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    Estudio del LATU mostró que hay contaminación en el río Uruguay

    La investigación incluye el área de influencia de UPM, los autores señalan que los tóxicos tienen como origen la industria, la agricultura y los desechos de materia orgánica, pero que no han llegado a establecer si “hubo un aumento” luego de que empezara a funcionar la planta de celulosa

    Una investigación realizada por el Laboratorio Tecnológico del Uruguay (Latu) concluyó que existe contaminación en el río Uruguay y que los tóxicos que allí se encuentran tienen efectos sobre los organismos que viven en la zona, como los peces.

    El trabajo, ejecutado durante el 2010, tomó como referencia muestras de Nuevo Berlín, de “una zona de influencia de descargas domésticas y de efluentes de la planta de celulosa” en Fray Bentos y de la “ciudad turística” Las Cañas, indica el estudio.

    Comprueba que existe “a nivel ambiental la influencia de la contaminación —del río Uruguay—, ya sea de origen natural o artificial —por la industria, actividades agrícolas y humanas—”, informó a Búsqueda la química farmacéutica Diana Míguez, jefa del Departamento de Aguas y Productos Químicos del Latu. Míguez es además representante en la Comisión Asesora de Agua y Saneamiento para la Dirección Nacional de Aguas y Saneamiento (Dinasa).

    Consultada sobre la influencia en esos registros de la planta de celulosa UPM (ex Botnia), ubicada en Fray Bentos, la química farmacéutica respondió que “el objetivo del trabajo es ver todas las fuentes de contaminación que hay. Entre ellas puede que esa industria, como otras, tenga descargas”.

    Gastón Silberman, presidente de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU), dijo a “La República” el miércoles 2 que la planta de UPM “es de las que menos contaminan”. Agregó que “cualquier actividad humana o industrial genera un cierto grado de contaminación”, pero que UPM “no lo hace por encima de los parámetros establecidos”.

    Por otra parte, Horacio Melo, delegado argentino de la CARU, dijo en una entrevista radial de su país que “no hay que comprobar que Botnia contamina”.

    “Sabemos que contamina”, agregó.

    Contaminantes. El estudio del Latu comprobó que en Fray Bentos hay altas concentraciones de nitrógeno y fósforo, vinculados con la aparición de algas en el río Uruguay. La especialista informó que el río tiene un problema con los aportes de nutrientes desde antes de la instalación de Botnia en 2007.

    Un estudio realizado entre 2003 y 2005 en la zona comprobó que este problema ya existía, según el análisis en el que participaron el Latu y la Facultad de Ciencias.

    El trabajo de 2010 analizó “cómo los sedimentos y el agua del río Uruguay podrían estar vehiculizando los tóxicos”, explicó Míguez. Aún no se conocen las características que tienen las moléculas de los contaminantes encontrados, pero el grupo de especialistas involucrados continuará analizando el tema en futuros estudios.

    “No sabemos exactamente qué contaminantes son, pero sí los efectos por exposición natural y los efectos sobre los organismos vivos en una batería de ensayos”, declaró Míguez. El trabajo concluyó que los tóxicos del río ocasionan problemas en algunos seres vivos y malformaciones en peces.

    En la “Evaluación ecotoxicológica de sedimentos en una zona del río Uruguay” participó el Latu en Montevideo, el Departamento de Aguas de la Unidad Fray Bentos del Latu y el Centro de Ciencias del Agua de la Universidad de Cranfield, en el Reino Unido.

    “Se eligió estudiar esta zona del río Uruguay que puede tener influencia de actividades industriales para traer la voz objetiva a un tema que puede tener controversia. Trabajamos con total independencia de criterio con ensayos acreditados —por el United Kingdom Accreditation Service— válidos internacionalmente”, dijo Míguez.

    La especialista realiza una tesis de doctorado en la Universidad de Cranfield, una de las cinco más reconocidas en investigación en el Reino Unido. Allí ha hecho algunos de los estudios con muestras extraídas del río Uruguay.

    Agua. Evaluar la calidad de un ambiente implica analizar el agua, uno de sus “componentes básicos”, dijo Míguez. Los científicos estudiaron los sedimentos del río porque están vinculados con el ciclo de agua.

    “Si una fábrica tiene emisiones hacia el ambiente y llueve, va a caer a la tierra, puede pasar a las napas inferiores o puede escurrir hacía el río”, explicó la química farmacéutica.

    En noviembre de 2010, la delegación argentina de la CARU expresó a Uruguay su “profunda preocupación” porque la planta de Fray Bentos está mezclando sus efluentes industriales con agua de río, informó el pasado 13 de enero El Espectador. Denuncian que UPM no diluye sus efluentes para mejorar la calidad de los desechos.

