Crianza compartida, la primera opción

Afortunadamente, en temas de paternidad los hombres han conquistado mucho terreno en los últimos años. Es hermoso ver a padres llevando a sus hijos al pediatra, en la reunión con la maestra, participando en los eventos escolares, comprando útiles, ropa, jugando en la plaza, andando en el ómnibus con uno dormido en brazos, otro de la mano y las mochilas colgando. Vengo de una época en que los padres no estaban presentes en la crianza de los hijos. No iban al pediatra, ni se reunían con la maestra, y mucho menos sabían cuánto calzaba su hijo o cuál era el juego preferido de su hija. Metidos de lleno en su trabajo, pasaban de largo por la vida de sus niños, solo sabían las notas que venían en el carné y que no les faltaba comida en la mesa. De lo demás se encargaba la madre, porque eran cosas de madre.

Es una alegría y una tranquilidad ver cómo esto ha ido cambiando con las generaciones. Sin embargo, hay una zona en la que la herencia de la sociedad patriarcal sigue actuando fuerte, y es cuando los padres se separan, y automáticamente se asume que los hijos deben quedar bajo el cuidado de la madre, mientras el padre solo se limita a visitarlos o convivir con ellos fin de semana de por medio. Esta es, en la amplia mayoría de los casos, la primera opción, y casi que no se discute, cuando en realidad, los hijos son tanto de la madre como del padre y la primera opción debería ser que ellos pudieran pasar la misma cantidad de tiempo con ambos. De esa manera, los chicos recibirían influencia en su educación y crianza de ambas partes por igual, como sucede cuando los padres conviven. Claro que siempre existen situaciones anómalas, particulares, problemáticas, y es aquí cuando intervienen otros factores que complejizan el proceso.

La discusión sobre el proyecto de ley llamado de corresponsabilidad en la crianza que se viene dando en el Parlamento —y del que damos cuenta en la nota que escribió en este número Milene Breito— se centra en los casos atípicos, problemáticos y con factores de violencia de por medio, dejando de lado a la gran mayoría de las familias que no entran en esas lógicas. Está claro que si un padre es violento tampoco debería estar con sus hijos dos fines de semana al mes, o una semana de vacaciones, pues nada indicaría que en esos días no vaya a serlo.

Lo que parece estar saliendo a la luz acá es una fuerte inclinación del sistema jurídico por seguir un modelo patriarcal en el que la madre debe ser quien vuelque más tiempo, esfuerzo y dedicación a la crianza de sus hijos, en detrimento de los otros aspectos de su vida, como el profesional-laboral, el tiempo libre (esto incluye deportes, esparcimiento) y el sentimental-afectivo. Mientras que está bien visto que los padres separados trabajen duro, hagan deporte, salgan con amigos y cada tanto “les toque” ver a sus hijos, las madres que quieren lo mismo, que buscan esa igualdad, estarían siendo acusadas de no querer estar con sus hijos. Pero esto no solo se trata del beneficio de ellas —que también cuenta, ¿por qué no?— sino principalmente del beneficio de los hijos de estar el mismo tiempo con los dos.

Por suerte, cada vez hay más casos de padres que al separarse quieren la tenencia compartida porque sienten el dolor de tener que salir de la vida cotidiana de sus hijos y esta es la manera más justa que encuentran todos los involucrados, pues así los niños pueden crecer recibiendo los cuidados, valores y afecto de ambos padres por igual, disfrutando de los dos, no extrañando a ninguno.

Esta debería ser la norma, no la excepción, y la primera opción que se maneje ante un abogado, un juez o un tribunal. Habrá muchas otras opciones que se ajusten mejor para cada familia, para cada caso, pero siempre partiendo de la base de que el hijo tiene tanto derecho de recibir la crianza de parte de su madre como de su padre.n