Santiago Giralt estaba tranquilo. Caminaba, sonreía, hacía algún chiste. Antes de empezar a grabar, se sentó en una silla sobre el deck y observó cómo se concretaba un proyecto que surgió hace 13 años. Sí, pasó más de una década desde que Giralt y Morán crearon Norma hasta que la película comenzó a rodarse. ¿Qué pasó en ese período? “La película fue encontrando sus productores y su tiempo”, respondió el director a Galería.
Norma trata sobre una mujer que hace honor a su nombre. Tiene 57 años y vive en el interior. Está casada y tiene una hija llamada Inés (interpretada por Mercedes Scápola, hija de Morán en la vida real) que es muy exitosa. Norma es una buena ciudadana. Ama de casa, correcta, educada y rodeada de estructuras. En su casa trabaja Rosita, su empleada doméstica y compañera durante 20 años. Un día como cualquier otro, Rosita renuncia sin previo aviso y sin ninguna explicación. Y ese día empieza a crearse una nueva Norma. Una mujer que rompe con sus estructuras para emprender un camino de autodescubrimiento que pasará por la psicología, el cannabis y las nuevas amistades.
Entre las 20.45 y las 21 de ese viernes de rodaje en Lagos de Carrasco el equipo filmó varias veces la brevísima escena de Norma y Gustavo vestidos elegantes, caminando uno atrás del otro, con más o menos ganas de entrar a la casa de unos amigos.
Después llegó la pausa para cenar. Se montó un restaurante al aire libre en una plaza, a dos cuadras de la sede del rodaje. Había un generador de electricidad para iluminar y una cocina improvisada de donde salían mozos que llevaban platos con tallarines al wok, pollo (o tofu para los vegetarianos) y verduras. Los lugares en las mesas dependían de los roles del equipo: de un lado los técnicos, de otro los productores, de otro los actores, y así. Una vez finalizada la pausa, el equipo de Norma comenzó a filmar en el interior de la casa.
Eduardo Migliónico, Mercedes Morán, Alejandro Awada, Jenny Galván, Santiago Giralt y Mirella Pascual / Foto: Lucía Durán
Unidos por el cine. Hace 13 años había temas que, para las sociedades argentina y uruguaya, parecían muy lejanos o apenas incipientes: los movimientos feministas, pro-aborto y de legalización del cannabis. Cosas que, en los últimos años, avanzaron y crecieron. Y a eso se tuvo que adaptar el guion de Norma.
La relación de amistad entre Giralt y Morán surgió hace mucho tiempo. Ella había visto una película de él que le había llamado mucho la atención por su originalidad. También había leído y disfrutado algunas de sus novelas. Un día, ella lo convocó para subirse al barco de un proyecto que terminó en naufragio, pero una linda amistad salió a flote. “Siempre fue el cine el que nos unió, las charlas sobre películas. Siempre fue un buen compañero para esto que amamos tanto”, dijo Morán a Galería.
Tiempo más tarde, la actriz descubrió, en una de las novelas de Giralt, a un personaje femenino que le hizo “mucha gracia”. Entonces, juntos se plantearon la idea de “generarle una historia y empezar a desarrollarla”. Ese personaje luego se convertiría en Norma y, al momento de plasmar esa historia en un guion, Giralt le propondría a su amiga hacerlo en conjunto. “Yo me resistí un poco, pero después lo fuimos haciendo”, contó ella. “Más allá del ida y vuelta que tuvimos, la idea y el desarrollo pertenecen a ambos, pero imagino que si no hubiera sido por su perseverancia yo ya habría abandonado”, agregó.
Mercedes Morán nunca antes había escrito un guion. No era su métier, dijo. Sin embargo, junto a Giralt se sintió “bien” porque la escritura para Norma se hizo “de una manera muy lúdica, sin ningún tipo de presiones, sin ningún tipo de proyección”. Y desde el primer momento imaginaron a la misma Morán como Norma, como la protagonista de esa película que rodarían años después. No porque el personaje se pareciera a ella, sino más bien lo contrario.
“Me gusta hacer personajes que están bien alejados de mí”, dijo la actriz. Y añadió que de lo que más disfruta es de contar historias de mujeres “que no viven una gran odisea” sino que, en determinado momento de sus vidas, “pasan de un estado a otro”. Como una “crisis, un crecimiento o una pequeña evolución”.
“En este caso, lo que más me interesó fue contar cómo el ir derribando prejuicios te va haciendo evolucionar de alguna manera. Se trata de eso, de derribar prejuicios, preconceptos, ideas que una tiene sobre determinadas cosas. A partir de ese asunto, esta mujercita, que es Norma, que está tan aferrada a determinados parámetros y mandatos en los que ha creído, al ver que lo que espera no aparece, entra en una pequeña crisis y una cantidad de cosas fortuitas la llevan a poder dar ese pasito en tono de comedia”, resumió Morán.
Y esa comedia, según el director de la película, está teñida de vestigios de feminismo. Está la sororidad de Norma con otras mujeres, la búsqueda de libertad en conexión con la naturaleza y la expresión de sus insatisfacciones con el rol de ama de casa. Ella es el centro de la película y es eso lo que buscaron Giralt y Morán. Ese personaje que es ama de casa o, como prefiere decir el director, “sostén de hogar”, no suele estar del todo representado en el cine. Pero hay una tradición creciente de películas que prestan atención a ello. “Esa es la puertita que se empieza a abrir en Norma, y me parece algo hermoso que sea una narrativa cien por ciento del estudio de un personaje de una mujer en un momento de cambio”, reflexionó Giralt.