    Los sedimentos del fondo de un río se forman por rocas o arenas que tienen millones de años de antigüedad pero también por las sustancias nuevas que escurren de las lluvias y partículas suspendidas en el agua que de a poco decantan.

    “Entonces hay una suspensión y resolución de los tóxicos”, señaló Míguez.

    “Hay organismos vivos enterrados o semienterrados que comen de ahí y además es un sumidero de sustancias tóxicas”, explicó.

    Este estudio determina cómo las distintas especies actúan ante diferentes niveles de toxicidad en respuesta a los contaminantes encontrados en el río Uruguay.

    Entre los tóxicos que pueden estar presentes en un río se encuentran los “disruptores endocrinos”. Son sustancias que vienen de la industria del plástico, los medicamentos, los pesticidas y de la industria cerealera. Estas sustancias disruptoras pueden provocar cambios en los organismos de los seres vivos.

    Antes de que un contaminante cause la muerte de un organismo, puede generar otro tipo de consecuencias, como la desnutrición. También se pueden ver cambios en el crecimiento como “alerta temprana” de otros efectos mayores.

    La disfunción endocrina genera anomalías de desarrollo, malformaciones o problemas en la reproducción.

    “Es como decir que le afecta la calidad de vida a un pez, lo hace más vulnerable a los ataques”, dijo Míguez.

    Míguez explicó que los disruptores endocrinos “son persistentes” porque no se degradan sino que se acumulan en las grasas corporales.

    “Si un invertebrado es comido por un pez, que a su vez come a otro pez más grande y luego el ser humano lo ingiere, entonces se va magnificando”, señaló la química farmacéutica.

    Míguez explicó que su trabajo de tesis, en el que se enmarca este estudio, apunta a hacer una evaluación del riesgo que existe en el río. Las fuentes y las rutas de contaminación del río Uruguay son múltiples y los afectados —receptores— pueden ser los animales y también los humanos.

    El objetivo del trabajo es “ver la vinculación entre los contaminantes y la salud de los organismos”, explicó Míguez.

    Con el objetivo de realizar este análisis, el equipo del Latu ha desarrollado herramientas de bioensayos para estudiar el efecto de los tóxicos que se encuentran en el río y trabajó junto con la sección Oceanología de la Facultad de Ciencias y con el Instituto Pasteur. Además, el equipo trabajó con la colaboración de la Agencia Ambiental de Estados Unidos y Environment Canada.

    El estudio incluyó “una batería de bioensayos para ver cómo es la toxicidad en tres zonas del río Uruguay —Nuevo Berlín, Fray Bentos y Las Cañas— aguas arriba y abajo de las ciudades y actividades industriales más grandes de la zona”, explicó Míguez.

    Analizaron cómo los contaminantes afectan toda la cadena, desde los pequeños organismos hasta los peces. Estudiaron cómo afectan los tóxicos encontrados en el río Uruguay a una bacteria y a un pequeño crustáceo (Hyalella cruvispina) que vive y se alimenta de partículas del sedimento. También estudiaron cómo le afecta la contaminación a una pequeña pulga de agua (Ceriodaphia dubia) y al pez conocido como mojarra de cabeza gorda (Pimephales promelas).

    Explicó que estos peces son más sensibles a los tóxicos —a la disfunción endocrina— en etapas iniciales de su desarrollo.

    “Pudimos determinar que hubo cambios en el desarrollo”, señaló Míguez.

    Resultados. Para estudiar los efectos de los contaminantes los especialistas tomaron muestras en los tres puntos del río Uruguay y luego expusieron a los pequeños crustáceos y larvas de los peces “a diferentes concentraciones de estos contaminantes” extraídos.

    “Ese líquido al que estuvieron expuestos causó un efecto en los embriones de los peces y larvas”, informó Míguez.

    Los efectos fueron mayores cuando se sometió a estos peces a bajas concentraciones del contaminante. Míguez explicó que a veces cuando hay una alta concentración de tóxicos actúan los mecanismos de defensa de los organismos, pero cuando es baja no lo hacen y las consecuencias son mayores.

    El estudio de los peces concluyó que en Fray Bentos “se encontró 3,3% de malformaciones de la espina dorsal”, mientras que en Nuevo Berlín y Las Cañas no se encontraron casos de malformaciones.

    “El artículo dice que no se puede inferir por qué se está produciendo esto. Podría ser por metales o sustancias orgánicas que pueden ser disruptores endocrinos. Hay que seguir estudiando”, señaló Míguez.

    El estudio concluye que los tóxicos le produjeron “efectos crónicos” a la pequeña pulga de agua. Le ocasionaron problemas en la reproducción, menos larvas en generaciones futuras y menos juveniles en las siguientes camadas.

    “Puede estar afectando el número de ejemplares vivos y la biodiversidad”, alertó Míguez.

