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    Hay “necesidad” de conectar la academia con el sector productivo

    Existe “una mayor conciencia” de usar la propiedad intelectual pero hay “impedimentos” para promover el patentamiento; Uruguay está “muy atrás en el mundo”

    Corría el año 1986 cuando un puñado de investigadores y científicos uruguayos decidieron impulsar una plataforma científica en el país. Querían fortalecer y hacer crecer a esa reducida comunidad. Reunieron apoyo político y crearon una institucionalidad: así nació el Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (Pedeciba). El objetivo era desarrollar una plataforma para los científicos uruguayos, para consolidar sus laboratorios, los recursos humanos, la enseñanza de las etapas tempranas de las ciencias básicas y la infraestructura para poder realizar investigaciones.

    Buscaba también promover la interacción entre investigadores y el sector productivo, para valorizar el conocimiento que se produciría con la investigación científica. Para eso, sin embargo, todavía era muy temprano. La tarea quedó pendiente hasta que en 2015 el programa creó la Unidad de Valorización de la Investigación y Transferencia Tecnológica (Uvitt) que está dando sus primeros pasos para cumplir con el cometido “postergado”, dijo a Búsqueda Álvaro Mombrú, director de Pedeciba.

    Hoy hay una “masa crítica que permite cumplir con el objetivo”, afirmó. Si bien en sus comienzos eran unos 40 científicos los que integraban Pedeciba, ahora son unos 800 investigadores y más de 100 estudiantes de posgrado.

    “Nosotros decidimos jugar un papel dentro del entramado, tratando siempre de actuar coordinadamente con otros agentes del país”, explicó Mombrú. La Agencia Nacional de Investigación e Innovación (ANII) tiene el programa Trama, que trabaja en conectar el sector de investigación con el productivo, y también se hacen intentos desde los Fondos Sectoriales del Ministerio de Industria, entre otras iniciativas.

    La gerente de Operaciones de la ANII, Sara Gold­berg, opinó que “no está mal” que existan varias iniciativas. “No es malo que todo el mundo demuestre que está comprometido; la sinergía es esencial”, dijo a Búsqueda.

    “El protagonismo de Pedeciba pasa por mantener funcionando laboratorios, por generar un semillero de nuevos investigadores en el país. Es un papel que tenemos que jugar y sabemos que es nuestro, lo hacemos con toda la fuerza y convicción”, dijo Mombrú. Añadió que un desafío nuevo es poner esa red al servicio del sector productivo para “coordinar”.

    La propiedad intelectual, la protección legal de los hallazgos, es la clave del asunto.

    Caminos.

    La idea de crear la Uvitt se procesó en los últimos dos años, contó Mombrú. Primero se hizo un llamado para un puesto de articulador entre la academia y el sector productivo, que en 2015 ocupó Paola Díaz. Luego llegó el momento de la creación de la Uvitt, y Atilio Deana asumió como responsable.

    “Muchas veces está por un lado la academia y por el otro el sector productivo y es muy difícil generar ese nexo”, opinó Díaz, que tiene experiencia de trabajo en investigación y en la Red de Propiedad Intelectual.

    El año pasado, Díaz y Deana se reunieron con 70 investigadores y su objetivo es completar los 800 este año. Quieren conocer su trabajo, sus inquietudes, y evaluar si hay oportunidades para poner en el mercado sus aportes o si es necesario protegerlos mediante herramientas de propiedad intelectual como las patentes. “La idea es valorizar la investigación”, indicó Díaz. De las reuniones ya surgieron numerosas oportunidades, añadió. “Hay una necesidad de parte de la academia, hemos tenido muy buena respuesta de la mayoría de los investigadores”.

    Deana explicó que una parte importante del trabajo se centra en lograr cercanía con los investigadores. Otro aspecto implica analizar al detalle qué parte del trabajo tiene potencial para ser valorizado, ya sea mediante patentes, transferencias de know how a una empresa, registros de marca, derechos de autor, modelos de utilidad u otros.

    “Estamos acercando a los investigadores” al área de protección de propiedad intelectual que permite valorizar los logros  y proteger los resultados, dijo Deana.

    Díaz opinó que “hay una mayor conciencia” en la necesidad de “relacionar la investigación con la propiedad intelectual”, y afirmó que “hubo un avance interesante” en los últimos años.