Contarse al mundo. Fueron cuatro semanas de filmación en Argentina y una en Uruguay, entre noviembre y diciembre de este año, para una película que no solo tiene escenas de un lado y otro del Río de la Plata, sino también actores y productores de las dos orillas. Actúa Mercedes Morán, argentina, pero también Mirella Pascual, uruguaya. Actúa Alejandro Awada, argentino, pero también Jenny Galván y Eduardo Migliónico, ambos uruguayos. En la producción participaron Los Griegos Films, Magma Cine, Ají Molido Films (Argentina) y El Cielo Cine (Uruguay).
Tanto a Giralt como a Morán les entusiasmaba la idea de hacer una coproducción entre los dos países. Y no solo hubo que coordinar esfuerzos entre ellos, sino también dentro de fronteras argentinas. Se integró un equipo de Córdoba con uno de Buenos Aires y luego se sumó el montevideano. “Como países que hablamos muy parecido, tenemos idiosincrasias diferentes pero narrativas en común”, dijo el realizador, y agregó que se integraron los talentos de ambos países con “el enorme potencial audiovisual que se está explotando hoy en Uruguay”.
“El objetivo más difícil que sentí como director de este proyecto fue poder integrar una producción tan diversa y con armados tan poco ortodoxos entre equipos de diferentes lugares, y creo que fue una experiencia que repetiría y que debería ser la tendencia para poder, como Latinoamérica, salir con nuestras películas a contarnos al mundo”, expresó Giralt.
Fueron y son muchas las coincidencias entre Morán y Giralt. Comparten formas de pensar, ideas, narrativas. Y los dos se autodefinen como grandes defensores del cine latinoamericano. A ella le “gusta mucho unir equipos, elencos, actores”. “Creo que en toda Latinoamérica tenemos historias interesantes para contar, en muchas de las cuales podemos participar todos juntos”, opinó. También se refirió al boom de las plataformas de streaming y su influencia en la generación de sinergias entre países cercanos. Como aspecto positivo de ese fenómeno, recordó que hasta hace unos años Argentina integraba muchas coproducciones cinematográficas con España, pero que la realidad es que el país está más cerca de Uruguay, Chile o Brasil, y deberían aprovecharse más esas cercanías.
También coinciden los dos, Morán y Giralt, en que se criaron en el interior de Argentina. Ella vivió su infancia en Córdoba, en un territorio ubicado tras las sierras. Para grabar Norma visitó su provincia y, aunque el rodaje se realizó del otro lado de las sierras, Morán revivió recuerdos con su familia. “Es especial ir ahí. Es la primera vez que me toca rodar en Córdoba”, contó a Galería.
A eso se sumó el hecho de compartir set de filmación con su hija, Mey Scápola. “No lo hacemos muy frecuentemente, de hecho esta es la primera película en la que estamos juntas. Hemos compartido alguna experiencia en teatro y en televisión hace muchos años”, dijo. Mey es una de las dos hijas de Morán que, al igual que su madre, tomaron el camino de la actuación. Pero Morán resalta que ellas “siempre se han encargado de hacer su caminito solas”.
Mercedes Morán / Foto: Lucía Durán
Lo que mande el deseo. Mercedes Morán es mujer en la industria audiovisual y cinematográfica. Y con Norma fue también mujer guionista. Quizás esto hoy no llame tanto la atención, pero era infrecuente hace no muchos años. “Muy de a poco estamos ocupando roles que históricamente ocupaban los varones, sobre todo en los equipos”, expresó la actriz. Es que la división de tareas también se reflejaba en las producciones de cine cuando ella comenzó su carrera.
Hace un tiempo el rol de vestuarista y el de maquillador estaban asociados a lo femenino. Los roles de dirección y técnicos se reservaban para los hombres. “Ahora eso se está mezclando, hay como una amplitud”, dijo Morán.
Antes de trabajar con Giralt e interpretar a Norma, Morán trabajó con directores como Lucrecia Martel, Enrique Piñeyro, Walter Salles, Juan José Campanella, Pablo Larraín, Ana Katz y Luis Ortega. Participó en películas memorables: La Ciénaga (2000), Whisky Romeo Zulú (2003), Neruda (2016), El ángel (2018), entre otras. En los últimos años participó en series como El reino (2021) y, Iosi, el espía arrepentido (2022).
Su trayectoria consta de varias décadas y proyectos distintos. Sus películas recorrieron el mundo y ganaron premios en importantes festivales internacionales. Este año, la actriz recibió dos reconocimientos: en el festival de Málaga (España) le entregaron el Premio Retrospectiva, y en el de Lima (Perú) hicieron un homenaje a su trayectoria. Además de la felicidad y la emoción, estas instancias hacen que Morán tome “conciencia de un camino largo” recorrido, según expresó. “A mí me pasa que vivo el presente, estoy con lo próximo. No tiendo a hacer miradas retrospectivas. Si me preguntás cuántas películas he hecho, no lo sé, no llevo la cuenta. Este tipo de homenajes que sí se ocupan de llevar la cuenta me sorprenden para bien, me siento muy halagada, muy agradecida”, reflexionó Morán.
La actriz tiene 67 años pero no piensa en el retiro. Cuando se le consulta sobre esa posibilidad responde que “lo que va a mandar es el deseo”. En una época decía que quería terminar su vida en el campo, plantando tomates. Pero ahora cambió de opinión. Seguirá actuando y contando historias, porque eso le “da mucha vida” y le “rejuvenece el alma”. “Mientras tenga ese deseo vivo y la posibilidad de seguir, y mientras me sigan convocando, lo voy a seguir haciendo”, aseguró.