    En el estudio del organismo que se alimenta del sedimento se observaron cambios en el crecimiento al ser expuesto a la contaminación. Los ejemplares crecieron menos de lo que suelen crecer en ambientes no contaminados.

    “Puede haber algo en el sedimento del río, hay que seguir investigando porque el sedimento tiene movimiento y puede haber distintos tipos de fuentes, agronómicas e industriales”, señaló Míguez.

    Más en Fray Bentos. El estudio detectó presencia de fósforo y nitrógeno en la zona de Fray Bentos, cuyo origen puede ser variado. “Está la influencia de las ciudades, al aporte cloacal y también puede ser por la industria, pero no sólo eso”, dijo Míguez.

    La agricultura, con el uso de fertilizantes y químicos en los cultivos, puede ocasionar estos efectos. Es una fuente no puntual porque generalmente no se la puede rastrear a un origen específico.

    Sin embargo, el estudio concluyó que “la materia orgánica tiene una concentración similar en todos los sitios, pero el fósforo y el nitrógeno son más altos en la muestra de Fray Bentos”.

    Este es el “dato crudo” y puede estar vinculado con la agricultura, las actividades industriales y domésticas, explicó Míguez. La química aclaró que UPM “no tiene por qué estar relacionado” directamente o en forma exclusiva con este aumento.

    “Si hubo un aumento —a partir del funcionamiento de UPM—, todavía nuestra investigación no ha llegado a ese punto”, señaló.

    Míguez informó que el río Uruguay tiene un “problema endémico” vinculado con “la floración algal que puede generar toxinas”. No es un fenómeno “natural” sino “histórico”, que tiene origen en las descargas de las ciudades y de la agricultura, dijo Míguez.

    Hay tóxicos y existe “riesgo” al ingerirlos

    Los contaminantes que se encuentran en las aguas de los ríos pasan a través de las arenas hacia capas inferiores del suelo y pueden llegar a las aguas subterráneas. En cambio, cuando en el suelo hay arcilla y limo —de granos más pequeños que la arena— el contaminante queda disponible en el agua para los organismos vivos que habitan próximos a los sedimentos, explicó la química farmacéutica Diana Míguez.

    El estudio del río Uruguay realizado por el Latu incluyó un análisis del tamaño de las partículas de los sedimentos en la zona.

    Según el análisis de estas muestras, en Nuevo Berlín y Fray Bentos existe “un mayor contenido de arcilla”, que es la fracción de grano más pequeña. En cambio, en Las Cañas hay más cantidad de limo, un grano más grande que el de la arcilla y más pequeño que la arena.

    “La arcilla absorbe más los tóxicos. El organismo vivo puede ingerir una partícula y así ingresa al organismo”, explicó Míguez.

    Expuestos. El estudio incluyó un análisis para saber cuán expuestos están los organismos a los contaminantes. El grupo de trabajo analizó el agua y las partículas en suspensión para saber si éstas tenían tóxicos asociados. El resultado fue afirmativo. “Es como decir que un comprimido tiene adentro un contaminante, eso lo probamos”, comentó Míguez.

    Cuando un organismo va a ingerir una partícula del río, “tiene riesgo de contaminarse”, señaló. Indicó además que cuanta más arcilla exista, más contaminante van a poder absorber las partículas.

    “Podemos decir que parte va a quedar en el sedimento pero otro tanto en el agua”, dijo Míguez.

    Afectados. Para que un contaminante ingrese a un organismo debe pasar distintas barreras. Algunas sustancias contaminantes son hidrofóbicas, rechazan el agua. Sin embargo, se pueden encontrar en el agua pero asociadas, por ejemplo, a una partícula de arcilla que absorbe el tóxico.

    “Queda adentro como una pastilla comprimida que luego se libera en el estómago y se hace disponible de nuevo”, dijo Míguez. Esto es lo que sucede en el río Uruguay, aseguró.

    Estas sustancias suelen acumularse en las grasas corporales. Son los cloroorgánicos u otras sustancias provenientes de la quema de basura o biomasa y también algunas sustancias tensoactivas que se utilizan en Uruguay que alteran la tensión superficial del agua.

    “Hay pesticidas que quedan persistentes por muchos años en las grasas corporales y además se bioacumulan y biomagnifican”, señaló Míguez.

    Cuando un pez come a otro que tenía concentración de un tóxico entonces se acumula generalmente en el hígado, el cerebro, los músculos y los lípidos. El músculo es precisamente la parte del pez que los humanos consumen, por lo que el ser humano es uno de los receptores posibles de la contaminación.

    “Hay sustancias que pueden llegar eventualmente al ser humano pero no está dicho en este artículo que ya hayan llegado”, aclaró.

    “Estamos diseñando experimentos con el objetivo de proteger la salud humana y el medioambiente”, agregó.

    (*) Nota publicada originalmente el 3 de febrero de 2011