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    N° 2039 - 26 de Setiembre al 02 de Octubre de 2019

    Nos debíamos —y se lo debíamos también a nuestros fieles lectores— regresar al análisis del fútbol de entrecasa. Más concretamente, al actual Torneo Clausura, ya disputadas sus tres primeras fechas. El Intermedio ha quedado atrás, con la exótica definición entre dos equipos chicos, que supieron sacar partido de cierto desinterés de Peñarol y Nacional, más enfocados en el clásico disputado una semana antes. Y si el resultado de ese cotejo –concluido con una categórica victoria tricolor— no incidió en la resolución de aquel torneo, sí ha repercutido en estas primeras fechas del actual certamen. Que –digámoslo desde ya—, a diferencia del anterior, parece encaminado a una renovada versión del tradicional duelo entre tricolores y aurinegros, por el título de mejor de la presente temporada.

    Como es sabido, el equipo aurinegro se quedó con el Apertura, dos fechas antes de su culminación. Sin embargo, se dejó estar en las que restaban y la amplia ventaja que le llevaba a Nacional —que llegó a ser de 9 puntos— se fue esfumando paulatinamente, para ser de apenas 4, al finalizar dicho torneo. Esa diferencia fue luego fluctuando a lo largo del Intermedio (ubicados ambos en una misma serie), arribándose al cotejo clásico con Peñarol dos puntos arriba en la tabla anual. Y tras la rotunda e inapelable victoria del equipo tricolor, el arranque del Clausura lo mostró, por primera vez, al tope de aquella, con un punto de ventaja sobre su tradicional adversario. Lo que significó un quiebre en una realidad que, aun con notorios altibajos en los dos equipos, mostraba una perspectiva favorable para que Peñarol aspirara a extender su dominio de las dos temporadas anteriores.

    Esa mínima ventaja del tricolor se mantuvo intacta en las dos primeras fechas del actual torneo. Nacional sorprendió goleando en su debut a Liverpool, reciente campeón del Intermedio. Y posteriormente venció a Wanderers por mínima diferencia. En tanto que Peñarol derrotó primero a Defensor y luego a Rampla Jrs., en resultados ajustados. Sin embargo, mientras en la última fecha Nacional logró vencer a Racing por 3 a 0, Peñarol debió resignarse con un pálido empate 1 a 1 con Juventud de Las Piedras, lo que le permitió al equipo albo consolidarse en la punta del Clausura y estirar a tres unidades la ventaja ante el aurinegro en la tabla acumulada.

    Lógicamente, ese impensado predominio de Nacional frente a su eterno rival ha generado un sinnúmero de explicaciones; de un lado y del otro. Luce como evidente que esa remontada tricolor tiene un responsable casi excluyente: su técnico Álvaro Gutiérrez, que asumió ese cargo en un momento crítico, con Nacional en el fondo de la tabla del Apertura, que era liderada cómodamente por Peñarol. Los números dan cuenta de lo que —aun con algunos tropiezos— fue la remontada tricolor hasta este momento. Bajo su experiente batuta, desde su debut el 24 de marzo (victoria 3 a 0 ante Plaza Colonia) hasta el presente, Nacional ganó 47 puntos sobre 60 posibles, disputando 20 partidos, con 14 victorias, 5 empates y una sola derrota (ante Defensor Sporting). Tildado como un técnico conservador, Nacional mantuvo su valla invicta en 12 partidos y recibió solo 14 goles, pero significativamente tuvo 48 a favor. Y, como si fuera poco, su saldo en los cotejos clásicos oficiales es positivo, pues empató 1 a 1 con Peñarol en el Campeón del Siglo, y viene de derrotarlo contundentemente en el Centenario por 3 goles a 0.

    Es cierto que, por lo general, el despliegue tricolor no ha sido vistoso, pero el equipo ha ido ganando en consistencia. Desde la seguridad de Mejía en el arco y la expeditiva dupla de Corujo y Carvalho, en una zaga que fue asentándose con el paso del tiempo. Con Rafael García adelantado a la media cancha, para tener mayor marca, y con la más reciente inclusión de Felipe Carballo, dándole más dinámica y precisión al fútbol en esa zona. Gutiérrez optó por prescindir de algunas figuras que poco aportaban (Angeleri, Arzura, Lorenzetti y Barrientos), dándoles cabida a varios promisorios juveniles, como Viña (que pinta para gran jugador), Neves y Santiago Rodríguez y, más recientemente, Ocampo, Méndez y Vecino. Incluso la baja obligada por lesión de Bergessio, su máxima carta de gol, hizo que Nacional practique un fútbol más prolijo y armonioso, sin perder efectividad ante el arco adversario. Claro que no fue todo color de rosa para el técnico tricolor, al punto que unas semanas atrás, un par de magros resultados hicieron que su continuidad en el cargo se viera bastante comprometida.

    Ante ese panorama alentador, Peñarol afronta en cambio una situación que es preocupante. Es evidente que su rendimiento futbolístico, que supo colocarle muy por encima del resto, ha declinado últimamente. El fútbol veloz y fluido por las bandas ha ido desapareciendo y los goles escasean. Y, atrás, salvo Dawson, las cosas no andan mejor. Las causas de ese deterioro son varias. Por un lado, se desprendió de varias figuras importantes (Lema, Lucas Hernández, el Toro Fernández, Brian Rodríguez y Darwin Núñez), y sus reemplazantes (salvo Trindade y cierta expectativa que causa el español Jiménez) no han rendido lo esperado. Hubo además una llamativa racha de lesiones, que le impidieron a Diego López repetir una misma integración en dos partidos seguidos; lo que puede agravarse ante la seguidilla que se viene en las próximas semanas. Pero lo que Peñarol más sintió fueron las repetidas lesiones de Christian Rodríguez, pieza insustituible para su mejor funcionamiento, quien estuvo ausente en una tercera parte de los partidos jugados por su equipo, pese a habérsele cuidado para afrontar esta segunda parte del año (si el capitán no pudo aportar lo debido, mal puede esperarse que fuera un promisorio chiquilín como Pellistri el que se pusiera el equipo al hombro, o que pudiera hacerlo el despedido Riascos).

    Otro factor para ese bajón aurinegro fue la larga ausencia (por enfermedad) y la posterior deserción de un excelente preparador físico –y un gran motivador— como el profesor Valenzuela. Con los riesgos de un cambio en ese rubro, en plena disputa de un campeonato. Pese a todo, López aún puede enderezar el rumbo, pues si logra recuperar su anterior línea de juego, la distancia frente al actual líder no parece decisiva ni mucho menos. Más cuando el técnico ya ha sabido –en sus inicios al frente del equipo- capear algún temporal de parecidas proporciones. Por lo demás, Peñarol tiene la ventaja de que, por haber ganado el Apertura, ya tiene asegurado el derecho a jugar la final del Torneo Uruguayo.

    Nada está hoy definido. Más aún cuando si hay algo característico en nuestro fútbol son los pronunciados altibajos que suelen exhibir todos los equipos. Hay pues, todavía, mucha tela por cortar.

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