

¿Tienen algún ritual familiar o un día de reunión fijo con sus hijos? Nos vemos casi todos los días con uno u otro. En un momento nos juntábamos todos los domingos, pero todos trabajan y el varón vive más lejos. Pero sí tenemos un ritual de Navidad. Siempre pasamos en casa y nos sacamos una foto juntos: la misma foto, en el mismo lugar, todos los años.

¿Qué es lo que más le gusta de usted hoy, a esta edad, en este momento? He aprendido a tener calma. Soy muy tranquila, pero cuando era más joven era más polvorita en determinadas situaciones. Aprendí a manejar mejor ciertos conflictos. Aprendí a mantener la calma, a cuidar más al otro.