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Nombre: Stefanie
Neukirch Edad: 40 Ocupación: Actriz y dramaturga Señas particulares: Su ambición es viajar liviana por
la vida, es amante del ritual del café, se deslumbra fácilmente con las
personas, le dicen que se parece a Jessica Chastain y Liv Ullman
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Vivió hasta los cinco años en Uruguay, después en Alemania, Guatemala y
El Salvador, por el trabajo diplomático de su padre (de origen alemán).Volvió a
Uruguay recién a los 23. ¿Le costó echar raíces? No tengo raíces. Como todo
en la vida, hay un precio a pagar. Yo lo veo como algo que me dio un músculo de
adaptación extrema. Creo que esto es cultural también, ancestral; tengo una
resiliencia muy grande, viene de mi parte germánica. Y para mí la resiliencia y
la adaptación se tocan bastante.
Ha dicho que
el apego es el peor enemigo. ¿Tiene que ver con su experiencia de vida? ¿Le es
fácil soltar? Creo que es
algo en lo que seguimos entrenándonos siempre. Creo que la dinámica del mundo
está cambiando muchísimo, tal vez antes los cambios eran más lentos en el
tiempo; siento que ahora es todo muy rápido, y si estás observando eso y no
estás permitiendo que tu cuerpo se acompase, te va a doler mucho todo, siempre.
Es como cuando tenés un bebé, el día que aprendiste qué tenés que hacer para
que duerma, ese día ya cambió, ya necesita otra cosa. Volvemos a la adaptación.
Los budistas lo trabajan muchísimo como un centro porque es el origen de todo
el sufrimiento, apegarte, no permitir que fluya. Y fluir inevitablemente está
asociado a la pérdida. Lo que pasa es que en Occidente tenemos este gran
problema con la pérdida, con que solamente quiere decir algo negativo.
Tiene una hija, Ania, de siete años. ¿Qué significado tiene el nombre? Su
significado primordial es “la gracia”, que es una palabra con la que tengo un
amor de vida. Vivir en estado de gracia, o intentar acercarte al estado de
gracia, es algo que me emociona mucho.
Estuvo tres años en Nueva York estudiando actuación y después un año más
trabajando en teatro con un director reconocido, Richard Foreman. ¿No pensó en
quedarse allá? Trabajé un año entero haciendo teatro Off Broadway con él, y el segundo
año, que quiso volver a trabajar conmigo y hacerme toda la parte legal, de visa
y demás, la vida quiso que todo se trancara de una forma increíble, que hasta
el día de hoy nadie comprende. Incluido mi abogado, un abogado de migración
conocido. Ese es el motivo por el que estoy acá. Estaba todo en regla, yo
estaba pedida por él, tenía trabajo, estaba pasando de una visa de estudiante a
una visa de trabajador, y en esa transición pasó lo que pasó. Entonces, más
allá del cataclismo que fue eso para mí en el 2007, porque no era mi intención
vivir en Uruguay ni hacer mi carrera acá, lo acepté, y desde hace muchísimo
tiempo estoy recontraagradecida porque la vida haya decidido eso. Se alinea
mucho con lo que creo, que es que realmente hay algo superior que te va
diciendo: por acá sí, por acá mejor no.
Se la puede encontrar habitualmente en el café de Cinemateca. ¿Qué
significa ese ritual? Todo. Para mí el placer de sentarme a tomar un café es de lo más grande
que existe en el mundo. Tengo lugarcitos. Cinemateca, Su-Bar, son lugares en
los que se detiene el tiempo. A veces es sentarme a tomar el café y no hacer
absolutamente nada, a veces voy con un libreto, a veces me encuentro con
alguien y es totalmente otra experiencia hermosa, diferente.
¿Cómo toma el café? Me gusta cortado, con azúcar.
¿Es cierto que en Labio de liebre se juntaba con Fernando Vannet a
compartir el aceite medicinal Oleo 31 antes de la función? Sí, Oleo 31 y
había otro, guduchi, una especie de baya roja que tiene un olorcito... En
realidad se usa de mañana, como para energizar, pero nosotros veníamos de ensayo,
teníamos función y era como: ¡energizame, por favor! (ríe). Nos poníamos
eso en todos lados y salíamos olorosos a hacer Labio de liebre. Ese era
el ritual en el camarín, previo a la función. Se volvió cábala.
Dicen que le gusta mucho Alanis Morissette. ¿La acompañó en su
adolescencia? Me marcó en una época en que yo iba a clases de baile, jazz, en
Guatemala. Una de las coreos con las que hice papelones en varias reuniones
familiares fue con un tema de Alanis Morissette y una silla. You oughta
know. Me encantaba.
¿Está en
pareja? No estoy
saliendo con nadie, pero podría decirte que estoy enamorada, y es un estado que
te alumbra de una manera que prácticamente podés sacar fuerzas para cualquier
cosa; es maravilloso porque no está regido por los contratos entre las
personas. Yo tengo arquetipo Afrodita, entonces para mí es muy fácil ver la
belleza en las personas y deslumbrarme. Y el otro lo recibe también, se da
cuenta de que me deslumbra. Mi evolución en este momento parecería estar
apuntando hacia: si te pasa con determinadas personas, ¿por qué no te puede
pasar con todas?
¿Y no le gustaría concretar ese amor con alguien en particular? Sí, pero eso
también es parte del trabajo, porque también es apego. Si quiero transformarlo
en una sola cosa, me estoy perdiendo de todo lo demás que puede ser. Por eso
hablaba del estado de gracia, cuando sentís esa gracia y te das cuenta de que
no le estás pidiendo nada a la otra persona, sino que solamente estás ahí en
esencia sintiendo y brindando, es tan impresionante lo que recibís. Me
encantaría un día bajarlo a la realidad con alguna persona en el sentido de que
también soy humana y tengo un cuerpo físico. Pero si será importante esa otra
parte. A mí, al menos, es un trabajo, un camino, que me entusiasma bastante más
que el material.