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    La mayoría del agua dulce está congelada en los polos; científicos estudian el pasado y analizan los cambios que afectan al mundo

    Antártida (María Paz Sartori, enviada). Una tenue nevada sobre la península Antártica y escaso viento permiten que un buzo con un gruesísimo traje de goma, el docente Dermot Antoniades y cinco abrigados estudiantes de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República se suban al gomón Zodiac y se dirijan al centro semicongelado del lago Uruguay.

    Buscan el punto más profundo pero temen que este se encuentre justo debajo de la superficie congelada del lago. El buzo se baja de la embarcación y se sienta sobre la superficie de hielo para colocar el instrumento que permita recoger una muestra del fondo del lago. En el intento, la fina capa de hielo se rompe dos veces y cae al agua. Gajes del oficio; así son las condiciones de trabajo e investigación en la Antártida. En el punto más profundo debajo del agua se han acumulado diatomeas, algas útiles para estudiar lo que ocurrió allí en el pasado. Sus fósiles se conservan miles de años.

    “Predecir cómo van a evolucionar es siempre parte importante de los estudios. Para entender cómo pueden responder en un futuro hay que ver cómo ha funcionado hasta ahora”, dijo a Búsqueda Antoniades, profesor asociado de la Sección Limnología de la Facultad de Ciencias. Los lagos antárticos son numerosos. Hay más de 200 identificados, la mayoría bajo capas de hielo. Tienen ríos y muchos están conectados; cuando cambia el nivel de agua en uno afecta al otro, son “dinámicos”, informó. Hay grupos de investigación norteamericanos y del British Antartic Survey trabajando en la identificación de lagos bajo el hielo antártico.

    El paleolimnólogo, docente de la Escuela de Verano de Investigación Antártica, tiene un proyecto en curso financiado por el Instituto Antártico Uruguayo para estudiar muestras de varios lagos cercanos a las bases de la isla Rey Jorge, para analizar los cambios atribuibles a la presencia humana allí. Además, en la Isla Livingston, con financiación de Portugal, investiga junto a un equipo de españoles y brasileños los cambios que ocurrieron en un área antes cubierta por un glaciar que está retrocediendo y da lugar a lagos.

    Los glaciares y lagos polares son regiones importantes para estudiar, porque “lo que pasa en los polos afecta a todo el mundo”. “En las circulaciones del océano es muy importante la redistribución de calor desde el Ecuador a los polos. Es el motor que causa la circulación del agua”, explicó Antoniades. Además, las regiones polares son indicadores de importantes procesos clave, como la concentración de ozono, y son las regiones que en los últimos 50 años han incrementado más su temperatura, mientras sus capas de hielo son las reservas de agua dulce más grandes del mundo.

    El 97,5% del agua del mundo es salada y solo 2,5% dulce. De este pequeño porcentaje de agua dulce en la Tierra, la mayoría (68,7%) está congelada en forma de glaciares o nieve permanente y otro tanto (30%) es agua subterránea. El agua dulce de los lagos, ríos, plantas, entre otros, representa solo el 1,22%, según el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente.

    Cuando un glaciar desaparece, se derrite y la tierra de abajo, que estaba sometida al gran peso del glaciar, sube. “De manera muy simplificada, los continentes están flotando y cuando tienen glaciares encima flotan más abajo que su posición normal. Cuando el glaciar se va, la placa de tierra sube”, explicó Antoniades, quien ha estudiado durante años los cambios en los lagos árticos, que la mayoría se han formado tras la desaparición del hielo. El Ártico ha subido entre 110 y 120 metros en los últimos 9.000 años. Hace unos 25.000 años Norteamérica estaba cubierta por una capa de hielo de un espesor similar al que hoy cubre la Antártida. “Este mismo proceso podría ocurrir si toda la capa de hielo de la Antártida se fuera. Hoy gran parte de ella está por debajo del nivel del mar por el peso del hielo de arriba”, informó.

    Sube y baja.

    En la Antártida hay 30,1 millones de kilómetros cúbicos de hielo, en Groenlandia 2,6 millones, aún menos en los demás continentes. En caso de que el hielo que cubre el oeste antártico colapse, ocasionaría un aumento del nivel del mar aproximado de cinco metros, según el Panel Intergubernamental de Cambio Climático. Esta capa de hielo es menor que la de Antártida Este, que tiene hasta 4.000 metros de espesor.

    El rápido derretimiento del hielo y los glaciares derivará en un cambio dramático en la distribución del agua en estado líquido, según explicaron en la revista “Science” científicos de las universidades de Toronto y Oregon. Si la capa de hielo se derrite, se pierde la atracción gravitacional que produce. En caso de que la capa oeste desaparezca, el agua migraría lejos de esta zona. Dentro de un radio de 2.000 kilómetros del episodio, el nivel del mar disminuiría y aumentaría a medida que se aleja de esta zona. Cada reserva de hielo que se descongele producirá una huella distinta en los cambios del nivel del mar. En caso de que la capa de hielo oeste de la Antártida se derrita, el nivel del mar bajará entre la Antártida y América del Sur, tendiendo a cero hacia el Pacífico. No habría aumento en el litoral atlántico de Argentina y Uruguay y tampoco en Asia. Los mayores aumentos serían en todo Norteamérica y en el área entre la Antártida, África y Australia, según estas estimaciones, realizadas en base a dos teorías de predicción.