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The Cure saldó una deuda con Uruguay

El grupo británico, uno de los padres del rock uruguayo ochentoso, se presentó el pasado 27 de noviembre en el Antel Arena e hizo vibrar al público uruguayo

Los uruguayos son “más amargos que el mate”. La frase, dicha en 2010 con honestidad brutal, corresponde a Andrés Calamaro. El comandante, que por entonces admiraba a José Mujica como hoy dijo haber votado a Javier Milei, la pronunció en el Pilsen Rock de octubre de ese año, que se celebró en Montevideo. “Los uruguayos tienen el candombe, un presidente que los argentinos envidian y Gardel es uruguayo­, pero como público de rock... son mucho mejor los argentinos... Pónganse las pilas”, dijo, diciendo una verdad que podrá incomodar pero es completamente cierta. La dispar euforia a un lado y a otro del Río de la Plata en recitales de Kiss, The Rolling Stones y Roger Waters exime de más comentarios.

La rotunda excepción a la regla se dio el lunes 27 de noviembre en el Antel Arena, en el marco del festival Primavera 0. Claro que para que eso pasara tenía que haber una sintonía especial entre los músicos arriba del escenario y la multitud debajo. Los británicos The Cure, íconos del pospunk y la new wave, con casi medio siglo de trayectoria sobre el lomo, saldaron una deuda de décadas con el público uruguayo. Melancólicos, darkies, góticos, repletos de canciones de soledad y desesperanza surgidas de la pluma de Robert Smith (¿más amargos que el mate, quizá?), jugaron de locales frente a un público que ya a fines de junio agotó en dos días todas las entradas disponibles. 

<em> El guitarrista Reeves Gabrels y el bajista Simon Gallup, miembro histórico. </em>El guitarrista Reeves Gabrels y el bajista Simon Gallup, miembro histórico. 

Hay algo que ya había sido desarrollado en Galería en su edición del 3 de agosto: The Cure es, junto con los Ramones, uno de los padres del rock uruguayo ochentoso. Estos últimos ya habían estado en Montevideo el 14 de noviembre de 1994, hace 29 años y monedas. Pero mientras todavía hoy nadie se anima a asegurar haber escuchado qué corno cantaban estos punkies neoyorkinos, dada la espantosa acústica que el Palacio Peñarol les regaló a 5.000 fanáticos, ayer se escuchó clara como el diamante y oscura como la noche la voz de Smith, líder indiscutible y único miembro que queda de la formación original, surgida en 1976. 

<em> Robert Smith, de 64 años, es el líder indiscutible y único miembro que queda de la formación original, surgida en 1976.</em>Robert Smith, de 64 años, es el líder indiscutible y único miembro que queda de la formación original, surgida en 1976.

Esa notoria influencia, que permite pensar que The Cure es a Uruguay lo que The Rolling Stones a Argentina, quedó patente en cómo volaron las entradas, en que dos horas antes ya había una multitud enorme (para alegría de los teloneros irlandeses Just Mustard, que recibieron una atención inesperada en esta parte del mundo), en la tensa expectativa del arranque, en el baile improvisado ya en la segunda canción, Pictures Of You, en el pogo cuarentón en Burn y en el promedio de edad del público. Muchos de quienes colmaron el Antel Arena perfectamente podrían haber estado en el gratamente recordado Montevideo Rock de noviembre de 1986 en la Rural del Prado. En esa época The Cure estaba en su pico de popularidad y el rock uruguayo, que estallaba luego de años (todavía más) oscuros, lo tenía como uno de sus principales referentes.

Quizá eran “demasiado” referentes. En el Montevideo Rock II de febrero de 1988 en el estadio Franzini, de ya no tan grato recuerdo (por la notoria diferencia de audio entre los artistas uruguayos y extranjeros y por la injustificable agresión de un puñado de asistentes a Los Tontos), Herbert Vianna, guitarrista y cantante de los brasileños Os Paralamas do Sucesso­, dejó un desdeñoso “a nadie le interesa un The Cure uruguayo” al suplemento El Día Pop

Pero este lunes fue de disfrute, de combatir al monday blue para las diez mil personas que llenaron el Antel Arena. Con delay, estaban cumpliendo un sueño generacional. 

<em> Las entradas se vendieron en dos días y el Antel Arena estuvo repleto.</em>Las entradas se vendieron en dos días y el Antel Arena estuvo repleto.

