N° 2055 - 16 al 22 de Enero de 2020
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáEs bastante común, dentro del fútbol, que debiendo afrontarse una situación más o menos parecida, los equipos adopten criterios sustancialmente disímiles. Es claro que, de cara a lo que se viene, no es igual la situación de Nacional, que obtuvo merecidamente el título de mejor en la última temporada, que la de su rival tradicional, que vio frustrada su intención de extender la hegemonía de los años anteriores. Pero, curiosamente, esa dualidad presenta un elemento en común, y es que ninguno de los dos equipos tiene una necesidad perentoria de triunfos en el plano local; más allá de la satisfacción que ello pueda depararle a sus seguidores. En efecto, Nacional pudo sacarse de encima la perentoriedad de evitar que Peñarol obtuviera ese “trienio”, que lo dejaría en una inmejorable situación para encaminarse hacia un nuevo “quinquenio”. Y, como inevitable contrapartida, ya no pesa en tiendas aurinegras la búsqueda obsesiva de ese objetivo. Es que, aunque las cifras del historial de los lauros en el plano local de los dos equipos siguen vigentes, circunstancialmente hoy vuelven a estar a la par, y la cuenta empieza de cero para ambos.
¿Adónde queremos llegar con este razonamiento? A qué ya es hora de que tanto aurinegros como tricolores, prioricen la obtención de algún título internacional, para brindarle a sus nuevas generaciones de seguidores una satisfacción semejante a las que otros pudieron disfrutar en las últimas décadas del siglo pasado. Se podrá argumentar, con alguna razón, que los tiempos han cambiado, que el profesionalismo que hoy impera en el fútbol es distinto al de aquellas épocas. O que, aún con grandes diferencias respecto a otros mercados, primero Peñarol, como luego Nacional, pudieron reforzarse, en aquellas oportunidades, con algunos futbolistas extranjeros de renombre. Pero la historia de este siglo indica que varios equipos modestos en el concierto futbolístico americano (como el Guadalajara de México, Lanús de Buenos Aires o Independiente del Valle de Quito), pudieron ganar la Copa Libertadores. Y que Chapecoense, Cienciano de Cuzco o Arsenal de Buenos Aires, hicieron otro tanto con la Copa Sudamericana (se dio incluso el caso emblemático de que Atlético Paranaense supo ganar la Libertadores en el año 2005 y la Sudamericana en el 2018).
La pregunta a hacerse es si la actual realidad de los dos equipos grandes es indicativa de que pueden recorrer ese camino, con alguna posibilidad de éxito. Y, en tal sentido, debe empezar por decirse que la forma como han encarado su trabajo Diego Forlán y Gustavo Munúa –con la descontada anuencia de las respectivas dirigencias— ha sido diametralmente diferente.
Peñarol ha optado por una profunda renovación de su plantel. Se ha desprendido de Viatri, Lores, Cannobio, Gastón Rodríguez y Rojo, por citar los de mayor importancia, aunque mantiene a Dawson, Formiliano, Rojas, Giovanni González, Trindade, Christian Rodríguez y Gargano (ambos en proceso de recuperación de sus lesiones), Estoyanoff, De los Santos, Pellistri y el español Xisco Jiménez. Y, además, logró concretar una decena de incorporaciones. Algunas llegaron del exterior, como el húngaro Vadókz —compañero de Forlán en un par de equipos—, Gary Kagelmacher, con un extensísimo recorrido en diferentes clubes europeos, Urretaviscaya —en su tercera vuelta a filas aurinegras— desde el fútbol mexicano y el exdanubiano Terans, proveniente del fútbol brasileño. A ellos se sumaron algunos otros futbolistas del ámbito local, como Denis Olivera, Juan Acosta, Joaquín Piquerez o el chileno, y exbohemio, Christian Bravo.
Este particular panorama del aurinegro parece apuntar a la conformación de un plantel amplio y experiente, capaz no solo de aspirar a una buena actuación en el plano local, sino también en el internacional (planteado esto último como una de las prioridades del flamante técnico, al asumir su función). La parte negativa de este esquema es la inevitable merma de posibilidades para la proyección de varias figuras juveniles de muy relevantes condiciones, lo que a la larga puede limitar las perspectivas de alguna futura transferencia, que permita paliar las acuciantes necesidades económicas de la institución.
Radicalmente distinto es el panorama que presenta Nacional. Ya desde el mismo momento de su vuelta a la dirección técnica del equipo, Gustavo Munúa tuvo en claro que la prioridad fijada por la dirigencia tricolor era promover y potenciar a varias promisorias figuras juveniles, de modo de posibilitar en un futuro más o menos cercano, aquellas transferencias que permitan conjugar la muy deficitaria situación de las arcas del club. Ello sin perjuicio, claro está, de la esperanza de que el buen nivel de esos futbolistas, sumados a otras figuras más experientes, permita igualmente aspirar a buenos resultados deportivos.
Se marcharon algunos jugadores que fueron titulares en la pasada temporada, como Felipe Carvalho, Cotugno y muy en especial Rafael García, a los que puede sumarse en cualquier momento Matías Viña. Tampoco están otros que no llegaron al nivel esperado, como Mathías Cardaccio, Álvaro Pereira, Lorenzetti y Barrientos. Pudo sí retenerse a Mejía, Corujo, Neves, Felipe Carballo, Bergessio y Sebastián Fernández, y a los juveniles Santiago Rodríguez, Ocampo, Pablo García y Vecino. Asimismo —y no es poca cosa—podrá contar con el esperanzador retorno de Rodrigo Amaral, que ya está prácticamente recuperado de su lesión y luce una auspiciosa buena forma física.
Nacional ha estado, en cambio, muy corto en lo que respecta a la incorporación de nuevos futbolistas, al punto que —al momento de escribir esta columna— solo ha concretado la de Ayrton Cougo, un buen lateral, con pasado violeta y reciente pasaje por el fútbol paraguayo. Sin embargo, lo más positivo para el equipo tricolor fue el muy auspicioso estreno de Munúa en la dirección técnica –nada menos que frente al linajudo River argentino— y la confirmación de un montón de juveniles que exhibieron, en algunos casos, un nivel alentador. Impresionaron muy especialmente los dos volantes titulares Emiliano Martínez y Joaquín Trasante. El primero con un fútbol muy atildado y creativo, y el segundo con un mayor despliegue en la marca, aunque con una definición de alto vuelo, en el tercer gol de su equipo. También el zaguero Orihuela mostró muy buenas condiciones. En el segundo período entraron siete juveniles más, que hicieron lo suyo (el más destacado fue Cartagena), aunque sin lograr mantener la ventaja en el tanteador, pues el rival apeló a algunos titulares —reservados en la etapa inicial— para evitar lo que parecía convertirse en una inesperada derrota. Munúa y la dirigencia tricolor deberán evaluar si esta intempestiva y masiva promoción, es suficiente para conformar un equipo que esté a la altura de las exigencias, tanto en el plano local como en el internacional.
Lo que sí resulta incuestionable es que Peñarol y Nacional han decidido transitar por senderos completamente diferentes, en procura de un mismo objetivo. Y únicamente el transcurso del tiempo podrá determinar cuál de ellos ha elegido el camino correcto.