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En 2012, una película
del vasco Patxo Telleira fue nominada a 15 premios Goya: Bypass, que cuenta
la historia de un exitoso economista, quien, comprometido y esperando un hijo,
se envalentona a declararle su amor a su mejor amiga de la infancia, convencido
de que, enferma del corazón, moriría pronto.
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Una situación similar, con una declaración a la inversa, sin embarazos y
con toda la idiosincrasia rioplatense en escena es el argumento de Casi
muerta, la última película del argentino Fernán Mirás, una adaptación de Bypass.
Con su largo historial de actuación en películas como Tango feroz (1993)
y series desde Rebelde way (2002) hasta Argentina, tierra de amor y
venganza (2019), debutó como director y guionista recién en 2017 con el
drama El peso de la ley.
Un año más
tarde protagonizó con la actriz uruguaya de mayor alcance mundial, Natalia
Oreiro, la película Re loca. La conexión fue inmediata y a partir de
allí se prometió (y le prometió) tenerla en cuenta para próximas ideas. A
Oreiro le había encantado el riesgo que Mirás corrió como director en aquel
primer policial que acababa de estrenar, pero esta segunda película lo aterriza
en una zona de confort común para ambos: el humor. El condimento extra lo puso
la experiencia que el propio Mirás tuvo con la muerte desde el accidente
cerebrovascular que lo tuvo 17 días internado en 2021, que obligó a interrumpir
el rodaje de Casi muerta.
No había otra actriz que pudiera interpretar mejor la ciclotimia de
María, aunque Oreiro niegue que existan papeles hechos a su medida. A su
personaje le informan que le queda solamente un mes de vida y con este panorama
nadie sabría qué hacer, menos María, mucho menos Oreiro. Contó a Galería
que siendo madre descubrió lo que es tener miedos y que pensar en la muerte en
realidad la paraliza.
Mientras otras actrices a su edad (46) interpretan a madres o mujeres
acomplejadas con el paso del tiempo, Ud. parece ser la actriz de la comedia
rioplatense, con personajes de los que no se dice la edad… ¿Existe primero el
papel y luego la película?
En realidad, no. La idea de trabajar para Fernán viene desde Re loca.
Él cuenta que después de haber filmado una vez empieza a ver a los actores
desde el punto de vista del director, y ya se imaginaba dirigiéndome a mí. Está
buenísimo que te dirija un actor-director, porque te pide las cosas dentro de
la búsqueda que nosotros mismos hacemos cuando queremos componer un personaje.
Lo otro que me decís es raro, porque excepto en Santa Evita, donde
buscaban un color de actriz en particular más que una que diera con la edad —yo
tenía 13 años más que los que Eva tenía cuando falleció—, en general trato de
acompañar a los personajes. Vengo trabajando desde tan chica, haciendo tantas
veces de piba, que si me llaman para un personaje que siento que lo puede hacer
alguien 10, 15 años menor que yo, me corro. Necesito acompañar a mi personaje
con la edad, porque para un actor la experiencia de vida es su arma, y poder
utilizarla en el desarrollo de un personaje es mucho mejor que quedarse atado a
algo que además ya hiciste. Justamente lo que quiero es el desafío de hacer
papeles de mujeres que atraviesen lo mismo que yo.
Casi muerta es una comedia negra que, por lo visto, estos días ocupa toda la agenda
de Natalia Oreiro, quien apenas habla de otra cosa. Se rodó mitad en Montevideo
y mitad en Buenos Aires, para facilitar el proceso de grabación de Got
Talent a su conductora estrella. Los barrios de Palermo y Punta Carretas,
pero sobre todo la rambla, son las vedettes de la secuencia de apertura,
acompañada de la reversión rockera de Desconfío, el blues de
Pappo, una acertada selección musical para la película.
Javier (Diego Velázquez) y María (Oreiro) estaban “locos de amor” a sus
15 años, pero hace casi dos que no saben nada uno del otro, desde que él se
mudó a Montevideo por trabajo y está de novio. Sus dos amigos en común son los
encargados de hacer la llamada que interrumpe a Javier en una cita: “María se
está muriendo, vení”.
Un amor secreto a voces, el peso de lo que no se hizo, el calendario y la
vida, todo comienza a pasar entre tabúes, lágrimas y risas, mientras Javier se
reparte entre María y “la otra”, que para él era su novia y para María, la
muerte.
¿Qué tanto cambiaron las dinámicas de ensayo, de producción, con el ACV
de Mirás?
Fue tremendo
porque de repente en nuestras reuniones, que tenían que ver con discutir si lo
que pasaba con María era creíble o no, ya no podía refutarle nada porque a él
le había pasado. Fue tremendo para el equipo, ¡para su familia! Pero a los dos
días empezó a contestar los mensajes de apoyo que todos le habíamos dejado con
el sentido del humor más negro que podía haber. Te decía que lo había hecho
para buscar locación para rodar; ¡les preguntaba cosas del guion a los médicos!
No se podía creer. Te contaba mucho sobre el sube y baja de emociones, eso sí.
Él y lo que le pasó es un poco el alma de la película, fue nuestro referente
para eso.
En la historia entre ella y Javi hay un poco de la magia de creer en el
destino… Pero porque apareció la otra, la muerte. Si no, ¿existe eso del cruce
de caminos?
Yo creo bastante en el destino, pero también creo que uno tiene que
trabajar duro para conseguir ese destino. Es un poco y un poco, destino,
suerte, mucho trabajo y estar despiertos ante las situaciones que la vida te
plantea, porque las oportunidades se presentan y uno es más o menos permeable.
Y en cuanto al amor, cuando hacés mucho esfuerzo para estar con alguien, por
ahí no es. El amor debería ser algo que fluya.
Sus últimos
papeles fueron todas mujeres con el destino marcado. La muerte es un tema
incómodo de hablar, ¿y de interpretar?
No sabes cómo interpretar a la muerte porque nadie está preparado para
morirse. Habla de eso también la peli, de cómo nos planteamos el tema. Incluso
los amigos de María no le hablan de ella. Todos nos vamos a morir. El tema es
qué hacemos cuando estamos vivos. Antes de ser madre no me planteaba mucho el
tema. Cuando sos joven no pensás que te vas a morir y vivís como si fueras
eterno, pero ser consciente de la muerte también nos hace replantearnos las
formas en las que estamos viviendo.
¿Qué haría si descubriera que le queda un mes de vida?
No lo puedo ni pensar. Una siempre como actriz quiere imaginarse en la
situación como para encontrar algo adentro que resuene, pero yo me negué a esa
posibilidad. Un poco tiene que ver con mi hijo, me da tanto miedo esa sensación
de la falta de madre que me pongo como una pared.
Dijo que conversa mucho con su hijo, Merlín, sobre el tema. En la
película hay una escena memorable en donde María le pregunta al hijo de su
amiga si sabe lo que es la muerte y la respuesta del niño burla a Nietzsche.
¿Deberían tener ese tono las conversaciones con los niños sobre la muerte?
No
es que hablemos mucho, es que los chicos ya lo tienen como un tema, entonces no
tiene que haber ningún tabú. Así habría que hablar, pasa que uno tiene tanto
prejuicio que al final termina siendo peor, porque generás un monstruo de algo
que debería ser más natural. El problema somos nosotros los adultos. Los chicos
vienen con reflexiones reales, pero el mundo adulto intenta formatearlos para
que piensen todos igual y no se salgan de la media. Este cuco es culpa nuestra.