Todavía pintado, delineado y con el cabello­ tan reconocible como siempre, lejos de ser aquel lánguido chico gótico de canciones de amor y desesperanza, Robert Smith —aclamado desde que puso un pie en el escenario hasta su emocionado y emocionante saludo final— parece la empleada pública que personificaba Antonio Gasalla. Pero a los 64 años mantiene la voz intacta y el magnetismo de siempre, además de la energía para ponerse sobre los hombros dos horas y media de recital, con un set principal de 18 canciones y dos de bises de cuatro y seis. No se sabrá si por demagogia, simpatía (es de suponer que alguien le sopló la devoción que hay por estos lados por su banda) o costumbre, pero no se sacó en todo el recital la remera (negra, faltaba más) de Montevideo. 

<em> Más que un recital, fue un evento esperado por toda una generación de rockeros uruguayos. </em>Más que un recital, fue un evento esperado por toda una generación de rockeros uruguayos. 

La complicidad en el escenario con el bajista Simon Gallup (63, jopo rockabilly), el otro Cure­ que llegó a Montevideo y que fue parte de la época de oro de la banda, era visiblemente genuina y no impostada. Apuntalaron el sonido Reeves Gabrels (“apenas” 11 años en el grupo, pinta de jubilado aficionado a las bochas si no fuera por los tatuajes y su pericia en la guitarra), Perry Bamonte (63, guitarra y teclados, de aspecto aún más cadavérico que Robert), Jason Cooper (batería, un adolescente de 56 años) y Mike Lord (tecladista, pinta de nerd, un niño comparado con el resto, integrante de The Cure en su gira por América Latina, ya que el histórico Roger O’Donnell no pudo ser parte por cuestiones de salud).

Como suele pasar en bandas que alcanzaron el estatus de míticas, The Cure se descansa en un repertorio de oro, que es lo que la gente vino a ver y oír. Solo cuatro de las 28 canciones del show en Montevideo fueron posteriores a 1992, el año de Wish, su último disco considerado un éxito mundial. Tienen la suficiente confianza en sí mismos, empero, como para abrir y cerrar la primera y más larga parte del recital con dos canciones de 2022, Alone y Endsong, que en algún momento serán parte de su próximo disco, con el título provisorio de Songs Of A Lost World (la gira que los trajo al Primavera 0 montevideano se llama Shows Of A Lost World). En el medio se sucedieron un montón de hits incombustibles como High, Lovesong, el viaje sin escalas a 1985 que fue el trío A Night Like This, Push e In Between Days (de ese tremendo disco que fue The Head On The Door), Just Like Heaven o A Forest (1980, la canción que The Cure­ ha interpretado más en vivo). 

Si el primer set de bises (con predominio del disco Disintegration, de 1989) fue todo lo dark que se esperaba de ellos, el segundo fue una avalancha de éxitos que arrancó con Lullaby­ (con la araña del video protagonista de la pantalla gigante, un espectáculo visual en sí mismo) y terminó con Boys Don’t Cry, el clásico que disparó la popularidad de la banda en el ya lejano 1979. En el medio estuvieron la frescura pop de Close To Me y Friday I’m In Love. Este último, de 1992, es considerado el último hit de la banda, una bocanada de aire fresco, bailable y celebratorio (sí, se habla de un tema de The Cure) justo cuando el grunge —con su carga de ira, nihilismo y dolor— comenzaba a reinar en el mundo (¿en qué quedamos, Robert?). Y si fuera por el público, que de amargo no tuvo absolutamente nada, el recital podría comenzar de nuevo. Nadie se quería ir.

Todos quedaron enloquecidos con ver a la banda más influyente del rock uruguayo posdictadura­ y Robert Smith quedó visible y genuinamente emocionado con la recepción que tuvo, y prometió volver. Fue el único que se quedó a saludar al final. El enérgico Simon Gallup, el segundo (lejos) en el aplausómetro, regaló algunas púas y se fue a camarines; el resto, ni eso, aunque nadie reclamó por ellos. Más vale tarde que nunca (como pasó con casi todos los pesos pesados del rock en Montevideo, para qué negar lo obvio), una deuda histórica estaba saldada. 

__

El repertorio 

Alone 

Pictures of You 

High 

Lovesong 

The Last Day of Summer 

Burn 

Fascination Street 

A Night Like This 

Push

In Between Days 

Just Like Heaven 

At Night

Play for Today 

A Forest 

Primary 

Shake Dog Shake 

From the Edge of the Deep Green Sea 

Endsong

Primer set de bises:

Cold 

Charlotte Sometimes 

Plainsong 

Disintegration 

Segundo set de bises:

Lullaby 

The Walk 

Friday I’m In Love 

Close to Me 

Why Can’t I Be You?

Boys Don’t Cry 

La banda en Montevideo

Robert Smith (voz y guitarra)

Simon Gallup (bajo)

Perry Bamonte (guitarra y teclados)

Reeves Gabrels (guitarra)

Jason Cooper (batería)

Mike Lord (teclados)