N° 2050 - 12 al 18 de Diciembre de 2019
N° 2050 - 12 al 18 de Diciembre de 2019
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáComo tantas y tantas veces, Peñarol y Nacional, los dos equipos que acaparan las preferencias de nuestra afición, estarán frente a frente para dilucidar el título de campeón uruguayo de la presente temporada. Algo que, por cierto, no representa ninguna novedad, porque desde 1932 (fecha en que comenzó la era profesional) han sido contadas las oportunidades en que algún equipo de los denominados “chicos” logró quedarse con el máximo lauro de nuestro fútbol.
Sin embargo, hay ciertas circunstancias que le otorgan a este enfrentamiento un toque diferencial. La primera es que, a diferencia de lo ocurrido en la generalidad de las veces —en las que uno u otro equipo se quedaron con el título en disputa simplemente por tener más puntos que su rival— la definición de este último torneo del año y el título de campeón uruguayo surgirán de dos a cuatro cotejos entre ambos. En este sentido, el resultado del jugado anoche para decidir el Clausura será determinante para conocer el número de clásicos que deberán disputarse seguidamente (cuya secuencia variará, según haya sido el ganador). Parece oportuno señalar que, en la era profesional, Peñarol y Nacional tuvieron que definir en partidos extras solo en 14 oportunidades, la mayoría de ellas a partir de 1994, cuando se instauró el actual régimen de los torneos Apertura y Clausura. Y que la última final se disputó el año pasado (Nacional había ganado el Apertura y Peñarol el Clausura y la Tabla Anual) y concluyó con victoria aurinegra, tras un alargue, quedándose así con el título de campeón uruguayo por segundo año consecutivo.
Otro extremo que le da a esta instancia definitoria un toque particular, tiene que ver con lo ocurrido en estas últimas fechas, en las que existieron algunos fallos arbitrales fuertemente resistidos por dirigentes e hinchas tricolores. A partir de allí, se dieron una serie de circunstancias que llevaron a que el gremio referil paralizara la actividad, postergando por varios días la conclusión del Clausura. Luego se conoció una enérgica protesta de la directiva tricolor ante la AUF, y paralelamente se denunció un episodio de evidente intimidación contra el presidente de Audaf, todo lo cual introdujo en esta etapa culminante de la temporada un elemento de presión adicional sobre los jueces a los que les tocó arbitrar a los dos equipos grandes. Así las cosas, lo ocurrido en la última fecha, disputada el jueves pasado, vino a agregarle nuevos ingredientes a ese ya delicado y prejuicioso panorama.
No sin dificultades, Nacional goleó a Juventud en el Estadio Centenario, lo que le permitió ganar la Tabla Anual y —en función del empate que se estaba dando paralelamente entre Peñarol y Cerro Largo— estar a un tris de festejar también la obtención del Clausura. Pero la agónica victoria de Peñarol hizo añicos esa expectativa, quedando ambos equipos igualados en la punta y obligados a desempatar en un partido extra (el que anoche se jugó). Y fue precisamente ese gol de Lores, cuando expiraba el tiempo adicional, el que puso el tema del referato de nuevo en la picota. Esta vez el blanco de las críticas tricolores fue Adriana Umpiérrez, por permitir el desarrollo y culminación de dicha jugada definitoria, cuando ya habían expirado los cinco minutos que había adicionado. Aunque también la gente de Peñarol se sintió perjudicada por su arbitraje, por haber anulado un gol (perfectamente lícito a nuestro juicio), que le habría permitido a su equipo colocarse dos goles arriba de su rival, promediando el primer tiempo.
A la vista de todo ello, no es para nada descartable que en esta serie de instancias decisivas para la suerte de ambos equipos, el tema del arbitraje vuelva a estar en el tapete. Es mucho lo que está en juego como para no suponer la existencia de fallos controversiales, que puedan despertar la crítica de quienes se sienten perjudicados. Más aún cuando la perspectiva de que deban jugarse varios clásicos en un corto tiempo puede dejar bastante acotada la nómina de árbitros con la suficiente jerarquía y experiencia como para soportar la enorme presión a que van a verse sometidos por los seguidores de ambos equipos. Pero ocurre que para esta serie de partidos —y nunca en un momento tan oportuno— podrán contar con el invalorable aporte de la tecnología del VAR, que diligentemente la dirigencia de la AUF pudo traer a Uruguay en los últimos días (cabe recordar que este sistema ya fue utilizado en nuestro país en tres ocasiones, pero por torneos internacionales. Será sí la primera vez que se desplegará en el Estadio Centenario y para partidos de la competencia local).
A la vista de lo que ha sido el funcionamiento del VAR en diversos eventos internacionales, nadie puede poner en tela de juicio lo que ello significa para asegurar la justicia de los resultados, evitando la incidencia que en ellos pueden tener los eventuales errores arbitrales (y permítasenos señalar que fue precisamente este tema el elegido en la primera de estas columnas, publicada en el ya lejano mes de mayo del año pasado). Bien se sabe que este sistema no se aplica en todas las jugadas, sino solo en algunas de ellas, y que la decisión final en cuanto a apelar al VAR en caso de duda o la de acatar o no la indicación a ese respecto por propia iniciativa de los operadores del sistema la sigue teniendo el juez del match. Pero es indudable que la inmediata revisión de las jugadas dudosas evitará errores arbitrales tan groseros como algunos que se han visto últimamente en nuestro medio. Y con ello, se acotará el margen para las eventuales críticas de los participantes o asistentes en esta trascendente serie de encuentros. Queda igual planteada la interrogante de si nuestra actual plantilla de jueces es suficiente para cubrir simultáneamente los arbitrajes de los partidos y también las tareas atinentes al desempeño del VAR, más aún cuando son solamente cuatro los que ya han realizado los cursos de capacitación correspondientes.
¿El VAR terminará con las críticas a los arbitrajes tan frecuentes últimamente? Las experiencias en países cercanos demuestran que algunas objeciones subsisten, aunque relativas a cómo y cuándo es utilizada esta tecnología. De modo que se ha cuestionado que el juez solicite su concurso en algunas jugadas y no en otras que también lo hubieran meritado así como la demora excesiva entre la jugada revisada y su decisión final, lo que afecta la continuidad del juego. O, incluso, que el juez no confronte la opinión del VAR con su propia observación de las imágenes dubitadas al borde de la cancha.
Hacemos votos para que esta tecnología pueda contribuir eficazmente a la normalidad de estos varios clásicos que se avecinan, cuyo análisis –por obvias razones cronológicas— optamos por postergar para la próxima semana.