    El primer paso del grupo fue buscar convenios. En enero, Pedeciba firmó uno con la Cámara de Industrias del Uruguay para comenzar a desarrollar un vínculo. “La idea es acercarnos, apoyar si existe un problema particular que la academia pueda solucionar y que estudiantes de posgrado de Pedeciba puedan realizar partes de sus tesis en empresas”. También generar mesas de diálogo e intercambio entre las necesidades de la industria y los aportes que puede hacer la academia. En definitiva, hacer que se encuentren “dos mundos que están muy separados”, resumió Díaz. El plan es empezar con la concreción de convenios marco con diferentes áreas del sector productivo, para luego ir afinando el intercambio.

    Ayudas.

    “La conciencia de que es necesario proteger los logros de las investigaciones es algo nuevo para Uruguay”, opinó Deana, aunque agregó que se encontraron “con una buena recepción en el tema”.

    La falta de ayuda económica específica para patentar es uno de los grandes impedimentos. Los costos pueden superar los 10.000 dólares por patente, en función del país donde se tramite, y para los investigadores eso es un problema. Para 2016, la ANII prepara su primer instrumento con ese objetivo exclusivamente (ver recuadro).

    Para sortear las barreras, Pedeciba firmó en setiembre un convenio con la agencia de Estados Unidos Cedars Sinai Medical Center. Este reconocido hospital de Los Ángeles tiene una oficina de transferencia tecnológica. Patenta a costo cero para Uruguay (en el marco del convenio con Pedeciba) a cambio de compartir el beneficio de las futuras regalías de la explotación de esa patente. Este centro norteamericano se queda con el 40% y asume los riesgos económicos de patentar en el área biomédica.

    También han explorado la posibilidad que ofrece Isis Innovation de la Universidad de Oxford. Es un programa en el que el investigador paga la patente pero ellos se encargan de conseguir la empresa licenciataria que lleve adelante la salida comercial de esa patente, con una cartera de posibilidades muy grande, a diferencia de lo que ocurre en Uruguay. “Las empresas a las cuales nosotros accedemos no son las mismas a las que llega Cedars Sinai” u otras agencias internacionales, explicó Deana.

    “El objetivo a largo plazo es generar nosotros esas capacidades de comercializar patentes, buscar las empresas licenciatarias. Viéndolo objetivamente, hoy no tenemos esa capacidad y tampoco Uruguay tiene empresas ávidas de patentes”, evaluó. “Una de nuestras tareas fundamentales es promover el patentamiento y la propiedad intelectual a nivel académico. Dado el marco legal existente, si vemos que no podemos trabajar con eso, buscamos alternativas”, señaló.

    Barrera.

    Hoy la estrategia de Pedeciba se concentra en buscar oportunidades para patentar en el exterior o con ayuda internacional.

    “Uruguay no es signatario del Tratado de Cooperación en materia de Patentes (PCT) —que integran 149 países. Hay un montón de circunstancias que hacen que esto acá no sea sencillo”, dijo Mombrú (ver recuadro).

    Para Deana, “la no firma del tratado PCT es un clarísimo ejemplo de que estamos muy atrás en el mundo”. Uno de los beneficios es que si se inicia el trámite mediante ese tratado, se protege en los 149 países signatarios, entre los cuales están las principales potencias mundiales. Esto significa un menor costo que si se inicia el trámite por la vía uruguaya. Además se cuenta con un año y medio más de lo habitual (a través de la Dirección Nacional de Propiedad Intelectual del Ministerio de Industria) para conseguir una empresa licenciataria. “Es un beneficio fundamental”, opinó Deana.

    Como Uruguay no es signatario del PCT debe proteger país por país, algo que “el sector académico no puede solventar”, aseguró Deana.

    Pedeciba también cuenta con apoyos a investigaciones básicas que no tengan una conexión inmediata con el sector productivo. Hasta el 10 de marzo está abierta la opción para que empresas, mediante la Ley de Donaciones especiales, aporten fondos para estos proyectos a cambio de exoneraciones fiscales administradas por la fundación de Pedeciba (Fundaciba). Según explicó Mombrú, “sin una investigación básica, a la larga no es sostenible una aplicada; todo se retroalimenta”.

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