N° 2068 - 23 al 29 de Abril de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEn algunas de nuestras últimas columnas, ante la falta de temas futbolísticos de actualidad, nos ocupamos de armar un par de selecciones ideales: una, conformada por futbolistas uruguayos y, la otra, por extranjeros que actuaron en nuestro medio. Para ello, hicimos una visión retrospectiva, desde la década del 50 hasta la fecha, de modo de elegir aquellos que en cada puesto eran los más afines al gusto y paladar de quien esto escribe. Nos propusimos, de paso, estimular a que cada uno de nuestros lectores armara la suya, a modo de un entretenimiento adicional en estos preocupantes tiempos de cuarentena.
En tal sentido, se ha discutido la pertinencia de comparar a futbolistas que han actuado en épocas distintas, puesto que las circunstancias en que lo han hecho han mutado significativamente con el paso de los años. Ante esa realidad es válido preguntarse, por ejemplo, si los hazañosos protagonistas de la primera mitad del siglo pasado podrían haber brillado también en el fútbol jugado en las últimas décadas de aquel o en las primeras del actual. Y a la inversa, si Lionel Messi o Cristiano Ronaldo podrían haber actuado con el mismo brillo en aquellos tiempos tan lejanos. Aunque empíricamente no puede haber una respuesta cierta a esa interrogante, igual pueden tomarse en cuenta algunas circunstancias que nos permitan echar luz sobre esas manidas interrogantes.
Permítasenos una anécdota que puede ayudar a dilucidar esta cuestión. Hace algunos años tuvimos la oportunidad de visitar a la viuda de Julio Pérez, uno de los héroes de la inolvidable gesta de Maracaná. Pudimos allí —orgullosamente mostrados por la gentil dueña de casa— tener en nuestras manos los zapatos (tamangos, como se les decía por entonces) que aquel usara en la histórica final ante Brasil. Aun descontando que serían los mejores de aquel momento, era tal su peso y tan tosco su diseño que no pudimos imaginarnos cómo se las arreglaba su célebre usuario para manejar la pelota con su habilidad y sutileza características. Y un pensamiento vino rápido a nuestra mente: ¿qué hubiera podido hacer Julio Pérez jugando con los zapatos actuales, que pesan apenas unos pocos gramos y se calzan al pie como si fueran una media? Sumémosle a ello que la pelota de entonces era también muy rudimentaria y de mayor peso que las actuales (el que aun se potenciaba mucho más si se jugaba en cancha mojada) y que los campos de juego carecían del acondicionamiento que hoy tienen y se deterioraban rápida y notoriamente cuando se jugaba bajo lluvia. Esa suma de factores nos conduce a la primaria y lógica conclusión de que los notables y continuos progresos en todos esos rubros les hubieran permitido a los futbolistas de antaño desplegar, aun de mucho mejor manera, el inmenso caudal técnico que ciertamente poseían.
Claro que en esta comparación ideal deben también ponerse en consideración algunos otros factores, que hacen a cuestiones de orden táctico y también físico, reveladoras de diferencias muy notorias entre ambas realidades. Es muy evidente que, por ejemplo, el ritmo que hoy se les imprime a las acciones de juego o las distancias recorridas por los futbolistas que actúan en algunos puestos, son el producto de una preparación física mucho más exigente que la que antaño solía hacerse. Asimismo, en atención a lo que pudimos apreciar, el fútbol que aquí se practicaba, pongámosle en los años 50 o 60, era mucho más pausado y cansino que el que hoy se juega en todo el mundo, sin perjuicio de la técnica depurada y atributos temperamentales que los jugadores de aquella época desplegaban a raudales.
Esta temática no es nueva. Esa comparación entre el fútbol “de antes” y el “de ahora”, no es algo que haya surgido en estos últimos tiempos. Ya a comienzos de la década del 60, Carlos Soto (un destacado cronista deportivo y también letrista de Carnaval, bajo el seudónimo de Doble Fil”) escribió estas estrofas para la clásica murga Asaltantes con Patente: “Si lo’ agarramos ahora / a esos campeones de antaño / se la damos por el moño / de taquito entre los caños. / Usaban los pantalones / más largos que las enaguas / y los rivales jugaban / a caballo y de paraguas”. ¡Más claro imposible!
No parece juicioso, pues, hacer un paralelo entre realidades tan distintas y alejadas en el tiempo y pretender demostrar, por ejemplo, que nuestro Héctor Scarone —considerado en su época el mejor jugador del mundo— era mejor que Pelé; o a la inversa, que Messi es mejor que Maradona. Sin embargo, eso es precisamente lo que hizo la respetada Federación Internacional de Historia y Estadísticas del Fútbol (IFFHS). Esta institución elaboró tiempo atrás, con los votos de sus socios de todo el mundo, una lista con los mejores futbolistas del siglo XX, la que fue encabezada por Pelé con 1.705 votos, seguido por Johan Cruiff, Franz Beckenbauer, Alfredo Di Stéfano y (para desconsuelo de los argentinos) Diego Armando Maradona. El primer uruguayo en esta lista resultó ser Juan Alberto Schiaffino, aunque recién en el puesto 17. Y ¡oh sorpresa!, también integra la nómina, aunque en un modesto puesto 29, el legendario campeón olímpico y del mundo José Leandro Andrade, con apenas 74 votos.
Agreguemos que si atendemos a la lista de los mejores de Sudamérica, allí está otra vez Pelé al tope de la tabla, seguido aquí por Maradona, Di Stéfano, Garrincha y el argentino José Manuel Moreno. Es precisamente Schiaffino el primer uruguayo, ubicado en el 6º puesto, y luego Luis Cubilla en el 11º, en tanto que nada menos que el capitán de Maracaná, Obdulio Varela, aparece relegado al puesto 13°, mientras Héctor Scarone revista en un lejano puesto 20°.
¿Cuál habrá sido el criterio seguido por tan calificados votantes? Seguramente su preferencia personal, pero sin tener en cuenta las distintas épocas en que jugaron sus elegidos. Aunque, según se dijo, ello no es lo aconsejable, resulta ser al fin y al cabo lo más práctico. En todo caso, nos parece que lo más justo es, por ejemplo, hacer una comparación entre Lionel Messi y Cristiano Ronaldo, pues sus respectivas carreras están emparejadas en el tiempo; lo mismo que si hiciéramos un paralelismo entre las trayectorias de Juan Alberto Schiaffino y José Manuel Moreno, este último para muchos el mejor jugador argentino de la historia.
Lo antes dicho, sin perjuicio de responder afirmativamente a la clásica pregunta de si futbolistas como Héctor Scarone o Schiaffino, o Pelé, o Platini, o Ferenc Puskas —por nombrar solo algunos casos— podrían tener cabida en los tiempos presentes. ¡Claro que sí! Y puestos a tono físicamente, seguirían deleitándonos con su excelso juego. Entretanto, esas encuestas seguirán tan campantes, confundiendo “aserrín con pan rallado”. ¡Y no para entretener a futboleros en cuarentena!